|
Antonio Fernández Spencer:
el
Ulises sin retorno
José Mármol
Murió, Antonio Fernández Spencer, como
vivió: con toda la voluntad de seguir conversando y escribiendo.
Murió envuelto en un halo de sorpresa, en una noche clara de
marzo de 1995, aún temprano. Y jueves murió, como quería César
Vallejo, aunque no en París, sino aquí mismo, en su terruño, al
cual su pensamiento jamás se amarró, pero del que su corazón y
su palabra nunca se desligaron. Murió presa de una paradoja,
como había de sucederle a un infatigable explorador de la
belleza y la magia del idioma y de la deslumbrante certeza del
pensamiento. Murió cerca de las nueve de la noche del mismo día
de marzo en que la Fundación Corripio, Inc., engalanaría el
Teatro Nacional, para hacerle entrega, en acto solemne y a esa
misma hora, del Premio Nacional de Literatura, como
reconocimiento a la obra poética y ensayística de toda una vida.
No recuerdo bien cuándo le conocí; aunque retuve
los detalles de la escena, acontecida hace más de diez años. Fue
en la Cafetería El Conde, frente al parque Colón. Conversaba con
Ramón Lacay Polanco, y más que un tribuno -que a los
superficiales ojos de tantos eso fue-, me pareció un sofista de
nuevo cuño, que en honor al viejo y sabio Protágoras, blandía
sus argumentos con la destreza de un duelista sangrando por la
herida de su honor intelectual. Desde esa ocasión empecé a
tratarle, con timidez y admiración, hasta que nos despedimos en
conversación telefónica de febrero último, subrayando la
posibilidad de reencontrarnos, pues, quedaba pendiente una
entrevista que sobre su vida y obra yo le haría, para obtener
informaciones necesarias a mi intención de complacerle en lo que
no sabía iba a ser, con respecto a mí, su último deseo: escribir
el prólogo al conjunto de obras poéticas que completa su decurso
hasta 1993.
Su último gran gesto para nuestra amistad fue la
entrega, a través del exquisito poeta Lupo Hernández Rueda, del
volumen titulado Obras Poéticas, que recoge su producción
en este orden entre 1937 y 1975, editado por la Colección Orfeo
de la Biblioteca Nacional, en 1986, cuando el escritor Cándido
Gerón era su director titular. El mismo Fernández Spencer le
había enviado a Venezuela, lugar de encuentro en un evento
literario internacional, y en mis propias manos, un ejemplar de
esta publicación al gran poeta argentino Roberto Juarroz, que yo
entregué complacido con sentido de religiosidad. El creador de
Poesía vertical tenía referencias de nuestro poeta y crítico;
hablamos en el lobby de nuestro hotel, en Mérida, sobre él.
Años después me entregó el volumen con la
siguiente dedicatoria, ante la cual me inclinaré siempre,
agradecido y humilde: “A José Mármol, poeta y ensayista de mi
predilección”. Y más abajo agregó, con trazo de grafito:
“Recuerda, José, aquella observación de Azorín: ‘El arte no vale
si no lleva ínsito un átomo de misterio’”. Su caligrafía era
ágil, como su voz, su pensamiento, su facilidad de palabras y su
entera personalidad.
Ahora que yo, como Joseph Brodsky con respecto a
su maestro y amigo, el gran poeta de habla inglesa Wystan Hugh
Auden (“la mente más privilegiada del siglo XX”, según el poeta
y ensayista ruso), debo escribir para “complacer a una sombra”,
recupero una afirmación de Brodsky proveniente de una situación
anecdótica. Cuenta este último que en julio de 1973, última vez
en la que vio al autor de los inigualables poemas “In Memory
of W. B. Yeats” y “September 1, 1939” , en una cena
en casa de un amigo, en Londres, Auden estaba sentado disertando
largamente sobre un tema culinario. Como la silla era demasiado
baja, la anfitriona había colocado debajo del poeta dos tomos
maltrechos del prestigioso Oxford English Dictionary.
“Pensé entonces -confiesa Brodsky-, que estaba viendo al único
hombre que tenía derecho a utilizar aquellos volúmenes como
asiento”. (Menos que uno, Ed. Versal, España, 1987,
pp.97-122).
Alguna vez, en su despacho de la Biblioteca
Nacional, Fernández Spencer no me habló muy bien del
Diccionario de la Real Academia de la Lengua, como tampoco
se sintió a gusto con lo que el Pequeño Larousse Ilustrado
dice sobre él, muy a pesar del privilegio de ser el único
humanista criollo que acompaña a Pedro Henríquez Ureña en esa
importante publicación de consulta. Digo, pues, en su favor, muy
a pesar de no haber podido, hasta ahora, comprobar la mención
suya en el Larousse, que nuestro poeta podía criticar
esas fuentes, y si lo hubiere deseado o necesitado, sentarse
sobre ellas. Debido a su estatura intelectual y su condición de
humanista, después de Henríquez Ureña, sólo él hubiera tenido
derecho a hacerlo.
También yo complazco a una sombra, pues escribo
estas palabras, que hubiera deseado Fernández Spencer leyera, y
como era de esperar, observara aún fuera en alguna de sus
debilidades, las escribo, digo con inconsolable pesar, cuando ya
el misterio de la muerte, ese al que tanto cantó a lo largo de
su vida, lo ha apartado de nosotros, convirtiéndolo en un Ulises
que no regresará.
2
La publicación de este volumen Obras poéticas
(1937-1993), gracias a la iniciativa de la Universidad
Interamericana, y a la atinada elección del poeta Lupo Hernández
Rueda, nos permite efectuar un trazado sobre la obra poética de
Antonio Fernández Spencer, más abarcador que el que llevábamos a
cabo a partir del volumen Obras poéticas (1937-1975),
publicado por la Biblioteca Nacional en su Colección Orfeo, en
1986, el cual daba a conocer doce obras más, de un total de
diecinueve que el poeta contaba en su haber, hasta ese entonces.
Expongo el aserto no sólo por el hecho de que con este último se
alcanza una cronología más vasta, sino porque, además, el
presente volumen permitió al autor una revisión crítica de
aspectos importantes a su propio quehacer.
Me parece pertinente que establezcamos algunas
comparaciones entre los dos volúmenes, en aras de sentar sus
características intrínsecas y poder pasar luego a hablar acerca
de la obra poética, en conjunto, de nuestro poeta y pensador.
Veamos los títulos que integran las Obras
poéticas (1937-1975), a saber: Vasija de la vida (Primeros
poemas), fechado en 1937, y publicado por vez primera en
este volumen de 1986; Hechizos, con fecha de 1938, y también
dado a conocer en 1986; País de la noche, fechado entre
1939 y 1940, y publicado por vez primera en este volumen;
Canciones de pena, fechado entre 1940 y 1944, habiéndose
mantenido inédito hasta 1986. A este libro le sigue el titulado
Noche infinita, que se fecha entre 1945 y 1967,
publicándose por primera vez en 1967; luego prosigue Rutas,
fechado en 1940 y que se mantuvo inédito hasta 1986; continúa
con Vendaval interior, fechado en 1941, y el cual se
publica por vez primera en la Colección “El Desvelado Solitario”,
ediciones “La Poesía Soprendida” (Santo Domingo), en 1944.
En la aurora
es el libro que sigue, se fecha en 1942, y su primera edición
data de 1986 (Santo Domingo), primero en volumen suelto y en ese
mismo año reaparece en el cuerpo de la edición compilativa; más
adelante figura Ladrón del fuego, obra fechada en 1943, y
dada a conocer en 1986; luego Testimonios del viento,
fechada en 1944 e inédito hasta 1986; le sigue Bajo la luz
del día, obra fechada entre 1945 y 1952, con ésta el poeta
obtiene, por vez primera para un poeta hispanoamericano, el
prestigioso Premio Adonais, en 1952, publicándose la obra un año
más tarde, en Madrid, y efectuándose en 1957 una segunda edición,
en nuestro país. A este título le sigue, en la citada primera
reunión de obras, Epigramas a Lesbia (Homenaje a Catulo),
fechada entre 1955 y 1956, y dada a luz en 1986; le sigue
Diario del mundo, poemario fechado entre 1952 y 1967, con el
cual obtiene el Premio Leopoldo Panero en 1969, y cuya primera
edición se realiza en Madrid, en 1970.
El volumen continúa con Tengo palabras,
obra fechada entre 1965 y 1976, de la cual se hace una primera
edición en 1980 (Santo Domingo). El regreso de Ulises es
la obra inmediatamente posterior, fechada entre 1968-1970, con
la que obtiene el Premio Nacional de Poesía 1985, publicándose
en ese mismo año; le sigue Otra vez en la tierra, que
data de 1972, y se da a conocer en 1986; continúa con
Sortilegios del mar, fechada en 1973; luego Leyendo la
noche, que data de un año después, y Cantos a Nurys,
poemario de 1975 dedicado a su compañera, madre de su último
hijo, que al igual que los dos que le preceden, no se conocerá
sino hasta la edición del conjunto de la obra en 1986.
Es menester señalar, muy a pesar de que Fernández
Spencer, por razones muy personales no lo recogió en su Obras
poéticas (1937-1975) ni en esta edición, que en las
Ediciones Brigadas Dominicanas, Colección Baluarte, se publicó
con el número 2 el poemario Los Testigos, en 1962. Este
texto, según alegatos del autor, quedó fundido en Diario del
mundo, y de ahí que perdiera su individuación.
Por otra parte, el corpus de Obras poéticas
(1937-1993) queda compuesto por las siguientes obras:
Vasija de la vida (Primeros poemas), Vendaval interior,
Cantos a Nurys, que esta vez se fecha entre 1975 y 1976,
siendo estos los únicos textos publicados en forma íntegra del
presente volumen; le siguen La señora Daloway (1977),
Para tocar la vida (1978), En la orilla (1979),
Digno es decir (1980), Poemas para buscar la tarde
(1982-1983), Razón del poema (1984-1985), Ruta de
veleros (1986-1987), En la red de los días (1988),
Cuando pasan los soles (1989), Sonetos bárbaros
(1991-1992) y Ese tiempo de todos (1993).
En la edición correspondiente al domingo 25 de
noviembre de 1990 del Suplemento Cultural “Aquí” del diario La
Noticia, bajo la dirección del poeta Mateo Morrison, se publican
unos textos en prosa (‘Juego de naipes’, ‘Ritual de la noche’ y
‘El mar está lejos’) que pertenecen a un libro, que no figura en
ninguno de los citados volúmenes de compendio, titulado
Abismos, fechado, según la publicación de referencia, entre
1941 y 1942. Este volumen contentivo de, dicho vallejianamente,
versos prosados, conjuntamente con tres poemas que figuran en el
libro titulado Rutas (1940), serían los únicos de esta
estirpe de la autoría de Fernández Spencer.
En la edición de 1986 que reúne la poesía de
Fernández Spencer desde 1937 a 1975 aparece el poemario
denominado Vasija de la vida (Primeros poemas), de 1937.
De los veintiún textos contenidos en aquel volumen, sólo tres
pasan a esta nueva versión de las Obras poéticas,
quedando el libro reducido a seis textos en éste . Esos tres
poemas son: ‘Mito del gallo’, ‘En el secreto del mar’ y ‘No
quiero esa rosa’. Textos como ‘Barco del sueño (Pensando en
Coleridge)’, ‘Eslovona, mi novia de hielo’ y ‘Monólogo de la
leedora de taza’, si bien se fechan todos en 1937 no habían, sin
embargo, aparecido como parte de sus primeros poemas.
El texto relacionado con el gran poeta inglés,
Coleridge (1772-1834), es sintomático del reclamo que, todavía
meses antes de su sorpresiva muerte, en marzo de 1995, Fernández
Spencer hacía con relación a la influencia recibida, desde sus
primeras lecturas, de poetas ingleses clásicos, incluyendo en
relieve al místico y prerromántico William Blake (1757-1827),
cuando la crítica veía en su poesía sólo una marcada presencia
de autores españoles. Haber saldado una deuda de pensamiento
con Coleridge, desde 1937, ponía de manifiesto su temprana
cercanía a la literatura inglesa; además, ponía en aviso a los
críticos sobre su probable y propio yerro.
En lo que respecta al libro Vendaval interior,
publicado, como hemos dicho, por vez primera en 1944, en
Ediciones de La Poesía Sorprendida, debe precisarse que en ésta
contó con apenas siete poemas. En el volumen de 1986 este libro,
con el cual el autor había sentado sus reales en el grupo de La
Poesía Sorprendida y en la poesía criolla, reaparecerá con cinco
textos agregados. En este volumen reaparece con un total de
treinta textos, incluidos aquellos siete originales, dos de los
cuales sufren ligeros cambios en sus respectivos títulos.
El otro poemario que reaparece en este volumen,
que va desde 1937 hasta 1993, es el que responde al título de
Cantos a Nurys, primero fechado en 1975 y luego extendido
hasta 1976, y que constituye, en efecto, el botón de cierre de
aquel primer volumen de las Obras poéticas de 1986. Hoy
día figuran en él veinticuatro textos, abarcando los nueve dados
a conocer en la anterior edición de compendio.
No por casualidad, ya que tampoco por linealidad
cronológica, esos tres libros citados recién ocupan las primeras
páginas de la presente publicación. El poeta quiso ofrecer de
ellos sus versiones más acabadas. En nuestras conversaciones, me
lo repetía con insistencia, resaltaba el hecho de haber perdido
o extraviado originales, que al parecer, reencontraba, y por qué
no, reinventaba mucho tiempo después.
Al comparar los dos volúmenes de las Obras
poéticas de Antonio Fernández Spencer descubrimos cómo a
medida que iba publicando libros de poemas, admitamos prima
facie que muy escasamente, seguía siendo, en el fondo, cada
vez más un vastísimo poeta inédito, dado su portentosa capacidad
escritural. De los poetas pertenecientes a La Poesía Sorprendida,
Freddy Gatón Arce (1920-1994) y Fernández Spencer (1922-1995)
fueron los de más extensa producción poética. Ambos se
mantuvieron en actitud creativa casi hasta el día en que les
llegó la muerte.
El tiempo, que es, muy a pesar nuestro, el
crítico más sagaz y certero en materia de arte, podrá revelarnos
en su decurso cuánto material más queda aún inédito de Antonio
Fernández Spencer, tanto en poesía como en ensayo.
Al publicar este volumen de Obras poéticas
(1937-1993), la Universidad Interamericana, que dignamente
otorgó semanas antes de su fallecimiento el título de Doctor
Honoris Causa a Fernández Spencer, convirtiéndose esta en su
última comparecencia pública, premia a los lectores de habla
hispana, y en particular, a las nuevas generaciones de lectores
criollos, entregándoles la producción poética complementaria de
una de las voces más encumbradas de nuestra lírica; su
testimonio, su palabra esencial, que lo convirtió tempranamente
en un poeta constante más allá de la muerte, como aquel amor
constante de Quevedo.
3
Por la vastedad de la obra poética de Fernández
Spencer -con todo, menos extensa aún que su obra ensayística- y
porque no es intención de este prólogo llevar a cabo un estudio
pormenorizado de cada título, nos limitaremos a ofrecer algunas
característica generales de la poesía del autor en cuestión.
En la obra De literatura dominicana siglo
veinte (Col. Contemporáneos, UCMM, 2da. Edic., 1973), el
eminente escritor Héctor Incháustegui Cabral, en el marco de sus
“Cartas a Sergio”, argumenta, para cerrar, que Fernández Spencer
pertenece a un grupo de “poetas dedicados al supremo goce de la
belleza pura”.
Como es harto sabido, nuestro poeta se da a
conocer, siendo muy joven aún, con su ingreso a La Poesía
Sorprendida, movimiento literario en el cual militó junto a sus
epígonos, y cuya revista, que había cesado en su número XXI (de
abril a mayo) de 1947, él logró rescatar a partir de agosto de
ese mismo año, con el nuevo título de “Entre las soledades”, de
la cual sólo se publicaron cuatro números; es decir, que duró
hasta noviembre de 1947.
Breve tiempo después, el autor de Vendaval
interior decide irse, por espacio de seis años, a España,
donde funda, con los auspicios del Gobierno español, La Tertulia
Hispanoamericana, donde se dieron cita las más relevantes
figuras de las letras y el pensamiento iberoamericanos. Allí
obtiene, en 1952 y con su libro Bajo la luz del día, el
Premio Adonais, bajo veredicto de un jurado presidido por el
gran poeta español Vicente Aleixandre. Era la primera vez que un
hispanoamericano merecía ese galardón.
Por si fuera poco, en 1969 obtiene, nueva vez
desde España, el Premio Leopoldo Panero, con su libro Diario
del mundo, en el cual recoge sus textos poéticos de 1952 a
1967, a partir del volumen Los testigos.
Estando en España, además, publica una antología
de la poesía dominicana, en la que figuran nueve poetas
importantes, a partir del Postumismo y Moreno Jimenes, con obras
publicadas antes de 1950. Se trata de Nueva poesía dominicana,
cuya primera edición se realiza en Madrid, en 1953, con un
prólogo del mismo Fernández Spencer, el cual establece, con
sobrado rigor y ponderación analíticos, el criterio de
antologación. Con esta obra, se difunde por vez primera en el
viejo continente la poesía contemporánea de nuestro país.
La afirmación de Incháustegui resulta interesante
debido a que el estigma de purista ha de entenderse como extrema
preocupación por el cuidado del lenguaje como característica
fundamental en la obra poética de Fernández Spencer. Ningún
compromiso puede superar a éste en la misión creadora de un
poeta. La economía de términos, la claridad y precisión
morfosintáctica, la transparencia en sus imágenes, la agudeza en
el empleo de recursos retóricos diversos y el acierto de hacer
de la poesía un lenguaje de síntesis de sentimientos y
pensamientos son rasgos inconfundibles en la escritura de este
poeta, a pesar de los cambios estructurales y de tendencias
poéticas detectables en su obra.
En su Antología panorámica de la poesía
dominicana contemporánea (1912-1962), (Col. Contemporáneos,
UCMM, Santiago, 1972), Manuel Rueda y Lupo Hernández Rueda
sustentan, a propósito de Fernández Spencer, que pocos “poetas
como éste han tenido un proceso tan variado y enriquecedor de su
estilo, que partiendo del suprarrealismo ha desembocado en su
equilibrada poesía de hoy, síntesis espléndida de elementos
diversos”. Este proceso no hubiera sido posible sin una
clarísima convicción y necesidad de entronque de su quehacer
intelectual y artístico con la vasta y sólida tradición cultural
de todo Occidente. El terreno propicio a ese entronque lo brindó
la filosofía, a cuyo estudio se entregó el poeta desde temprana
juventud.
Es, como señala el escritor chileno Alberto Baeza
Flores (La poesía dominicana en el siglo XX, Co. Estudios,
UCMM, Santiago, Vol.II, 1977), la obra de Vicente Huidobro la
que, conjuntamente con la corriente surrealista francesa y la
poesía de César Vallejo, entre otros poetas latinoamericanos,
parece regir los intereses estéticos del poeta dominicano desde
sus inicios.
Su obra posterior, sobre todo a partir de Bajo
la luz del día, con la que obtiene en 1952 el Premio Adonais,
va a poner de manifiesto su compenetración con la tradición
poética española, así como con varios de sus poetas
contemporáneos más importantes. De hecho, anduvo muy de cerca
con los ultraístas. El crítico José Alcántara Almánzar (Estudios
de poesía dominicana, Alfa y Omega, Sto. Dgo., 1979) refiere
esta presencia de lo español en Bajo la luz del día,
subrayándolo más como un hecho desfavorable a la obra, por
cuanto “sacrifica” referencias a la sociedad dominicana. Creo,
por el contrario, que el localismo no es, en modo alguno, una
virtud en la obra de arte.
El hambre de espacio y la sed de cielo -como
sintió Rubén Darío- es lo que, en efecto, imprime un carácter
diverso, rico y de múltiples espectros composicionales a la obra
poética de Fernández Spencer. De ahí que incursione en
estructuras formales clásicas, ajustándose a la prosodia de la
métrica castellana, cuando lo requiere el caso. Daysy
Cocco-DeFilippis (Estudios semióticos de poesía dominicana,
Taller, Sto. Dgo., 1984) enfatiza el uso de formas poéticas
tradicionales en nuestro creador, entendiendo el hecho como una
singular manera de militar en La Poesía Sorprendida. O bien, al
poema de verso libre, donde se explaya al ritmo de la modernidad.
La vida, el amor y la muerte son, como en todo
poeta de alto vuelo lírico y de hondo pensar, los temas que
predominan en toda su obra poética. Hay que resaltar, empero, el
hecho de que la muerte es una constante que goza, en Fernández
Spencer, de un tratamiento en extremo singular. La
encontraremos, en ocasiones, ornada con elementos propios de la
mitología grecolatina, la cual hurgó con pasión, y en otras
ocasiones teñida del más dramático, descarnado y cercano
realismo. La metaescritura es, por supuesto, otro tema de
interés en varios de los títulos de este poeta. Y como es de
esperar en un humanista de su talla, también el pensamiento como
misterio de la abstracción y los pensadores mismos tienen su
lugar en la poesía.
En Antonio Fernández Spencer tenemos, pues, a una
de las figuras preponderantes de la poesía dominicana
contemporánea. Invito al lector a detenerse en esta vasta, y a
la vez, singular obra poética. |