Clique aqui para conhecer o maior sítio de poesia da WWW! Quase 3000 poetas!

banda

hispânica

Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Olga Orozco

Collage, Floriano Martins

 

El tarot y sus rehenes

Alfredo Fressia

"Con sol en Piscis y ascendiente en Acuario, y un horóscopo de estratega en derrota y enamorada trágica, nací en Toay (La Pampa), y salí sollozando al encuentro de temibles cuadraturas y ansiadas conjunciones que aún ignoraba". Así comienza "Anotaciones para una autobiografía", uno de los textos que integran la presente antología de la obra poética de Olga Orozco, Relámpagos de lo invisible (Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires. 1998), organizada y prologada por Horacio Zabaljáuregui. Además de un considerable material gráfico (con fotos de la poeta desde su infancia hasta el presente), el libro incluye poemas de todos los libros de Orozco (Desde lejos, 1946, Las muertes, 1952, Los juegos peligrosos, 1962, Museo salvaje, 1974, Cantos a Berenice, 1977, Mutaciones de la realidad, 1979, La noche a la deriva, 1984, En el revés del cielo, 1987, Con esta boca, en este mundo, 1994), sin excluir sus dos libros en prosa, de menor interés poético, La oscuridad es otro sol, 1967, También la luz es un abismo, 1995, y dos textos de Páginas de Olga Orozco, 1984. El antólogo no especifica el criterio de selección, pero elige de cada opus entre cinco y ocho textos, ciertamente representativos de esta obra vasta.

La primera comprobación del lector frente a estos poemas que raramente sobrepasan la cincuentena de versos, ellos sí largos, "oraculares", es la unidad incontestada que componen, la "voz" unívoca que los rige, formada y educada en la mejor poesía posromántica. La obra de Orozco no altera su calidad desde el primer libro hasta el último, y casi no se modifican los temas de la poeta: el ser desgarrado en el tiempo y en la materia, el mundo revelado en sus arcanos y el hombre como una pieza acosada en el ajedrez de la creación, a veces laberinto en el que al mismo tiempo se pierde y se integra a la "profunda unidad" del universo-templo simbolista.

Es inútil buscar en esta poética menciones autobiográficas. Las hay (la casa, los seres amados y perdidos, la gata Berenice), pero aquí comparecen siempre trascendidas. Desde luego, Orozco es una poeta "moderna", y así afirma en "Alrededor de la creación poética": "El ‘yo’ del poeta es un sujeto plural en el momento de la creación, es un ‘yo’ metafísico, no una personalidad". Pero es también el abstracto vate romántico, el revelador de la unidad del mundo, el que encuentra en la palabra la única certidumbre contra el caos.

Es allí donde residen la grandeza y las carencias de esta poesía deslumbrante. Por un lado, el lector reconoce el idioma de sonoridades finas, que abreva tanto en el lenguaje neoplatónico de los renacentistas españoles como en los simbolistas franceses, el que se tensa en el oxímoron ("Heroína de miserias", "sombra de claridad", "barro luminoso", "oráculo mudo"), el que se reencuentra en las asonancias "clásicas", nunca "raras", el que recurre a imágenes siempre universales e instigadoras, como los arcanos del Tarot, el ser como un repetido "rehén", los elementos primeros, la reiterada llave (o puñal o moneda) enterrada. Especie de partitura "jungiana", la poesía de Orozco estremece siempre porque su "sinfonía" se crea sobre las notas surgidas de los arquetipos que construyen cada ser y cada alma.

Pero es también en esa sabia materia "universalizada" donde reside el lado más débil de esta poética. No es tanto el ceder a la "facilidad" que sin duda acompaña al arquetipo, es más bien la paradójica ausencia del hombre "histórico" en esta poesía desgarrada por el Tiempo, el hombre limitado y vigilado por las leyes de una sociedad y un tiempo. Marmórea, la poesía de Orozco, que evita escrupulosamente los "argentinismos" (y cualquier localismo), atraviesa seis décadas de la conturbada historia argentina (y del Continente, y del siglo XX) sin que jamás se cuelen por sus versos las oscuras leyes del genocidio, del exilio (real, político, no el "exilio" como condición existencial), de la discriminación, de la exclusión. Por ejemplo, la poeta que se define "Soy la momia traslúcida de ayer convertida en oráculo" ("Presentimientos en traje de ritual"), aborda recurrentemente el tema de la muerte, que es aquí "la hilandera", "la tejedora", la de la Carta XIII ("La cartomancia"), imágenes que al fin del siglo XX son casi abstractas cuando se debe nombrar lo innombrable: Hiroshima o los genocidios de las dictaduras latinoamericanas, "cartas" atrozmente reveladoras y más "expresivas" que el Tarot de Marsella. Porque no se exige de esta poesía un "compromiso social" inmediato (y aquí, ciertamente inopinado), sino una estética más "aireada", menos previsible, sensible a los tiempos.

Ese lado parnasiano y ahistórico aparece como un signo irremediablemente constitutivo de esta poética casi siempre brillante, aun cuando aborda un tema en varios sentidos "histórico" como el cuerpo (sobre todo en Museo salvaje). Es su signo, como los pies de esta poeta con "Sol en Piscis", que afirma: "Estos son mis dos pies, mi error de nacimiento" ("El sello personal"). Y hay errores como relámpagos, que iluminan el mundo, y otros que son sólo hermosos, como Narciso.

retorno ao portal da banda hispânica