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Vicente Gerbasi: dibujos para insistir en la
amistad
Juan Carlos
Palenzuela
Consciente
del personaje que tenía por amigo, Enrique Hernández-D'Jesús no
sólo acompañaba a Vicente Gerbasi, uno de los más destacados
poetas del continente, sino que tenía el tino y la fascinación
de guardar todo tipo de papeles sobre los cuales
sistemáticamente dibujaba, hacía retratos, imaginaba figuras,
individuos, evocaba los rostros de sus colegas y amigos,
ilustraba algún verso y en el balance de todo ello, junto a
bocetos o viñetas, realizaba no pocos dibujos acabados. Tales
dibujos, ilustraciones o apuntes, están en papeles encontrados
al azar, a veces en alguna barra y que una vez concluido el
dibujo terminaban en la cesta, salvo cuando Hernández-D'Jesús
los tomaba a tiempo y los conservaba con celo. Así reunió 100
dibujos de Vicente Gerbasi (1913-1992). La amistad entre ambos
poetas data de los años 70. Así, a partir de ese legado mínimo
podemos hablar del Vicente Gerbasi dibujante, una faceta que
permaneció semi-oculta, que sólo se manifestó en privado, y que
a partir de ahora estará al alcance de todos los interesados en
la personalidad de Gerbasi.
Son
papeles blancos de carta, de servilleta, de periódico, de
bolsas, de carpetas, de tarjetas de invitación. Cualquier
soporte era válido cuando Gerbasi emprendía su rol de dibujante.
Sus instrumentos son lápices, bolígrafos, marcadores, agua y
ceniza de cigarrillo y ocasionalmente tinta china. Los temas más
sostenidos son retratos, aunque en ocasiones aparecen alegorías
o ejercicios libres. Algunas veces hallaremos su propio rostro.
Más que la
obra de un aficionado, la de Vicente Gerbasi se enmarca en una
cultura y una disciplina propensa al dibujo. Su generación
recibió nociones escolares de dibujo que seguramente el poeta
conservó y cultivó en privado. El que nunca lo haya mostrado no
convalida su categoría.
Estos son
dibujos que complementan su "fenómeno poético" -como diría él
mismo-; dibujos que también revelan su actitud artística frente
al mundo y cuyo contenido es persistir en la magia, la belleza y
la amistad.
Es
conocidísima la relación de amistad de Gerbasi con Armando
Reverón, el genial pintor venezolano. Cuando casi nadie se había
percatado de la categoría de la obra de Reverón y la presencia
del personaje, Gerbasi ya era un visitante regular del
Castillete. El va a testimoniar el ritual reveroniano, sus
objetos de arte hechos con sus manos y sus muñecas, aspectos
entonces no considerados relevantes, aun cuando eran parte
integral de su lenguaje creador.
La
naturaleza, los animales, la memoria, los colores, el vacío, la
muerte, lo puntual, un idioma conciso, enigmas metafísicos (concepto
de Pérez Perdomo) y una noción de libertad, son constantes y
claves de la poesía de Vicente Gerbasi. Algunas veces escribió
poemas para Reverón, para Manuel Cabré o para Alirio Palacios.
Al leer alguna antología suya (digamos en Monte Avila, en 1980 ó
1990) encontraremos con relativa facilidad sus nexos con la
plástica y el sentido visual de sus imágenes poéticas.
Desde
julio de 1949 Gerbasi se desempeñó como director del Papel
Literario. Pronto comenzó a publicar una serie de entrevistas
con pintores venezolanos -Castillo, Cabré, Monasterios... y
Durbán- en las que hallamos, entrelíneas, reflexiones suyas
sobre estética. Por ejemplo: "Todo artista es un obcecado, un
maniático que depura sus sentidos, su concepción del mundo, su
conocimiento estético, en una permanente angustia devoradora, en
un insomne desasosiego, en un constante buceo de la realidad".
Así, concebía al creador como un ser en vigilia, construyendo
sus imágenes a partir de lo que ofrece la realidad.
En octubre
de 1949 afirmaba: "Las últimas corrientes del arte han ido
desplazando las formas racionales para caer en un mundo
irracional, caótico y alucinante, que tiende a expresar el alma
angustiada de nuestro tiempo. El hombre de nuestro tiempo, el
artista de hoy que esté realmente atento a las convulsiones del
siglo, aunque viva en la apartada orilla del Orinoco, no podrá
escapar a ese fenómeno". Este concepto muestra a Gerbasi a la
altura de su época; siendo su poesía la expresión de una
angustia existencial.
El
centenar de dibujos de Gerbasi reunidos por Hernández-D'Jesús
presenta un espacio gráfico coherente. Allí unas cuantas líneas
definen los rostros. Las fisonomías son fieles. No hay detalles
anexos y sólo cuenta la cualidad expresiva y de síntesis de la
línea. Generalmente el dibujo va acompañado de un texto. Letra
grande, abierta, en horizontalidad irregular, a modo de leyenda,
en ocasiones como caligramas y perfectamente legible.
No hay
drama en los dibujos de Gerbasi. Impera la celebración de la
amistad, de la barra, de la vida. Sus imágenes son de afectos y
aunque los papeles que les sirven de soportes son humildes es la
exaltación de simpatías y camaradería lo que cuenta.
Tales
dibujos fueron hechos en situaciones de expansión, de bohemia,
de tarde o de noche, en compañía de poetas y escritores amigos,
y seguramente sin intención artística expresa. Sin embargo, su
calidad supera cualquier aspecto "adverso" de sus circunstancias
originarias y ganan en categoría cuando se les miran con
atención. Son dibujos que prueban tanto la existencia de su
autor y su propio potencial como dibujante, como los nexos de
amistad que le produjeron y que postulan de manera singular. Y
son dibujos que Hernández-D'Jesús ofrece en su secuencia
testimonial, al lado de fotos del entorno íntimo del poeta.
Algunos de los compañeros de Gerbasi son Juan Sánchez Peláez,
Luis Alberto Crespo, Caupolicán Ovalles, Ludovico Silva y
Salvador Garmendia, todos insignes hombres de letras.
La
fotografía constituye uno de los haceres de Enrique
Hernández-D'Jesús. Su fotografía está estrechamente relacionada
con su mundo de amistades. Sus modelos son principalmente
escritores, quienes generalmente escriben a los bordes de las
fotografías (otro capítulo de su obra es el desnudo, el eros y
el autorretrato, en el que también encontraremos la palabra).
Gerbasi fue un modelo por excelencia para Hernández-D'Jesús al
extremo de permitir la presencia de la cámara en cualquier
circunstancia.
Así, éste
es un libro de Vicente Gerbasi desde sus trazos iconográficos al
margen y ahora al centro pues su compilador los coloca en la
mejor consideración del dibujo en Venezuela, y la fotografía
múltiple de su propio rostro y el de sus amigos. Imágenes dobles
para acercarnos a la aventura existencial de un creador que
desde la palabra definió lo que vamos siendo. |