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PROTOFIXIONES
La venda en los ojos y el corazón en el abismo
Juan
Calzadilla
LA VENDA EN
LOS OJOS Y EL CORAZÓN EN EL ABISMO
A André Breton
- No pretendo que, para demostrarme tu amor, me obedezcas
ciegamente. Yo sólo te pido que sigas conduciendo con los
ojos tapados - dijo Nadja a André, en el momento en que el
automóvil, con los dos a bordo, continuó en línea recta,
derecho, al abismo. Fue aquel día en que el pobre André tuvo el
valor de sostener su palabra: "Para complacerte, yo haría todo
lo que me pidieras".
Aunque también en esta oportunidad estaba consciente de que el
soporte de su amor continuaba en el aire.
- No. Los instantes no son pasajeros, sino sencillamente fatales
- añadió cuando, sin poderse quitar las manos con que Nadja le
vendaba los ojos, aferrado al volante, se dirigió con ella al
abismo.
EL MONUMENTO
Antes formé parte de un grupo monumental. Coronaba la cúspide
colocado junto al fornido cuerpo de un guerrero, debajo de cuya
lanza hacía yo las veces de un soldado herido, a punto de
recibir la muerte. Me di cuenta de que no soñaba cuando,
decidido a separarme del bloque tallado en granito, descendí de
éste y, ya en el suelo, mirando hacia arriba, constaté que no
estaba en él.
EL REINO DE LOS OTROS
Es cierto, ya la prisión estaba en él antes de advertir que
podía ser condenado a ella. No necesitaba más que de la certeza
de sus manos abiertas como una reja delante de su rostro para
darse cuenta de que ya estaba detrás de ésta. La prisión era, en
su caso, una forma de conservar su integridad física, de
sentirse seguro y directamente aludido por sí mismo, como una
unidad cerrada e indivisible alrededor de su cuerpo, mas allá
del cual comenzaba la libertad que le estaba vedada: el reino de
los otros.
MARIONETA I
En ninguna circunstancia pueden reprocharme el hecho de no estar
listo. Estar listo es un estadio remoto o una orden urgente que
no me exime de la inmediatez de una respuesta que consiste en mí
mismo.
La preparación para la acción de estar listo es mi tarea diaria
y la cumplo porque sé que, aunque nadie me pida rendir cuenta,
necesito decir “presente” en la jugada con que muevo cada una de
las fichas del tablero de mi cuerpo hacia adelante o hacia
atrás.
MARIONETA II
Alcánzame, me digo a mí mismo, y apresuro el paso, casi se diría
que corro, dando zancadas, detrás de mí. ¿Pero es que podré
darle alcance a alguien que permanece fijo en un punto tal que,
cuando yo avanzo, también él avanza en la misma dirección, como
si ambos estuviéramos soldados a los extremos del brazo de un
pantógrafo? Hacia cualquier lado que ensaye dar un paso, algo de
mí, que soy yo mismo, se desprende para colocarse,
proporcionalmente, con urgencia, a la misma distancia a la que
estaba antes. El que soy y el que procura distanciarse de mí en
cuanto trato de darme alcance se manifiestan simultáneamente.
Sólo una duda persiste: ¿Cuál de esos dos extremos del mismo
brazo soy yo realmente?
EL ORADOR
Cuanto dice el orador gravita alrededor de la forma que sus
palabras adquieren cuando son visualizadas en bloque sobre la
tarima desde donde, agitando brazos y piernas, se dirige a la
multitud. Pero su discurso no es ajeno por entero a la saliva
con que su lengua impregna el orden de las palabras como si su
boca albergase el húmedo badajo de una campana.
¿No puede colegirse de lo dicho por él que la realidad de sus
palabras es salivaria y no silabaria?
EL FORASTERO
Que se diga del poeta, respecto a su tiempo, que no fue un
exiliado y ni siquiera un outsider, sino más bien un
forastero. Un intruso venido de lejos, que no portaba
documentación y quien, a duras penas, por fin, pudo encontrar
una plaza. Pero una plaza sin baluartes, indefendible,
rápidamente tomada por las huestes que la tenían bajo asedio. Y
a la cual, naturalmente, pese a todas sus estratagemas, no se le
permitió acceso, ni siquiera cuando le vieron agitar sus brazos
en señal de rendirse. Ni cuando le oyeron decir:
- Me bastaría poder existir cerca de mí, me bastaría poder
consignar el lugar donde me encuentro como otro lugar.
HISTORIA DEL DOBLE
Hay quien se deja a sí mismo en casa cuando sale a la calle. No
quiere duplicarse. En la esquina se encuentra con otro que,
sorprendido, lo increpa:
- ¿Cómo? ¿Y no acabo de dejarte en casa?
Y tiene el coraje de aconsejarle: - Deberías haber salido antes
de partir. Eso te hubiera ahorrado hacer el trayecto. Y te
habría permitido llegar sin moverte del sitio de partida, justo
en el momento en que partías y sin pérdida de tiempo.
SOY INVISIBLE
A veces salgo a la calle y me pongo a dar gritos: "soy
invisible". La gente se me queda mirando: “está loco,
¿cómo puede creerse semejante desafuero?"
- Sí, les respondo, soy invisible. Lo que ustedes están viendo
es mi voz.
Que se vayan acostumbrando. Que sepan que soy el Verbo. Y
continúo gritando: "soy invisible, soy invisible”.
EL MORIBUNDO
- No creo que este sea el mejor momento para quejarme - dijo
el moribundo, haciéndome notar, con un leve movimiento de cejas,
que su cuerpo se había encogido desproporcionadamente hasta casi
borrarse sobre la sábana.
- La ventaja de desaparecer - añadió en seguida- es que con la
desaparición material, y en este caso también espiritual,
desaparece toda queja. Ya lo habrás notado: mi voz es ahora tan
imperceptible que sólo por condescendencia alguien admitiría que
la ha oído. ¿A quién, después de haberla visto describir una
parábola en el aire, se le podría ocurrir que hubo una vez en
que habitó un cuerpo?
LOS MERCADERES DEL CUERPO
En este momento me doy cuenta, no de que comen en mi corazón,
sino de que, antes de comérselo, materialmente se lo reparten.
Para esto ni necesidad hay de que lo extraigan. Lo hacen igual
allí mismo donde el corazón late, distribuyéndose de manera
equitativa sus partes, sus ventrículos, su músculo, su sangre,
y hasta sin acudir corriendo a cerrar las válvulas. Si
entretanto guardan silencio, es por pura cortesía, para evitarme
la molestia o el sobresalto. No vaya a ser que ya en
conocimiento de causa, látigo en mano, me decida a echarlos del
templo de mi cuerpo.
- Ni tonto que fueras - me alertan José y María- . ¡Por nada del
mundo permitas que te lo coman!
LA EMOCION ESTÉTICA
Cuando el peligro de un derrumbe deja de manifestarse como una
amenaza que pone en peligro la vida de todos nosotros y se
convierte en catástrofe pública, entonces aparece alguien como
venido del cielo dispuesto a declarar la parte afectada:
ZONA DE DESASTRE
El rótulo bien diseñado e impreso en una valla de gran tamaño y
claramente visible al borde de la vía, sobre un barranco a duras
penas contenido por el muro de gaviones, tiene gracia y hasta
despierta la emoción estética:
- ¿Ah, y no les parece a ustedes que es bastante artístico? -
pregunta a su comitiva, una y otra vez, este esclarecido
Ministro.
EL DISCURSO PÚBLICO
Nuestro invitado está bastante ocupado en oírse a sí mismo para
prestar atención a lo que los otros contertulios del pánel
hablan. De manera que cuando a él le toca el uso de la palabra,
lo hace manteniendo la boca cerrada para que no se vea lo que
dice y se llegue a descubrir que no ha dicho nada.
- Por favor, le pedimos que hable de la boca para afuera. -
grita indignado uno del público, dirigiéndose al pánel.
- ¡Cómo diablos! ¿Acaso puede hablar en mí otro que no sea yo
mismo? - se le oye decir por primera vez a nuestro invitado,
visiblemente herido en su amor propio.
REALIDAD DE LA FICCION
La ficción literaria comete doble arbitrariedad:
La de la invención misma y la arbitrariedad
con la cual imita lo que ya en sí mismo es
arbitrario: la realidad.
En la noche que se escuche el alarido en lo que se escribe y no
el resuello o la respiración del que escribe. Escribir
machacando, dando golpes sobre lo escrito y que sea el puño y no
el lápiz lo que transmita la pulsión de esa tinta parpadeante
desde donde, a la luz de la lámpara, se ve correr un hilillo de
sangre.
LO QUE NO DIJO RIMBAUD
El verdadero huracán es el que “abre grietas en los muros,
confunde el giro de los carcomidos tejados y dispersa los bordes
de los hogares” (Rimbaud).
Esto es decir poco, señores, si no se añadiera que el verdadero
huracán nos lleva en andas, arranca postes, volatiza cuerpos,
arrincona sueños, derrumba nuestras casas y abre heridas
profundas en la tierra para instalarnos, con todo y televisor, a
tres metros bajo el lecho de piedra.
OCCIDENTE
- Estas cosas merecen salir al aire y ser vistas en pantalla:
una mosca parada en la bota del ahogado. El paraguas sólo a dos
metros por encima de la cabeza tapiada por el barro. La nueva
topografía trazada por los torrentes que cavan fosas comunes
debajo del deslave. La pista de barro donde las rocas se pelean
por arrebatarle protagonismo al oleaje. Manden pronto un
fotógrafo.
EL ENEMIGO
Imagínense un cuerpo con muchos órganos pensantes.
Pascal
Huyo de un enemigo cuyos brazos terminan en garras. Huyo
convencido de que, si éste apurara el paso, en pocos segundos
me daría alcance. Pero no se da prisa, tarde o temprano va a
hacerlo, sin que tenga que estirar los brazos ni sacar las
garras. La sola idea de que soy perseguido acabará venciéndome.
Y estaré allí, tirado en la vía, listo para comprobarlo.
LOS FEROCES INVALIDOS
"Volveré con mis miembros de hierro", escribió Rimbaud. Regresó
sin embargo, al poco tiempo, en una camilla, con un tumor en uno
de sus fémures, por lo que hubo necesidad de recluirlo en el
hospital de Marsella para amputarle una pierna.
También escribió que "las mujeres cuidan a esos feroces
inválidos allegados de las regiones cálidas". Y esto no lo dijo
con intención profética. Pero vean: ahora las enfermeras del
hospital de Marsella, con sus cofias blancas, acompañadas por
la casta y dulce Isabelle, cuidan la pierna emponzoñada del
viajero. No tardarán en presentarse las erinias. La verdadera
"temporada", ay, habrá comenzado para el pobre Arthur.
- Yo no soy ese señor Rimbaud - me dijo el paciente de al lado,
a quien yo acababa de leerle la cita del libro. Mi nombre es
Arturo, es cierto, pero yo no escribí esa impertinente frase,
aunque soporto una situación parecida. Dios no quiera que sea
idéntica. ¿Acaso yo es otro? Me van a operar de una pierna en
este hospital y estoy listo para entrar al quirófano. Dentro de
poco vienen a buscarme. Fue entonces cuando entraron las
enfermeras de cofias blancas. Pusieron al paciente en la camilla
y antes de empujarlo hacia la puerta, tuvieron tiempo de mirar
de soslayo el librito que estaba sobre el centro de mesa:
Una temporada en el infierno.
PUÑAL
Me hacen culpable como si yo
Hubiera elegido ser el que
soy y como si por haber ele-
gido ser el que soy fuera
culpable de haber hecho lo
que he hecho. Pretenden
ignorar que todo esto
fue desde un co-
mienzo una
coartada
de la
provi
den
cia
.
NOTICIA
La visita que a la pirámide Tikal iba a efectuar la comitiva
oficial concluye en el desastre aéreo en donde todos los
pasajeros de la nave perecen, sin que ninguno de ellos acertara
a divisar desde el aire, minutos antes, cuando el avión
sobrevolaba el aeropuerto de Santa Elena en un último intento de
aterrizar, la famosa pirámide maya.
Por algo se le dice al hombre viajero: su misión
consiste en pasar. En cambio
la pirámide siempre
queda
.
EL DESCONOCIDO
Nunca tuvo bastante amor propio para pensar que su fuerte
pudiera llegar a ser la escritura. Por el contrario, fue la duda
lo que alimentó en todo momento las expectativas que, respecto a
su posibilidad de triunfo, se hacía. Y así fue siempre. A tal
punto que se aplicó a su tarea con demasiado realismo, sin
ninguna esperanza, y alcanzó a ser lo que esperaba de sí: un
desconocido.
LA DESPEDIDA
Puede ser que uno esté viendo por última vez a esta persona que
justamente pasa a nuestro lado en la calle. De hecho, lo que
entendemos de este encuentro es que podría suceder que a esa
persona no la viéramos nunca más y que con la acción de verla
ahora estaríamos despidiéndonos para siempre de ella. Pero esa
misma persona también puede estar pensando que nos está viendo
por última vez y que con su acción de vernos ahora es ella la
que estaría para siempre despidiéndose.
CLON
- Vea lo que tenemos aquí: un sexo con todo y cabeza - dijo el
asistente ante el híbrido viviente que acababa de asomarse por
la boca de la probeta.
- Shhh, pero hay que guardar discreción - repuso el profesor,
constatando el éxito de su experimento.
LA VISITACION
Cuando despertó supo que el ángel la había visitado esa noche
por el reguero de plumas que dejó en la cama.
VIRUS LISTO PARA EL ASALTO
Es imposible que pueda tener éxito en la defensa de mí mismo si
sólo contara con mis propias fuerzas. Si un ejercito venido en
auxilio desde las inmediaciones no fuera capaz de advertir que
con mayor encarnizamiento que yo combaten los enemigos que,
listos para el asalto final, han ocupado posiciones dentro de
mí.
ESPEJO DOBLADO EN MULTITUD
1
Andando por la calle, los espejos están siempre a la mano. A los
más fieles, a los más sensibles, se los encuentra en los rostros
de la gente, en sus miradas de hoy, en sus cansancios de siglos.
Con tal persistencia que ya no se duda de que un rostro comporta
muchos otros en los cuales se faceta, como en un espejo doblado
en multitud, ay, uno mismo.
2
(Con pie de asfalto)
Normalmente, el brillo que adquiere el pavimento proviene del
asfalto caliente frotado por las llantas y los perros; no es
éste el brillo que mejor sirve de espejo al sujeto que atraviesa
la calle, de acera a acera, mirando hacia todos lados.
Convendría, sin embargo, tenerlo en cuenta entre aquellas
curiosidades que, sin ser cristales azogados, espejan. Y
devuelven a quien mire hacia abajo en las aguas de este Gehena
urbano un alma que se pliega tan bien al pavimento que una vez
derretida ni con rastrillo ni tractor se la podría despegar.
QUE SE SINCERE
Hay que ser sinceros. Pero que en la sinceridad no pasemos de
serlo con nosotros mismos. Respecto a la realidad, uno no puede
sino desear que sea ella la que se sincere. Pero entonces se
calla.
- Idiota, no me increpes, por favor - responde la realidad- .
Estoy demasiado ocupada conmigo misma y, además, de mal humor.
Y esto, como cantinela, a diario.
LA MUERTE DEL NARRADOR
A José Donoso, in memoriam
Minutos antes de morir ha quedado, como quería, completamente
solo, consigo mismo. Es cierto. Ya no hay nadie en el cuarto,
salvo el espectro vacío que dejó tras sí la figura de la
enfermera al marcharse. Sólo la pose del héroe en el retrato
enmarcado está allí para proclamar desde el muro la retórica del
hecho, justamente cuando más colmado se halla él por los
personajes de sus libros, que se agolpan delante de la puerta
como si todos ellos a la vez quisieran entrar de primeros a
despedirlo…
LA REALIDAD
Estaba tan próximo a la realidad del hecho que no podía percibir
más que la página donde lo había descrito. La realidad para el
escritor es siempre lo que él cree que sabe de ella. Respecto a
la realidad, la experiencia es algo que el escritor sólo se
imagina. Y, lo que es aún peor, que no puede comunicar.
Corolario
La recreación de la experiencia vivida en el momento de
describirla es una experiencia nueva. Y consiste no en cómo
recordarla, sino en cómo volver a experimentarla.
EL SUEÑO DE LA ESCRITURA
En la mitad de mi sueño llegué a pensar que la tinta empleada
para escribir era sangre. Pero lo escrito
resultaba en el sueño demasiado borroso, no ya para descifrarlo,
sino para saber si estaba escrito con sangre.
En realidad la punción de la pluma en mi piel era la herida que
abría en la página en blanco. En realidad, la punción de la
pluma en la página en blanco era la herida que me abría en la
piel.
LO QUE PUEDA HACERSE CON LA EXPERIENCIA
Si el narrador no necesita experiencia, es porque puede
imaginarla. Esto no sucede con el poeta. El poeta tiene que
procurársela. Así sea matándose. Y dejando que otros comprueben
por él, más adelante, cuando esté muerto, que la realidad en el
caso del poeta cuenta más que la ficción. Así haya hecho de él
mismo un mito.
AL BORDE DE LA PISTA
Me repongo de la caída a un lado de la pista mientras el resto
de los caballos, montados por jinetes briosos que miran de
frente a la meta, se aleja en tropel. Sólo yo, de todo el grupo,
permanezco tirado en la cuneta. En la próxima vuelta les daré
alcance, pienso. Sí, ¿pero quién traerá el caballo, halado por
la brida? ¿Quién lo hechizará, de noche, en medio de esta
lluvia?
TODO VOLVERÁ A SU SITIO
Yo no podía dormir pensando en mi joroba. Confesaré que, a falta
de otros bienes, estaba en la obligación de cargarla conmigo y,
como si fuera poco, de amarla. ¡Buena tajada que yo llevaba con
más decoro que mis antecesores! Y hasta me permitía declarar mi
mal gusto haciendo chistes a costa de ella. Finalmente,
fastidiado, un buen día me dije: "Al diablo con tantas
contemplaciones. No te hagas la vista gorda, ponla en su puesto,
vive."
Entonces me di a la tarea de disimularla con el fin de anular,
hasta donde me fuera posible, su fuerza de crecimiento.
Permanecía recto en la última vértebra todas las veces que iba
yo por la calle y aun más en aquellas ocasiones en que, estando
frente al espejo, adquiría una conciencia exagerada de mi
joraba, como si ésta fuese un miembro más de mi familia. "Es
asunto de educación" - oía en mí mismo una voz que me
aconsejaba. Pero entendía enseguida que a quien se debía educar
era a mi joroba, porque ¿qué más educación de mi parte que la
consideración que a diario le prodigaba?
- Puede ser que se trate sólo de una falla coyuntural - admitía
yo al cabo rato de volver una y otra vez sobre aquel
enojoso asunto. Y concluía diciéndome:
- Espera un poco a que madure. Te abandonará cuando haya crecido
lo suficiente para sentirse autónoma. Cuando compruebe que los
defectos son excesos de la vida.
LA VENTANA PARALELA
Yo asumiría de buena gana que la ventana es un punto de vista
tolerable si no me viera obligado a aceptar la dificultad en
que me pone el hecho de tener que permanecer bastante tiempo
vigilando a través de ella los movimientos de los ciudadanos.
Ahí está el error. Porque sucede que al mirar por el cristal, me
hago objeto de la curiosidad de los que, con el mismo interés
que yo pongo en ellos, me vigilan desde afuera. Automáticamente
la calle se ha convertido para los transeúntes en una ventana
paralela. Entonces, como la rata asediada por mil ojos, corro a
ocultarme entre los papeles.
DIALOGO
- Si no puedes estar a la altura de las circunstancias, al menos
ponte a la altura de tu dignidad.
- Pero si mi dignidad está casi a ras del suelo –respondió el
gusano.
EL PERSEGUIDOR
-¿Monstruo yo? –me pregunto. Y al instante emprendo la fuga,
convencido de que quien me persigue soy yo mismo.
HABLA CONDESCENDIENTE
Hablar con propiedad de un autor lleva implícita la noción de su
desconocimiento. Cuanto más pronto se le olvida, tanto más
realizado como escritor. Se explica así que tenga poca
importancia para nosotros esforzarse en tener éxito en un género
cualquiera, si al cabo, hagas lo que hagas, nunca se comprenderá
que el resultado puede tener más valor por lo que en sí mismo
representa que por el hecho de que lograste el éxito.
Es a esto último a donde nos lleva comprender que quien entre
nosotros
Alcanza éxito como escritor, lo obtiene sólo en cuanto al
éxito mismo con exclusión de todo lo que ha escrito, que sigue
desconocido.
EL ULTIMO DE LA PARTIDA
Si es auténtico, si mantiene con entereza sus convicciones ante
la sociedad y, sobre todo, frente a sí mismo, si se niega a
dejar de ser él, es el último de la partida. Una especie de
rightfielder de la cultura. No importa que sea zurdo,
diestro o ambidextro, en el terreno donde las circunstancias lo
ponen, para allí sólo va de vez en cuando un elevado o un mal
rebote, que él por incompetencia deja pasar, encandilado como
está, según piensa, por el sol de sus reflexiones. Entretanto,
puede darse el lujo, en pleno juego, de sacar una libreta y
garabatear allí unas anotaciones y hasta un malhadado poema.
Nada de lo que en su posición haga es decisivo ni tiene
importancia para el juego. Sencillamente, él está allí por una
suerte de deferencia que consiste en que a alguien debe
confiarse la misión de tapar un hueco.
EL HECHO Y SU ESPERA
La espera de un hecho suele durar más que la acción de
ejecutarlo. A este respecto, para evitarnos demoras
innecesarias, recomendamos a nuestros clientes esforzarse en
trocar las evidencias, de manera de convertir la espera en el
hecho mismo y, viceversa, reemplazar la acción del hecho por su
espera. Así, ésta vendría después de aquél, de forma que,
anulándose, ya no haya espera, pero tampoco hecho.
LECCIÓN DE PATAFÍSICA
Se puede arrojar una piedra y convenir en que se ha lanzado con
tanta precisión que ha caído en donde ha caído. Esto es lo que
se conoce como puntería del azar. Y el hecho de que nada se
pueda hacer para evitar que, al arrojarla por segunda vez, la
piedra caiga en el sitio exacto donde antes no cayó, confirma
que la puntería del azar es una ley que se cumple de todos
modos.
EL ARTE SOMOS TODOS
Hubo una época en que nos propusimos hacer obras de arte con la
gente. Queríamos que todo individuo materializara su presencia
en el mundo como una forma de arte que consistiera en él
mismo. Para esto dispusimos que cada quien llevara puesto un
marco a fin de transmitirle con él nuestra fe en el arte,
demostrándole la conveniencia, y hasta la necesidad, de
transformarle, por efecto de su enmarcamiento, no en un receptor
sino en un sujeto artístico. Esta concepción bajo la cual se
consideraba a los individuos como portadores de una forma
artística que consistía en ellos mismos, la extendíamos también
a los objetos, a los animales, a los árboles y, por qué no, a la
arquitectura. Incluso, nos imaginábamos la ciudad portando por
todos sus lados un marco a la medida de sus cuatro horizontes.
No pensábamos cosa alguna sin su respectivo marco. Los párpados
bien abiertos anticipaban los formatos rectangulares con que nos
esmerábamos en ver materialmente todo lo que nos rodeaba.
- El arte son ustedes, le gritábamos a la multitud desde las
tarimas que habíamos levantado en las plazas. Después de todo el
contexto también cuenta. ¿Acaso no es más real que lo imaginado?
Tanto es así que concebíamos la ciudad como un gran marco en
cuyo interior, como bajo una carpa, cabía justamente nuestra
convicción de que ustedes y nosotros, todos, absolutamente
todos, todos éramos el arte.
PROPIETARIO DE SÍ
Ser psicológica y físicamente dueño de uno mismo excluye el más
allá. Y suprime todo problema metafísico. Podría uno eximirse de
todas las cosas del mundo, pero de lo que es de uno, por nada
dejamos de ser propietarios de sí, aunque ésta sea la última
forma de posesión: aquella que más nos garantiza que no hay
razón alguna para dejar de creer que el universo que no somos
goza de nuestra autorización para sobrevivirnos.
SMITH & WESSON 38
1
El revólver sabe ir directamente al grano. Y esto es todo lo
seguro del asunto. Le importa poco el tiempo que con él se tome
su portador. Su trabajo lo hace rápido, al momento de recibir la
orden. Peor para el que no lo use a tiempo no saber sacar
partido de esta ventaja. La ventaja de no tener escrúpulos de
conciencia.
2
Producir una historia acerca de la cual sepamos todo salvo lo
que va a ocurrir. Del fin nos informarán los hechos a medida que
vayan pasando. Como la vida, no como una película - propongo.
3
Por ejemplo, si en medio de una escena dramática la cámara
desvía nuestra atención trasladando nuestros ojos para que
veamos en primer plano la pistola que está en un rincón de la
mesa, ya podemos adivinar el desenlace. Esto nos quita todas las
ganas de seguir viendo.
En la realidad, en cambio, la pistola estaría bien oculta. O no
tendría necesidad de ser. O se la inventaría.
4
En general, la víctima abriga en sí misma al victimario. Es a
menudo ella la que primeramente saca el arma. Y la que la pone
en sus propias manos. Y se da muerte.
5
El chacal autocrítico no existe. La langosta,
El caimán, la triquina y el tábano viven como pueden,
Y tan contentos.
W.
Szymbosrska
-
Tienes que rendir cuentas para explicar por qué apareces en el
listado de muertos. Eso me pide el victimario. Pero es él el que
posee las razones. Y se calla la que yo tengo para querer seguir
viviendo.
6
No vaya usted a creer que el emperador no hubiera querido
asesinar a cincuenta millones de enemigos. Si no lo hizo fue
porque no había tantos en todo reino. Se conformó con los que
había.
ESTATUA DE PAPEL
En lozanía el bronce no puede competir con las plantas del
jardín, Pero es inmortal. Todavía más que el recuerdo glorioso
de este gran héroe cuyo sólo nombre inscrito en la placa
comunica más brillo a la estatua que, desde lo alto, enfatiza su
porte marcial.
- !Tú que la tomas en burla orinando sobre su pedestal, no creas
que la ofendes! No llegarás a ser como el bronce inmortal.
ESCENA CON BUITRE
Que el hígado de Prometeo se reproduzca incesantemente se
explica por el apetito insaciable del buitre. El apetito de
éste se regenera también por obra de la reproducción incesante
del hígado de Prometeo. De forma que el ciclo se reanuda
continuamente. Lo que demuestra en este caso que la función hace
al órgano. Pero también lo contrario.
En un momento determinado las fuerzas se neutralizan. El hígado
de Prometeo deja de crecer y se reduce a ese trozo último de
víscera que ahora el buitre engulle de un tirón. Puede
determinarse entonces que al buitre le ha ocurrido igual. Ya no
tiene más apetito pero tampoco víscera de dónde reponerlo.
Ninguno de los dos cede. Ni el hígado de Prometeo renace ni el
apetito del buitre se manifiesta hasta tanto Zeus no lo ordene.
Los dos contrincantes, manteniendo la distancia, se miran de
arriba a abajo. Y la acción se paraliza.
Mientras tanto, un excursionista desprevenido se ha trepado a la
roca y estropea la escena intentando sacar una foto. Zeus,
desde su silla plegable, lo recrimina y, agitando ambos brazos,
grita:
- ¡Corten!
Cómo sabe que la historia se repite.
PAISAJE CON RUINAS
Por extraño que parezca, nada es tan persistentemente grato como
ver las ruinas del palacio desaparecer en medio de hojas y
bejucos de la intrincada jungla. La naturaleza armoniza bien con
el progreso, pero una vez que éste ha pasado.
Entretanto, el paisaje que resulta de la mezcla en porciones
iguales de lo que ahora crece y lo que, beneficiando a la
naturaleza, hace tiempo dejó de hacerlo, garantiza completa paz
a los restos.
AL PAISAJE LE TOCA AHORA LLEVAR LA CRUZ
Los edificios van posesionándose del paisaje sin ser llamados, y
contra el deseo del paisaje. Una vez que lo invaden, es el
paisaje el que, para hacer acto de presencia, necesita ser
invitado.
- En cuanto al paisaje - exclaman los edificios- , preferimos
mantenerlo a raya. Que se comunique por un sistema de luces y
señales a través de azoteas y antenas, y desde las cercas
electrificadas que hemos sembrado. Pero que no se acerque
demasiado. Por algo estamos armados hasta los dientes.
Cuando, puesto en guardia, el paisaje se rebela e inicia la
contraofensiva, el ejercito de edificios saca a relucir su
armamento pesado: bulldozers, caterpillars, tractores,
escrituras notariadas, los profesionales y sus métodos de
encofrado rápido, sin faltar los gerifaltes de turno.
"Trato hecho. Seguimos en guerra. Pronto será aplastado".
En general, sólo se le reconoce autonomía al paisaje cuando
está bien lejos, es decir cuando no le ha llegado la hora. No
falta quien piense que con él no hay que entrar en diálogo.
Sencillamente que se ordene entrarle a saco, preferiblemente al
amanecer, para no perder el día y cuando del tierno verdor de
las hojas se desprende, para no regresar, el bello rocío. Y
croan las ranas.
- Traigan pronto la gran cruz de madera - grita el
operador-jefe. Ya hemos encontrado el sitio donde irá el
Calvario. Y muestra al paisaje crucificado.
AMBROSIO PLAZA
Se lleva la mano al pecho en el mismo instante en que recibe la
bala, como si, cómplice de ésta, se propusiera simultáneamente
tapar con ella la herida. Gesto autónomo y en sí mismo gratuito,
pero importante para la composición del cuadro, pues con él ha
identificado el pintor la causa de la muerte. Y, además, el
gesto conmueve. Y, de paso, vuelve al guerrero inmortal (pero,
ay, sólo en el cuadro).
TOCAS MADERA
Tocas madera debajo de la mesa y tus dedos, sin quererlo rozan
una pelambre fina. - Debe ser la piel del diablo –dices. Para
comprobarlo bajas la cabeza para mirar el reverso de la tabla y
palpas el sitio donde tus dedos acaban de posar su grima:
-Sí, es el demonio –y acaricias su lomo terso.
EL MANIQUÍ
Le pedí que se quitara su trajecito azul para verla desnuda. Una
vez desnuda, comprobé que se trataba de un maniquí. Entonces le
pedí que jugara conmigo como si fuera una niña de verdad. Pero
no. Poniéndose su vestido, se despidió y salió.
Ahora, antes de invitarla de nuevo, tengo que decidir cómo la
prefiero.
¿Vestida o desnuda?
EN VIVO Y DIRECTO
- Es un programa en vivo - me dijo.
- ¿Cómo? ¿Y las cámaras?
- Ya las verás por el camino, mientras llegas al suelo -
respondió.
Y, diciéndolo, me empujó al vacío, desde el noveno piso.
LAS FORMAS DEL EXILIO
Mi cuerpo es el lugar en donde, momentáneamente, he encontrado
asilo. Lo que más temo en mi nuevo estado es que pueda ser
víctima de una orden de desalojo. Y que entonces no tenga yo
otro cuerpo a dónde ir.
A menos que me asignen un galpón en el cielo.
CINISMO
- ¿Hasta dónde te propones descender? –le gritaba aquella
indignada mujer, reprochándole su cinismo, mientras bajaban en
la cabina del elevador.
- Hasta la planta baja-. Respondió tranquilamente él.
CAMBIOS EN NUESTRA ADMINISTRACIÓN
- La única diferencia entre el Licenciado Pérez, director
entrante y el licencido Pérez, director saliente, consiste en
que el primero es neurótico y el segundo también.
¿Cómo es eso? ¿Dónde está la diferencia?
- En que cada uno lo es a su manera.
DE BUENA FUENTE
No deberíamos avergonzarnos porque se nos considere miembros de
la fauna, puesto que, de cierto, los humanoides pertenecemos al
reino animal. La pertenencia a la humanidad luce todavía un
tanto remota. Pareciera una meta para cuyo logro no se han
llenado todos los trámites. Aun no nos hemos bajado enteramente
de las matas.
- Señores, paciencia, hay que esperar. Esa es la única noticia
que les tengo.
LA CIUDAD
No llegué a comportarme como un buen ciudadano hasta que
constaté que me arrastraba con miles de patas. Como el
miriápodos conservé, sin embargo, una sola cabeza. Y así me
paseo por la ciudad y procreo una enormidad de vástagos.
Millares y millares de miriápodos que como ustedes llevan, entre
todos, un sólo ombligo y una sola cabeza. Cuando me reprochan
por qué di este paso, les respondo:
- ¿De qué se quejan? Vean debajo de mí, allí van todos ustedes.
Agradézcanmelo.
PIEDRA SACRIFICIAL
¿Cuánto te duele que la cucaracha corra alocada desde una
rendija en la pared y venga a morir de rodillas frente a ti,
sobre el piso de la mesa donde, con aire triunfal, la esperas
armado con un rociador de insecticida? Ponte en el papel de ella
y empieza ya mismo a bailar esa especie de danza macabra, tú,
tan correcto, noble y servicial.
¡Hipócrita cazador, mi semejante, mi hermano!
PARA AFIRMARSE HACE MESA DE SI MISMO
"Deja tranquila a esa mesa." Eso le dijeron sus padres, a guisa
de recordarle que estaba en la obligación de ser él mismo, de
armarse hasta los dientes de sentido práctico, de tener hábitos
sanos, de mantener la compostura:
"No vas a hacerte inmortal - le repitieron- porque trabajes
todo el día y toda la noche. Abandona esa máquina ya, insensato.
Tienes deberes para con Dios y la familia. Y además, ¿qué es
eso de hacerte ilusiones con la inmortalidad? ¿Acaso has hecho
un pacto diabólico con ella?"
Eso le gritaron sus padres al oído mientras él se afanaba en
escribir y escribir su Gran Obra, y junto con decirlo asestaron
tal puntapié a una de las patas visibles de su mesa que todo se
vino al suelo, como torre de barajas, como burbujas, como
boronas. La mesa y él, su máquina, el mundo y sus sueños.
Y escribió en su libreta:
Barajas, burbujas, boronas.
Con todas se fabrican castillos.
Todas caen.
LA ÚLTIMA PRUEBA
Con ese aire cansado no llegarás a ningún lado. Eso le dijeron.
Natural-mente, al momento él trato de mostrar el otro lado de su
cara, el más liso y persuasivo, el que se oculta bajo la flor de
las vegetaciones de nervios. ¡Este sí que será un talante
rejuvenecido, una presencia más animosa que la que de ordinario
rebota en el ojo de sus vecinos! Pero tampoco así lograba
convencer al jurado. En esta nueva prueba salía a relucir un
ánimo un tanto desvaído, como si el repentino color de sus
mejillas se hubiese escapado y ya no hubiera manera de
recobrarlo. Ten calma, le decían. Nunca será demasiado tarde
para que sea completamente tarde. Le aconsejaban que volviera al
día siguiente, muy de mañana a fin de repetir la prueba, aunque
sin ocultarle la gravedad del hecho de que debía actuar como si
toda nueva oportunidad fuera en realidad la última, la última.
NI SIQUIERA PARA LA MUERTE ÉL REPRESENTARÍA UN BUEN BOCADO
Este hombre que permanece a duras penas aferrado con sus manos
al poste frente al cual su cuerpo dibuja en el aire un signo de
interrogación, ¿acaso dispone de algo más a qué asirse si
fallara él, si fallara el poste, si fallara el débil pulso del
mundo, si fallara el piso bajo sus pies?
Este hombre para quien no hay más pronto ni más nunca, ni más
abajo ni más arriba, este hombre para quien la posición
horizontal es la más neutra y la última, y en cuyo cuerpo a
manera de fosa siempre hay tendida una cama negra lista para
hacerse, este hombre, en fin, sabe que todo podría fallarle,
todo, incluso la muerte. Pues ni siquiera para ésta él
representaría un buen bocado.
LAS SIETE PLAGAS
Tomamos las medidas del caso, siguiendo las instrucciones que
por los altavoces nos daban para que nos protegiéramos de las
siete plagas. Fue así cómo juntamos las hojas de postigos y
ventanas. Las sellamos. Corrimos los cerrojos. Atrancamos las
puertas y las reforzamos internamente colocando entre sus
travesaños pares de vigas clavadas en cruz a las paredes. Señor,
fue todo lo que pudimos hacer.
Ahora, frente a las cruces del cementerio, reflexiono: ¿Cómo
hubiéramos podido resguardarnos del aire? Fue por allí por
donde entraron.
NOTA
“Hipócrita lector, mi semejante, mi hermano”. (Ch.
Baudelaire)
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