Entrevista
a J. A. Calzadilla Arreaza
Rigoberto
Rodríguez
RR - ¿Por qué se hace
necesario poseer una “filosofía de bolsillo”?, ¿cuáles serían
sus ventajas prácticas?
JACA - Creo que para quien
desee poseer hoy en día una filosofía, y no aspiro a que sea el
caso de todos, lo más cómodo es que ésta sea transportable.
Esto encierra en sí una propuesta filosófica, que es la
siguiente: si queremos un instrumento para pensar la realidad, éste
debe ser tan movedizo y cambiable como la realidad en que vivimos,
que se parece tanto al caos. Una filosofía de bolsillo renuncia a
la permanencia en los límites y territorios estables para
transportarse ella misma, desplazarse y refugiarse, a lo largo y a
través de todas las fronteras establecidas hasta ahora como
inamovibles. Especialmente las fronteras del pensamiento, que son
las que determinan el lenguaje, la percepción y la acción.
RR - Háblanos de las
diferencias conceptuales (si es el caso) y temáticas de estos dos
libros.
JACA - Estos dos libros se
nutrieron de una misma placenta, por eso insisto en que deben
leerse uno en correlación con el otro. Los Conceptos, por
ejemplo, pueden ayudar a sistematizar u organizar las ideas
puestas en práctica poética en las Crónicas. Éstas se
escribieron lentamente, y tuvieron mayor tiempo de maduración, y
mayor exposición a la diversidad. Los Conceptos, en cambio,
nacieron como una erupción poética, arrastrándose unos a los
otros, una vez que estaban casi terminadas las Crónicas. De
hecho, fue una serie de textos de las Crónicas, y un personaje
que cobró insistencia, Diógenes de Caracnis, los que me hicieron
sentir el impulso de organizar una especie de manual poético de
filosofía, sobre la inspiración lejana del Diccionario del
Diablo de Ambrose Bierce. Ambos libros son filosóficos y ambos
son poéticos, pero los Conceptos son como el sistema y las Crónicas
como las acciones enunciantes, unos son como la lengua, las otras
como el habla. Por eso yo mismo hago una lectura intertextual de
un libro con otro, en la que ambos se explicitan recíprocamente.
RR -¿Cómo se gesta un
minitexto en la mente de J.A. Calzadilla Arreaza?
JACA - Sin duda nace de un
proceso complejo, aunque su producto parezca simple. Por un lado
hay una idea, por ejemplo, un escritor planifica su suicidio para
vender mejor sus obras completas. Otro escritor podría tomar este
argumento y darle un desarrollo maximalista, llevarlo hasta la
novela incluso. Yo siento urgencia por concretar el efecto posible
encerrado por esa idea de la manera más rápida, capturar la idea
en toda su intensidad como en un fotograma o un clip. Pero por
otro lado, una sola golondrina no hace verano, como decían los
latinos. Un minicuento solo es una curiosidad engavetable, pero si
se intuye diegéticamente un universo, suelo, zócalo o plano
(abordable y desarrollable en una cadena de acciones puntuales y
completas en sí mismas, como en una especie de guerra de
guerrillas) del cual puja por brotar una serie de minicuentos:
puede ser el fabulario, el manual, la agenda, el álbum, el
cuaderno, el códice, etc., etc., entonces uno entiende que el
minicuento o minitexto no es un ente solitario sino un modo de
arquitectura temática, una estrategia expresiva. Uno está
entonces doblemente atento a la idea narrativa o poética, de
realización instantánea, casi gestual, y al plano o campo que
comienza a producir y dirigir las ideas poéticas con miras a su
propio desarrollo. El conjunto de minitextos es una alternativa
arquitectónica a la novela.
RR - Algunos escritores afirman
que no escriben minitextos porque no tienen tiempo para ello, y
que prefieren dedicarse a cosas menos agotadoras, como escribir
libros de ensayos, de crítica literaria, biografías y hasta
novelas. ¿Qué tan difícil resulta escribir un minitexto?
JACA - Puede ser que haya
dos tipos de escritor: el adicto a la extensión y el adicto a la
intensidad. La intensidad no puede prescindir de la brevedad, y
ello no quiere decir que el poeta o el minicuentista sea el único
intenso. Borges, por ejemplo, o Nietzsche, son maestros del
miniensayo, la minicrítica, etc. Tampoco quiere decir que el
“intenso” no pueda a su vez extenderse. Pero el “extenso”
debe alcanzar una velocidad desacostumbrada, como un corredor de
maratón puesto a correr los cien metros planos.
RR - Por otro lado, los dueños
de las editoriales llaman a los minicuentistas “los terroristas
del mundo literario”, seres odiosos e inadaptados que atentan
contra el lucrativo negocio de la gran novela (se ha dado el caso
de autores que se han visto obligados a renegar de un pasado
minicuentístico para poder tener acceso a este exclusivo mercado
editorial).
JACA - Ezra Pound ya
percibía en los años 20 que las editoriales, junto con los
profesores de literatura, son las que impiden la evolución de la
literatura. Porque cuidan su capital invertido: derechos,
planchas, contratos, etc. Ciertamente el negocio editorial desde
hace un buen tiempo se centra en la novela, por razones de
volumen, costo y ganancia. Pero un negocio o una industria no
hacen ni resucitan un género literario, por más que reinviertan
en él. Es posible que las novelas aún se vendan, pero la novela
se halla al borde del sepulcro. Por otro lado, si un escritor
quiere mercantilizarse, entonces estará dispuesto a renegar no sólo
del minicuento sino hasta del antiguo testamento, y a escribir en
aras de la venta no sólo novelas sino cualquier bodrio
impensable.
RR - Y entre los cultivadores
de este género mínimo, ¿cuál será el gran reto?, ¿será
acaso escribir textos cada vez más cortos hasta alcanzar el punto
máximo (o mejor dicho, mínimo) de escribir un texto de una sola
palabra (y el cual va a requerir, de seguro, de un tiempo de
ejecución infinito)?
JACA - Uno puede pensar
que el minitexto es un género de transición, como lo fue el
epigrama en la edad helenística. En todo caso yo lo siento como
una reacción a los discursos totales que deben su credibilidad a
su volumen y figura. ¿Cuál es su punto máximo o mínimo? La lógica
de alcanzar la sola palabra omniexpresiva conduce al silencio o a
la mística. Creo que el minitexto tiende a la expansión a través
de la serie o la secuencia, y puede alcanzar cierto estado de
novela (o antinovela) trazándose ciertas estrategias de composición.
Rayuela es un caso notable del arte minicuentístico aplicado a
arquitecturas catedralicias, pero no arborescentes sino rizomáticas.
Otro tanto podría decirse de Pedro Páramo y otras grandes
novelas contemporáneas. Quizás el minicuento posea el secreto, aún
no sabido por él mismo, de una novela del futuro. O tal vez la
novela no tenga más futuro que el minicuento.
RR -¿No será que se escriben
minicuentos para hacer sentir incómodo a alguien?, ¿sólo por
molestar?
JACA - Si el afán crítico
se lee como afán de molestar, es cierto que el minicuento, como
todos los géneros menores, arroja pica-pica en los lomos de la
literatura. También hacía eso Fedro con sus fábulas frente a
monumentos como La Eneida. ¿Por resentimiento? Quién sabe.
RR - Otra cosa interesante es que cuando se le pregunta a
un minicuentista (o minitextista) cuáles son las obras literarias
que más admira, responde cosas como: El Quijote, Moby Dick o el
Ulises de Joyce, ¿no es esto acaso una contradicción? De paso:
¿cuáles son tus libros preferidos?
JACA - Es posible que el
minitextista tenga un sentido más fino que los demás para la
fragmentariedad inherente a la novela moderna, y justamente has
mencionado tres pilares de la novela moderna. Ésta es un inmenso
amasijo de fragmentos cuyos cabos se estiran y se hilan en busca
de un tejido arquitectónico. El Quijote inventa en su interior la
metaliteratura y el metanarrador. Moby Dick es una infatigable
novela fragmentaria, con fragmentos de diversas proporciones, a
veces prolongados y agónicos. Del Ulises se podría decir lo
mismo. Para sorprenderte aún más que otros minicuentistas, te
diré que uno de mis libros favoritos es En busca del tiempo
perdido, de Proust.
RR - Ian Fleming decía que el
golpe de suerte para un escritor era que a alguien se le ocurriera
llevar uno de sus libros a la pantalla grande. Me pregunto si se
podrá sacar una película de un minicuento.
JACA - Creo que la idea de
un minicuento, y no quiero decir de todo minicuento, puede ser
infinitamente desarrollable, hasta la novela o el filme. Ahora, es
posible que dada una novela o película, y un minicuento de una
misma idea, sea mejor el minicuento, o por lo menos más breve y
menos fatigante.
RR - Y en todo caso, ¿por qué
molestarse en seguir escribiendo textos cortos o largos cuando ya
Bill Gates declaró hace pocos días la inminente muerte del
libro?
JACA - Creo
que Bill Gates no ha tenido la oportunidad de leer un buen libro
de minicuentos últimamente.
Minitextos
CONCEPTO
Mecanismo según el cual
el alma se apodera de las cosas, de los significados y de otras
almas.
Hay almas prisioneras de su propio concepto. Son las que conciben
como concepto el alma misma. Según ellos el concepto comprende
una definición y unos ejemplares, una identidad y unas
diferencias, un género y unas especies.
El concepto constituye lo común de muchas cosas. Es el modelo
mental que da forma a los objetos. Un objeto sin concepto es
insignificante.
Por eso los filósofos se disputan los conceptos unos a otros, y
se arrancan y destruyen y se arrojan conceptos a la cara.
De ellos depende el valor de la existencia.
COSA
Las cosas piensan. No
tienen conciencia de sí, pero piensan lo que son. Y su ser es su
pensamiento de sí mismas. El pensamiento está echado en la cosa.
El conocimiento de la cosa se apodera de ella y la somete a las
torturas del nombre y del número. Pero la cosa sigue pensándose
en silencio, sin que el conocimiento la descifre totalmente, pues
la cosa es infinitamente indescifrable.
La cosa es el más universal de los géneros, y no el ser, como
creían algunos griegos.
DESTINO
El destino es la sintaxis
del todo, dijo un emperador romano, quien entendía el imperio
como una sintaxis y el poder como una gramática.
Trama universal en la que cada individuo juega un rol preciso y
definido. Las infinitas circunstancias, todas confabuladas y
desembocando en nosotros, nos obligan a acatar el rol o a ser
arrastrados por él. La comprensión de la necesidad e
inevitabilidad de nuestro papel es la comprensión del destino.
Nadie puede escapar del destino a menos que su destino sea escapar
del destino, lo cual no es cosa improbable.
DIALÉCTICA
Cruel divertimento griego
que consistía en demostrar la ignorancia del adversario poniéndolo
en contradicción consigo mismo, mediante una secuencia estratégica
de preguntas a las que sólo se podía responder por sí o no.
Tal técnica ha sido heredada por los abogados y otros agentes del
poder discursivo.
La dialéctica, aun la moderna, se explica por el papel dominante
de la contradicción como función lógica.
Para ella dos realidades enfrentadas se niegan necesariamente una
a la otra.
Lo que no puede afirmar la dialéctica es que dos realidades no se
contradigan sino que se entreafirmen, aun cuando una se imponga
sobre la otra.
[Tomado del libro Conceptos para una filosofía de bolsillo,
Ediciones El mar arado, 2004.]
***
CONOCIDOS
Cuando deambulo en la
multitud huyo de los conocidos. Los conocidos quieren vagamente
apresarte entre el torrente de cuerpos; los conocidos siempre, en
ese breve instante, te encuentran cambiado, hurgan en tu fisonomía
en pos de aquellos rasgos reconocibles que si embargo te restan;
no se dan cuenta de que ellos también son otros, aunque se
aferren al recuerdo que tienen de ti, como una pieza de su propia
identidad escurridiza. Ya pronto uno no tiene más nada que
conocerse. El torrente sigue. Por eso yo prefiero a los
desconocidos.
CATÁSTROFES
DE VIDA
Soy el sobreviviente de
varias catástrofes de vida. Varias veces he cambiado de pasado,
como si dilapidara fortunas sucesivas. Nada me mueve siquiera a
enumerarlas. Con el fluir del tiempo he perdido todo interés
paleontográfico, dejo que mi historia sea como un mar sin nombre
y sin escala, donde los objetos restantes flotan o se hunden sin
ley determinable. Hay varias Atlántidas mías en esos sinfondos,
pero yo floto, sin pretensiones de navío, más bien como
fragmento de corcho, en esta superficie del olvido.
LOS
IGUALES
Los iguales muestran ese
aire suficiente que les presta la multitud en que se reflejan.
Quizás el placer de ser iguales al conglomerado los dota del
poder de la unidad. El igual busca borrar toda diferencia suya, a
fin de ejercer un personaje colectivo, cuya cara un tanto idiota
le sonríe en todas partes, y le da la bienvenida a su exclusivo
estatus, desde el cual clama con banderas en las tribunas que le
emplazan con esta finalidad. Quizás el placer de ser igual a la
mayoría lo releva del cargo de diferenciarse, sobre todo en las
noches, en las soledades, cuando queda a ras de piel con el bicho
raro que es para sí mismo.
PELIGROS
BIOLÓGICOS
Un día van a descubrir
que el sol de la mañana produce ceguera
van a descubrir que el café
con leche
trae cánceres diversos
descubrirán que hacer el
amor
conlleva inevitable el colapso cardíaco
harán saber que el olor
de la flor
degenera el tejido hepático
difundirán como lo han
hecho
que la vida atenta incansablemente
contra sí misma
Pero no importa
también descubrirán, y ya lo dicen
que una tarjeta de crédito
dorada
y una egolatría de César en pijama
frente al televisor universal de su alma
son la panacea infalible
para esta vida miserable
tan expuesta al peligro biológico
[Tomado del libro Crónicas y tópicas de la
edad de la muerte, Ediciones El mar arado, 2004.]
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