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Alfonsina Storni |
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Alfonsina en mi recuerdo
Alfredo Fressia
Bajo el título general Alfonsina en mi recuerdo, el
profesor y ensayista Roberto Bula Píriz (Sarandí del Yí, 1919) reúne tres proyectos
diferentes: el ensayo memorialístico propiamente llamado "Alfonsina en mi
recuerdo" (se trata de Alfonsina Storni, Sala Capriasca, Suiza, 29 de mayo de
1892-Mar del Plata, 25 de octubre de 1938), una "Noticia bio-bibliográfica"
sobre la poetisa y, finalmente, "Poesía comentada", una reunión de una
treintena de poemas de la autora. Lo que une los tres diversos "capítulos" del
libro es la tentativa, ciertamente pedagógica, y por eso siempre bienvenida, de crear un
"perfil" general de la poetisa. Por lo demás, el libro también reproduce
algunas fotos y esquelas de la autora.
La contribución más personal de Bula Píriz reside en el primer "capítulo", que aborda el género memorialístico, tan poco frecuentado en las letras uruguayas. El autor trata aquí su relación con Alfonsina desde 1933 hasta enero de 1938, el año del suicidio de la poetisa. Lamentablemente, demasiado aferrado a la "semblanza", el breve ensayo decepciona. No es que se perciba en el idioma elegante de Bula Píriz la tentativa de escamotear informaciones, un pecado que suele ser mortal en el género "memorias". Se trata simplemente de recuerdos de una relación intermitente, que se limitó a las estadías de Alfonsina en Montevideo, y alguna del ensayista en Buenos Aires, y que además fue una relación "asimétrica". En 1933 Alfonsina era una creadora conocida y celebrada cuando el actual memorialista la conoce, a sus 13 ó 14 años. Lo llamaba "niño", y lo era. Los recuerdos se resienten de esa asimetría, y Alfonsina, en la memoria del autor, se limita a hacer paseos por la rambla o frecuentar alguna cena. Para remediar la falta de "anécdotas" mayores, el autor recurre a la retórica hagiográfica. En el texto-memoria de Bula Píriz las situaciones más banales revelan siempre una rectitud de comportamiento o una grandeza de alma que ennoblecen sistemáticamente a la poetisa recordada. El lector no duda de esa "nobleza", pero lamenta los excesos alegóricos de la narración. También decepciona el recuerdo que el autor expone de sus encuentros con otros escritores, como Horacio Quiroga en Buenos Aires. Y sólo su extrema juventud de entonces explica que de cierta velada de 1934 con Federico García Lorca, Teodoro Herrera y Reissig y Alfredo Mario Ferreiro (quien a la sazón ya había publicado lo más importante de su obra, El hombre que se comió un autobús, en 1927, Se ruega no dar la mano, 1930), el autor tenga tan poco para contar: "Estuve con García Lorca en Montevideo, una noche de principios de febrero de 1934, en un café de 18 de Julio casi Yí. Éramos cuatro personas: él, Alfredo Mario Ferreiro, que lo había llevado, Teodoro Herrera y Reissig y yo. Teodoro habló de la obra de su hermano (...). Yo le hablé (a Lorca) de su Romancero gitano (...). Le hablé de las reacciones masculinas que pinta en sus versos. Los tres me escucharon en silencio; Federico me comentó: "Yo, a mi machismo lo he puesto todo en los versos". Quedamos hasta la madrugada" (págs. 21-22). En semejante encuentro, y frente a un tema tan instigador, quien se siente irremediablemente perdido en la lacónica oscuridad de esa madrugada es el lector. Es cierto que de los recuerdos sobre Alfonsina de aquel adolescente de los años 30 quedan algunas anécdotas simpáticas, reveladoras del humor y la ironía (pero a veces también la angustia) de la poetisa. Además, el autor no huye de un tema crucial en la obra y en la vida de Alfonsina: su relación con los hombres, el difícil diálogo de los sexos. "Soy superior al término medio de los hombres que me rodean", afirmaba la poetisa. Y Bula Píriz explica, pedagógico: "Resultaba muy difícil ser mujer cuando su juventud. La mujer estaba oprimida por prejuicios tan irracionales que hoy nos parece imposible que hubieran existido. Ella fue iniciadora de la desopresión femenina" (pág. 27). Pero incluye en su discurso dos "perlas" misóginas. En la primera (pág. 12) dice de Alfonsina: "Su reflexionar no alteraba su temperamento femenino". La segunda va más lejos: "Pese a ser mujer, e imaginativa, cumplía rigurosamente con sus compromisos" (pág. 19). Sin proponérselo, el ensayo de Bula Píriz recuerda que la obra de "desopresión" realizada por Alfonsina parece lejos de estar concluida. A pesar de estas carencias, Alfonsina en mi recuerdo interesa por su valor pedagógico, por la buena ficha bio-bibliográfica (para la cual el autor llevó en cuenta el Genio y figura de Alfonsina Storni de Conrado Nalé Roxlo y Mabel Mármol, EUDEBA, Bs. As., 1966) y por los poemas que incluye. Elegidos con sensatez, los textos "representan" cada uno de los siete poemarios de Alfonsina (La inquietud del rosal, 1916, El dulce daño, 1918, Irremediablemente, 1919, Languidez, 1920, Ocre, 1925, Mundo de siete pozos, 1935 y Mascarilla y trébol, 1938), sin excluir algunos "Poemas no recogidos en libro por la autora". Ya los "comentarios" que el ensayista agrega a los textos no pasan en general de meras consideraciones perifrásticas, de algún interés para jóvenes estudiantes. |