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Traducción y bilingüismo: el caso de César Moro
Américo Ferrari
Se
suele definir o reconocer al verdadero bilingüe por poseer una
competencia igual en dos lenguas habladas, leídas y escritas con
el mismo grado de perfección. Los profesores de traducción
(sobre todo en una ciudad tan internacional como es Ginebra)
tenemos conciencia de que los bilingües en el sentido que hemos
definido no abundan: muchas veces incluso personas que se
presentan como bilingües se caracterizan por manejar las dos
lenguas de manera igualmente imperfecta. En casos extremos se
los podría llamar simplement alingües. Claro está que este
bilingüismo no es literario: no es lo mismo cuando se trata de
escritores que se expresan en dos lenguas, y a veces sobre todo
en la lengua extranjera. Se podría citar entre ellos a autores
como Joseph Conrad, Tristan Tzara, Vladimir Nabokov, Witold
Gombrovicz ,Samuel Beckett, Julien Green y tantos otros que en
algún caso han traducido sus propias obras a la otra lengua, por
ejemplo Julien Green en Le langage et son double. Lo
mismo han hecho algunos escritores catalanes, como Lorenzo
Villalonga, o italianos como Alessandro Manzoni, quien redactó
la primera versión de I promessi sposi en milanés y
después la rehizo en italiano. Pero hay que notar que en estos
últimos casos se trata de personas que desde su niñez han
hablado las dos lenguas, lo que es también el caso de Green,
estadounidense nacido y educado en París. En cuanto al francés
de los escritores y poetas hispanoablantes más o menos
contemporáneos de Moro, como el chileno Vicente Huidobro y el
español Juan Larrea, fue esporádico y marginal, aunque Larrea
escribió toda su parca obra poética en esta lengua, con algunos
tropiezos en la sintaxis y el léxico, como los hay también en
Moro. Tras este paréntesis volvieron a su lengua nativa.
El bilingüismo de César Moro es del todo diferente y en esta
diferencia vendría a situarse en parte lo que pueda haber de
problemático para el traductor en la obra de este autor. En
efecto, el peruano Alfredo Quíspez Asín en su partida de
nacimiento, después César Moro para la poesía y la vida, uno de
los más notables poetas surrealistas de América y excelente
pintor, nació en Lima en 1903 hablando el castellano como única
lengua. Aprendió más bien tardíamente el francés en el colegio
de la Inmaculada, colegio jesuita de Lima, y empezó a escribir
poesía en español, en Lima y en Francia donde vivió desde 1925
hasta 1933. Se integró en 1928 al grupo surrealista de París
donde colaboró en Le surréalisme au service de la révolution.
Por aquella época hubo de adoptar el francés como lengua
poética (Coyné 1987: 78-79). Aunque no se conocen poemas suyos
en francés antes de 1930 (un solo texto poético en prosa data de
este año: en realidad no tenemos poesía suya en su nueva lengua
antes de 1932-33), en francés escribió la mayor parte de su obra
después de haber dejado a París para siempre. En 1933 Moro
vuelve al Perú donde despliega una viva actividad surrealista.
En 1938 se radica en México donde alterna con Wolfgang Paalen,
Remedios Varo, Leonora Carrington, Benjamin Péret y otros
surrealistas y donde rompe también finalmente con el surrealismo
del grupo de París “con lugar y fecha”.
En México Moro escribe en castellano los poemas de La tortuga
ecuestre (1938-1939), bellísima poesía erótica inspirada por
un amante mexicano llamado Antonio y una tortuga peruana llamada
Cretina. En 1948 deja México y vuelve a la ciudad de su
nacimiento donde muere en enero de 1956 a los 52 años y cinco
meses de su edad. De 1924 a 1949 se conocen de él, en
castellano, unos 60 poemas, entre ellos las 18 composiciones de
La tortuga ecuestre ; y aproximadamente otros tantos
textos en prosa española sobre diversos temas, algunos de ellos
con una fuerte carga poética. Uno de sus últimos poemas en
español está fechado en " Lima la horrible, 25 de julio o agosto
de 1949". El resto de su obra, como acabamos de decir la
escribió toda en francés, hasta su muerte y hasta el extremo de
escribir a sus amigos de lengua española, o dedicarles sus
libros, en francés.
Ahora bien, uno de los factores que, nos parece, pueden
ocasionarle dificultades al traductor de Moro es precisamente
esta elección de la lengua extranjera de manera deliberada y
permanente por un poeta que de los casi 53 años de su vida no
vivió sino 8 en un país de lengua francesa y cerca de 45 en
países de su lengua nativa, incluido el suyo. Es así como André
Coyné, su amigo íntimo francés, albacea y fiel conservador y
editor de su obra, atestigua la distancia que se había creado en
el poeta peruano entre el francés de los francohablantes y su
francés “personal”: "…a medida que el tiempo lo iba alejando de
París, seguía escribiendo más y más en francés, en un francés
cada vez más personal que, cuando en 1948 regresó a Lima –
ciudad donde habría de morir en 1956 – “literalmente casi nadie
comprendía en torno suyo” (Coyné 1980: 20), mientras precisa que
poeta ya en 1928, cuando se dispuso a entrar en el grupo
surrealista, “inmediatamente dejó de escribir en español y
adoptó el francés como lingua prima de su poesía” (Coyné
1987: 78) ; y que ya en 1933 “el francés se había convertido en
la lengua natural de Moro”; lo que no quita que el mismo Coyné
subraye extrañas faltas de sintaxis y de léxico en dos poemas de
1934 escritos en esa su lengua natural: “Ne plus ouvrant“
pour “N’ouvrant plus” y dos hispanismos léxicos incomprensibles
para cualquier persona de lengua francesa que no conozca bien el
español: “ inaverti” por “inaperçu” y ”abonnent” por “répandent
du fumier”: L’aspect inaverti familier tenace / Des
habitudes à bestialité fixe / Abonnent les terres
désertes / Surveillées éternellement par la foudre (Ces
poèmes…, pp.31, 37).
Hay que decir sin embargo que estos hispanismos crudos son
infrecuentes en la obra en francés de Moro y quizá no haya otros
fuera de los detectados por Coyné; en cambio cunden más los
galicismos léxicos y sintácticos en los poemas en español, ya
desde 1927-28: ”voltigea” por “revolotea”, “arborar ” por quién
sabe qué: “esperemos / no arbora en la farmacia” (en “Oráculo” y
“Following you around” , dos poemas escritos en Cannes y en
París y publicados en la revista Amauta, 14 , abril de
1928), “pasantes”
por transeúntes “foresta interdicta” por selva perdida (Ibid.),
y “resbalando perlas” , probablemente en el sentido de
glisser des perles (hacerlas deslizarse), etc. (La
tortuga ecuestre), Más impresionantes son sin duda los
galicismos sintácticos: “Por tanto nada ganaria a venderse ni a
trabajar” = Partant il ne gagnerait rien à se vendre et à
travailler (“ Following you around” ): “claros
deslizamientos de tonalidades y de formas que extrañan el verbo
español”, dice al respecto el poeta peruano Armando Rojas (Rojas
1987: 77), ¿que exilian la palabra española, la condenan a un
extrañamiento en buena cuenta saludable para el verbo
hispánico ? Quién sabe. A lo mejor en efecto estos calcos del
léxico y la sintaxis franceses son intencionados, y al respecto
se puede cotejar una carta a su amigo Emilio Adolfo Westphalen
con dos párrafos de ortografía deliberadamente deformada, una
falta de ortografía suelta ( “conecciones”) y algunas
expresiones calcadas del francés (Westphalen 1983: 1ª de octubre
de 1946 [páginas no numeradas]). En todo caso a este nivel no
influyen en el proceso de traducción: no perturban ni traban
nada en un traductor que conozca bien las dos lenguas. El
traductor de lengua española traducirá tranquilamente
inaverti por “inadvertido”, abonner” por “abonar”, el
de lengua francesa pondrá voltige en el lugar de
“voltigea” y arbore ” por “arbora” ; glissant des
perles (u otra fórmula francesa ) por ”resbalando perlas”:
estos escarceos con las dos lenguas, en lo que a la traducción
respecta, son inocuos en la medida en que el código lingüístico
(sintáctico-semántico) amagado en francés o en español por el
autor es fácilmente restituible por el traductor; se entiende,
claro, el traductor del francés al español o viceversa ; pero
naturalmente el traductor alemán, italiano o ruso se encontrará
de pronto sin entender nada y, frente a estas violaciones del
código de la lengua extranjera que conoce, pensará seguramente
en juegos gratuitos con el sentido de los vocablos o
desconcertantes acrobacias con la sintaxis.
A otros niveles, sin embargo, el asunto puede resultar más
espinoso. Digamos, a un nivel sintáctico-semántico más profundo
y a nivel fónico en una poesía que a menudo encara de una manera
lúdica la expresión poética. Acudamos una vez más al testimonio
de André Coyné: “ Desde fines de 1948 (…) él solía enseñarme, a
medida que los escribía, sus nuevos versos, sea que me los
remitiera directamente cuando nos encontrábamos, sea que se las
arreglara para deslizarlos bajo mi puerta en momentos en que yo
no estaba. No solicitaba mi opinión, sino que esperaba que le
señalara sus posibles fallos lingüísticos, pues, si bien
dominaba el francés y hacía tiempo que, en su poesía, jugaba con
el idioma de Baudelaire, de Mallarmé y de Lautréamont, los tres
astros de su devoción, quería estar seguro de que, al practicar
el equívoco, la distorsión o la ruptura, no infringía el código
de la lengua, confundiendo acentos, sonidos sordos y sonoros,
letras simples y dobles, aquellos elementos, entre fónicos y
gráficos, que precisamente le proporcionaban la sustancia de sus
juegos” (Coyné 1987: 73). De ahí dos corolarios: el
primero, que el poeta no tenía el menor escrúpulo en infringir
el código de su propia lengua ( “extrañar el verbo español”,
como dice Rojas): en una traducción al castellano que él mismo
hizo de un texto suyo francés sobre el Perú, “Biografia peruana”
(Moro 1976: 9-14), se cuentan más de media docena de solecismos
y distorsiones del léxico, voluntarios o involuntarios, quién
puede saberlo. Sobre las relaciones de Moro con el español y el
francés y el mal trato que da a veces a su lengua materna vale
la pena leer los certeros comentarios de Martha Canfield
(Canfield 1996: 78-82) ; en cambio sí se cuidaba mucho de
infringir el código de la lengua extranjera: precisamente porque
no era la suya natural y necesitaba, para estar seguro,
consultar a una persona de la lengua. Si con el castellano no
tiene los mismos miramientos es probablemente porque esa lengua
sí era la suya.
De las incertidumbres y deslizamientos fónicos a los que se
refiere André Coyné doy dos ejemplos: Vous êtes dans le 3 /
Un 20 grandissant sans cesse ( “Oráculo”, Obra poética,
p. 216). César Moro implícitamente pide al lector de lengua
francesa que lea: Vous êtes dans l´étroit / Un vent
grandissant sans cesse ; pero el lector francés va a leer:
Vous êtes dans lq
tRwpa/ Ü vë gRädisä sä ses ,
y no, como parece imaginar el poeta, vous êtes dans letrRwa /
Ü vä gRädisä sä sez.
Del mismo modo, en el poema “Lettres” (Amour à mort et autres
poèmes, p. 61): ton agamemnon de passe ta clytemnestre de case,
la homofonía buscada queda bloqueada por la diferencia fonética
en francés entre pas
y caz.
Más aún: lo que va leer el lector del texto traducido al español
será: Estáis en lo estrecho / Un viento creciendo sin cesar
y , en una traducción igualmente ”semántica” agamenón de pase
clitemnestra de choza o de escaque o de casilla, pero ¿de
cuál de los tres en definitiva?: da lo mismo, la intención
lúdico-sonora del poema, ya fragilizada en francés, queda
totalmente anulada en ésta y en cualquier otra traducción, que
no dejará sino un residuo o desecho donde desaparece hasta la
intención misma que gobernaba las palabras del poema.
Veamos ahora para la traducción francés-español, en el plano
fundamental de la semántica, ciertos problemas con los que se va
a encontrar el traductor de Moro. Mejor dicho, con los que se ha
encontrado pues me serviré para exponerlos de mi propia
experiencia de traductor. A finales de los años 70 y a pedido de
Ricardo Silva Santisteban que preparaba la edición de la obra
poética de Moro en edición bilingüe (Lima, 1980), abordé la
traducción del último libro de poemas compilado y titulado por
el autor, Amour à mort (1949-1950). Es la última etapa de
la obra del poeta que, recordémosolo, se apartó del grupo
surrealista de Breton y escribió desde entonces una poesía cada
vez más libre y personal. Tenemos sobre estos años limeños del
poeta nuevamente el testimonio de su compañero André Coyné:
“Significativement en ces années consécutives a son second
retour à Lima, Moro délaisse encore davantage l’espagnol, pour
mieux élaborer une ultime phase de sa poésie française, à mon
sens la plus originale, car la plus gratuite, la moins sujette à
quelque espèce de contexte. Ne lui suffit-il pas de savoir qu´il
a le fil – 'le fil d’Ariane' – et, ceci acquis, de jouer?“
Le basta con jugar…: “Persuadé, en effet, qu’il est trop tard
– qu’il y aura donc de moins en moins d´hommes à naître
désormais – au Pérou comme n’importe où (…) pourquoi se
soucierait-il d’être lisible? (…). Les “ mots en liberté
du Surréalisme libéraient d’abord des images ; ce qu’ils
libèrent à présent c’est essentiellement eux-mêmes”. (Coyné
1990: 20).
Retengamos tres cosas en los datos y las reflexiones de Coyné:
1) que esta poesía ya casi no se sujeta a ningún tipo de
contexto ; 2) que el poeta ya no tiene por qué ocuparse de la
legibilidad de sus poemas: le basta jugar con las palabras ; y
3) toda vez que las palabras del poema no tienen ya por función
liberar imágenes su única razón de ser es su propia liberación:
los signos deciden andar sueltos por el texto. El contexto en
una obra escrita ; la legibilidad, para el lector, de lo
escrito ; la codificación semántica de las imágenes que
liberaban las palabras: en esos tres pilares se asentaba el
sentido de la obra para su lector. Ahora ya no: el lector se
transforma él mismo en un jugador que, en vez de leer y
comprender significaciones, se limita a colaborar a como quepa
con la zarabanda lúdica de los vocablos en la página ya no
forzosamente legible. Pero al lector traductor ¿qué le
cabe? Se entiende que la legibilidad es la base misma de la
traducibilidad y si el texto no es inteligible porque su
legibilidad es mínima, más que traducir lo que tendrá que hacer
es transliterar las palabras “liberadas” del original en
palabras españolas que más o menos conserven el mismo
significado aunque no se perciba el sentido del conjunto ni
muchas veces el de las partes. Un ejemplo:
ELEVE AGE DE L’AIR
Plus qu’une chaise moins qu’un siège
Plus qu’un homme alité moins qu’un homme brisé
Le cœur aimé dessert l’arbre à licorne
Dans la journée rurale le fruit
Pour que l’eau versatile
Traverse la nuit
Si l’on dort attablé vénérable
Un œil grimé un œil ouvert
Bon à tout faire
L’aube rayant le ciel
L’entourage gavait d’incomparables oiseaux
De rire en rédigeant les lois
De notre dynastie
Ô poules d’eau: perles
L’automne débridé recourt à l’amorphe anthropomorfisme
Du cachot
Va tu calfeutres tu calcines !
Il naît
Des câlineries de septembre
Las dificultades e incertidumbres que me presentaba este poema
eran de dos tipos. La primera, de naturaleza gráfica, venía del
título que en la edición limeña de la obra poética estaba en
mayúsculas sin acentos, como lo he reproducido más arriba. Sin
tener el manuscrito ni una fotocopia de él, había dos lecturas
posibles: Élève âge de l’air: Alumno edad del aire, o
bien Élève âgé de l’air: alumno de edad, mayor, etc. del
aire. Sabiendo la afición de Moro, cada vez más fuerte en
aquella época, a los juegos de palabras me sentí tentado por la
fusión de los dos primeros vocablos en una unidad
fónico-semántica: élève_âge = élevage de l’air ; y opté
así por adaptar libremente mi imaginario juego de palabras a
alguna forma de expresión que sonara moresca en castellano; así
que se me ocurrió: Criado en sol_edad del aire (soledad del
aire). Y me equivoqué: años después pude leer el título del
poema en mayúsculas acentuadas en una edición parisiense de
Amour à mort et autres poèmes al cuidado de André Coyné,
quien poseía el manuscrito del libro; o sea: ÉLÈVE ÂGÉ DE L’AIR.
Y así, efectivamente, habían traducido Enrique Molina y André
Coyné en la edición que hizo Julio Ortega de La tortuga
ecuestre y otros textos: “Viejo discípulo del aire”. Por lo
demás y aparte del título y de los acentos de las palabras, en
este poema como en muchos otros de Moro en este libro y esa
época, es vano buscar un sentido referencial más o menos claro a
menos que se tengan claves precisas para la interpretación. Así
en la expresión que no se sabe muy bien a quién referir en el
texto sin contexto: Bon à tout faire, visiblemente
calcado del sustantivo une bonne à tout faire: muchacha
para todo servicio. Había pensado a falta de un contexto claro y
con bien poca convicción en “ factótum”: André me disuadió,
explicándome que el ambiente subyacente en muchos de estos
poemas es el de la playa popular de Agua Dulce en Lima, que los
dos amigos frecuentaban y donde alternaban con muchachos,
productos ”de los mil mestizajes del Perú” (Coyné dixit) que a
Moro le gustaban: son los “Dioscuros” que aparecen con tanta
frecuencia en la segunda parte del libro. La expresión tiene
pues un sentido netamente erótico: muchacho bueno para todo
servicio: bueno para todo.
Más oscuro es el dessert de Le cœur aimé dessert
l’arbre à licorne que puede connotar cualquier cosa pero no
denota nada que resulte representable para el lector-traductor:
desservir fuera de contexto puede significar quitar la
mesa , causar un perjuicio a algo o a alguien , parar un tren o
un autobús en un lugar, una estación o un pueblo, comunicar un
lugar con otro . No se ve en absoluto qué viene a hacer entre el
corazón y el árbol de unicornio; por poner algo yo puse que el
corazón “para en el árbol ”; Molina/Coyné: “sirve el árbol”. Lo
mismo da, sólo que entre los varios sentidos de desservir
no hay precisamente el de servir. Otro título problemático:
Coiffer le plat. Opté por la máxima literalidad: “Peinar lo
plano”. Molina/Coyné tuvieron lo que se podría llamar una
peregrina idea: ”El plato de sombrero”. Todo puede valer pero,
en última instancia, plat no es plato sino fuente. Y hay
muchos otros obstáculos como la preposición à,
buena para todo servicio: Maître à tous: amo de todos,
pero en el sentido de amo que pertenece a todos: la
ambigüedad es fuerte en español ; y después: Naître à mourir…,
Rire à feuilleter les êtres.., Nègre menteur à voir un pou
boire, fuite…à crier gare, Dorure sacrée aux crépues
sources, Bon à refaire (como Bon à tout faire),
équarrisseurs / à la nuit chevaline, Voltigeurs bicéphales / Au
jeu doux, au tigre, etc. El uso indiscriminado y la relativa
frecuencia de este cliché francés de construcción puede resultar
una rémora estilística para la traducción al castellano en
textos donde, dada la vaguedad semántica del contexto, el
traductor difícilmente puede apartarse de la huella lingüística
trazada por el autor.
Finalmente topamos con un curioso hispanismo en el poema ”Vie de
l’air”: “Fortuné / Venu a plus dans la fortune”: venu
à plus (venido a más) es el reverso puesto en francés de la
expresión idiomática española ”venido a menos” (una familia
venida a menos: une famille déchue). Seguramente sólo los
lectores que practiquen el español captarán el origen de la
expresión y el juego de palabras en este poema en francés, como
en los poemas ya citados de los años 30. Lo que no es una de las
menores paradojas de la poesía de Moro.
Como muestra bastaría un botón. Para dar sin embargo una idea
más cabal de esta poesía donde el sentido está apenas en las
travesuras de las palabras desatadas de toda intención que no
sea meramente lúdica, he aquí otro botón, el último. Para este
intento no de traducción sino de adaptación o calco mental de la
intención lúdica que gobierna el texto, solicité la colaboración
de mi amigo Norberto Gimelfarb, gran baquiano en ludicidad
verbal. Los renglones de la “traducción” son unos suyos y otros
míos, ya me he olvidado de quién es cuál:
La royauté stérile avale la liberté hilare.
L’ovale élevé était semé dans la lave.
La velleité n’est pas bel été passé. Belle hâtée la veillée à
thé. Velleité n’est pas belle et thé. La belle était belle à
terre halée. Belle à terre. La belle l´été. Lavé l´été. Etait
lavée la belle? L´été la baie. La belle baie l’été. La baie
belle lavait bêlait. L´été lavée.
La lave la baie l’avait lavée. L’été l’eau l’avale ovale. La
belle avait l’été lavé. La baie lavait l´été. L´eté l’avait
belle. Belle avait l’été. Elle avait l’abbé. L’abbé l’avait. La
baie l’avait l’eté. La baie était belle l’été. Belle l’été
lavait. Belle l’avait l’été.
La roue ôtée stérile la vallée reine hilare.
Là ! Roi ôté stérile avale la lie verte hilare.
Là ! Roi.
L’abbé lavait? Belle l’avait lavé. Belle l’avait l’abbé. La
belle et l’abbé. La belle et la baie. La belle et l’abbé était.
La belle et l’ábbé en étaient. L’abbé elle et l’abbé bête.
Morale-été: la belle et l’abbé bête.
La
realeza estéril se traga la libertad hilarante.
El
óvalo elevado estaba sentado en la lava.
La veleidad no es bella edad pasada. Bella adicta a la veladita
de té. Veleidad no es bella edad. La beldad de verdad era
verdadera hada. La beldad era. La verdadera. La verdad era.
¿Beldad de verdad? La verdadera verdad de la verde edad. La
verde edad era beldad de verdad. La veleidad ve la edad. Ver
verde la edad.
La lava, la bala la había lavado. La bella lava a la abadesa,
La bala abate al vate. El abad lava la lava: la bala lo avala.
La bahía lavaba el estío. La bahía veía bello el estío: el estío
la desteñía a ella, bella bahía.
La rueda ruega estéril. Va a la rueca reina reidora.
Red rogado estéril hace la hez verde y reidora.
¡Rueda, rey !
¿Lavaba el abad? La bella al abad lavaba. La bella lo había
lavado. La bella y la bestia. La ves tiesa bella a la bestia del
abad. El abad la besa a ella y ella abate a la bestia del abad.
Moraleja: la bella y la bestialidad.
Como vemos el llamado sentido aquí falta totalmente o sobra. El
texto es una retahila de falsos sentidos que juegan al juego del
sonido sin sentido. El traductor de buena voluntad tiene que
deponer su misión de mensajero del sentido para hacerse imitador
de los sinsentidos del sonido. Pero debemos recordar aquí lo que
decíamos sobre la inseguridad del poeta para las homofonías del
francés que en este texto de la bella, la bahía y el abad son
por lo general espúreas (l’abbé/la baie/l’avait;
velleité/belle et thé, bel été ; été/était; belle hâté/veillée à
thé, etc): mientras que la identidad fonética entre b y v y
el vocalismo más uniforme en castellano facilita
considerablemente el juego de las homofonías.
Para terminar me referiré brevemente a a mi segunda experiencia
en la traducción de Moro en dirección contraria: la versión, en
colaboración con André Coyné, de La tortuga ecuestre del
castellano al francés, en la que mi amigo llevaba naturalmente
la batuta. El propio Coyné ha presentado en la revista
Parallèles, de la escuela de Traducción e Interpretación de
la Universidad de Ginebra, un historial de esa traducción y,
esquemáticamente, de esos poemas (Coyné 1996: 94-97). Nos
costó trabajo aquel trabajo: el español de Moro en ese libro
presenta otros problemas que sus textos en francés. El ritmo y
el caudal verbal son por lo general más amplios y sostenidos que
en sus poemas franceses más bien breves de Le château de
grisou, Pierre des soleils y Trafalgar Square,
la construcción y la sintaxis quizá más compleja y trabada; no
abundan tampoco los galicismos en esta poesía de amor que, se
puede suponer, le vino espontáneamente al poeta en su lengua
materna que era también la lengua de su amado. Ricardo Silva
Santisteban considera que “la fuerza de La tortuga ecuestre
es a todas luces superior a su obra en francés, si bien Moro
alcanzó brillantez y excelencia en buen número de poemas
escritos en esta lengua”. La obra en francés le parece ”menos
atrevida que la obra en español” y cita , como ejemplo, ”Viaje
hacia la noche”, “el más intenso de sus últimos poemas” (Silva
Santisteban 1980: 43-44). Es en gran parte verdad: acaso la
fuerte tensión, el apego íntimo inseparable de la resistencia a
la lengua materna deben haber influido en esa “fuerza” de su
poesía en castellano. Se siente en efecto muchas veces en su
obra en español una voz, una inspiración más personal y más
libre que en muchos poemas franceses a veces tributarios de una
escritura de escuela. Notemos sin embargo que Moro, años
después, dedicó al amado de La tortuga otro poema,
también bellísimo, pero esta vez en francés: Lettre d’amour,
magistralmente traducido al español por Emilio Adolfo
Westphalen.
Para volver a las consideraciones técnicas, – y terminar por fin
con ellas – lo que más me sorprendió quizás, al abocarme a la
traducción de los poemas de La tortuga ecuestre, fue,
desde el punto de vista de la sintaxis, la cantidad de ”falsos
gerundios”, o sea gerundios a menudo empleados en la función del
participio de presente francés , lo que en español requeríría el
empleo de construcciones verbales con pronombres relativos,
salvo cuando el movimiento y la acción están inmovilizados, por
ejemplo en un cuadro o en una foto: La libertad conduciendo al
pueblo, Julio César cruzando el Rubicón, etc. Pero resulta que
más de una vez, en esta obra en parte narrativa, en parte
acendradamente lírica, estos gerundios pueden tener la función
de inmovilizar el movimiento de la acción narrada en la
eternidad del instante. El hecho es que, releyendo ahora la
traducción, aunque todas o casi todas estas formas verbales
hubieran podido ser vertidas al francés de manera totalmente
correcta mediante el clásico participio de presente, compruebo
que elegimos (pienso por iniciativa de André) traducir muchos de
esos gerundios por relativas con verbo conjugado. Una opción que
subraya el movimiento del texto que resultaría atenuado por los
participios.
Traducir a Moro es una aventura apasionante pero a menudo
decepcionante y a veces imposible. Más de una traducción debería
rehacerse, y quizá sólo para volverse a rehacer. La edición
crítica de la obra del poeta en la colección Archivos que
actualmente prepara André Coyné será unilingüe para cada lengua:
francés y español. Creo que la decisión del poeta y crítico
francés, franco-peruano mejor dicho, es acertada.
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COYNÉ, André (1996): “Traduction et poésie. Un exemple: César
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Caracas, Monte Ávila Editores, 1976, 9-14.
ROJAS, Armando (1987): “Un civilizado entre los primitivos”, en
César Moro: Estos poemas…, Madrid, Ediciones La Misma,
Libros Maina, 73-82.
SILVA SANTISTEBAN, Ricardo (1980): ”La poesía como fatalidad”,
en César Moro: Obra poética, Lima, Instituto Nacional de
Cultura, 1980, 27-45.
WESTPHALEN, Emilio Adolfo (1983): Vida de poeta, Algunas
cartas de César Moro escritas en la ciudad de México entre 1943
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número de página].
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Le château de Grisou, Editions Tigrondine,
México, 1943. Lettre d’amour, Editions Dyn,
México, 1944. Trafalgar Square, Editions
Tigrondine, Lima, 1955. Amour à mort, Le Cheval
Marin [Prólogo de André Coyné], Paris, 1957. Derniers
poèmes/Últimos poemas [Edición bilingüe]. Traducción
de Ricardo Silva Santisteban. Lima, Ediciones Capulí,
Colección La Torre de Babel, 1976. Obra poética
[Edición bilingüe]. Prefacio de André Coyné. Edición,
prólogo y notas de Ricardo Silva Santisteban.
Traducciones de Ricardo Silva Santisteban, Emilio Adolfo
Westphalen, Américo Ferrari, Eleonora Falco. Lima, 1980.
Couleur de bas-Rêves tête de nègre, Lisboa,
Altaforte, 1983, Ces poèmes / Estos poemas.
[Edición bilingüe], traducción de Armando Rojas.
Postfacios de Julio Ortega, André Coyné y Armando Rojas.
Ediciones La Misma, Libros Maina, 1987. Amour à mort
et autres poèmes. Choix et présentation par André
Coyné. París, Orphée/La différence, 1990. Raphaël
[Poemas-Collage. Edición bilingüe] Traducción de Armando
Rojas y Ricardo Silva Santisteban. Lima, Separata de la
revista Lienzo 11, Publicación de la Universidad
de Lima, 1991. En cuanto a la obra poética en
castellano, André Coyné cuidó la edición del poemario
La tortuga ecuestre, seguido de Poemas
(1924-1926) Lima, ediciones Tigrondine. 1957. Coyné
también compiló la prosa en español de Moro en un
volumen de 140 páginas con el título Los anteojos de
azufre , Lima, Editorial San Marcos, 1958.
Julien Gracq, “Plenièrement” en André Breton
(1896-1966) et le mouvement surréaliste. La Nouvelle
Revue Française, 15e année nº 17, p.592.
“pasantes”: esta palabra existe en español, es decir que
algunos diccionarios la incluyen como participio de
presente de pasar en el sentido de “transeúntes”, pero
se ha vuelto desusada por falta de uso.
Para la pronunciación reproducimos los signos fonéticos
del Robert Electronique.
passe es también una palabra polisémica y tiene
por lo menos tres equivalencias en castellano: pase,
paso, pasaje. Passe es pase por ejemplo en
los deportes, en las corridas de toros, también en el
magnetismo o la prestigitación. Paso se dice en los
juegos de cartas, o bien indica un pasaje o canal en
lenguaje de la marina. Maison de passe = casa de
citas ; mauvaise passe = mal paso, etc.
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