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banda  hispânica

miguel de cervantes

 

Consideraciones en torno de los prólogos de Miguel de Cervantes 

Ricardo Cuéllar Valencia

 

  Vienen las malas suertes atrasadas,
 y toman tan de lejos la corriente,
que son temidas, pero no excusadas.
  El bien les viene a algunos de repente,
a otros poco a poco y sin pensallo,
el mal no guarda estilo diferente.
  El bien que está adquirido conservallo
Con maña, diligencia, y con cordura
es no menor virtud que el granjeallo.
  Tú mismo te has forjado tu ventura,
y yo te he visto alguna vez con ella;
pero en el imprudente poco dura;
  mas si quieres salir de tu querella
alegre, y no confuso, y consolado
dobla tu capa y siéntate sobre ella;
  que tal vez suele un venturoso estado,
Cuando le niega sin razón la suerte,
Honrar más merecido que alcanzado.
 

Miguel de Cervantes
(Viaje del Parnaso)

 

1.- Algo sobre Alcalá de Henares

La tierra natal de Miguel de Cervantes fue descrita por el viajero y cronista portugués, Gaspar Barreiros, como una villa de buen pan, vino y ganado en mucho abastecimiento, cercada por murallas, al estilo medieval, y junto a ellas transcurría el sereno río Henares. A la izquierda de aquel caserío unos cerros erosionados que datan de la Edad Terciaria. En tiempos remotos los griegos y romanos en la rivera del Henares sembraron trigo, plantaron viñas y pastorearon rebaños. Según investigaciones arqueológicas se han encontrado textos latinos y piedras con marca romana. Piedras de la vieja “Complutum”, así nombrada por Plinio y Tolomeo. En la Edad Media, Alfonso Xl celebra Cortes en la villa complutense, en la “Al-Kalá Nahar” de los árabes. Allí se acordaron los “famosos y sabios” Ordenamientos de Alcalá, que lograron centenas de años de vigencia. En el siglo XlV el ibérico Trajano allí instaló sus legiones.

 Era una villa de figura oval, con casas de nobles y una calle central con porches a uno y otro lado, debajo de los cuales se habían instalado “muchas tiendas” de diversos mercaderes. En medio de teólogos, filósofos, letrados y doctores en medicina, la villa cuenta, además, con los trabajadores que siembran trigo, legumbres y hortalizas, van con sus bestias, carretas y aperos por las ocho puertas de la muralla que dan al campo. Para satisfacer las necesidades de la creciente población se acuerda un Nuevo Fuero en 1509 para que los mozos de labranza “vayan al trabajo hora y media después de salir el sol, hasta que se ponga, con pena de perder el jornal”.

Fue la presencia del eclesiástico y estadista Jiménez de Cisneros (1463-1517) la que hizo de Alcalá una nueva realidad social y cultural. Creó la Universidad Complutense en 1498. Allí los hombres sólo tenían tres opciones: Clero, Mar y Estado. La Universidad fue esencialmente una institución eclesiástica donde se estudiaba Teología, Filosofía, Derecho Canónico y Artes, además de las cátedras de de Latín, Griego, Hebreo y Sirio. Cisneros atrajo a cultivados lingüistas de la época: Vergara, Ducas, Hernán Núñez y, en especial, a Nebrija. Ellos redactaron la Biblia Políglota Complutense, de la cual se editaron seiscientos ejemplares. El cardenal humanista impulsó la arquitectura religiosa con la construcción, por ejemplo, de la capilla de San Ildefonso o el Paraninfo, expresión de lo que Lope Huerta llama “transición cisneriana hacia el Renacimiento, mezcla ingeniosa de la tradición hispano-musulmana en los artesonados y del gótico final y plateresco incipiente en la fina labor de las yeserías” (: 36). La Universidad tuvo su propia imprenta. Se edificaron colegios y “manzanas de casas con calles tiradas a cordel” para los estudiantes allegados o para sus familias que allí se establecían. Fray Juan Meseguer Fernández, citado por Lope Huerta, reconoce la nueva infraestructura urbanística “indispensable” para cubrir el Colegio Mayor y “su barrio académico”. De tal suerte que la típica ciudad nuclear medieval es transformada. Fue en esta nueva Alcalá donde Cristóbal Colón se entrevistó por primera vez con la reina Isabel. Eruditos, nobles, reyes y pintores la frecuentan. Allí estuvieron San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz, San José de Calazans donde estudian o “recalan entre nosotros”, comenta Lope Huerta. Allí estudiaron Lope de Vega, Francisco Quevedo y Calderón de la Barca. Según Juan Antonio Cabezas, por los años de la mitad del siglo XVl Alcalá “es un enclave espiritual y cultural del Renacimiento español” (:18). Incluso, sostiene este historiador que frente a la tradicional, medieval, Universidad de Salamanca, “la cisneriana de Alcalá encarna el nuevo espíritu liberal y progresivo que iberizó las ideas y las formulas estéticas del Renacimiento” (Idem: 18). Es con la presencia del vasco Ignacio de Loyola y la compañía de los teólogos de la Universidad Complutense que Alcalá esta unida al Concilio de Trento. Por las aulas eclesiásticas alcalaínas España se incorpora al Renacimiento. En 1547, cuando nace Cervantes, el cardenal apenas lleva de muerto 30 años y uno Lutero; dos que ha iniciado del Concilio de Trento, organizado contra el rebelde religioso alemán. En Trento acuden, entre otros, religiosos de Salamanca y Alcalá. Ese mismo año muere el temido y cruel Enrique Vlll y en Francia el enemigo de España, Francisco l, y el conquistador Hernán Cortés. Es el año en el que Carlos l se enfrenta contra los herejes en las orillas del Elba y otro vasco, Azpeitia “afianza ideológica y disciplinariamente los cimientos de la Contrarreforma” (Idem.:21).

José Enrique Díaz Martín en su trabajo crítico y polémico, Cervantes y la magia en El Quijote de 1605 dice, refiriéndose a la época que comentamos: “La restauración de Aristóteles formó parte del amplio frente de la Contrarreforma “para construir una autoridad unitaria que diese cuenta de todos los sectores de la vida .El neoaristotelismo crítico de los siglos XV y XVl va, efectivamente, más allá de lo artístico y afecta a la concepción del mundo”(:244,245). Ante la secularización el escolasticismo se erige para fiscalizar y contrarestar su peso real. Las poéticas neoaristotélicas, ciertamente ejercieron sobre el arte y la literatura “el mismo control que la autoridad de Santo Tomás sobre las ideas: fue una seudosecularización controlada” (245).

Es en esta villa medieval, modernizada, donde nace Miguel de Cervantes, habitada por estudiantes, curas y frailes pensadores, sangradores, alarifes, mendigos, nobles, charlatanes, meretrices, canteros, agricultores… En esta tierra nació el padre de Miguel, Rodrigo de Cervantes y sus hermanas Andrea y Luisa. Por los diversos avatares de la vida de la familia y del propio Miguel, el futuro escritor sale a temprana edad, regresará con la familia o solo, en distintos momentos.

Más allá de todo lo que se pueda detallar sobre la vida de los Cervantes, Arsenio Lope Huerta ha logrado unos párrafos que son, a mi parecer, concretos y rotundos que no puedo dejar de compartir con el lector de este ensayo:

“Lo que de cualquier forma resulta más que encomiable en la familia de Cervantes es su unión, su sentido de pertenencia a un clan en el que todos se querían y se ayudaban. En ese grupo tan heterogéneo como similar, por contradictorio que parezca, la mujer juega un papel importante: la abuela, la madre, las hijas y aún las nietas, están siempre presentes en cuantos acontecimientos ocurren. Y durante muchos años, los largos y difíciles años de las ausencias de Miguel y Rodrigo, son ellas quienes, ante la incapacidad manifiesta del pobre y sordo cirujano, van a soportar, sin duda, los gastos de supervivencia de la familia. Y cuando los varones están en la cárcel, son ellas también quienes hacen frente a la situación y a las adversidades. A veces mintiendo, casi siempre engañando, o intentando engañar, a los enemigos de su familia, pero siempre, siempre, para la salvaguarda de los suyos” (:119,120).

Cervantes pertenece a la generación, según Julián Marías, centrada en 1541, a la cual pertenece Juan de Austria, quien tiene el mando supremo de la flota aliada en Lepanto; Antonio Pérez, secretario de Felipe ll; Fray Bartolomé de las Casas, Francisco Suárez, filosofo y teólogo; Juan Mariana, historiador jesuita; Juan de los Ángeles, San Juan de la Cruz, Fernando de Herrera, Sebastián de Covarrubias, autor del Tesoro de la lengua Castellana o española; el Greco; Juan de la Cueva, Alonso López Pinciano, Mateo Alemán; el músico Tomás Luis de Victoria. El único que no se mueve entre los salones y alcobas de la corte es Miguel de Cervantes, por ello Julián Marías al reconocer esta “prodigiosa generación, casi increíble”, con ese desdén aristocratatizante que les propio indica que en ella, “a pesar de todo, disuena Cervantes” (:65). A la generación de 1556 pertenecen Felipe ll, el duque de Lerma, Vicente Espinel, autor del Marcos de Obregón; los hermanos Argensola, “con los que Cervantes tuvo una cierta rivalidad, ya que los llevó a Nápoles el conde de Lemos como una especie de “agregados culturales”, y no a Cervantes, que socialmente tenía menor importancia”. A esta generación también pertenecen “Y, sobre todo, nada menos que Góngora y Lope de Vega” (:65). La obra publicada de Cervantes es posterior a su generación y se relaciona, entonces, con la siguiente, gracias a que aparece en los primeros años del siglo XVll.

Esta generación no lo mira con buenos ojos, dados los prejuicios sociales y la terrible envidia que su genio despertó. El primer biógrafo de Miguel de Cervantes, el valenciano Gregorio Mayans Siscar, escrita 190 años después de fallecido el escritor, trae un cometario de Lope, el cual asume, bastante esclarecedor, cuando desea el cronista, “hablando con ingenuidad”, no calificar de ejemplares, aquellas novelas cervantinas, dice: “Confieso que son libros de grande entretenimiento i que podrían ser ejemplares, como algunas de las historias de Valdelo, pero avían de escrivirlos hombres científicos o por lo menos grandes cortesanos, gente que halla en los desengaños notables sentencias i aforismos” (:145).

El siglo XX, es especial, ha mirado de manera muy diferente la vida y la obra del príncipe de los ingenios.

Veamos la cronología cervantina.

 

2.- Algunos datos sobre la vida de miguel de cervantes

Jean Canavaggio, el biógrafo, hoy en día, más acreditado del Miguel de Cervantes, nos ofrece un “resumen cronológico de la vida de Cervantes” en un doble orden: en las páginas pares las fuentes documentales, acompañadas de precisas referencias bibliográficas, archivísticas y documentales; en las impares los acontecimientos conocidos de la vida del escritor. Nosotros seleccionamos lo que nos parece más importante para nuestros lectores. Eludimos las referencias para agilizar la información. El trabajo apareció en la edición del Instituto Cervantes, dirigida por Francisco Rico, de Don Quijote de la Mancha, Barcelona, 1999. Con esta indagación deseamos precisar cierta información sobre nuestro escritor y glosamos algunos datos, tomados de otros estudios.

1547. El 9 de octubre es bautizado en la iglesia parroquial de Santa María Mayor de Alcalá de Henares, Miguel de Cervantes, cuarto de los siete hijos de Rodrigo de Cervantes y de su esposa Leonor de Cortinas. Se habían casado en 1542, ella hija de un rico hacendado de la vecina Arganda y él del licenciado Juan de Cervantes, “más diestro en juegos que saberes” y de Leonor Torreblanca. Por la fecha del bautismo se ha colegido que Miguel nació el 29 de septiembre, día de San Miguel. Los hijos fueron: Andrés (fallece al poco tiempo de nacer), Andrea, Luisa, Miguel, Rodrigo, María y Magdalena, quien nace en Valladolid cuando su padre está preso. Rodrigo de Cervantes nace el Alcalá en el año de 1509, época del Cardenal Cisneros.

1552. Rodrigo de Cervantes es encarcelado en Valladolid, por una deuda no pagada a tiempo.

1556. Muere Juan de Cervantes, abuelo de Miguel, siendo letrado de la ciudad de Córdoba. El licenciado Juan fue hijo de Ruy Díaz de Cervantes, comerciante de paños en Córdoba.

1557. Muere Leonor de Torreblanca, hija de un médico cordobés, abuela paterna de Miguel.

1564. Rodrigo de Cervantes, el 30 de octubre, se declara “médico cirujano, vecino de esta ciudad de Sevilla en la colación de San Miguel”. Ese día otorga a su esposa un poder general, lo que permite pensar que ella se quedó con sus hijos en Alcalá. No fue próspera la vida profesional del cirujano Cervantes. Manuel Rivero Rodríguez en La España de Don Quijote escribe que: “los médicos no solían ensuciarse las manos tocando los cuerpos; las operaciones, sangrías y todo tipo de intervenciones o tratamientos solían ejecutarlas cirujanos-barberos, practicantes y sangradores. A esta última categoría pertenecía Rodrigo de Cervantes (padre de Miguel de Cervantes), que, debido a su sordera de nacimiento, no pudo ser médico pero sí cirujano…” (: 49).

1565. Luisa de Cervantes, hermana de Miguel, ingresa, el 11 de febrero, al convento de la Concepción de Alcalá.

1566. Se supone el traslado de Miguel con su familia a Madrid.

1567. Compone Miguel de Cervantes su primera obra conocida. Se trata de un soneto dedicado a la reina Isabel con motivo del nacimiento de la infanta Catalina Micaela, hija de la reina y del rey Felipe II, gracias a que el padre de Miguel era socio de Alonso Getino de Guzmán, “que había pertenecido a la compañía de Lope de Rueda, y fue el encargado de organizar los festejos para celebrar el nacimiento de la infanta…” (Idem: 10), comenta Rey Hazas.

1568. Miguel es alumno de latín, griego y letras humanas del prestigioso erudito, maestro y clérigo Juan López de Hoyos, rector del Estudio de la Villa de Madrid, ubicado en el Pretil de los Consejos. López de Hoyos fue heredero de las enseñanzas de un maestro erasmista.

1569. Se da a conocer el 15 de septiembre la Providencia de Felipe II “para que un alguacil vaya a prender a Miguel de Cervantes”, acusado de haber herido en duelo a un contratista de obras llamado Antonio de Sigura. Se conoce el documento acusatorio, aunque hasta ahora nadie ha probado el hecho.

Este año, en septiembre, se da a conocer la Historia y Relación verdadera de la enfermedad, felicísimo tránsito y suntuosas exequias fúnebres de la serenísima reina de España, doña Isabel de Valois, nuestra señora, fallecida un año antes. El volumen publicado por López de Hoyos incluye un soneto, cuatro redondillas y una elegía en tercetos de Miguel de Cervantes. Es su primera aparición como poeta, a la edad de 22 años. López de Hoyos califica a Miguel de Cervantes de “nuestro caro y amado discípulo”. Antonio Rey Hazas afirma que se trata “de cuatro primicias poéticas que definen desde sus inicios la poesía cervantina como característicamente renacentista, dado que confluyen en ella la vieja herencia cancioneril, la lírica tradicional y la nueva corriente italianizante y garcilasiana. Las tres tendencias se armonizarán sin fisuras en el quehacer poético cervantino para siempre” (:10)

El 22 de diciembre aparece un documento en el que se informa de la limpieza de sangre de Miguel de Cervantes, “estante en Roma”.

1570. En Roma trabaja como camarero del cardenal Giullo Acquaviva; Julián Marías lo llama noble napolitano, “legado del Papa”, quien “anima a Cervantes a ir a Italia” (:85). La vida palaciega le aburre y no siente placer de ser un camarero. Ingresa al ejército español.

1571. Rodrigo de Cervantes, hermano menor de Miguel, llega en julio a Italia con la compañía de Diego de Urbina, perteneciente al tercio de don Miguel de Moncada, en la cual sirve Miguel aquel mismo año.

El 7 de octubre Miguel se encuentra en Lepanto a las órdenes del capitán Urbina. A bordo de la galera Marquesa, pelea valientemente en “el lugar del esquife” y es herido “de dos –algunos sostienen que tres- arcabuzazos en el pecho y en la mano izquierda”, la cual le queda tullida para siempre. En unos versos lo consigna: “El pecho mío de profunda herida/ sentía llagado, y la siniestra mano/ estaba por mil partes ya rompida”. Allí, en Lepanto, Miguel de Cervantes “demuestra, afirma Rey Hazas, una valentía cercana al heroísmo dado que, a pesar de encontrarse enfermo y con fiebre, y no obstante las recomendaciones de los superiores para que se quedase en la cubierta pide a su capitán que le deje pelear en el lugar más peligroso de la nave, y lo consigue, puesto que se le asigna en “el lugar del esquife”, esto es, el lugar del pequeño bote que ocupaba la popa de la galera, y, por tanto, uno de los que ofrecía mayor riesgo en caso de abordaje. La dureza del combate se saldó en la galera cervantina con 40 muertos y 120 heridos, entre estos últimos Cervantes…” (:20). Una vez sanadas sus heridas, que fue rápido, volvió a la milicia en abril de 1572, ahora en la compañía de Manuel Ponce de León, del tercio de don Lope de Figueroa. Activo se encuentra en las expediciones de Ambarino, Túnez, Corfú y La Goleta, entre otras “de menor importancia”.

1572. Se da al tesorero general de la armada, en Mesina, el 23 de enero, recaudo formal de una libranza de 20 ducados a favor de Miguel de Cervantes, herido en Lepanto.

El 24 de abril, se ordena a los oficiales de la armada que asienten en los libros de su cargo a Miguel de Cervantes 3 escudos de ventaja al mes, en el tercio de don Lope de Figueroa.

En agosto y septiembre, Miguel de Cervantes, hace parte de la campaña naval de Juan de Austria en Corfú y Modón.

1673. Es integrante de la compañía de Manuel Ponce de León, acuartelada por esos días en Nápoles. Allí se ordena, el 6 de marzo, el pago de 20 ducados que se le deben a Miguel de Cervantes.

1574. En Nápoles, el 10 de marzo, don Juan de Austria ordena y manda que se den 30 escudos a Miguel de Cervantes.

En octubre (8-10) Miguel de Cervantes forma parte de la expedición de don Juan de Austria contra Túnez.

El Duque de Sessa, en Palermo, el 15 de noviembre, hace libramiento de 25 escudos a favor de Miguel de Cervantes por su condición de “soldado aventajado”.

1575. Según la lectura que hace Rey Hazas de un poema del Viaje del Parnaso Cervantes “mantuvo relaciones amorosas con una desconocida dama napolitana, de la que tuvo un hijo.” El 7 de septiembre se embarca en Nápoles, en la galera Sol, para regresar a España. 19 días después es puesto prisionero por los corsarios berberiscos, frente a la costa de Cataluña.

1576. En enero realiza la primera tentativa de evasión por tierra: “buscó un moro que a él y algunos cristianos llevase por tierra de Orán, y habiendo caminado con el dicho moro algunas jornadas, los dejó; y ansí les fue forzoso volverse a Argel...”.

Por enero, Miguel de Cervantes, entrega dos sonetos a un compañero de cautiverio, llamado Bartolomeo Rufino di Chiambery.

Miguel de Cervantes ha quedado preso en poder de Maní Arnaute, capitán de los corsarios de Argel. Allí se encuentran presos los hermanos Rodrigo y Miguel.

1577. El 24 de agosto la Orden de la Merced logra el rescate, entre otros, de Rodrigo de Cervantes.

En el mes de septiembre intenta una segunda huída con otros compañeros. Con el apoyo de su hermano Rodrigo se intentó en una fragata mallorquina la salida pero la denuncia de un traidor los llevó al fracaso del intento. Miguel de Cervantes debe comparecer ante el rey de Argel. Consta que se declara “el único autor de todo aquel negocio”. Como castigo es encerrado en el baño del rey con grillos y cadenas durante cinco meses.

1577. En marzo de este año Cervantes se laza a la tercera tentativa de evasión: “estando así encerrado envió un moro a Orán, secretamente, con carta al señor don Martín de Córdoba, general de Orán y de sus fuerzas”; pero “el dicho moro fue tomado de otros moros a la entrada de Orán”, devuelto al rey Hazán y empalado, cita Canavaggio y agrega que para ese mismo mes, el 17, el padre de Miguel, Rodrigo de Cervantes, presenta un pedimento e interrogatorio con preguntas sobre los servicios de su hijo. En Madrid, el 25 de julio, el Duque de Sessa certifica acerca de los servicios del Miguel de Cervantes.

1579. En octubre de este año Cervantes realiza un cuarto intento de fuga con la ayuda de un renegado arrepentido y del mercader valenciano Onofre Exarque, quien “arma una fragata de doce bancos”. El acto es denunciado por el doctor Juan Blanco de Paz. Cervantes se presenta por su propia voluntad ante el rey reconociendo que “él fuera el autor”. Cervantes es condenado a cinco meses de cárcel con cadenas y grillos. El seis de octubre da a conocer unas octavas dedicadas a Antonio Veneciano. El portugués Francisco de Aguilar, compañero de cautiverio de Cervantes y rescatado el mismo día, por el mercedario Juan Gil, declara que “sabe que el dicho Miguel de Cervantes estubo captivo en la cibad de Argel en poder de enemigos cinco años poco mas o menos y este testigo le vido andar como cautivo con su cadena al pie… y ansimismo sabe que quedó a deber más, más que no se acuerda que tantos, a mercaderes e personas que iban a dicha ciudad de Argel que se los habían prestado para comer porque el moro que le tenía cautivo no le daba de comer ni de vestir” (A.F.A: 125).

1580. El 19 de septiembre Miguel de Cervantes es rescatado por los padres mercedarios, después de intensas tareas. Rescatado y en libertad se encuentra en la ciudad de Valencia.

1581. Por los meses de mayo y junio es comisionado a Orán. Felipe ll ordena se le entreguen cien ducados a Cervantes “en merced y ayuda”, anticipándole la mitad de la suma.

Entre 1581 y 1587, aproximadamente, Miguel de Cervantes escribe varias comedias. Según él misma cuenta en el prólogo a las comedias y entremeses: “se vieron en los teatros de Madrid representar Los tratos de Argel, que yo compuse, La destrucción de Numancia y La batalla naval…”

1582. Escribe La Galatea. En el prólogo a esta obra anuncia su nueva visión de la narrativa.

1584. El 1 de febrero le es entregada la aprobación de La Galatea, firmada por Lucas Gracián Dantisco. El 12 de diciembre de este año Miguel de Cervantes contrae matrimonio, en la iglesia parroquial de Esquivas, con Catalina de Palacios Salazar Vozmediano.

1585. El 5 de marzo, en Madrid, Miguel de Cervantes vende, por 40 ducados, dos comedias, hasta hoy desconocidas: La confusa y El trato de Constantinopla y muerte de Celín. El 13 de marzo se da a conocer la tasa de La Galatea. El 13 de de junio muere, en Madrid, Rodrigo de Cervantes, padre del escritor.

1587. Son conocidos varios sonetos de Cervantes en honor amigos suyos: López Maldonado, Alonso de Barros, Pedro de Padilla.

El proveedor Antonio de Guevara autoriza a Miguel de Cervantes la realización de “sus comisiones”. El 12 de septiembre se encuentra en Éjica. El 28 de abril, desde Toledo, rumbo a Sevilla, otorga poder a su esposa. En octubre Miguel de Cervantes es excomulgado por el vicario general de Sevilla, debido a que ha embargado el trigo “perteneciente a varios canónigos prebendados de Éjica”.

1588. A Miguel de Cervantes, entre enero y septiembre, se le conceden nuevas comisiones en Éjica y en otros lugares.

1589. Se le otorgan nuevas comisiones en Éjica. (Francisco Rodríguez Marín, Estudios Cervantinos)

1590. Es comisionado en Carmona para tratar una saca de aceite. El día 21 decide Miguel de Cervantes presentar un memorial al rey Felipe ll solicitando ocupar una de las cuatro vacantes que enumera. El seis de junio, el Consejo de Indias le responde: “Busque por acá en que se le haga merced”.

1591. Se conoce documento en el cual entrega poder a Juan de Tamayo para cobrar los salarios de 276 días “que se ocupó en la molienda de Éjica los años de 1588 y1589”. Este mismo año, 1591, sale comisionado al reino de Granada. Se encuentra en Jaén, el 18 de noviembre, para la compra y embargo de trigo y cebada. El 3 de diciembre Miguel de Cervantes se localiza en la población de Motilla.

1592. En una carta escrita el 7 de enero al rey Felipe II, Pedro de Isunza, sucesor de Antonio de Guevara, afirma que Miguel de Cervantes es un hombre honrado y de mucha confianza. El 5 de septiembre, en Sevilla, Miguel de Cervantes firma con Rodrigo Osorio un contrato en el cual acuerda y se obliga entregarle seis comedias. El 19 de septiembre Miguel de Cervantes es encarcelado en Castro del Río por haber embargado trigo de los canónigos. Sale bajo fianza.

1593. Apenas se inicia este año se encuentra Miguel en Sevilla, trabajando en sus comisiones. El 19 de octubre muere la madre de Cervantes, Leonor Cortinas. En fecha no establecida se publica en este año el romance Los celos, obra de la cual sintió orgullo el escritor. El 4 de junio en una declaración se reconoce como “persona estudiosa” y manifiesta ser autor de autos. A petición de Miguel de Oviedo, el 7 de julio, inicia varias comisiones, en los alrededores de Sevilla.

1594. Finalizan las comisiones andaluzas. Recibe carta de comisión en Madrid, el 23 de agosto, “para cobrar ciertas cantidades de las tercias y alcabalas en varios pueblos del reino de Granada”. El 17 de noviembre en carta manuscrita dirigida a Felipe II, acredita, Miguel de Cervantes, el dinero cobrado en Baza, Guadix y otros lugares.

1595. El 7 de mayo de este año Miguel de Cervantes logra ser el ganador de una justa poética organizada por los dominicos en Zaragoza, con motivo de la canonización de San Jacinto. Señala Jean Canavaggio al respecto: “No debe inferirse de este premio que estuviera presente en las justas”. En mayo se encuentra en Toledo.

1597. Este año, la prisión que vive Cervantes en Sevilla será clave para la escritura del Quijote, en tanto que los críticos señalan esta reclusión como la que le permitió no sólo fraguar, sino empezar a escribir su obra decisiva. Sobre el asunto de la cárcel en Sevilla escribe su biógrafo Canavaggio: “El 6 de septiembre, a consecuencia de la bancarrota del banquero sevillano Simón Freire de Lima, Francisco Suárez Gasco, en cuyas manos había depositado Cervantes las sumas recaudadas, obtiene una provisión real mandando que este vaya a la corte a dar cuenta de cobros y fianzas. El licenciado Gaspar de Vallejo recibe el encargo de notificar esta orden a Cervantes. Comete un abuso de poder y lo hace encarcelar en la Cárcel Real de Sevilla. El 1 de diciembre, se manda provisión real al dicho Vallejo para que ponga en libertad el preso, bajo condición de dar fianza a su satisfacción. Durante su estancia en la cárcel solicita ir a Málaga, donde dice tener los papeles para justificar sus cuentas.”

1598. Ya entrado el año de 1598 “se supone” que Miguel de Cervantes se encuentra libre en Sevilla, “en vista de la respuesta que da, el 31 de marzo, a la notificación de los contadores”. El 12 de mayo, en Madrid, muere Ana Franca de Rojas, la madre de su hija natural, Isabel de Saavedra. La relación de Ana y Miguel tuvo lugar a principios de 1584. En noviembre compone Miguel de Cervantes el Soneto al túmulo del rey que se hizo en Sevilla debido al fallecimiento de Felipe II.

1599. A principios del año aún se encuentra en Sevilla, donde firma una carta de pago, el 10 de febrero. Un documento de este año acredita que la hermana de Miguel, Magdalena, recoge a Isabel de Saavedra.

1600. En una escritura con fecha del 2 de mayo, Miguel de Cervantes se declara vecino de la ciudad de Sevilla. El 2 de julio muere Rodrigo de Cervantes, hermano de Miguel, en Flandes, en la batalla de las Dunas de Nieuport.

1601. En enero se encuentra en Esquivas donde participa como compadre en el bautizo del hijo de un amigo.

1603. Señala Jean Canavaggio: “Complicaciones con el erario público: se conserva un informe de los contadores (Valladolid, 24 de enero) acerca de lo que adeudaba Miguel de Cervantes”.

1604. “Se enfrían” las relaciones entre los escritores Miguel de Cervantes y Lope de Vega. El enfrentamiento es radical. En carta de Lope fechada el 4 de agosto se refiere a los poetas que en esos días circulaban y alude a los que “hay en ciernes para el año que viene” y agrega: “ninguno hay tan malo como Cervantes, ni tan necio que alabe a Don Quijote”. Cervantes se ha instalado con su familia en Valladolid, donde vive el rey, ante al cual acude por razones de honor. El 26 de septiembre se le otorga licencia y privilegio para poder imprimir El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. El 20 de diciembre: tasa de Don Quijote de la Mancha.

1605. El 12 de abril de esta año, en la cuidad capital del reino, Valladolid, Miguel de Cervantes otorga poder al librero Francisco de Robles para imprimir y vender el Quijote en los reinos de Portugal, Aragón, Valencia y Cataluña. El 27 de julio Miguel de Cervantes, junto con su familia es testigo del asesinato de don Gaspar de Ezpeleta, frente a su casa. Por falsas acusaciones de una vecina las hermanas y su hija son señaladas. El 20 de este mes, por orden del juez Villarroel, es detenida la familia de los Cervantes. Fueron liberados en 1 de julio. Lo cierto es que Ezpeleta era amante de Inés Hernández, esposa del poderoso Melchor Galván y, por esta razón, el alcalde Villarroel los cubrió, acusando del crimen, a los Cervantes.

1608. Ya para este año Miguel de Cervantes declara que vive en Madrid, en el barrio de Atocha, detrás del Hospital Antón Martín. Según los documentos que acredita Canavaggio, el 28 de agosto, Isabel de Saavedra “hija legítima” de Miguel de Cervantes, resulta ser viuda de Diego Sanz, fallecido en junio. El 8 de septiembre se “se desposa en segundas nupcias” con Luis de Molina. El matrimonio se celebrará el primero de marzo del año siguiente, siendo padrinos Miguel y su mujer.

1609. Parece ser que a principios de este año Miguel de Cervantes habitaba en una casa de la calle Duque de Alba, cerca del Colegio Imperial de San Isidro. Según consta en una partida, del 17 de abril, Miguel de Cervantes ingresa en la Congregación de los Esclavos del Santísimo Sacramento. El 8 de junio Catalina de Salazar y Andrea Cervantes reciben el hábito de la Orden Tercera. El 9 de octubre muere Andrea de Cervantes “de calenturas”.

1610. En junio de este año, señala Canavaggio “posible estancia de Cervantes en Barcelona con motivo de la partida a Nápoles del nuevo virrey, el Conde de Lemos, su protector, al que esperaba acompañar”. Para el 27 de junio Catalina de Salazar “resulta” vivir con su esposo Miguel de Cervantes, en una casa ubicada en la calle León.

1611. El 28 de enero muere Magdalena de Cervantes, dejando testamento. Parece ser que durante este año la pareja, Catalina y Miguel, viven “una prolongada estancia” en Esquivas.

1612. Miguel de Cervantes coincide con Lope de Vega, el dos de marzo, en la Academia del Conde de Saldaña. Cuando Lope va a leer sus poemas le solicita a Cervantes le preste los anteojos. En carta al Duque de Sessa Lope le comenta que dichos anteojos parecían “huevos estrellados mal hechos”. Se dice, afirma Canavaggio, que el 22 de abril fue enterrada Isabel Sanz de Águila, nieta de Miguel e hija del primer matrimonio de Isabel de Cervantes. Logra, el escritor, el 20 de noviembre, la aprobación, por Salas Barbadillo, de las Novelas ejemplares. El 22 del mismo mes se le concede licencia para poder imprimir y vender las Novelas ejemplares.

1613. El 2 de julio, Cervantes, encontrándose en Alcalá, toma el hábito en la venerable Orden Tercera de San Francisco. El 9 de septiembre sede a favor de Francisco Robles el privilegio para la impresión de las Novelas ejemplares.

1614. En julio de este año Miguel de Cervantes habita en una casa ubicada en la calle de las Huertas, detrás del cementerio de San Sebastián, donde “parece haberse mudado en abril de 1611”. En septiembre aparece el apócrifo libro el Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, atribuido a Alonso Fernández de Avellaneda. El 18 de octubre le es concedido el privilegio de imprimir y vender Viaje del Parnaso.

1615. Señala Canavaggio que “El 25 de febrero, varios caballeros del séquito del embajador de Francia, Brúlart de Sillery, que habían ido a visitar el cardenal Bernardo de Sandoval y Rojas, arzobispo de Toledo, testimonian la fama de que gozaban en su tierra las obras de Cervantes”. El 30 de marzo se otorga licencia a Miguel de Cervantes para poder imprimir y vender la Segunda parte del Quijote. El 25 de julio se le concede licencia para imprimir las Ocho comedias y entremeses.

1616. El dos de abril, Cervantes “profesa en la Orden Tercera de San Francisco”. El 19 de abril redacta la dedicatoria al Conde de Lemos de Los trabajos de Persiles y Sigismunda. El 22 de abril muere Miguel de Cervantes, en Madrid, en una casa de la calle León, “esquina a la de Francos, donde se había mudado probablemente un año antes, una vez concluido el edificio. Es enterrado el día siguiente en el convento vecino de las Trinitarias Descalzas, calle de Cantarranas.” El 9 de septiembre es aprobado el Persiles por el maestro Josef de Valdivielso. El libro se publicará en los primeros días de enero de 1617.

En el párrafo final del prólogo a Persiles y Sigismunda, dedicado al lector amantísimo Miguel de Cervantes escribe despidiéndose: “¡Adiós, gracias: adiós donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros prestos contentos en la otra vida”.

 

3.- Cervantes y El Quijote

Después de la Biblia el libro más editado en todas las lenguas y épocas ha sido El Quijote de Miguel de Cervantes. En el museo Franz Meyer de la Ciudad de México existen más de 700 ediciones en distintas lenguas. Otras tantas en Guanajuato, Madrid y Londres. La obra fue ofrecida al lector en dos partes. La primera se conoció en Madrid en 1605, por la imprenta de Juan de la Cuesta, aunque una mínima edición apareció en Valladolid en 1604, donde residía el escritor. Según algunos investigadores terminó don Miguel El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha en Valladolid -allí escribió el exquisito Coloquio de los perros-. Valladolid era la capital de la Monarquía española y por ello Cervantes se trasladó a esa ciudad para tratar de lograr alguna recompensa, apoyo o un trabajo digno gracias a los méritos por los servicios prestados como soldado, particularmente, en la batalla de Lepanto, siendo un joven de 24 años. Pese a sus relaciones, ciertamente escasas, no logró el apoyo del rey valladolitano Felipe II. En el documento más importante que dirigió al monarca le solicitaba que podía ocupar una de cuatro vacantes en las colonias recién conquistadas: El Soconusco, ( hoy Chiapas, México), Cartagena de Indias, Santafé de Bogotá (hoy Colombia) o La Paz (hoy Bolivia). No logró nada. Dada la negativa para obtener un trabajo digno por los servicios prestados a su patria y encontrándose editada la Primera parte de su Quijote decidió trasladarse a Madrid. Allí vivían dos maestros de la pluma literaria: Lope de Vega y Quevedo; eran vecinos los tres genios pero el trato tirante y poco amistoso no lograba mayor reconocimiento al nuevo residente. Cervantes gracias a que no era hombre de la corte pasaba sus días leyendo y buscando como aunar maravedíes para el sustento de su familia. Vivió con francas limitaciones económicas, trabajó como recaudador de impuestos, viaja por Andalucía para acopiar alimentos para la Armada, empleos que le facilitó conocer el sur de España, padeció momentos de penuria y la cárcel en Árgel, donde permaneció cinco años y medio, entre otras reclusiones, siempre injustas, pero asumidas con dignidad y sobre todo decisivas para comprender la difícil y crítica época que le tocó trasegar; así como su muy singular destino, que supo asumir sabiamente, con una irrenunciable paciencia, que en los prólogos no deja de invocar. Fue un viajero incansable. Su mejor época la vivó en Italia, llega en 1569 y vive hasta fines de 1575. Anduvo por Florencia, Roma, Nápoles, Sicilia: Palermo, Mesina; Loreto, Ancona, Venecia. La experiencia mediterránea seré decisiva para su formación intelectual, comprensión de su destino y de las ideas de libertad y justicia. Aparte, obvio, de su experiencia militar. Cuando regresa él es otro y también España. La Ilustre fregona, recuerda Julián Marías, contiene un párrafo que hace pensar en aquel viajero incansable que fue Cervantes: “Trece años, o poco más, tendría Carriazo cuando, llevado de una inclinación picaresca, sin forzarle a ello algún mal tratamiento que sus padres le hiciesen, sólo por su gusto y antojo, se desgarró, como dicen los muchachos, de casa de sus padres, y se fue por ese mundo adelante, tan contento de la vida libre, que en la mitad de las incomodidades y miserias que trae consigo, no hecha menos la abundancia de la casa de su padre; ni el andar a pie le cansaba, ni el frío le ofendía, ni el calor le enfadaba. Para él todos los tiempos del año le eran dulce y templada primavera; también dormía en parvas como en colchones; con tanto gusto se soterraba en un pajar de un mesón como si se acostara entre dos sábanas de Holanda…”. Para este filósofo ortegiano Cervantes se ha “saturado de realidad viva y fresca” y ha vivido de una “manera excepcional, incomparable con la mayoría de los escritores” (104). Por ello en los últimos años será un “escritor irremediablemente” y apunta algo que es importante destacar: “No es que se ponga a escribir; es un hombre (Cervantes) que ha vivido y todo se le convierte en literatura” (:104).

La amistad de Lope y Cervantes se rompió en los años inmediatos a la publicación de El peregrino en su patria y sucedió en tierras andaluzas, donde vivía Cervantes y había llegado Lope, en diferentes viajes a Granada y Antequera y, en especial, sus espaciadas estancias en Sevilla “donde había conseguido grandes amigos y admiradores, aunque también enemigos que no dejaron de pincharle con poesías satíricas una y otra vez” (:93) cuenta Emilio Orozco Díaz en Cervantes y la novela del Barroco. Mientras Lope lograba establecer relaciones con señores andaluces, poetas destacados y poetas poderosos económicamente, como Juan de Arguijo, de quien buscaba “su elogio y protección” Cervantes asumía una vida marginal, “más modesta y escondida –algún tiempo en la triste incomodidad de la cárcel- estaba escribiendo el Quijote”(:94). En medio del largo silencio editorial de Cervantes, no en el abandono de la escritura, Lope había llegado a Andalucía “para enseñorearse en ella no sólo como autor teatral, sino, en general, como poeta y escritor” (:94). En esos años, último decenio del siglo XVl, Andalucía era el centro de la actividad poética, y vivían allí Cervantes y Góngora. “Por eso, comenta Orozco Díaz, el Fénix buscaba triunfar o imponerse entre los doctos con su obra lírica y, más aún, con el poema épico y la prosa narrativa. Así publica uno tras otro una serie de libros con alarde de potente escritor fecundo, y como verdadero reto a esos dos poetas que –aunque entonces con reducida obra- siente el madrileño como poderosos rivales: a Cervantes y a Góngora” (:95).

De repente aparece editada en 1510 la Segunda parte de El Quijote firmada por un tal Avellaneda. Las investigaciones más recientes señalan que este escribió la supuesta Segunda parte con el apoyo de Lope de Vega e incluso se ha llegado a señalar su posible iniciativa. El hecho es que diez años después de editada la Primera parte del Quijote, Cervantes da a conocer la verdadera y auténtica Segunda parte, en 1515.

El impostor hizo posible no una simple respuesta y repudio a la fragante tergiversación de los personajes sino la escritura de una Segunda parte donde los personajes centrales, el Quijote y Sancho Panza, hablan de ellos mismos, es decir, estos personajes comentan, entre otros asuntos, la edición de la Primera parte y de la fama que ha adquirido su autor. Así la Segunda parte logra con singular agudeza desarrollar, en este sentido, lo que hoy llamamos crítica literaria dentro de la novela, asunto tratado, no olvidemos, en la Primera parte. Sólo que en este caso el impostor agudizó la muy fina sátira y socarronería del fundador de la novela moderna. Más que reducir su crítica a desacreditar a Avellaneda o a mofarse de sus errores, Cervantes da curso al ingenio para hacer de su obra algo magistral. El escritor y sus personajes de la Primera parte aparecen en la Segunda como referentes de estos personajes de ficción. Ficción dentro de la ficción Lo mismo hace su contemporáneo, el pintor Velásquez, al componer las Meninas. Y también lo hace Cervantes en el teatro. Teatro dentro del teatro.

Las ediciones se repitieron e incluso Cervantes supo de traducciones antes de morir un año después de aparecer la Segunda parte (1516). Fueron pocos los reconocimientos inmediatos, aunque las ediciones crecieron y, obvio, los lectores. La envidia, los celos y otras alimañas pretendieron desconocerlo e incluso descalificarlo.

El escritor nacido en Alcalá de Henares (1547), cerca de Madrid, se había iniciado como poeta. Incursionó en el teatro pero la presencia de Lope de Vega no le fue favorable. Hoy son representadas, en muchos países, con éxito. Las Novelas Ejemplares lograron buenos comentarios y son consideradas por la crítica moderna como obras de primer orden. Joaquín Casalduero en su fecundo trabajo sobre el Sentido y forma del teatro de Cervantes, sostiene: “Sin La casa de los celos habríamos perdido su visión poética del mundo épico caballeresco. En las novelas ejemplares hay un glorioso desfile de mujeres nobles, la figura masculina con su cortesía, con su cultura, su nobleza y su valor muestra el anhelo del hombre por merecer y alcanzar el ideal, pero donde se construye el pedestal de admiración al héroe histórico español es en El gallardo, Los tratos y Los baños. Sólo en la Numancia encontramos a Cervantes tratando un tema antiguo y escribiendo quizá la mejor tragedia española. Compite con los autores antiguos en la nota patética que expresan la madre y los hijos. La sublimidad de la virtud adquiere su forma más bella. Y si en La señora Cornelia o el Persiles vemos la angustia y la alegría de la primera maternidad, es el en teatro donde sentimos la tragedia de la madre y del padre. Como en las novelas ejemplares o en el Persiles, nos hace penetrar en su teatro en el mundo novelesco italiano y social español. . Acaso sea sea en su última novela donde espíritu y sociedad, templos, islas, la Iglesia y la Comedia se presentan en un acorde más amplio, abarcador y majestuoso, más lleno de contrastes, de aciertos rítmicos y de color; pero el pecado y el arrepentimiento, la variedad el hombre reciben su forma más compacta en El rufián dichoso y Pedro de Urdamelas” (26,27).

Él creía mucho en la Galatea. Los años fecundos le llegaron y fueron propicios al final de su vida. El Viaje del Parnaso es un conjunto de poemas que, particularmente, en el siglo XX, la Generación del 27, lo reconoció como una obra valiosa pese a que él no llegó a sentirse un poeta visitado por las musas, como lo advierte, humildemente, en varios momentos de su obra narrativa y poética. Apenas ahora se le lee más allá de las pesquisas de los poetas, lugares y personajes nombrados aquí y allá. El Viaje del Parnaso contiene momentos muy significativos sobre la visión del mundo que, en los últimos años, fraguo Miguel de Cervantes. En otro momento los comentaremos.

Muchos son los aspectos que la crítica Europea e hispanoamericana han tratado en por lo menos dos siglos de manera especial en torno al Quijote. Obviamente existe una historia de la crítica literaria -y otras- en torno a la obra de Miguel de Cervantes. Surge la pregunta: ¿Por qué? Podemos condensar la respuesta en dos aspectos: Es el fundador de la novela moderna en tanto que toca, trata todo lo propio de la vida humana y las técnicas a las que recurre: unas las toma de la tradición, renovándolas, en especial de las narraciones conocidas como de caballerías e introduce nuevas formas, empezando por los anti-prólogos, y llegando a lo que hoy conocemos como historia de la literatura, crítica literaria y teoría poética dentro de la novela, además de manejar varios tipos de narradores que desorientó a los lectores del momento. Carlos Fuentes precisa así el aporte cervantino: “Cervantes inaugura la novela moderna con el Quijote porque incluye y mezcla todos los géneros establecidos y reivindica el poder de la imaginación, de los sueños, el de los fracasos. Es la gran afirmación del yo, de la individualidad como manera de afrontar las adversidades y las incertidumbres. Frente a la intolerancia y los dogmatismos, Cervantes arroja la duda. El Quijote habla de modo épico. Sancho habla de manera picaresca. Eso revoluciona la novela e inaugura la modernidad narrativa” sostuvo en la conferencia William Faulkner, un Quijote trágico, leída en la Biblioteca Nacional de Madrid, el 18 de abril de 2005.

Carlos Fuentes el discurso de aceptación del doctorado honoris causa de la Universidad de Castilla-La Mancha, el pasado 20 de abril de 2005, lo intitulado Elogio de la incertidumbre y plantea, precisamente allí, que “la imaginación cervantina pasa por el fino cedazo de la incertidumbre, palabra rectora de todo el universo del Quijote. Incierto es el escenario de la novela…Incierto es el género de la obra, toda vez que Cervantes está inaugurando la novela moderna como género de género o, como propone Claudio Guillén, diálogo de géneros…Al pasar del género establecido o canónico al dinámico diálogo de géneros, Cervantes introduce también la incertidumbre autoral… incertidumbre no sólo autoral, sino nominal… ¿Y adónde conduce la incertidumbre del Quijote? A la realidad del libro. Y al corazón de la realidad” (: 10-11).

Esta tesis Fuentes la sustenta a lo largo de su Discurso y será necesario, en otro momento, reflexionar sobre ella, sin dejar de considerar que es un aporte al análisis del Quijote, aunque no el primero en señalar tales relaciones, ya desde Mayans en 1737, se indica el asunto.

Detengámonos, antes de tratar el tema, unos renglones, en el anti-prólogo. Varios analistas coinciden en llamarlo así. En el llamado prólogo de la Primera parte del Quijote, el tercer párrafo se inicia así:

“Sólo quisiera dártela monda y desnuda (la obra), sin el ornato de prólogo, ni de la innumerabilidad y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios que al principio de los libros suelen ponerse”. Aquí ya está planteada una crítica al solicitado elogio, muchas veces desmesurado, tan socorrido por los escritores desde muchos años atrás. A renglón seguido escribe: “Porque te sé decir que, aunque me costó algún trabajo componerla, ninguno tuve por mayor que esta prefación que vas leyendo. Muchas veces tomé la pluma para escribille, y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría; y estando una suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diría, entró a deshora un amigo mío, gracioso y bien entendido, el cual, viéndome tan imaginativo, me preguntó la causa, y, no encubriéndosela yo, le dije que pensaba en el prólogo que había de hacer a la historia de don Quijote, y que me tenía de suerte que ni quería hacerle, ni menos sacar a la luz [sin él] las hazañas de tan noble caballero.” Es necesario advertir que el prólogo lo novelisa al introducir un personaje con el cual desarrolla un decisivo diálogo. No le fue fácil concebir el anti-prologo, vale decir, es el resultado de meditaciones, de largas cavilaciones para salirse de la norma imperante. Pero es aún más contundente en su crítica cuando al referirse a su obra pone en cuestión la tradición erudita, grandilocuente, enfrascada en una serie de formas retóricas caducas ya, que el escritor se ve precisado a poner en el filo de la crítica. Leamos: “-Porque ¿cómo queréis vos que no me tenga confuso el qué dirá el antiguo legislador que llaman vulgo cuando vea que, al cabo de tantos años como ha que duermo en el silencio del olvido, salga ahora, con todos mis años a cuestas, con una leyenda seca como un esparto, ajena de invención, menguada de estilo, pobre de concetos y falta de toda erudición y doctrina, sin acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el filo del libro, como veo que están otros libros, aunque sean fabulosos y profanos, tan llenos de sentencias de Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de filósofos, que admiran a los leyentes, y tienen a sus autores por hombres leídos, eruditos y elocuentes? ¡Pues qué, cuando citan la Divina Escritura! No dirán que son unos santos Tomases y otros doctores de la iglesia; guardando en esto un decoro tan ingenioso, que en un renglón han pintado un enamorado distraído y en otro hacen un sermoncillo cristiano, que es un contento y un regalo oílle o leelle. De todo esto ha de carecer mi libro, porque ni tengo qué acotar en el margen, ni qué anotar en el fin, ni menos sé qué autores sigo en él, para ponerlos al principio, como hacen todos, por las letras del abecé, comenzando en Aristóteles y acabando en Xenofonte y el Zolio y Zeuxis aunque fue maldiciente el uno y pintor el otro.”

Reconoce que lleva varios años sin publicar. Con la socarronería que le era propia a don Miguel dice que aparece con una leyenda seca como un esparto en tanto se aleja de la fabulación propia de los escritores que lo anteceden; y vaya juego: señala su estilo como algo menguado y, ciertamente, deja atrás la repetición episódica idealizante y sobre todo se aleja de las aclamadas teorizaciones teológicas, de las escalofriantes listas de aparente erudición, de los doctrinarios y moralistas en boga. Veamos el asunto.

Lope de Vega se había propuesto realizar una obra “que comprendiese todo lo que la literatura narrativa había ofrecido hasta entonces, haciendo un verdadero alarde de acumulación e invención novelesca y poética, y de erudición profana y sagrada, en una forma y extremosidad como en el género no se había realizado” (E.O.D.:96).

La autoridad intelectual se respaldaba en el poder evocador de normas y preceptos, ideas y conceptos de fuerte contenido teológico y moralizante. Además de su presentación exterior.

Es importante destacar la presuntuosidad y desafío que Lope intenta por medio del amplio emblema o jeroglífico que ilustra la portada del Peregrino, para entender la respuesta crítica de Cervantes. “Lo más expresivo y locuaz, anota Orozco Díaz, de esos jeroglíficos lo constituyen las leyendas que aparecen en los pedestales que sustentan a un lado y otro las figuras de la Envidia y del Peregrino: Separado por ambos pedestales luce en su gran tamaño el escudo de los Carpio con sus diecinueve torres… en el pedestal de la figura de la Envidia se lee Velis nolis indivia; y en el del peregrino se lee Aut unicus aut peregrinus” (Idem.:98). Para la lectura completa del jeroglífico Orozco Díaz cita a su analista original del siglo XlX, Hartzenbusch, quien, explica: “Entre la leyenda de los dos pedestales falta un nombre y pronombre; pero están suplidos por el escudo de Lope de Vega, que equivale a las palabras Lupus est o Ego sum; de manera que todo junto debe querer decir: Envidia, quieras o no quieras Lope es (o yo soy) o único o muy raro)” (Idem. :98). Y se apoya, Orozco Díaz en un esclarecedor párrafo de Avalle-Arce que dice: “Harto difícil se presentaba para la envidia el morder en obra tan bien blindada, por los elogios ajenos, la defensa propia y los textos sacros que la encierran de principio a fin. Y además, los autos sacramentales, las numerosas poesías religiosas, las continúas alusiones al culto mariano y los viajes a algunos de los más célebres sagrarios peninsulares, tales como Montserrat, el Pinar, o Guadalupe. La obra se presenta así -concluye el crítico- como un monolito blindado en su diseño exterior, y también en su designio interior” (:98). Riley en su Introducción al “Quijote” confirma este planteamiento al señalar que se trata de “un gran alarde gratuito de erudición, la mayor parte de ella extraída de manuales y antologías, algunos ahora identificados” (:44).

Cervantes marca su distancia con Lope, también, en el prólogo, en la manera de presentar al Desocupado lector su obra. En el diálogo con el narrador secundario, éste le comenta respecto a la los versos solicitados a otros para prestigiar el libro: “Lo primero en que reparáis de los sonetos, epigramas y elogios que os faltan para el principio, y que sean de personas graves y de título, se puede remediar en que vos mesmo toméis algún trabajo en hacerlos, y después los podéis bautizar y poner el nombre que quisiéredes, ahijándolos al Preste Juan de las Indias o al Emperador de Trapisonda…” El prólogo en buena medida busca dejar sin piso literario la propuesta, tradicional y en especial, la de Lope de Vega. Cervantes rechaza la mezcla de lo divino y lo profano, recurso de Mateo Alemán en el Guzmán de Alfaraqche y de Lope en el Peregrino.

Miguel de Cervantes se distancia de la manera de escribir de sus contemporáneos. Ya no le parece necesario someter la invención a las disquisiciones teóricas y formulas autorales. Nuestro “raro inventor” -así se autodefine- no se declara seguidor de nadie pues dice no saber “qué autores sigo en él”. Sutil ironía deslindante.

Cervantes coincide con ellos, comenta Orozco Díaz, en la medida que parten de una estética y compleja estructura manierista y se apoyan en “la utilización de un variado material literario, novelesco y poético, que se intercalaba o enlazaba con la narración principal, si bien Cervantes con mayor preocupación compositiva, distribuyendo en cuatro partes la obra con diestra técnica de cortes y enlaces, esos elementos que se engarzaban sutilmente y a veces fluían o confluían en el relato principal de las aventuras del caballero con más arte y sabiduría para componer y a la vez con más naturalidad, anunciando a veces el sentido narrativo plenamente integrador de la estructura barroca que libre y conscientemente se impone en el Quijote de 1615” (:102).

 Lo cierto es que establece una relación diferente con el presente y el pasado cultural, específicamente literario. Afirmar que no sabe que autores sigue en el Quijote es enfrentar la tradición y al mismo tiempo establecer un diálogo nuevo con ella. Riley precisa el aporte global del anti-prologo de Cervantes cuando indica que “transforma la crítica en creación y, aquí como en tantos otros lugares, lleva la atención al acto de la composición de su obra” (:48).

Consideremos la primera frase del prólogo a la Primera parte para acercarnos a su verdadera y explicita intención: “Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y el más discreto que pudiera imaginarse”. No se trataba de jurar nada pues la apuesta iba más allá de una promesa hecha a alguien o a si mismo. Cervantes no pretendía partir de una certeza religiosa, un deseo sedante o de simplemente seducir al incauto lector, aunque siempre estuvo presto a conquistarlo, con nuevas formulas, incluso novedosas como la de Desocupado lector. Heinz-Peter Endress en su Análisis del prólogo a la primera parte del Quijote en el contexto global de la obra, apunta con precisión, sobre el mismo: “La libertad del lector cervantino, en cambio, se caracteriza por ser ilimitada, por su autonomía, su independencia y hasta su soberanía absoluta. Esto se pone de manifiesto en la sugerente metáfora del lector como un “señor” o un “rey” cuando escribe, dirigiéndose al lector: “(…), y estás en tu casa, donde eres señor della, como el rey de sus alcabalas, y sabes lo que comúnmente se dice, que, debajo de mi manto, al rey mato” (: 159). Para este crítico el procedimiento del prólogo “pone al lector a tono con el nuevo modo narrativo y la nueva tonalidad y a la vez despierta visiblemente sus expectativas y su interés por todo lo restante” (:162).

Muchas vueltas debió darle en su cabeza la idea de cómo empezar el anti-prólogo, aunque lo llame prólogo. Dice que el libro es hijo del entendimiento, es decir, del pensamiento que durante años se ha ocupado en concebir una obra diferente a todas las que lo anteceden. El libro como hijo es una metáfora, acota el filólogo español Francisco Rico, presente ya en Ovidio, pero que Cervantes modifica con la inmediata mención del ingenio, término éste en estrecha relación con la retórica clásica. Y con discreta bondad indica que “quisiera” que el Quijote fuera el más hermoso, gallardo y discreto que se pudiera imaginar. En apariencia, para su época, no deja de ser un piadoso deseo de un escritor medianamente conocido y en franca y mutua actitud hostil con algunos de los “jerarcas” literarios de esos días en una España erigida en Monarquía. El concepto de belleza tiene que ver con la nueva idea de la misma que desarrolla Cervantes a lo largo de su obra. El sustantivo gallardo significa gracia, esfuerzo, ánimo, valor. Las cuatro significaciones son válidas, cada una en su acepción y en el conjunto. Y, finalmente, se trata de un libro que busca ser el más “discreto que pudiera imaginarse”. Aquí la palabra discreción crece de manera absoluta y cobra dimensiones que sólo el lector atento del Quijote podrá apreciar. La discreción la podemos encontrar en el tratamiento a ciertos episodios -este sólo aspecto es largo de abordar-, en la combinación audaz y aún enigmática para algunos de las relaciones entre locura y razón; en este aspecto son tales las formas como aparece la delicadeza y prudencia en la narrativa cervantina que todavía invita a la reflexión crítica y analítica. La agudeza del escritor se observa en el manejo de los lenguajes, los giros, los acentos sintácticos y sobre todo en las sutilezas semánticas; en las mutaciones de los personajes. Incluso sólo la sabiduría de este escritor pudo reservar la lectura e interpretación de ciertos pasajes para muchos años después, como efectivamente ha sucedido si revisamos la historia de la crítica sobre su obra. Pero la discreción a la que alude, en sentido inmediato, a quien no ha leído el libro, es que el autor en una persona recatada. Según Francisco Rico discreto no alude a reservado o circunspecto en el sentido hoy más corriente, sino el de sensato, inteligente, agudo. Los tres adjetivos, hermoso, gallado y discreto son exactos y significan más de lo que podríamos imaginar a simple vista. El escritor sabía exactamente lo que decía, más allá de la falsa modestia o simple autoreconocimiento. Debía, así lo hizo, dejar cifradas las claves de su aporte.

A continuación anota Cervantes: “Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así, ¿qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo, y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación? El sosiego, el lugar apacible, la amabilidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu, son grande parte para que las musas más estériles se muestren fecundas y ofrezcan partos al mundo que le colmen de maravilla y de contento”. Parte evidentemente del principio aristotélico de la semejanza, de la imitación en tanto que el arte no es más que una imitación de la naturaleza y con prudencia irónica indica que no esta a la altura de dicha demanda. Y es mayor la sutileza cuando habla de la esterilidad creativa, refiriéndose seguramente a la poca obra publicada hasta entonces. El sutil “mal cultivado ingenio” no alude a su condición de autodidacta -no posee títulos universitarios, no es bachiller, de aquellos que salen de Salamanca, de los cuales se ríe una y otra vez. Tampoco se trata de la socorrida falsa modestia. Es una de sus finas ironías que le permiten tomar distancia y marcar la diferencia con la arrogancia y pedanterías de esos días.

Don Quijote es un personaje de “pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno”.Efectivamente el Quijote es poseedor de varias y diversas maneras de ser y pensar, de soñar y alucinar: de vivir. No se trata del pensamiento coherente y constante propio de los sabios o científicos. Nadie, antes que Cervantes, concibió un personaje, por ejemplo, que sufriera un sin fin de derrotas, cuando lo recurrente en la narrativa era que los caballeros andantes, en sus aventuras, lograran ser unos héroes en tal o cual sentido. Nace pues el Caballero de la Triste Figura. Y ese personaje nació en una cárcel donde la soledad y el silencio arropan la imaginación, por decir lo menos. Pero será la libertad vital y literaria, la justicia y la belleza las que fraguarán el sentido profundo de la obra y ese será el espacio por excelencia de su diálogo con las musas.

Y para salirse otra vez de la norma, más adelante, aclara que “no quiero irme con la corriente del uso, ni suplicarte casi con las lágrimas en los ojos, como hacen otros, lector carísimo, que perdones o disimules las faltas que en este mi hijo vieres... puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calumnien por el mal ni te premien por el bien que dijeres della”. Implacable postura crítica que se aleja de la adulación o el improperio, tan propios de aquellos tiempos. Uno de los más finos tejidos de la obra cervantina es la crítica y con la seguridad y valor que demanda tal empresa no podía el escritor dejar de llamar al lector a esgrimir sus diferencias ante la obra que le ofrece. El reto es original y decisivo.

 

4.- El prólogo como género literario

El prólogo nace en Grecia, se consolida en Roma y en las literaturas europeas medievales llega a convertirse en una tradición. En la Edad Media va cobrando importancia, sobre todo en el siglo XV. En el Renacimiento se encuentra el prólogo bien acreditado y por lo tanto se escriben prólogos perentorios. Como bien lo ha estudiado Alberto Porqueras Mayo, va ser en España durante el Manierismo “donde despliega toda la potencialidad de sus posibilidades, al funcionar, como bella maniera…” (:47). La tradición retórica había establecido para el exordio la recomendación de traer sentencias y ejemplos. Horacio, en la epístola XX, ahíja el libro. Para Cicerón una de los principios estéticos fue el ornato, así como para el teatro romano, en especial en las obras Terencio. Será el Manierismo el momento adecuado, favorable, gracias a que “El manierista quiere sorprender, deslumbrar por la extrañeza, hacer malabarismos con la paradoja” (:43). El prólogo será un auténtico ornato artístico. De este planteamiento se desprende, necesariamente, la “sorprendente y ornamental adjetivación que acompaña al sustantivo lector, y que se formen extrañas combinaciones con esta palabra como conjuntos sustitutivos del título de prólogo” (:43). El prólogo creara una verdadera atmósfera de ficcionalidad en tanto se interpone entre el lector y la obra y de esta manera se establece un diálogo entre el autor y el lector que abordará el libro.

Alberto Porqueras Mayo clasifica los diversos tipos de prólogo por las características del estilo y en cuanto al contenido, diferencia cuatro tipos: presentativos, preceptivos, doctrinales y afectivos. Ha definido el prólogo así: “Prólogo es el vehículo expresivo con características propias, capaz de llenar las necesidades de la función introductiva. Establece un contacto que a veces puede ser implícito con el futuro lector u oyente de la obra, del estilo de la cual a menudo se contamina en el supuesto de que el prologuista y el autor del libro sean una misma persona. En muchas ocasiones puede llegar a ser, como ocurre frecuentemente en nuestro Siglo de Oro, un verdadero género literario” (:39). El mismo ensayista que citamos ha llegado, después de prolongados estudios y varias publicaciones, a las siguientes conclusiones: “El prólogo aparece como un instrumento dramático que nos introduce en el conocimiento de los personajes. El prólogo teatral es sin embargo, algo añadido y extenso que puede faltar. El exordio oratorio es una parte importante del discurso. Su presencia es imprescindible. Nace con el discurso y no como el prólogo teatral que nace, o puede nacer, independientemente de la pieza. Su conexión con el resto del discurso es evidente y participa de abundantes características del estilo de éste. Prólogo y exordio, sin embargo, se fusionaran en la práctica, englobados por la función introductiva que se amplia a todas las zonas de la expresividad humana. En la Retórica, de Aristóteles, ya se observan fusiones y sinonimias” (:39).

A la llamada función introductiva se le ha designado con otros términos sinónimos al de prólogo tales como proemio, prefacio, exordio, preámbulo, introducción, preliminar, prolegómeno, preludio, presentación, obertura, introito. Helena Beristáin nos recuerda en su Diccionario de Retórica y Poética que el exordio en la antigüedad “es un canto que precede a la epopeya (proemio) y, asimismo, es la primera parte del discurso oratorio que también se llama principio” (: 203). Hacen parte de la función introductiva las arengas propias de la diplomacia medieval, así como las dedicatorias y aprobaciones, que en términos de Génette se les denomina elementos paratextuales.

Al prólogo se le puede considerar dos maneras de ser literarias. En general sabemos que juega el papel de una presentación a un texto que se va a leer o escuchar y al mismo tiempo, observa Porqueras Mayo, “va modelándose como una unidad propia, en un mundo artístico completo, capaz de ser, después, aislado del libro” (:40). El género prólogo posee sus particulares paradojas. Es necesario advertir que la designada introducción a un determinado libro se escribe con posterioridad a la redacción del mismo libro. Porqueras Mayo considera que el prólogo va naciendo paralelamente a la gestación de la obra literaria y para argumentar este planteamiento entiende que la génesis de la mayoría de los prólogos es paralela a la escritura del libro. Posiblemente en el curso de la redacción de la ficción el escritor este pensando –a veces subconscientemente- en el prólogo “donde justificará o explicará las innovaciones o particulares heterodoxias que surgen, irrestañables, de su pluma. El prólogo es el vehículo reservado para la explicación racional de la obra una vez escrita, vehículo con un contacto directo y vivo con el público” (:41). Y en sentido amplio, debemos considerar, apoyados en Beristáin, que el prologuista puede ofrecer diferentes momentos de la estrategia discursiva para lograr la “inclinación de los receptores”: despertar su atención para vencer el tedio derivado de un presunto tema intrascendente, o enfrentar el fastidio propio del desinterés, o la falta de disposición psíquica del público o su real cansancio. Para lograrlo el prologuista acude con “términos efectivos” a señalar la importancia del asunto, su novedad, el asombro o la emoción que la obra produce y, por supuesto, el superior valor respecto del discurso contrario. Varios son los recursos para lograrlo, acudiendo a la hipérbole, la comparación, la prosopopeya, el apóstrofe, los exempla o la enumeración de los asuntos que se van a tratar en el texto a leer o a través de la apelación a la benevolencia del juez o del público, lo que implica la ponderación del elogio propio –sin arrogancia, con modestia- y del público y los jueces, y del vitupero de la parte contraria. (:203).

Porqueras Mayo destaca la permeabilidad como una característica peculiar del género prólogo en tanto que esta es motivada “por su proximidad física y mental” y contribuye a “a dar personalidad” estilística a diversos grupos de prólogos, sin olvidar que los prólogos doctrinales de los libros de mística y los prólogos del teatro o libros de poesía con frecuencia poseen tales características.

Particularmente en la Edad de Oro “el prólogo es el sucedáneo del género del ensayo”, apenas incipiente en ese momento, en el que los escritores eran proclives al recurso de epístolas, misceláneas, tratados para “indagaciones personales y experimentales”. Estos prólogos en la medida que desarrollan un tema afín, aunque con cierta autonomía, insista o resuma con coherencia lo expuesto en el libro “se constituye en un verdadero ensayo independiente” (:41).

Valga insistir que el prólogo durante el Manierismo, gracias al dinamismo que éste despliega deja conocer “toda su potencialidad insospechada”, con un acento muy especial en lo que respecta a los escritores españoles. Sostiene nuestro ensayista de manera contundente que: “ningún período ni ninguna literatura cuentan con tan importantes prólogos como España durante el Manierismo” (:43). Para sustentar su planteamiento indica algunos de los procedimientos manieristas en los prólogos redactados por escritores españoles durante la primera mitad del siglo XVll. En primer término privilegia el recurso de los personajes-prólogo, con la necesaria aclaración de que “el prólogo manierista no siempre inventa un procedimiento, sino que lo maneja con una intención y profusión antes desconocidas” (:43) dado que por entonces Terencio en el teatro romano acude a este recurso. Lo que singulariza su uso es que ya, además del teatro, se emplea en un género tan manierista como la novela picaresca, y asimismo, la técnica autobiográfica “es provocada literaria y artificialmente, según dictados del estilo manierista” (:43).

Veamos algunos ejemplos ilustrativos del personaje-prólogo en la novela picaresca española. En el tercer prólogo a La pícara Justina (1605) del médico toledano Francisco López de Úbeda, denominado Introducción general para todos los tomos y libros escritos de mano de Justina intitulada la melindrosa escribana, abundan las personificaciones propias del gusto manierista tales como pluma, libro, papel, culebrilla…Dos ejemplos destacan en los que el personaje sale del libro para dirigirse al lector: El donado hablador de Jerónimo de Alcalá y el Al Lector de Estebadillo González. Diferente de la picaresca es notable el pastor que escribe el prólogo a Pastores de Belén de Lope de Vega. Varios prólogos a un mismo libro proceden de la Edad Media y el Renacimiento y su propósito obedece a una “tónica presentativa”. Ya en el manierismo la decisión de escribir varios prólogos a una misma obra, como es el caso de La pícara Justina, tres, se ejecutan “con el afán dinámico de romper, hasta cierto punto, la unidad orgánica de la obra y destacar el juego ficcional del mundo literario en el que participará el lector” (: 44). Se crea así una “distancia mental” con el lector, además de ganarlo con “sorpresa extravagante” dados lo diferentes prólogos. La variedad de prólogos tiene como punto de partida el manierismo; es el caso de Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, para el cual escribe dos prólogos, uno al vulgo y otro al discreto lector. Los prólogos dispuestos por Mateo Alemán serán favorecidos por otros escritores manieristas. Lo que realmente logra este tipo de prólogos dedicados al vulgo es que rompen “con las leyes clásicas de la captatio venevolentiae, aunque vaya hacia un lector más específico como es el lector discreto. La propuesta prologal de Mateo Alemán va ser retomada por otros escritores manieristas: Agustín de Rojas en Viaje entretenido y en El buen Repúblico, y por Fernández de Ribera en Asinaria. Retomando la tradición clásica de emplear en el exordio sentencias y ejemplos se logra, en los prólogos manieristas, más que exponer la doctrina y captar la atención del oyente, se logra, ahora, “presentar algo excepcional, insólito, inesperado, que actúa, de repente, con fuerza arrolladora” (:44). Para este caso nuestro tratadista recurre al comentario de algunos prólogos de Miguel de Cervantes. El más importante es el escrito para el Quijote l, en el cual aparece de repente un amigo, en el recinto donde trabaja Cervantes el prólogo. Cervantes nos entera de la dificultad para escribir su prólogo y, al mismo tiempo, da cuanta de cómo escribe un prólogo, es decir, se dibuja escribiendo, así como ciertos pintores de la época se pintan pintando, es el caso del célebre Velásquez. En el prólogo a las Novelas Ejemplares introduce un retrato físico de si mismo. Y en el prólogo a el Persiles, último que escribió, nos cuenta que el estudiante que se une al grupo de jinetes, en el que se encuentra el escritor Cervantes, este y el recién llegado, dialogan sobre quién es Miguel de Cervantes y así logra el escritor, afirma Porqueras, provocar “un desplazamiento temático en el prólogo, que desde entonces permanece siempre motivado por esta nueva tensión inesperada…(y así) se consigue subrayar la ilusión de ficcionalidad del juego literario, tan típica del Manierismo.” (:45).

 En lo que respecta a ahijar el libro por parte de autor, de raíz horaciana, procedimiento rico e intenso en el manierismo, “como nunca se ha dado”, debe señalarse, además del citado prólogo de Cervantes, otros; el de Tirso de Molina a Cigarrales de Toledo, el de Pedro de Espinosa a Panegírico de Antequera, el de Gracián a Agudeza y arte de ingenio, etc.

 

5.- El “yo” y las figuras prológales

El prólogo al Quijote l, que es un anti-prólogo, lo escribió Cervantes en primera persona en tanto que es un `yo` “que se adelanta como una de las instancias narrativas de la novela” ha escrito Mario Socrate (:12). Este anti-prólogo fue escrito por un ´yo` que escribe un cuento de un prólogo “remitente”, que el autor no deseaba realizar y finalmente concibe y crea. Y en tal sentido el prólogo es “el relato de su constituirse, de su devenir prólogo bajo los ojos mismos del lector” (: 12).

De entrada el escritor establece la relación con el (desocupado) lector y le anuncia su querer: que el libro lo pretende “el más hermoso, el más gallardo y el más discreto que pudiera imaginarse”. Es un anuncio nada gratuito. Este “yo” revela que el escritor es personaje del libro y “con vínculos de parentesco” con el “yo” que da cuanta del hallazgo del cartapacio en caracteres arábigos donde viene contada la historia del Quijote y, es también, afín al “yo” del “segundo autor”, del traductor del documento que narra la historia.

La ironía y el deslinde, con las dos primeras palabras del prólogo, desocupado lector, es la manera de Cervantes de colocar a un lado la formula del “ritual y deferente” recurso de “curioso lector”. Se dirige así el escritor a aquel que dispone de tiempo para leer y, como bien anota Socrate, con ese epíteto “escoge un lector libre; pero no sólo: más libre también de prejuicios preceptistas y de los cánones dominantes” (:12).

Miguel de Cervantes presenta su Quijote con el recato descriptivo de las “condiciones adversas en que se engendró la novela, la cárcel de Sevilla en 1597... y es sobre todo lo opuesto a la festiva y alegre invención creadora del libro” (Idem:12). Tal vez sería más adecuado señalar que Cervantes cifra las condiciones adversas en medio de las cuales concibió la novela como algo apenas elemental. Pero en verdad no es algo elemental. Es sobre todo necesario, acaso indispensable. Y más aún: es decisivo, lo entendemos hoy.

Si pensamos en la pareja reclusión-exclusión podemos ir un poco más allá de la apenas “elemental” intención indicada. Pero este aspecto demanda otro espacio, que nos reservamos, por el momento.

Mario Socrate llama la atención sobre cuatro figuras prológales: el libro como hijo del autor, el autor ficticio –propio de los narradores de novelas de caballerías-; “llama y sorprende la atención del lector, anota Socrate, al declararse no padre sino padrastro de Don Quijote” El padre literario, señala el escritor, es el historiador arábigo Cide Hamete Benengeli. La presencia del narrador Cide Hamete Benengeli es importante y esta llena de desdoblamientos y sesgos que comentaremos en otro ensayo. Luego aparece la cuarta figura prologal: “el amigo alentador”. Cervantes inicia el anti-prólogo entre la ironía y el deslinde. El escritor se dirige al lector y va logrando que surjan las distancias necesarias con los escritores de su época. Sugiere sus afinidades, las condiciones de su vida y lo que ha significado, en la tradición, el sosiego, anhelado e imposible, ahora, propios del mundo pastoril y negados en su vida de asiduo caminante.

Es decidido y claro al distanciarse de la manera de prologar de sus contemporáneos. Si bien un motivo inmediato, su desacuerdo literario con Lope de Vega, es un puntal, habría que entender con estricta precisión que las desavenencias personales entre escritores, en aquella época y en cualquiera, son reveladoras de las condiciones culturales y diferencias literarias de la época. Más de lo que se supone o deja la llana o picante anécdota indica las contradicciones, diferencias y rupturas en un momento dado.

Con el aparecimiento de la cuarta figura prologal, la más importante en este caso, asume el anti-prólogo el tono narrativo indicado más arriba; y es este procedimiento, exactamente, pensamos, la principal ruptura que asegura el sentido de anti-prólogo a la Primera parte del Quijote de don Miguel de Cervantes. De tal suerte que de pronto se inicia un diálogo con un visitante de carne y hueso, en el estudio del escritor. Leamos de nuevo: “Muchas veces tomé la pluma para escribille (el prólogo), y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría; y estando una suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diría, entró a deshora un amigo mío, gracioso y bien entendido, el cual viéndome tan imaginativo, me preguntó la causa, y, no encubriéndosela yo, le dije que pensaba en el prólogo que había de hacer a la historia de don Quijote, y que me tenía de suerte que ni quería hacerle, ni menos sacar a la luz las hazañas de tan noble caballero” . La imagen que crea la actitud del escritor, rodeado de libros y papeles, en espera de la visita de la inspiración ha sido recreada por Doré y otros tantos grabadores, aunque no le guste a Julián Marías. Mientras el escritor medita qué escribir, inesperadamente entra a su estudio un amigo y va ser éste personaje –nada imaginario o alter ego- sino un narrador secundario, señala Francisco Rico, el que le permitirá a Cervantes exponer sus ideas con técnica dramática y será este al mismo tiempo el “portavoz de la ruptura con respecto a lo establecido” (: 11) al desarrollar el diálogo narrativo.

El anti-prólogo no surge por un capricho del escritor. Él sabe muy bien lo diferente que es la “historia” que cuenta de tan noble caballero y es esa realidad literaria la que lo obliga a escribir, por lo tanto, un prólogo disímil, adecuado a su Quijote. No desea ornato ni presumir de erudito y menos de doctrinario, de realizar acotaciones a los márgenes, de agregar anotaciones al final del libro, con la larga lista alfabética de autores remitentes. Al amigo, “gracioso y bien entendido”, el escritor-personaje confiesa sus dudas y preocupaciones y el narrador secundario va derribando cada uno de los argumentos problemáticos y, observa Socrate, que lo realiza “con una serie de consabidas y escolásticas citas, y no siempre correctas”, si se olvida, pensamos, el humor y sobre todo la intencionalidad. Y agrega el analista una idea propia de la crítica literaria moderna: “Se hace cada vez más claro que la sátira punzante se dirige en primer lugar contra Lope de Vega y su pastoril Arcadia (1598) y probablemente también contra El peregrino en su patria, recién aparecido (1604). La crítica la centra Cervantes en los socorridos alardes de erudición y doctrina “tan llenos de sentencias de Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de filósofos que admiran a los leyentes y tienen a sus autores por hombres leídos y elocuentes...De todo esto ha de carecer mi libro...También ha de carecer mi libro de sonetos al principio, a lo menos de sonetos cuyos autores sean duques, marqueses, condes, obispos, damas o poetas celebérrimos”, como ocurre en la escritura de Lope de Vega. Los sonetos que aparecen en la Primera parte del Quijote los escribe Cervantes con un fino humor sobre diversos personajes literarios, trastocando la formula tradicional. En efecto, buena parte de la crítica va dirigida a la manera como Lope de Vega escribe. Francisco Rico precisa este aspecto así: La Arcadia (1598, 1599, 1602, 1603...) de Lope de Vega lleva una larga “Exposición de nombres poéticos e históricos”, dispuesta en orden alfabético y extraída de difundidos repertorios renacentistas; cosa similar ocurre en el Isidro (1599, 1602, 1603...) y en El peregrino en su patria (:12).

Miguel de Cervantes no deja resquicio para una mala interpretación de su prólogo crítico o anti-prólogo y advierte que pudo solicitar dos o tres sonetos a poetas de oficio, mejores de “los de aquellos que tienen más nombre en nuestra España”. El recurso a la erudición reducida a la exposición de nombres le parece inútil dado que los citados catálogos de autores sólo sirven para “dar de improviso autoridad al libro” y agrega, crítica y muy atinadamente “...no habrá quien se ponga a averiguar si los siguistes o no los siguistes, no yéndole nada en ello.” Recurso desacreditado en esos tiempos que Cervantes puntualiza con certeza.

No deja de escribir referencias a la retórica o a tratadistas de la literatura como a Aristóteles, San Basilio y Cicerón para defender la estrecha relación entre dialéctica y retórica o a la no apropiada mezcla de “lo humano con lo divino” como ocurre en El Peregrino en su patria de Lope y al Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán. Para Cervantes “Sólo tiene que aprovecharse de la imitación en lo que fuere escribiendo, que, que cuanto ella fuere más perfecta, tanto mejor será lo que se escribiere”. Es interesante la lectura que realiza Hugo Rodríguez Vecchini sobre el prólogo a la Primera parte del Quijote, en particular, al referirse los tres escritores arriba nombrados. Se pregunta: “¿que papel juega la verdad que permite colocar a San Basilio entre Aristóteles y Cicerón?” (:255). No es pura coincidencia, ni casualidad, responde, y sostiene que no es circunstancial que “San Basilio aparezca entre Aristóteles y Cicerón. Bien al contrario se trata de un nombre y hasta de un emblema intencional. San Basilio permite completar esa suerte de trinidad de los autores de la corrección: la poética, la retórica y la doctrinal. En esas autoridades bien podría apoyarse la censura contra unos libros acusados tanto de incorrección poética y retórica como de depravación, de incorrección moral. La acusación aparece representada en el Quijote y va desde el rigor de la crítica aristotélica que anticipa el prólogo hasta la propuesta de una reforma poético-retórica que termina por suspender la normativa aristotélica, pasando por la jerga inquisitorial de la condena: malas costumbres, mala secta, herejía, hoguera, fuego, destierro, lascivia” (: 255). Para este analista la verdad que plantea Cervantes no se ajusta a las verdades oficiales de la doctrina ortodoxa “ni a ninguna verdad recibida ni conjunto de códigos, de metáforas reificadas, ciegas” (: 257). La verdad en el Quijote es una “verdad irónica” que mana de la “incoincidencia y divergencia respecto de las fuentes de autoridad que repite, de las fuentes que nunca se acordaron de los libros de caballería” (: 257-58)

Cito uno de los párrafos más esclarecedores del anti-prólogo en cuanto se refiere en precisos y decisivos conceptos propios de lo que hoy llamamos crítica literaria y teoría literaria. Aquí establece una definitiva y categórica ruptura con la tradición: “Y pues esta vuestra escritura –dice el amigo al escritor- no mira más que ha deshacer la autoridad y cabida que en el mundo y en el vulgo tienen los libros de caballerías no hay para qué andéis mendigando sentencias de filósofos, consejos de la Divina Escritura, fábulas de poetas, oraciones de retóricos, milagros de santos, sino procurar que a la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas, salga vuestra oración y período sonoro y festivo, pintando en todo lo que alcanzásedes y fuere posible vuestra intención, dando a entender vuestros conceptos sin intricarlos y oscurecerlos... En efecto, llevad la mira puesta a derribar la máquina mal fundada destos caballerescos libros, aborrecidos de tantos y alabados de muchos más; que, si esto alcanzásedes, no abríades alcanzado poco”.

Crítica a la forma de escribir prólogos y literatura. Más aún, el amigo le recuerda al escritor que debido a que su oficio narrativo no busca más que “deshacer la autoridad” y presencia que “en el mundo y en el vulgo tienen los libros de caballerías” ya no es necesario retomar, “mendigar” nada a la tradición. Sabemos que Cervantes, por ejemplo, cito uno de los diez, escribe el poema burlesco Al libro de Don Quijote de la Macha, Urganda la desconocida, compuesto en décimas de “cabo roto” o “pies cortados” no para repetir la formula del elogio, la trueca para lanzar su crítica, apoyado en un recurso jocoso difundido en los primeros años del siglo XVll. Uganda, la maga protectora de Amadís, recomienda al libro Don Quijote que se una a los buenos y no con los esnobistas pretenciosos, de no usar “indiscretos hieroglíficos” para evitar el ridículo, no acudir a la falsa erudición, en fin, que el escritor componga su obra “con pies de plomo” y no al garete. Esta burla, transformada en teoría literaria, la expresa con claridad en el prólogo cuando llama a escribir “con palabras significantes, honestas y bien colocadas” para lograr una escritura correcta, nueva y pueda lograr, entonces, el escritor cada “oración y período sonoro y festivo” para que alcance a “pintar” con las palabras todo lo que se proponga el narrador y así sea posible que el lector entienda lo contado sin enredos no obscuridades discursivas.

Cervantes se refiere a “la máquina mal fundada” de los libros de caballerías. No se trata de un eco de los detractores de los libros de caballerías, de esas censuras de moralistas, pensadores y filósofos de los siglos XV y XVl como Luis Vives, Fray Antonio de Guevara, Francisco de Monzón, Cervantes de Salazar, Luis de Alarcón, García Matamoros, Fernández de Oviedo, Malón de Chaide, Diego Gracián, Luis de Granada, Arias Montado, Venegas Mexía, Melchor Cano, entre otros, señalados por Felicidad Buendía en su estudio preliminar a Libros de caballerías españoles (:34). Tampoco se trata de lo que llama José Manuel Lucía Mejías en su importante libro De los libros de caballerías manuscritos al Quijote, de “una genial pirueta narrativa” (:245). Cervantes está realizando no una propuesta teórica a secas, no. Cervantes hace un prólogo crítico a una obra renovadora, donde ha dejado atrás la manera de entender la literatura y la forma de escribirla.

Alberto Blecua en el prólogo a su edición de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, distanciándose de la idea romántica de que Cervantes era un genio inconsciente, escribe: “lo cierto es que ha sido uno de los escritores más preocupados por la historia literaria, por la crítica y por los problemas que plantea la composición de un texto” (: XXlll). Este planteamiento lo sustenta en el análisis de diferentes prólogos, poemas y múltiples pasajes del Quijote, que escuchamos en su seminario sobre Cervantes en Valladolid (junio 2004). Blecua sostiene que en esos textos Cervantes trazó “la primera historia crítica de la literatura española de su tiempo. Su teoría literaria está desparramada también por estos y otros pasajes, pero es en los capítulos 46 y 48 de la Primera parte del Quijote donde está expuesta de manera más sistemática” (:XXlll) Con el vasto conocimiento que tiene de la retórica y de las lenguas clásicas le es posible, a Blecua, afirmar que Cervantes “Buen conocedor de las polémicas sobre la Poética de Aristóteles que se mantenían en la crítica europea de su tiempo sobre cómo ajustar los nuevos géneros literarios a una reglas clásicas, Cervantes intenta acomodarlas a su obra. Los pilares de ésta poética son los de mantener la “imitación” (la “mimesis”), a través de la verosimilitud, pero concediendo gran importancia a la invención, que podría interpretarse como “imaginación creadora”, para conseguir el fin de toda obra que es el de “admirar, suspender, entretener y alborozar” (: XXlll). Tema para una reflexión posterior.

 

6.- La originalidad prologistica de Miguel de Cervantes

Hemos asumido el planteamiento, ya señalado, de que el prólogo es un género literario teniendo presente lo expuesto por varios investigadores de otras literaturas, especialmente de las clásicas griegas y romanas, y en la literatura germana. Así pues que una de las características que confiere al prólogo validez de género, es su independencia respecto a la obra que precede. El prólogo posee estilo propio, con objetivos y modalidades distintas. Si realizamos una doble lectura de los prólogos cervantinos podemos indicar las siguientes observaciones. Una, que cada prólogo posee su “íntima individualidad” gracias a las necesidades, intereses, deseos y propuestas que don Miguel entiende y se plantea en el momento de escribirlos. Otra, se deriva de una apreciación de conjunto en la cual se detecta un “algo homogéneo” y que al mismo tiempo es posible “aislar”, o dicho de otra manera, considerar como un todo que es diferente a la obra narrativa y al mismo tiempo está en relación con ella. Debe tenerse presente que el prólogo individual, trátese para una novela, teatro, ensayo, poesía…, advierte Porqueras Mayo, “puede estar sometido a unas sacudidas y relaciones de contagio con la obra”, es decir, hablamos de permeabilidad.

El prólogo redactado por Cervantes para La Galatea (1585) está inscrito dentro lo que se denomina función tradicional dado que recurre a la captatio venevolentiae y justificación, pues allí señala su intención, dudas, alcances dado que sostiene que ciertas desigualdades discursivas son posibles como bien lo hiciera “el príncipe de la poesía latina”, Virgilio, aunque fuera “calumniado” por escribir algunas de sus églogas en tanto “haberse levantado más (en unas) que en las otras; y así no temeré mucho, dice Cervantes, que alguno condene haber mezclado razones de filosofía entre algunas amorosas de pastores que pocas veces se levantan a más que a tratar cosas del campo, y esto con su acostumbrada llaneza”. El prólogo más allá de las formulas de la “afectada modestia” esta dedicado a los Curiosos lectores, -postura tradicional- permite observar su entereza y detectar su “yo poderoso”. La escritura del prólogo, necesariamente, cuenta con la lectura de otros que lo anteceden como el propio al Lazarillo de Tormes (1554), los de la novela pastoril y muy especialmente el que le sirvió a Cervantes de modelo, el de Gaspar Gil Polo, escrito para su Diana enamorada (1564). En cuanto a la justificación, observa Porqueras Mayo, Cervantes tuvo como punto de apoyo el escrito por Pero Mejía a Silva de varia leción (1540).

Valga recordar también el elogio y defensa de la prosa que hace Cervantes, en el prólogo a La Galatea, cuyos antecedentes se encuentran, comenta el estudioso señalado, en la carta de Boscán a la duquesa de Soma que aparece como prólogo al segundo libro de las Obras de Boscán y algunas de Garcilaso (1543) y el prólogo que escribe Francisco Medina a las Obras de Garcilaso de la Vega con anotaciones de Fernando de Herrera (1580).

Cito el siguiente fragmento cervantino del prólogo a La Galatea por tratarse de la primera defensa de la prosa castellana salida de su pluma, o mejor dicho, su proyecto explícito de escritor: “De más de que no puede negarse que los estudiosos de esta facultad – se refiere a la fuerza de la pasión del escritor- (en el pasado tiempo, con razón, tan estimada) traen consigo más que medianos provechos, como son: enriquecer el poeta considerando su propia lengua, y enseñarse del artificio de la elocuencia que en ella cabe, para empresas más altas y de mayor importancia, y abre camino para que, a su imitación, los ánimos estrechos, que en la brevedad del lenguaje antiguo quieren que se acabe la abundancia de la lengua castellana, entiendan que tienen campo abierto, fértil y espacioso, por el cual, con facilidad y dulzura, con gravedad y elocuencia, puedan corren con libertad, descubriendo la diversidad de conceptos agudos, graves, sotiles y levantados que en la gravedad de los ingenios españoles la favorable influencia del cielo con tal ventaja en diversas partes ha producido y cada hora produce en la edad dichosa nuestra; de lo cual puedo ser yo cierto testigo, que conozco algunos que, con justo derecho y sin el empacho que yo llevo, pudieran pasar con seguridad carrera tan peligrosa.”

 

7.- La cultura literaria de Miguel de Cervantes

Fue Juan Valera el que equívocamente acuñó el epíteto de que Miguel de Cervantes no pasó de ser un “un ingenio casi lego”. Tal vez el novelista decimonono se dejo llevar por ciertas declaraciones prológales de Cervantes, sin entender las cargadas irónicas de aquellos. Poco después Menéndez Pelayo corrigió el exabrupto al reconocer que Cervantes fue un escritor de mucha lectura, si se leen con atención sus obras. No le importa que no hubiese pasado por escuelas universitarias, “pero, afirma, el espíritu de la antigüedad había penetrado en lo más hondo de su alma” (: 83-). Y cree que pudo leer la Odisea, los moralistas Jenofonte y Plutarco, las obras de Luciano y los imitadores castellanos de este como Juan de Valdés en el Diálogo de Mercurio y Carón y Cristóbal de Villalón en el Crotalón.

Como un reconocimiento preciso, escribió el erudito y crítico Menéndez Pelayo al referirse a la escritura de Cervantes: “La verdadera filiación de Cervantes se encontraría cuando su crítica aparece más audaz, su desenfado más picante y su humor más jovial e independiente, en la literatura polémica del Renacimiento; en la influencia latente, pero siempre viva, de aquel grupo erasmista, libre, mordaz y agudo, que fue tan poderoso en España y que arrastró a los mayores ingenios de la corte del emperador. Cervantes nació cuando el tumulto había pasado” (:86). Y para mejor precisión de sus consideraciones escribe: “El Quijote, que de cualquier modo que se le considere es un mundo poético completo, encierra episódicamente, y subordinados al grupo inmortal que le sirve de centro, todos los tipos de la anterior producción novelesca, de suerte que con él solo, podría adivinarse y restaurarse toda la literatura de imaginación anterior a él, porque Cervantes la asimiló e incorporó toda a su obra”(:86).

Menéndez Pidal ha dedicado un estudio pormenorizado para entender la presencia de los romances en la obra de Cervantes y de algunos escritores italianos del Renacimiento, tales como Ariosto y Boyardo. En su estudio De Cervantes y Lope de Vega, dice: “Para sacar del Entremés los primeros capítulos del Quijote se necesitó un gigantesco esfuerzo creador, cosa que totalmente olvidan muchos eminentes críticos, reacios para creer que el genio inventivo de un Cervantes o un Dante tenga más fuentes de inspiración que las vulgarmente conocidas” (:27).

Por su parte Arturo Marasso, en Cervantes, la invención de Quijote, indagó en las relaciones de Cervantes, entre otros, con Aristófanes, Luciano, Quintiliano, Plinio y Horacio. En el capítulo Citas de los filósofos Marasso se pregunta: “¿Por qué Cervantes no había de conocer a Galeno, a Hipócrates, a Gerson, a lo menos por referencias y citas? ¿No está acaso en Gerson y en Galeno la extraña locura del Licenciado Vidriera? A uno de estos casos fabulosos, Cervantes le dio la inmortalidad de su ingenio y de su estilo… La locura del Licenciado Vidriera, por su causa y su lucidez, se parece a la que San Jerónimo atribuye a Lucrecio, en sus adiciones de la Crónica de Eusebio. ¿Quién no ve en el Licenciado Vidriera la Vida de los filósofos de Diógenes Laercio? Argumentos, tesis, silogismos, están ingeniosamente… en la mente de Cervantes.” (:231).

   Anthony Close, discípulo de Riley, especialista en la recepción del Quijote, en su ensayo sobre Cervantes: Pensamiento, personalidad, cultura señala que “la formación de Cervantes consistiría en una formación humanística a nivel preuniversitario, a la cual se vendría a añadir un autodidactismo gracias al cual adquirió un conocimiento íntimo de la literatura española e italiana: poesía, ficción, teatro, historia, preceptiva literaria, obras didácticas” (: LXXll). La cultura de Cervantes, especialmente la que se conjuga en el Quijote “no se limita a las manifestaciones literarias, sino que incluye también las orales y las folclóricas, además de todo tipo de prácticas sociales y usos cotidianos” (LXXlll). Close, anota algo más que es decisivo en la comprensión de la obra cervantina. “…el hecho de que