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Apuntes
emocionales sobre Alejandra Pizarnik basados en su legado
poético
Francisco Javier Doblas
Charneco
Alejandra
se vio obligada a situarse, por causa de fuerza mayor, en un
plano paralelo al de la realidad de los mortales. Alejandra
Pizarnik no ha muerto. Se durmió y no quiere despertar. Para qué
despertar quien afirma con rotundidad incontestable saber que ya
no existe y desconocer qué es lo que ha ocupado su lugar.
Pizarnik escribe iluminada por una oscura luz que la sorprendió
inesperadamente al filo del mediodía de su vida. Ella, que
estaba predestinada a nombrar las cosas con nombres esenciales,
contempla impotente cómo un viento violento arrasa con todo y se
siente enloquecer cuando habla, envejecer cuando calla. Surge
entonces, de manera inevitable, una multitud de voces que
refleja, con hondo y sincero sufrimiento, la fragmentación de
una unidad emocional en una infinitud de átomos cargada con una
explosiva carga de sobrecogedor y aterrador lirismo. Alejandra
confiesa a un amigo haberle sobrevenido el pavor, no vivir en
dificultad sino hallarse en el no poder más.
Estas
breves notas, robadas a la propia Alejandra Pizarnik, no son
sino un osado bosquejo de una vida atormentada, mas dotada de
una lucidez clarividente que se hace poesía en el nombre de los
que olvidaron su canto. Sólo me queda una duda por despejar:
dime, Alejandra, ¿también tú llorabas amargamente?
Quiero
terminar estos apuntes con un haiku escrito en memoria de la
bella durmiente a quien hoy glosamos. En estos tres versos, que
con toda seguridad violan de manera imperdonable la ancestral
tradición japonesa, se invierte el transcurrir del tiempo y en
el año de 1972 se produce el relevo que tanto anhelo.
Al
nacer muero
Tú vuelves de tu sueño
Y cantas versos
Poemas de
Alejandra Pizarnik
Te hablo
A H. M.
estoy
con pavura.
hame sobrevenido lo que más temía.
no estoy en dificultad:
estoy en no poder más.
No
abandoné el vacío y el desierto.
vivo en peligro.
tu
canto no me ayuda.
cada vez más tenazas,
más miedos,
más sombras negras.
Balada de
la piedra que llora
A Josefina
Gómez Errázuris
la
muerte se muere de risa pero la vida
se muere de llanto pero la muerte pero la vida
pero nada nada nada
El
infierno musical: IV Los poseídos entre lilas, III
Yo
estaba predestinada a nombrar las cosas con nombres esenciales.
Yo ya no existo y lo sé; lo que no sé es qué vive en lugar mío.
Pierdo la razón si hablo, pierdo los años si callo. Un viento
violento arrasó con todo. Y no haber podido hablar por todos
aquellos que olvidaron el canto.
El
infierno musical: IV Los poseídos entre lilas, IV
Alguna
vez, tal vez, encontraremos refugio en la realidad verdadera.
Entretanto ¿puedo decir hasta qué punto estoy en contra?
La
carencia
Yo no
sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.
[el
silencio es luz]
el
silencio es luz
el canto sabio de la desdicha
emana tiempo primitivo
buscaba la piedra no el pan
un himno inocente no las maldiciones
el conocimiento de mis nombres
para olvidarlos y olvidarme
pero lo que no busqué es el exilio
ni tampoco me dije mentiras
no adoré el sol
pero no esperé esta luz negra
al filo del mediodía |