|
Las
vanguardias poéticas peruanas en la revista
Amauta
Américo Ferrari
Desde
el primer número, en setiembre de 1927, Amauta es
presentada por su director, José Carlos Mariátegui, como una
revista que se propone hacer entrar en una fase decisiva de
definición un movimiento de renovación que se siente en el Perú,
y a cuyos « fautores (…) « se les llama vanguardistas,
socialistas, revolucionarios, etc. ». En suma - como subraya el
propio escritor - lo que « aproxima y mancomuna » a estos
hombres es «su voluntad de crear un Perú nuevo dentro del mundo
nuevo » : es, expresado en prosa, lo mismo que dice en verso
César Vallejo en un poema escrito probablemente en París pocos
años después : « ¡Sierra de mi Perú, Perú del mundo / y Perú al
pie del orbe ; yo me adhiero !
El mundo nuevo a cuya construcción Mariátegui se propone
contribuir encarrilando su país por las vías del socialismo,
César Vallejo lo está realizando por su parte escribiendo una
poesía dotada de una fuerte carga revolucionaria. El propio
Mariátegui lo había saludado, con motivo de la aparición de
Los heraldos negros, como « el orto de una nueva poesía en
el Perú ». Su presencia en Amauta es evidente de
principio a fin. El otro gran fundador de lo nuevo, y cuyos
poemas serán difundidos con notable frecuencia en las páginas de
Amauta, es José María Eguren, un poeta recatado y
apartado de los remolinos de la historia : pero este
apartamiento no impide que el director de Amauta le
profese una gran admiración y lo considere en realidad un poeta
revolucionario en el plano de la creación artística.
Es oportuno indicar aquí que había en la época cierta ambigüedad
en el uso de los vocablos « vanguardias » y « vanguardismo »,
« nuevo » y « revolucionario » aplicados a los movimientos y
corrientes artísticas como también a los movimientos políticos
de izquierda. Mariátegui, que en su « Presentación » del primer
número de la revista utiliza estos términos en su significado
vago y general replanteará y deslindará el uso de esta
terminología en el número 17: « La primera jornada de Amauta
ha concluido. En la segunda jornada no necesita ya llamarse
revista de la « nueva generación », de la « vanguardia », de las
« izquierdas » [comillas]. Para ser fiel a la revolución
le basta ser una revista socialista » [sin comillas]. Hay
que precisar en este sentido que ciertos exponentes de las
vanguardias literarias no sólo no eran socialistas sino podían
incluso ser fascistas, como Marinetti, por ejemplo. Y recordemos
también que en el numero 22 de Amauta aparece un artículo
del mexicano Martí Casanova, con el título de « Vanguardismo y
arte revolucionario : confusiones », donde el autor explica que
en México no se hace la confusión entre « vanguardismo » y
« arte revolucionario » : el primer término designa « ciertas
corrientes estéticas puras -arte por el arte- (..) índice de la
sensibilidad del novecientos », mientras que el segundo
« vincul[a] (…) estas manifestaciones y actividades de la
inteligencia a la revolución social y económica de 1910 » (A
22, p. 73). En Amauta esta distinción no se impone :
visiblemente su director tenía una visión más amplia y libre de
la función de la literatura y la poesía en una sociedad en
transformación como era el Perú de aquellos años, y
probablemente pensaba, igual que Vallejo, que como hombre un
poeta puede militar por una causa político-social, pero como
poeta no puede calcular el alcance político que pueda tener su
poesía. Al abrir sin reservas sus páginas, aparte de Vallejo y
Eguren, a otros grandes poetas peruanos aún casi desconocidos a
fines del decenio de los veinte, como Xavier Abril, Martín Adán,
César Moro, Carlos Oquendo de Amat, Enrique Peña Barrenechea,
Emilio Adolfo Westphalen, lo que acoge la revista es simplemente
la libre creación artística que, rechazando una tradición
literaria fosilizada, tiene indirectamente una proyección
política renovadora y, podríamos decir, revolucionaria. Aunque
ninguno de los nombrados militara en las filas del socialismo,
algunos sí adhirieron a la doctrina marxista movidos por la
influencia de Mariátegui.,
como, por ejemplo, Xavier Abril ; pero son todos poetas de
« vanguardias » en el sentido lato del término que, por lo
demás, el fundador de Amauta no desechaba en la práctica
para designar el movimiento de renovación literaria de su época.
En esta perspectiva hay que tener presente que Mariátegui
abrigaba el proyecto de publicar « una revista crítica, Vanguardia,
revista de los escritores y artistas de vanguardia del Perú y de
Hispanoamérica » (citado por Tauro 1976 : 9). Al concretar el
proyecto un año después con un nombre de claras resonancias
históricas peruanas, el campo de interés se amplía y rebasa con
mucho el horizonte de una revista de arte y literatura, aunque
la literatura y el arte ocuparon un lugar muy importante en la
historia de la revista, por lo menos hasta el número 29, el
último que salió bajo la dirección de Mariátegui. Sobre todo la
literatura peruana y muy en especial la poesía de vanguardias.
Es, en efecto, impresionante el aflujo de poetas en las páginas
de esta revista socialista ; pero no hay que olvidar que su
propio director había practicado la poesía en la que él llamaba
su « edad de piedra » : y aunque él mismo detracta sus versos,
éstos no desmerecen mucho frente a tantos otros que arrastraban,
todavía a finales del decenio de los veinte, el lastre de un
modernismo trasnochado.
Cronológicamente el primero de estos renovadores de la poesía
peruana es José María Eguren ; nacido un año antes que Chocano,
fue sin embargo reconocido por la crítica como un exponente de
lo que en aquella época se dio en llamar la « nueva poesía ».
Mariátegui en las páginas que le dedica en Amauta y en
los 7 ensayos lo clasifica entre los precursores de la
literatura cosmopolita aunque al mismo tiempo lo hace descender
del medio evo ; nos parece más exacta la interpretación de
Westphalen, quien vincula la poesía de Eguren con la atmósfera
de la novela gótica inglesa ; el simbolismo de Eguren, en
efecto, no tiene gran cosa que ver con el modernismo ni tampoco
con el simbolismo francés ; por la atmósfera onírica de sus
poemas y la presencia constante de lo maravilloso se le podría
considerar más bien un precursor del surrealismo, el movimiento
poético que surge en Europa 14 años después de la publicación de
Simbólicas , y precisamente con referencias claras a la
atmósfera fantástica de los creadores de la novela gótica y al
romanticismo alemán. Y el surrealismo fue precisamente el
movimiento de vanguardia que convenció y entusiasmó más a
Mariátegui, quizás entre otros motivos porque rompe con el
nihilismo y los clichés de las escuelas, al mismo tiempo que
asume un compromiso político de izquierda. El director de
Amauta probablemente intuyó, sin llegar a definirlo (porque
es casi imposible definirlo) este aspecto renovador de la obra
del poeta limeño.
La prueba está en que Eguren es uno de los poetas peruanos mejor
representados en las páginas de Amauta, al lado de otros,
entonces más o mucho más jóvenes, desde César Vallejo, que tenía
34 años cuando apareció Amauta en setiembre de 1926,
hasta Emilio Adolfo Westphalen, que había cumplido quince. Es
también importante señalar que Eguren es el único escritor al
que Amauta dedica, en vida, un marcado homenaje que ocupa
toda la primera parte del nº 21 de la revista .
Paradójicamente Eguren, entre los que entendían de poesía, fue
el único en no haberse dado cuenta de ser él mismo uno de los
principales entre los llamados « poetas nuevos ». El boletín
crítico-bibliográfico Libros y revistas del que salieron
dos números en febrero y abril de 1926, precediendo a Amauta,
abre el primero con una entrevista a Eguren por Armando Bazán.
El poeta dice que « percib[e] (…) una nueva luz en la corriente
del arte (…), una « nueva fe » y una « desesperación » que
« tienen sus raíces en la vida misma (…) Y que él « simpatiz[a]
enteramente con las nuevas corrientes literarias ». Y de pronto,
paradójicamente, Eguren añade : « Mis versos no deben ya
publicarse. Hoy debe leerse solamente poesías que nos den la
emoción de nuestro tiempo ». Inocencia o modestia. En todo caso
directamente la revista lo desmiente, publicando a continuación
de estas declaraciones tres poemas de Eguren. Después seguirán
publicándose versos y prosas del poeta, hasta el número 29 en
marzo de 1930. En cambio, están ausentes de Amauta sus
coetáneos José Santos Chocano, José Gálvez , Alberto Ureta o
Leonidas Yerovi a los que visiblemente la redacción de la
revista no atribuía función alguna en la renovación de la poesía
peruana en el siglo XX.
Aparte de Vallejo y de Eguren Amauta acoge en sus páginas
hasta medio centenar de poetas peruanos con cerca de doscientos
textos . La plétora de poetas y poesías no facilita una
clasificación que ayude a situarlos en el hervidero artístico de
la época. Sin embargo podemos subrayar ciertas tendencias
generales. Entre los mayores, Eguren y Vallejo son irreductibles
a cualquier intento de clasificación en un movimiento literario
de la época ; dos coetáneos de Vallejo, nacidos en el decenio de
los noventa, Alberto Hidalgo y Juan Parra del Riego, dejan ver
en algunos de sus poemas una impronta futurista mientras que
Alberto Guillén y Alcides Spelucín arrastran aún formas
heredadas del modernismo. De los otros grandes poetas peruanos
que ya hemos nombrado solamente César Moro se adscribe de una
manera clara al último de los grandes movimientos poéticos de su
tiempo, el surrealismo. En Xavier Abril y Emilio Adolfo
Westphalen hay, en una parte de sus obras, una tendencia
surrealizante por la atmósfera onírica y la estructura de las
imágenes , como es el caso en Eguren, pero están bien lejos de
las técnicas y las normas de Breton y sus amigos. Oquendo de
Amat publicó en el número 20 de Amauta « Poema
surrealista del elefante y del canto », pero en realidad la
poesía de Oquendo toca diversos registros que estaban todos en
el aire de la época y, como dice Ricardo González Vigil (1984 :
III, 61), Oquendo « asimiló creadoramente (…) múltiples
canteras vanguardistas : cubo-futurismo, dadá, creacionismo,
ultraísmo y surrealismo, así como el legado de Trilce y
el indigenismo puneño) ». Es un hecho que los procedimientos de
escritura de los sucesivos -ismos o escuelas de vanguardia se
cruzan, se mezclan o se confunden , desde el futurismo hasta el
dadaísmo y no es de extrañar que esta inflación ísmica acabara
en una versificación desvalorizada y estereotipada. En cuanto a
nuestros poetas peruanos, a parte de los ocho ya nombrados, que
se caracterizan todos no por lo novedoso de la forma sino por la
originalidad y la profundidad de sus voces, la huella de las
vanguardias se nota también, entre los colaboradores de
Amauta, en poetas andinistas y cholistas, como Alejandro
Peralta, Gamaliel Churata, César Atahualpa Rodríguez, Guillermo
Mercado, y en otros que siguen la línea más bien cosmopolita
propia de .las vanguardias (Armando Bazán, Serafín Delmar,
Nicanor de La Fuente entre otros). En muchos de ellos el aporte
vanguardista está sobre todo en la utilización de un léxico de
moda, y en el empleo de procedimientos tipográficos y
ortográficos, como destacar segmentos de versos o versos enteros
en mayúscula, o disponer en forma de escalera las letras de las
palabras, o escribir « vigilar » con jota, etc.
Ello explica probablemente que la muestra de poesía peruana
moderna que ofrece Amauta sea paralela a una indagación
crítica sobre el valor, la significación y el alcance histórico
y estético de las vanguardias a escala internacional y en el
Perú. Esta indagación aparece desde el principio en diversos
números de la revista en forma de notas críticas o textos
polémicos que afirman o discuten sobre todo la validez de
ciertos procedimientos de escritura. Así Antenor Orrego aplaude
y justifica las distorsiones escriturales de los vanguardistas
comentando la poesía de Nicanor de La Fuente (A 15),
mientras que María Wiesse (A 19) las reprueba
considerándolas estereotipos tan gastados como los cisnes y las
princesas del modernismo ; y Magda Porta polemiza con el
periodista Miguel Ángel Urquieta, metiéndolo entre los
« periodistas seudo intelectuales y demás canalla artística »
por haber atacado « la puerilidad amariconada y
seudoizuierdista » de ciertos representantes no definidos de las
vanguardias (A 4, 5, 7). Estos escarceos polémicos suelen
ser confusos, infundados y superficiales; la crítica de fondo la
vamos a encontrar más bien en un texto de Vallejo y en otro de
Mariátegui (A 3) : el primero denuncia la artificialidad
de cierta poesía calificada de « nueva » : « poesía nueva ha
dado en llamarse a los versos cuyo léxico está formado de las
palabras « cinema, motor, caballos de fuerza, avión, radio,
jazz-band, telegrafía sin hilos (…) no importa que el léxico
corresponda o no a una sensibilidad auténticamente nueva. Lo
importante son las palabras. (…) La poesía nueva a base de
palabras o de metáforas nuevas se distingue por su pedantería de
novedad (…). La poesía nueva a base de sensibilidad nueva es, al
contrario, simple y humana y a primera vista se la tomaría por
antigua (…). Es muy importante tomar nota de estas
diferencias ». Estas palabras de Vallejo corresponden en cierto
modo a lo que es su propia poesía y corresponden también a la
visión que tenía Mariátegui de lo que debe ser la poesía nueva y
de lo que es la nueva sensibilidad. Precisamente, en el mismo
número 3 de Amauta su director dedica un importante
editorial a la cuestión del arte en la sociedad actual: « Arte,
revolución y decadencia ». « En el mundo contemporáneo -dice-
coexisten dos almas, las de la revolución y la decadencia…La
decadencia de la civilización capitalista se refleja en la
atomización, en la disolución de su arte . Las escuelas se
multiplican al infinito porque no operan en ellas sino fuerzas
centrífugas ». Esas escuelas que se multiplican al infinito son
evidentemente los famosos -ismos. « El artista contemporáneo, en
la mayoría de los casos, lleva vacía el alma », porque « [e]l
arte se nutre del absoluto de su época « y « la literatura de la
decadencia no tiene absoluto ». Finalmente dice Mariátegui que
son los artistas más escépticos y nihilistas los que más tienen
necesidad de un Mito. Se puede deducir que la nueva sensibilidad
en la que arraiga la poesía verdaderamente nueva está en la
presencia viva del mito, no en el sentido de « mentira » que le
ha dado la civilización occidental sino en el de proyección del
absoluto de la época hacia una realización siempre futura pero
ineludible : la voluntad de realizar la utopía.. En esta
perspectiva nuestro escritor reconoce que los grandes
movimientos políticos de la época, cubismo, expresionismo,
dadaísmo, « al mismo tiempo que acusan una crisis , anuncian una
reconstrucción ». Su crítica se ejerce contra ese aspecto
negativo, escéptico y nihilista de ciertos vanguardistas
europeos y sus imitadores americanos, caracterizado por la
vacuidad de la intuición poética disfrazada con lo novedoso de
la expresión, novedad que pronto se trivializa en clichés. Esto
se se ve claro en una nota polémica en la que expresa su
reacción de repulsa ante una « Oda al bidet » del español
Ernesto Giménez Caballero : « fruto[ ] de la ‘deshumanización
del arte ». « Hay el peligro -dice Mariátegui- que de esta
actitud se enamoren muchos de esos jóvenes desorientados que no
saben separar en lo contemporáneo, los elementos de la
revolución de los elementos de la decadencia » y pueden dejarse
seducir « por cualquier artefacto cosmopolita » . « Si no
hubiera otro testimonio de la época tendríamos que creer en la
‘deshumanización del arte, en el arte puramente deportivo. Pero
aquí, en esta América, un poco bárbara aún, no obstante el aliño
citadino que disimula su ruralidad, el arte cala más hondo en la
vida y en las cosas ». Estas palabras expresan con la mayor
claridad la posición de Mariátegui frente al arte vanguardista y
su función en América.
La revista Amauta constituye sin duda la mejor de las
guías para esbozar una historia de la primera época de la poesía
peruana del siglo XX : una recopilación o antología crítica de
los poetas y la crítica poética de Amauta, incluyendo a
todos los poetas que pueblan sus páginas, en su mayoría
olvidados por la historia y las antologías sería un trabajo que
valdría la pena hacer .
NOTAS
Es el caso, por ejemplo, de Xavier Abril que declara en
su libro Hollywood : « …Asistí al debate del
surrealisme, pero a mi vuelta al Perú (1928) me ganó la
revolución, el marxismo, en la prédica de
Mariátegui…Mariátegui acaba de morir, pero mi vida está
hoy lcomo nunca ligada a su trabajo, a su orden social
revolucionario . Mariátegui ha creado una conciencia, un
nuevo nacimiento de América.. Mi conocimiento y
revelación del mundo político están vinculados a su
agonías » (Citado por María Luz Canosa (1994 : 21).
|