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Alejandra
Pizarnik
Carlos Luis Torres
Gutiérrez
Una
equilibrista enana se echa al hombro
una bolsa de huesos y avanza por el alambre con los
ojos cerrados.
A. Pizarnik
[29 de abril de 1936 - 25 de septiembre de 1972]
“Esta
poetiza ávida por el naufragio, enamorada de su muerte, amante
del dolor y del sufrimiento. Esta poetiza sutil y delicada”.
Este “bicho”, como le decía cariñosamente Julio Cortázar, es la
puerta de entrada a una re-lectura de los poetas suicidas más
destacados de Latinoamérica. Hija de inmigrantes de Europa
Oriental, con ascendencia judía en Rusia, que llegan a Buenos
Aires a vivir en un barrio pequeño burgués al sur de la ciudad.
Al poco tiempo de su llegada, el 29 de abril de 1936, en
Avellaneda, nace Alejandra1. Fue la segunda
hija del matrimonio Pozharnik (Elias y Rejzla).2
Todos los
textos que intentan ser biográficos señalan lo mismo: “Estudió
Filosofía en la Universidad de Buenos Aires y luego pintura con
Juan Batlle Planas. Vivió en París entre 1960 y 1964 donde
trabajó para la Revista Cuadernos y algunas editoriales;
tradujo a Antonin Artaud, Henry Michaux, Aimé Casairé e Yves
Bonnefoy, publicó poemas y ensayos además de sus estudios de
historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona”.
A su
retorno a Buenos Aires publica Los trabajos y las noches,
Extracción de la piedra de la locura, El infierno
musical y La Condesa sangrienta. “En el año 1969
recibió la beca Guggenheim y en 1971 la beca Fullbright. El 25
de septiembre de 1972 mientras pasaba un fin de semana fuera de
la clínica psiquiátrica donde estaba interna, en la ciudad de
Buenos Aires, Alejandra murió de una sobredosis intencional de
seconal”.
Sobre la
vida y obra de Alejandra se ha escrito “demasiado” y la mayoría
de los textos aluden a lugares comunes. También se encuentran
ediciones que aparentan ser la obra completa ; sin embargo, se
observa en las publicaciones que de vez en cuando se hacen de su
obra y diarios, diferencias y mutilaciones en ellas, aunque cada
una de estas anuncia la revisión de la anterior; una de sus
estudiosas, una avezada investigadora venezolana3,
señala cómo el diario de Alejandra fue mutilado por sus
familiares pues ¿cómo permitir que el público se enterara de sus
pasiones, de su homosexualidad, de sus eróticos y diabólicos
imaginarios?; se abren páginas virtuales en varios servidores en
internet y todas transcriben el mismo texto; y hasta un escritor
de una provincia colombiana, reconocido únicamente en su
círculo, escribe un texto4 sobre la Pizarnik
en el cual, a través de un cuento relata la muerte de una mujer,
también de provincia, llamada Alejandra, que se suicida dejando
a su amante sumido en la locura.
Alejandra,
no hay duda, es una de las mejores poetisas de Latinoamérica.
Analizada por muchos críticos y popular en el ámbito de la
pequeña burguesía intelectual que se deleita con la lectura del
dolor profundo de la existencia humana. Este último es el lugar
de reflexión de estas líneas que además sólo intentan registrar
pequeños espacios de su vida y de su obra con un aliento
reinvindicatorio5 de su decisión de máxima
libertad.
Infancia
difusa
El libro
que escribió César Aira por encargo de Ediciones Omega hace
alguna referencia anecdótica a su vida de infancia. Por él
sabemos que esta era una familia de clase media y las dos
hermanas realizaron sus primeros estudios en Avellaneda en una
escuela pública, la No. 7, y en una institución de educación
pestalozziana pero sin mucho énfasis en la doctrina. Aira dice
que las niñas nunca aprendieron el idioma de sus padres, sin
embargo otros afirman lo contrario.6
De los
escritos de Alejandra pueden ser inferidas algunas
características de su vida durante su infancia: Se presiente una
niña triste, introvertida, solitaria.
“Yo no sé
de la infancia
más que un miedo luminoso
y una mano que me arrastra
a mi otra orilla”.7
“Recuerdo
mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón.
Recuerdo
las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos”.8
"Pero
ellos y yo sabemos
que el cielo tiene el color de la infancia muerta”.9
A los 12 o
13 años la sensibilidad de Flora (Alejandra) va acompañada con
una leve patología social que se manifiesta en una perceptible
tartamudez (éste rasgo característico de su pronunciación se
mantendrá durante toda su vida). La escuela secundaria se
prolongará hasta 1954.
El
comienzo de la construcción del personaje
En el año
1954 ingresa a la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad de Buenos Aires y simultáneamente estudia periodismo.
Sin embargo, su interés se situó en lo literario, ella parece
que asistió medianamente a clases y de ésta época se rescata la
amistad con uno de sus profesores de literatura (Juan Jacobo
Bajarlía), mencionado por sus biógrafos como su iniciador en
lecturas y teorías, especialmente con los surrealistas.
Un
testimonio de Bajarlía, mencionado por Ivonne Bordelois en la
recopilación de correspondencia de Pizarnik, dice: “Adoptó mi
estudio como su propia casa. Aquí mateábamos y hablábamos de
literatura. Mi estudio era como su cuartel general. Cuando tenía
que ausentarse o recordarme algo, tomaba cualquier papelito...
firmaba con la palabra Buma (flor en Idish) o Blímele (florecita),
porque así le llamaban en casa”. “En Alejandra las reacciones se
generaban sorpresivamente. Ella era obsesiva e inestable. Diría
que era circular. Estar exaltada o depresiva era cuestión de
segundos”.10
Su primer
libro, La tierra más ajena11, se
publica en 1955 cuando tiene 22 años; ella preferirá, años más
tarde, olvidarlo. Sin embargo, estos poemas ya dicen mucho de su
poesía y de la visión de mundo de la joven Alejandra.
YO SOY
mis alas?
dos pétalos podridos
mi razón?
copitas de vino agrio
mi vida?
vacío bien pensado
Entre los
18 y los 24 años se dedica a leer todo lo que le llega a mano y
asiste a las clases de pintura con Batlle Planas con quién se
acerca realmente al surrealismo y en esta corriente se sumerge
atraída por su vértigo, pues le daba todo aquello que su mente
requería. Alejandra pinta algunos cuadros que son presentados12
en una exposición en la galería Guernica en Buenos Aires pero la
magia la encuentra en la metáfora que le proporciona esta
corriente. Aunque la publicación de su ensayo “Relectura de
Nadja de André Bretón” sólo se da hasta 1967, por esta época
leyó con pasión a Michaux, Artaud. Los textos de la Pizarnik son
muestra de que no sólo tuvo interés en el surrealismo sino que
se convirtió en una de sus seguidoras más sobresalientes.13
Por
aquella época y según lo señala Aira “... Esta situación de
dependencia (económica) familiar hizo asomar naturalmente un
personaje, versión doméstica del que cultivaría cuando ya fuera
una poeta consagrada. Por ahora era una joven con conflictos a
la que había que esperar mientras se prolongaba su adolescencia:
acomplejada por su fealdad, su escasa estatura, su tartamudez,
su gordura, su acné, su inadaptación, su asma. En vista de todo
eso, el padre no puso reparos no sólo en mantenerla sin que
trabajara, sino también en pagar la edición de su primer libro y
posiblemente la de los dos siguientes, y pagar las clases de
pintura, el psicoanálisis, y a la larga, con reticencias, el
viaje a Europa”.
A esa
altura de su vida Alejandra ya ha construido un personaje
poético y anatómicamente coherente: Ella es un ser producto de
lo urbano, tiene la connotación del desarraigo pues no posee
raíces locales, vive la nostalgia de su auto exilio interior;
posee ese sentimiento de desesperanza, ese vacío del ser; es una
desengañada en la acepción de Fernando Savater y busca el
silencio como un colchón para su tristeza. Además ya había
cambiado de hábitos y de nombre: Alejandra a secas, desaliñada,
poeta nocturno, sufría constantes dolores de cintura y de
espalda, tomaba analgésicos por cantidades, anfetaminas,
pastillas para dominar el insomnio y otros hábitos coherentes
con esa imagen que quería proyectar, como el desaliño y las
expresiones obscenas, entre otras.
La última
inocencia
(1956) es su segunda publicación, dedicada a Oscar Ostrov, su
analista de años14. Alejandra había decidido
recurrir a la consulta psicoanalista pero entendía de alguna
forma que la tristeza y la melancolía pertenecen a la categoría
de los misterios sin límites e inagotables. Desde muy joven
tenía plena conciencia que sólo son felices los que no piensan
nunca más que en lo estrictamente necesario para vivir.
De éste
libro La enamorada es el poema donde aparece una
referencia explícita a esa condición. Situación por la que
algunos de sus biógrafos señalan que ella estaba enamorada de su
terapeuta (la relación paciente-analista se consolida cuando el
primero se enamora del segundo... dicen).
En 1958
publica Las aventuras perdidas. Uno de los poemas más
representativos es el titulado “La Jaula” dedicado a Rubén Vela.
La edición colombiana de Editorial Árbol de Diana no posee la
dedicatoria y menos el siguiente epígrafe, fundamental pues
representa la imagen que repite Alejandra en sus poemas:
“ Sobre
negros peñascos se precipita,
embriagada de muerte,
la ardiente enamorada del viento”
Georg Trakl.
Dos poemas
de este libro, “El despertar”, dedicado también a su analista, y
“Mucho más allá”, cruzan sus imágenes para dar la visión de la
Alejandra que se configura para toda su vida. Veamos los dos
fragmentos:
“ Qué haré
con el miedo
Qué haré con el miedo
Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
Que beben mi sangre
Cómo no me
suicido frente a un espejo
Y desaparezco para reaparecer en el mar
Donde un gran barco me esperaría
Con las luces encendidas!?”15
“Quisiera
hablar de la vida.
Pues esto es la vida,
este aullido, este clavarse las uñas
en el pecho, este arrancarse
la cabellera a puñados, este escupirse
en los propios ojos, sólo por decir,
Todo por ver si se puede decir.
Qué es que yo soy? ¿verdad que sí?
No es verdad que yo existo
Yo no soy la pesadilla de una bestia?”16
Ese dolor,
esa rabia, ese descontento con ella misma, ese extrañamiento con
su ser y su vida enmarcará toda la poesía y la visión que ella
muestra. Alejandra escribe poesía y ésta la construye a ella.
Desde muy temprano en su corta vida, construye su estrategia:
ella y su creación son el mismo objeto poético: brevedad y
silencio, extrañamiento y duda absoluta, dolor y pregunta,
desaliño y surrealismo como envoltura.
Dice ella
en algún momento: “Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis,
haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada
frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi
soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido
sacrificada en las ceremonias del vivir”.17
Durante
éste periodo, su mundo amargo, de profundo dolor vehemente, de
desesperación, se aumenta con la muerte del poeta colombiano
Jorge Gaitán Durán (1962). Por él sintió, según algunos de sus
amigos, un enamoramiento profundo.18
Una de las
primeras publicaciones de los diarios (1960 y 1961) de Alejandra
se hace en la Revista colombiana Mito que dirige Jorge Gaitán
Durán (números 39 y 40 de 1962).19
El exilio
como su casa.
Con éstos
tres libros mencionados termina su primer ciclo como escritora
nacional y da inicio a su aventura en París entre 1960 y 1964.
Va allí como muchos otros poetas al único lugar apropiado para
la vida y el arte. Este viaje se convierte en su obsesión
durante los meses que demora la preparación y llega hasta a
convencer a sus padres de que es para ella la mejor alternativa
que puede tener en la vida. Se escribe con sus amigos residentes
en París y pregunta una y otra vez sobre cómo sobrevivir allí,
lee periódicos parisinos, etc. Viaja en barco a Havre y en París
encuentra el habitad más apropiado para su alma... sus escritos
más dolidos son producidos allí.
Escribe en
una carta20: “Allí (en París), a pesar del
desamparo externo, soy más feliz. Quiero decir: puedo escribir
con más libertad (esto es tan complejo tan indecible)”.
En carta a
L. Ostrov, “... envejezco y no tengo ganas de volver a Buenos
Aires”.
De los
escritos de Alejandra los más controvertidos han sido sus notas
de Diario. Estos erróneamente se han convertido para demasiados
estudiosos de la escritora en el “baúl del tesoro”, donde
encontrarán los cristales de luz que den pistas sobre su
personalidad y las razones del suicidio; para los editores, un
negocio y para sus herederos cercanos, por llamarlos de alguna
forma, el lugar donde reside el “secreto” de su personalidad
heterodoxa y sus desmanes... que deben ser guardados: Por ello,
los han mutilado...
“Falta mi
vida, falto a mi vida, me fui con ese rostro que no encuentro,
que no recuerdo” (París, 1 de Noviembre de 1960).
Este
apunte de reflexión del primer día de Diario (Semblanza
publicación mencionada) además de ser referenciado por
diferentes biógrafos y analistas de la Pizarnik, es un poema en
el mejor sentido del término.21
Su Diario
era un lugar para registrarlo todo pues la vida y la obra
literaria fueron para ella, como lo hemos repetido, la misma
cosa22. El Diario se convirtió en el espacio
para el registro inmediato de sus emociones, a diferencia de los
poemas que hoy tenemos en nuestras manos que son además el
resultado de un trabajo meticuloso sobre el texto.
“No sé
cuando empecé a buscar a esa persona. No sé quién es esa persona.
No la conozco. Es raro cómo y cuándo la busqué... Yo ya no soy
yo, yo soy mis ojos. Busquen. Entre las hojas muertas, en los
árboles filosos, en el sí y en el no, en el revés y el derecho,
en un vaso de agua y en mi sed de siempre...” (15 de diciembre
de 1962).
“Desperté
viéndome como un cuerpo sin piel, una llagada” (24 de diciembre
de 1961).
“Noche
crucial. Noche en su noche. Mi noche. Mi importancia. Mi misma.
La asfixiada ama la ausencia del aire. Memorias de una náufraga.
Qué puede soñar una náufraga sino que acaricia las arenas de la
orilla” (18 de diciembre de 1961)
Ese
desencanto por la existencia, ese caminar al borde del abismo
como naufraga... asfixiada, ese darse cuenta de que yo ya no soy
yo, esa ausencia de piel, es el comienzo de un desdoblamiento,
de una separación de la realidad, obvio como la de cualquier
escritor con cierto grado de contextura como tal; pero aquí en
Alejandra, es llevado hasta el borde del lugar donde termina lo
uno y comienza lo otro... y no hablo simplemente del lugar donde
termina la cordura y comienza la locura, sino del lugar donde se
debe llegar si se piensa realmente en quitarse la vida.
Sucede que
Alejandra, como verdadera poeta, hace del Diario el más refinado
lecho para recostar, sin hacerlo, las palabras. Ella se
convierte de manera prodigiosa en un poema que deambula, en
pocos versos, desde el desgarramiento al desencaje total y
finalmente a la muerte.
“... me he
mirado las piernas y he subido mis ojos por mi cuerpo,
lentamente, como un cuidadoso pensamiento asesino...” (2 de
enero de 1962).
“El horror
de habitarme, de ser -qué extraño- mi huésped, mi pasajera, mi
lugar de exilio” (5 de enero de 1962).
“... Estoy
muriendo como el niño que enloqueció de amor” (8 de enero de
1962).
En 1962,
se publica Árbol de Diana, texto prologado por Octavio
Paz (abril de 1962), momento en el que conoce a Julio Cortazar y
a Aurora con quienes se hacen grandes amigos hasta su muerte.
Efectivamente se trata de su mejor libro. En Árbol de Diana23
se muestran las mejores imágenes de su poesía. Octavio Paz se
queda corto en la presentación pues sus palabras alrededor de
las posibilidades poéticas que él construye sobre el título del
poemario de Pizarnik son tan sólo un leve rasguño si se pone
junto a la profunda herida de los poemas de Pizarnik. Estos
ejemplos bastan:
“ Cuídate
de mi amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra”
“ El poema
que no digo,
el que no merezco.
Miedo de ser dos
Camino del espejo:
Alguien en mi dormido
Me come y me bebe”
“cuando
vea los ojos
que tengo en los míos tatuados”
Su vida en
París no fue fácil pero si conformó el espacio que ella deseaba
para su escritura. Vivió en pequeños cuartuchos sobre el
Boulevard Saint-Germain24, trabajó en uno que
otro oficio que detestaba y sobrevivió, apenas ayudada por sus
amigos y los dineros que le enviaba su padre desde Buenos Aires.
“Me fui
del horrible empleo. Ahora busco otro. Se ruega considerar que
enviar esta carta me privará de un almuerzo....Mentalmente me
siento libre y contenta pero digestivamente vacía y melancólica.
No hablemos más del asunto: no es de pobres hablar de la
pobreza”25
“Trabajo
en sitios infames para ganarme el duro pan de cada noche”.26
En la obra
de Alejandra hay dos temas que deben ser mencionados por
considerarse pilares en sus textos: La posibilidad de la locura
y la idea de suicidio... ambos se resuelven al final de su vida.
La
extracción de la piedra de la locura,
o ese texto estrambótico La bucanera de Pernambuco o Hilda la
polígrafa o la Condesa sangrienta27
o sus breves períodos de interna en un sanatorio que desembocan
en su suicidio, son muestra de esta afirmación.
En carta
al pintor Antonio Beneyto, señala: “ ... pero aquí me asalta y
me invade muchas veces la evidencia de mi enfermedad, de mi
herida. Una noche fría fue tan fuerte mi temor a enloquecer, fue
tan terrible, que me arrodillé y recé y pedí que no me exilaran
de éste mundo que odio, que no me cegaran a lo que no quiero
ver, que no me lleven a donde siempre quise ir”.
El segundo
tema es el suicidio:
“... El
más grande misterio de mi vida es éste: ¿ por qué no me suicido?
En vano alegar mi pereza, mi miedo, mi distracción. Tal vez por
eso siento, cada noche, que me he olvidado de algo”. (8 de marzo
de 1962).
“... Ganas
de aplastarme contra una pared, descuartizarme, ponerme una
bomba”. (16 de marzo de 1962).
“... Por
ejemplo tú te vas a suicidar, le decía. Pero tal vez se trata de
mi, sólo de mí”. (28 de marzo de 1962).
De alguna
forma nombrar la muerte por su propia mano tiene en la poesía y
notas de Alejandra, no ese tono sentencioso y de amenaza falsa
sobre el suicidio. La pregunta de ¿por qué no hacerlo? requiere
de una respuesta grave pero ella la trivializa con el olvido o
con una imposibilidad, como la de aplastarse ella misma contra
la pared. Poner su suicidio futuro en el cuerpo de otro es un
recurso común pero mediatizarlo con un tal vez, es dejar la duda
de su convencimiento.
Lo que
realmente hace Alejandra es crear una imagen poética sobre la
terrible realidad de la muerte, para encantarla desde el texto y
construir sobre ella un andamiaje, donde vislumbrarla como un
placer exquisito, pero sólo para aquellos iniciados en el
morboso y delicado placer de la muerte por su propia mano.
Ella, al
contrario de la opinión de E. M. Ciorán, construye como los
verdaderos poetas una danza maravillosa que le permite huir de
la vida y de la razón para encontrar el lugar de la mayor
libertad e inmortalidad. “La muerte niega la estética, de la
misma manera que el sufrimiento o la tristeza. La muerte y la
belleza son dos nociones que se excluyen mutuamente... nada es
más grave y más siniestro para mi que la muerte. ¿Cómo es
posible que haya habido poetas a los que les haya parecido bella
y que la hayan celebrado? La muerte representa el valor absoluto
de lo negativo”, señala Ciorán En las cimas de la
desesperación (Tusquets. Barcelona, 1991)
Estudiosos
de la obra y vida de Alejandra soportan su decisión de quitarse
la vida por la otra opción: el complemento estético a su poesía
o por una reflexión filosófica respecto al valor de la muerte...
El presente trabajo busca otro lugar para intentar un indicio
explicatorio alterno al señalado por aquellos: su angustia
acumulada por la vida-literatura desembocó en un abismo que no
la llevó a un lugar más allá de la muerte. Alejandra se fracturó
antes de caer: el fondo (del abismo) sólo recibió las múltiples
partículas de su texto y su pequeño cuerpo fragmentado.
El delgado
trazo que siluetea sus angustias: un complemento adecuado para
sus poemas
Tengo en
mis manos varios de los dibujos de Alejandra. Son figuras
desgarradas que caen o abren sus fauces, unas al cielo, otras al
suelo. Son trazos que a veces semejan una mujer, otras una
rayuela mágica e imposible.
La imagen
surrealista del “árbol de Diana” cuyas ramas terminan en flores
y máscaras separadas de la parte inferior del dibujo por un arco
de madera que le limita el espacio a un extraño ser que mira
arriba.
Sus
dibujos son ese repetir el ejercicio de la matrioska, ahora con
un pájaro entre otro hasta casi el infinito. Su alrededor
amenaza con figuras de seres pequeñitos que trepan por una
maraña de líneas y de frases escritas con su letra diminuta cual
camino de hormigas negras sobre la hoja de papel.
Revisar
estos dibujos, ahora impresos, anunciando unos tras otros los
libros de Alejandra en un sólo tomo, tienen el aire de la obra
de Federico García Lorca. Existe una similitud más que cercana
con el trabajo de dibujo de Federico. El trazo de la muerte, de
la perspectiva urbana, la forma de simbolizar los sentimientos
como la nostalgia, son iguales en los dos poetas.
Con los
dos libros28 abiertos sobre la mesa de trabajo
pienso en un dialogo entre él y ella. Ese poema, Aire
nocturno, de Lorca “Tengo mucho miedo/de las hojas muertas/
miedo de los prados llenos de rocío”y ella, qué haré con el
miedo? Federico huyendo de amor herido/herido vengo de
amor, y ella, dice que la muerte es miedo es amor.
Dos poetas
sentados frente a la mudez del mundo, desgarrados, gesticulando
un texto que al caer produce miedo, desnudez, admiración... y
aplausos.
Palidezco
al pensarlo: ellos dos, muy íntimos, muy solos, en una
habitación en sombras, mirando a la ventana abierta a la
noche... esa fotografía... la humanidad daría cualquier cosa por
verla.)
En sus
notas de diario y cartas se lee que la vida de Alejandra no fue
fácil en París. Muchas veces se queja del poco dinero que poseía
y que el envío de una carta le privaría del almuerzo, otras
veces maldice del trabajo como mecanógrafa en una oficina que le
quitaba las horas... para escribir poemas. Sabemos de su
molestia al cambiar de cuartos siempre desmantelados o su
satisfacción por caminar bajo un cielo gris tan parecido a su
alma, otras, como le dice por carta al Dr. Ostrov: “no deseo
volver a Buenos Aires”, y es cierto, ella ya posee un grupo de
amigos intelectuales a los que visita y estos le apoyan sus
trabajos, también realiza transcripciones y publica en varios
periódicos y revistas europeas pero sobre todo purifica un
estilo que se refleja en El árbol de Diana y en Los
trabajos y las noches.
Su regreso
a Buenos Aires sucede después de la insistencia de sus
familiares quienes le piden su retorno debido a la enfermedad de
su padre. Situación a la cual accede no sin antes asegurar el
pasaje de ida y regreso29 (la animó saber que
en Buenos Aires estaba su amiga Olga Orozco). Llegó a la
residencia de sus padres en Miramar y luego de la muerte de
éste, Alejandra se muda a Buenos Aires, con su madre, a un
apartamento comprado por ésta última.
La dureza
de su vida interior se vio en su rostro. El pintor Antonio
Requeni, señala en una publicación para una revista literaria de
California30: “Alejandra creó su poesía, pero
en igual o mayor medida, su poesía creó a Alejandra Pizarnik...
Cuándo volvió a Buenos Aires, desde París, los hermosos rasgos
de su rostro, siempre reacio al maquillaje, se habían
endurecido. El suyo era ahora un rostro todo inteligencia, que
trasuntaba además una desasosegada vida interior”.
En el año
1965, en Buenos Aires gana el premio municipal y publica
Los trabajos y las noches, con los poemas escritos
en París. Este libro está compuesto por 47 poemas (todos con
título) que muestran la madurez de su poesía: un deslizarse
lento entre sutiles imágenes de sombra y un llegar a la puerta
donde nos sorprende una construcción delicada de palabras al
borde de la oscuridad, casi en el absurdo.
RELOJ
Dama
pequeñísima
moradora en el corazón de un pájaro
sale al alba a pronunciar una sílaba
NO
ENCUENTRO
Alguien
entra en el silencio y me abandona.
Ahora la soledad no está sola.
Tú hablas como la noche.
Te anuncias como la sed.
DONDE
CIRCUNDA LO ÁVIDO
Cuando sí
venga mis ojos brillarán
De la luz de quien yo lloro
Mas ahora alienta un rumor de fuga
En el corazón de toda cosa.
SILENCIOS
La muerte
siempre al lado.
Escucho su decir.
Sólo me oigo.
Este
último poema... extremo de una cuerda tensionada sólo sujeta a
una de sus puntas. Exposición magnífica de lo comprimido,
anulación, vacío y absoluto... connotación en alto grado. Los
trabajos y las noches consagran definitivamente a Alejandra
como poeta y hacen de su muerte una verdadera posibilidad pues
este libro es la puerta de entrada a la búsqueda de un más allá
poético donde poner la cota superior a su propia poesía.
Búsqueda que se transforma en fractura, pulverización,
dispersión, lenguaje hermético, brutalidad, obscenidad, rasguño
sobre su misma herida o un pararse en el lugar más extremo del
final... no le queda salida, entrar a un sanatorio para
abandonarlo con la muerte.
Con la
Extracción de la piedra de la locura, 1968 empieza su
tercera etapa literaria, ya Alejandra se sentía acorralada en
Buenos Aires sin poder salir o mejor sin poder volver. Su
escritura se llena de mayor depresión, de profundo
desgarramiento, de total alienación.
RESCATE
Y es siempre el jardín de lilas del otro lado del río. Si el
alma pregunta si queda lejos se responderá: del otro lado del
río, no éste sino aquél.
A Octavio Paz
ESTAR
Vigilas
desde este cuarto
donde la sombra temible es la tuya.
No hay
silencio aquí
sino frases que evitas oír.
Signos en
los muros
narran la bella lejanía.
(Haz que
no muera
sin volver a verte).
Pero
también este libro es la puerta a su último intento literario:
ya no tan sólo el desgarramiento de su contenido sino además, la
fractura sintáctica. El idioma se le ha convertido también en
una jaula de la que debe salir: lo transgrede, a costa de todo,
hasta del sentido. Esto se observa, en su máxima expresión, en
La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa, aquí
utiliza el retruécano, la mezcla aleatoria, el azar de signos,
que al ponerlos consecutivamente en forma de cortas expresiones
semejan un estado de incoherencias muy parecidas a su vida y a
la situación de depresiones continuas que la alejan de la
escritura y la obligan a pasar temporadas en el sanatorio.
“Las
fuerzas del lenguaje son las damas solitarias, desoladas, que
cantan a través de mi voz que escucho a los lejos”.
“Cuando a
la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no
guarecen, yo hablo”.
(tomado de
“Fragmentos para dominar el silencio).
Del vaivén
de imágenes o del retruécano de imágenes que se presentan en los
primeros libros, ella se desprende poco a poco hacia la soledad
absoluta y a la fragmentación total. La extracción de la
piedra de la locura es la explicitación de este momento de
cambio. Un ejemplo del primer aspecto (retruécano de imágenes o
espejos invertidos):
“El perro
del invierno dentellea mi sonrisa. Fue en el puente. Yo estaba
desnuda y llevaba un sombrero con flores y arrastraba mi cadáver
también desnudo y con un sombrero de hojas secas” (tomado de “Un
sueño donde el silencio es oro”).
El
siguiente párrafo que pertenece a las primeras palabras de La
extracción de la piedra de la locura, aventaja, a mi
parecer, a todos los diálogos que sobre el tema de la muerte se
han producido en la literatura latinoamericana31:
“La luz
mala se ha avecinado y nada es cierto. Y si pienso en todo lo
que leí del espíritu... Cerré los ojos, vi cuerpos luminosos que
giraban en la niebla, en el lugar de las ambiguas vecindades. No
temas, nada te sobrevendrá, ya no hay violadores de tumbas. El
silencio, el silencio siempre, las monedas de oro del sueño...
allí yo ebria de mil muertes, hablo de mi conmigo sólo por saber
si es verdad que estoy debajo de la hierba”.
“No me
hables del sol porque me moriría. Llévame como a una princesita
ciega, como cuando lenta y cuidadosamente se hace el otoño en un
jardín”
Alejandra
escribe desde la muerte, por ello todo es incoherente, no existe
un narrador concordante con el receptor, los dos se cruzan, se
confunden. No existe el tiempo porque en la muerte no existe la
coherencia. Cuando dos voces conversan desde la tumba se abre el
espacio de la libertad absoluta: todo es permitido, ¿qué
diferencia la cordura de la locura?, ¿qué es lógico o lo
contrario?, ¿qué es una prosa y qué es poesía?, o mejor, ¿qué es
la vida y qué es la muerte?. Alejandra sabe que de ese otro
lugar conoce más ella que nosotros sus lectores... estamos de
este lado, donde todo es sucesión de palabras, de frases, de
tiempo, de páginas y ella nos da la oportunidad para que apenas
nos asomemos y asombremos con la muerte.
“Golpes en
la tumba. Al filo de las palabras golpes en la tumba. Quién
vive, dije. Yo dije quién vive. Y hasta cuándo esta intromisión
de lo externo de lo interno, o de lo menos interno de lo
interno, que se va tejiendo como un manto de arpillera sobre mi
pobreza indecible”.
“Si
fuertemente, a sangre y fuego, se graban mis imágenes, sin
sonidos, sin colores, ni siquiera lo blanco. Si se intensifica
el rastro de los animales nocturnos en las inscripciones de mis
huesos. Si me afinco en el lugar del recuerdo como una criatura
se atiene a la saliente de una montaña y al mas pequeño
movimiento hecho de olvido cae - hablo de lo irremediable -, el
cuerpo desatado y los huesos desparramados en el silencio de la
nieve traidora”. Proyectada hacia el regreso, cúbreme con una
mortaja lila”. (“Noche compartida en el recuerdo de una huida”,
del libro Extracción de la piedra...).
En El
infierno musical, que aparece en 1971 se acentúa la
fragmentación y la soledad:
“La
soledad no es estar parada en el muelle, a la madrugada, mirando
el agua con avidez. La soledad es no poder decirla por no poder
circundarla por no poder darle un rostro por no poder hacerla
sinónimo de un paisaje. La soledad sería esta melancolía rota de
mis frases” (aparte de la “La palabra del deseo” tomado del
libro El infierno musical).
“Y corres
desolada como el único pájaro en el viento” (aparte de la
“L´Obscurite des eaux”, tomado del libro El infierno musical).
En éste
libro aparece de nuevo la mención de Pizarnik a su posibilidad
de la locura: “Pierdo la razón si hablo. Pierdo los años si
callo”.
Antes del
fin...
María
Elena Arias López, crítica argentina y amiga de Alejandra,
recuerda aquellos meses: “A mi regreso a Argentina dos años
después y ya con la intensión de radicarme, una tarde de junio
llamo por teléfono a Alejandra: Me atendió casi sorprendida por
la coincidencia de haberla encontrado, pues acababa de regresar
a su casa. Había estado internada en una clínica médica...
Supuse e inquirí por alguna operación. Nada de eso, respondió
tranquilamente. Como había ingerido una sobredosis de
barbitúricos hubo que hacer un lavaje de estómago. ¡Así de
simple! Creo que presentí ese final que demoraría un año y meses
después. Pero me rebelé en aceptar lo inexorable de ella”.32
Tan de
elevado es el tono suicida de la frase Voy a quemar todos mis
libros cuando es la decisión de un poeta, como la confidencia
que le hace Alejandra a Elizabeth Azcona Cranwell pocos días
antes de su muerte como muestra de su profundo desencanto y
depresión: “ Dediqué mi vida a la poesía y ahora descubro que la
poesía no le importa a nadie”.33
Nadie se
quita la vida por una sola razón. Tal vez un entrecruce de
muchas sinrazones son la única razón de este hecho. A Alejandra
se le suma también la pobreza: León Benarós, amigo de Alejandra,
cuenta a modo de anécdota a Ivonne Bordelois que “... en sus
últimos tiempos, encontrándose en una afanosa búsqueda de
trabajo para aliviar su situación económica y la de su familia,
Alejandra se dirigió a Benarós diciéndole que sabía que la podía
ayudar, ya que ella sabía que él poseía sabiduría del corazón”.
El pensarlo da luces a muchas cosas como volver a buscar
desesperadamente un trabajo en su ciudad Buenos Aires como lo
hizo en su París.
NOTAS
Nota No. 1
El primer
poema que leí de Alejandra me lo remitió una mujer. Espejito:
ahí te mando esto que estoy leyendo para amortiguar mi dolor, me
dijo. Me quedé pensativo, recostado en la pesadumbre de ella que
era la mía, repitiendo el mismo verso tras los minutos.
Años
después busqué a Alejandra por varias librerías sin encontrarla.
Había comenzado mi correr por escribir algo sobre ella pues su
suicidio se enganchaba perfectamente en la idea de recoger estos
apuntes sobre los poetas suicidas de Latinoamérica. La segunda
vez que oí otro poema suyo fue de labios del poeta Fajardo, en
su apartamento y después de varias copas, en esos intentos,
frecuentes por aquella época, de amansar las tardes de domingo.
Un día sin
pensarlo en una pequeña librería de segundas encontré una
diminuta publicación donde se ofrecía una selección de sus
mejores versos. Leí esa vez un poema suyo, que llegaba desde
abajo, para ahondar a mi melancolía.
Leí y
releí aquella leve connotación que posee la verdadera poesía.
Acaricié sus silencios como quién se relaja en la planicie de un
dolor que no es posible y revisé las demás páginas para terminar
como todos, enamorado de ese “Bicho” que reparte poemas como lo
hacía con sus diminutos lápices.
Le
entregué a Zila aquel texto un medio día pálido cuando después
de muchos meses de su ausencia nos encontramos en un restaurante
francés con un recóndito aliento a Alejandra en medio de ésta
ciudad de lluvia gris.
Escribo
algunas notas sobre los textos de Alejandra y recodos de su
vida. Lo hago de forma interrumpida pero con la intensidad, como
se escribe un verso. Acercarme a ella ha sido descubrir uno de
los fragmentos que conforman el largo y quebrado deambular por
la vida de los poetas suicidas que persigo.
Nota No. 2
Curiosidades de Alejandra…
1.
“Siempre me ha llamado la atención el que entre las muchas
semblanzas y entrevistas publicadas en torno a Alejandra no se
haya hablado nunca - salvo en una rápida referencia de Rodolfo
Alonso- de la extraordinaria voz de Alejandra y de su aún más
extraordinaria dicción. Alejandra hablaba literalmente desde el
otro lado del lenguaje, y en cada lenguaje, incluyendo el
español y sobre todo en español, se le escuchaba en una suerte
de esquizofrenia alucinante. Por un lado entrecortaba
imprevisiblemente sus palabras: “pa-raque-ve-aselpo-e-ma”
produciendo un cierto hipnotismo, semejante al que inspira el
mirar viejas fotos donde reconocemos rasgos, si, pero de modos
tan inesperados como oblicuos. Asistir a su conversación era
viajar en un tren en que cada vagón corría a distinta velocidad,
con ventanas titilando arbitrariamente, y una locomotora oscura
e inexplicable arrastrando todo como un silencioso y nocturno
huracán. Sus vocales eran lentas y tambaleantes y el todo,
irremisiblemente extranjero”. (Ivonne Bordelois, prólogo de
Correspondencia Pizarnik, Seix Barral).
2. “ La
letra de Alejandra era pequeñita, como un camino de hormigas o
un minúsculo collar de granos de arena. Pero ese hilo con toda
su levedad, no se borrará nunca, es uno de los hilos para entrar
y salir del laberinto”. (Enrique Molina , prólogo de Obra
completa, Editorial, Árbol de Diana, Colombia 2000)
3. Desde
niña coleccionó lápices de colores. Los llevaba en una bolsita,
eran ya diminutos y los obsequiaba a sus amigos como en un juego
mágico.
4.
Dificultades de pronunciación en Alejandra. Retomar la
referencia que de esto hace su amiga.
5. La
dirección de la residencia en Buenos Aires en 1965: Montevideo
980,7, telf. 422504
Nota No. 3
Alejandra
Puesto que
hades no existe, seguramente estás allá,
último hotel, último sueño,
pasajera obstinada de la ausencia.
Sin equipajes ni papeles,
Dando por óbolo un cuaderno
O un lápiz de color.
- Acéptalos barquero: nadie pagó más caro
el ingreso a los Grandes Transparentes,
al jardín donde Alicia la esperaba.
Julio Cortázar
(Este
poema de Cortázar fue publicado en la revista Desquicio,
en el otoño de 1972, en París)
Nota No. 4
SUICIDIO
El
jovencito se olvidaba.
Eran las diez de la mañana.
Su corazón
se iba llenando
de alas rotas y flores de trapo.
Notó que
ya no le quedaba
en la boca mas que una palabra.
Y al
quitarse los guantes, caía,
de sus manos, suave ceniza.
Por el
balcón se veía una torre.
El se sintió balcón y torre.
Vio, sin
duda, cómo le miraba
el reloj detenido en su caja.
Vio su
sombra tendida y quieta
en el blanco diván de seda.
Y el joven
rígido, geométrico,
con un hacha rompió el espejo.
Al
romperlo, un gran chorro de sombra
inundó la quimérica alcoba.
Federico García Lorca
Bibliografía
Magazin
Dominical, El Espectador. Alejandra Pizarnik, ocultándose en el
lenguaje. No. 462, marzo 1 de 1992, Bogotá, Colombia.
Pizarnik,
Alejandra. Antonin Artaud: el verbo encarnado. Tomado de Magazin
Dominical . No. 462, marzo 1 de 1992, Bogotá, Colombia.
Pizarnik,
Alejandra. Antología Poética. Colección Quinto Centenario.
Editorial Tiempo presente y la Fundación para la investigación y
la cultura. Bogotá,1990.
Pizarnik,
Alejandra. Semblanza. Introducción y Compilación de Juan
Graziano. Fondo de Cultura Económica, México, 1992.
Pizarnik,
Alejandra. Obra Completa. Editorial Árbol de Diana. Medellín,
2.002.
Alejandra
Pizarnik. César Aira. Ediciones Omega S.A. Barcelona, 2.001.
Bordelois,
Ivonne. Correspondencia Pizarnik, Seix Barral, Argentina
1998.
Notas
[1] Su
nombre era Flora. Ella firmó su primer libro como Flora
Alexandra Pizarnik y luego su nombre mutó a “Alejandra
Pizarnik”, simplemente.
[2] Según
el texto de César Aria (ver bibliografía) la razón de que esta
pareja de inmigrantes rusos arribaran a la Argentina era que
Rejzla Bromiker, la madre de Alejandra, tenía una hermana que se
había radicado años atrás en Avellaneda. Los Pizarnik (el
apellido cambia con la adaptación al español) venían huyendo de
Europa y todos los demás miembros de la familia de ambos fueron
exterminados en el holocausto. Lo anterior hace pensar de forma
inmediata en que estos elementos conformaron parte del
setimiento de exilio y extrañamiento de Alexandra.
[3]
Patricia Venti, realiza su tesis de doctorado sobre Alejandra
Pizarnik.
[4] Veléz
Correa, Roberto. Los suicidas de la palabra. Centro Editorial
Universidad de Caldas. El caso de Alejandra Pizarnik: Tu fatal
saqueo de la palabra.
[5] En
algunas oportunidades se ha insinuado o solicitado mayor
atención por ella. Es el caso de Inés Malinow en la introducción
de la publicación de Editorial Árbol de Diana quién señala: “
Leerla es tarea exigente: pide comprensión y, sobre todo,
reconocimiento por una vida que pisó bordes de desesperanza y
enfermedad”.
[6] Por el
contrario en un artículo publicado por el Centro Virtual
Cervantes se asegura que las niñas estudiaron en la Zalman
Reizien Schule, centro formativo hebreo donde aprenden a leer y
a escribir en yiddish, así como historia del pueblo judío y los
fundamentos de la religión de su pueblo (
[7] Este
poema (fragmento) dedicado a Olga Orozco, tomado del libro
Las aventuras perdidas, recuerda otro texto anecdótico suyo
en el que revive la sensación que tuvo cuando tenía cuatro años
al introducir un dedo en el toma corriente instalado en la
pared: “... un bicho monstruoso, un alacrán bebedor de sangre se
había remontado a su ser e inauguraba un proceso de devastación
que jamás finalizaría”.
[8] Este
fragmento es tomado de su libro Las aventuras perdidas
(1958) y corresponde al poema titulado “El despertar”, que está
dedicado a su psicoanalista León Ostrov.
[9] Este
fragmento del poema “La danza inmóvil” es tomado del mismo libro
señalado en el numeral anterior.
[10] Ver
texto de Bordelois en cartas a Bajarlía, pag. 31 de la
recopilación ya citada.
[11] Esta
publicación, como varias otras, es financiada por su padre.
[12] Sus
cuadros son expuestos junto con trabajos de Manuel Mujica Lainez
y Cecilio Madanes. El primero escritor y pintor, autor de
Bomarzo, novela situada en la Italia renacentista que dio
vida a muchas pinturas.
[13] El
siguiente cuento de Alejandra tiene toda la factura de los
escritores surrealistas:
Un cuento
memorable
—Esa de
negro que sonríe desde la pequeña ventana del tranvía se asemeja
a Mme. Lamort -dijo-
—No es
posible, pues en París no hay tranvías. Además esa de negro del
tranvía en nada se asemeja a Mme. Lamort. Todo lo contrario: es
Mme. Lamort quien se asemeja a esa de negro. Resumiendo: no solo
no hay tranvías en París sino que nunca en mi vida he visto a
Mme. Lamort, ni siquiera en retrato.
—Usted
coincide conmigo -dijo-, porque tampoco yo conozco a Mme.
Lamort.
—¿Quién es
usted? Deberíamos presentarnos.
—Mme.
Lamort -dijo-, ¿y usted?
—Mme.
Lamort.
—Su nombre
no deja de recordarme algo -dijo-
—Trate de
recordar antes de que llegue el tranvía.
—Pero si
acaba de decir que no hay tranvías en parís -dijo-
—No los
había cuando lo dije, pero nunca se sabe que va a pasar.
—Entonces
esperémoslo puesto que lo estamos esperando.
[14] A los
21 años atacada por el asma y con dificultades verbales asistió
a consulta con el Doctor Ostrov, profesor de la Universidad de
Buenos Aires, poeta y literato. Sus conversaciones con él se
apartaban algunas veces de lo terapéutico. En el libro de la
Bordelois se reseña una declaración de Ostrov en la Nación en
1983: “ ... Quedaba, en ocasiones , si no olvidada, postergada
mi específica tarea profesional, como si yo hubiera entrado en
el mundo mágico de Alejandra no para exorcizar sus fantasmas
sino para compartirlos y sufrir y deleitarme con ellos, con
ella. No estoy seguro de haberla siempre psicoanalizado; sé que
siempre Aljandra me poetizaba a mi...”
[15]
Fragmento de “El Despertar”.
[16]
Fragmento del poema “Mucho más allá” tomado de la Antología
Poética de la colección Quinto Centenario, página 41, libro
relacionado en la bibliografía del presente documento. La
edición referenciada parece poseer varios errores de puntuación
y al ser comparados con otras ediciones aparecen diferencias que
invitan a pensar si se trata de imprecisiones de la autora (lo
dudo) o descuidos editoriales.
[17] “El
deseo de la palabra”, del libro El infierno musical,
1971.
[18] Esta
afirmación es realizada en el texto publicado en la página de
Internet http://sololiteratura.com, que fue tomado de la obra de
Susana H. Haydu y titulada Alejandra Pizarnik: evolución de
un lenguaje poético.
[19] “ ...
me he mirado las piernas y he subido mis ojos por mi cuerpo,
lentamente, como un cuidadoso pensamiento asesino...” (2 de
enero de 1962).
“ El horror de habitarme, de ser -qué extraño- mi huésped,
mi pasajera, mi lugar de exilio” (5 de enero de 1962).
“... Estoy muriendo como el niño que enloqueció de amor” (8
de enero de 1962).
“ Odio mi cara pues la miro a través de sus ojos. Esta cara
no supo fascinarlo. Amo. ¿Qué se hace en éste mundo cuando se
ama así?” (9 de enero de 1962).
[20]
Segmento de la carta a Juan Liscano, referenciada por Susana H.
Haydu en la obra antes mencionada.
[21] Para
los ortodoxos podríamos escribirlo así:
Falta mi
vida,
falto a mi vida.
Me fui con ese rostro que no encuentro...
que no recuerdo
[22] Por
el contrario de Alejandra y como nota curiosa sobre el papel de
los Diarios, la escritora ANAÏS NIN escribe toda su vida un
diario que se diferencia totalmente de la obra literaria que
produce, son dos textos paralelos que no se juntan sino en muy
pocas ocasiones. El Diario es publicado como obra
independiente... aspecto que sería imposible con la Pizarnik.
[23] Son
38 poemas muy cortos , sin título, apenas numerados donde su
condición de poeta hace plena exposición de la connotación. Un
análisis acertado del libro lo hace Cesar Aira en la publicación
ya mencionada (pag.55) dice: “ Aquí el primer poema tiene por
único titulo el número 1 y sucede en apenas tres versos: “He
dado el salto de mi al alba...”. Si alguien quisiera traducirlo
en un diagrama sintáctico-topográfico (qué extensión cubre el
salto, dónde queda el sujeto, cuáles son los términos positivos
y negativos que crean el sentido), se encontraría con una
construcción no euclidiana que trasciende el sentimentalismo sin
anular el impulso autobiográfico. El resto de la serie exhibe
las mismas cualidades. La intensidad ha culminado, los temas
están decididos, el mecanismo funciona con una fluidez
mozartiana. No se puede ir más lejos. El libro siguiente sólo
podrá ser un intento, milagrosamente logrado, de hacer lo mismo
mejor. Después, ya de vuelta en Buenos Aires, intentará nuevos
caminos y formatos distintos, básicamente el experimento con la
prosa extensa”.
[24]
Alejandra vivió en la rue du Bac, en la rue Saint Sulpice y en
el Saint Michel.
[25] Carta
a Ana María Barrenecha, fechada en París el 10 de diciembre de
1962
[26] Carta
a Ana María Barrenecha, sin fecha
[27]
Valdría la pena analizar cómo se llega a la extracción de la
piedra de la locura ( como dijo una de sus estudiosas últimas,
será éste la búsqueda de un nuevo lenguaje por un supuesto
fracaso poético?)
[28]
Garcia Lorca, Federico. Obras Completas, Aguilar
Editores, Madrid, 1954. Y Pizarnik, Alejandra. Semblanza.
Introducción y Compilación de Juan Graziano. Fondo de Cultura
Económica, México, 1992.
[29] En
carta a sus padres dice :“Lo único que no deseo es ir sin pasaje
de retorno en la mano porque como les decía en mi última carta
no puedo volverme ya definitivamente - es muy importante, en
todo sentido, continuar para mi en París; más que importante es
primordial y me haría un efecto catastrófico cortar bruscamente
este lento crecimiento que se inició en mí desde que llegué”.
[30] Texto
tomado de Correspondencia, recopilada por Ivonne
Bordelois, obra citada
[31]
Pienso en este momento en las conversaciones que desde dos
tumbas sostienen Eduviges Diada y su amiga de infancia en la
novela “Pedro Páramo” de Juan Rulfo.
[32]
Tomado de la correspondencia recopilada por Ivonne Bordelois.
[33] Ibid. |