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Tierra
roja, tierra negra
de Edmundo Aray, un entramado
intertextual en el que dialogas múltiples voces
Carmen
Virginia Carrillo
La lectura de las
producciones literarias de una época dada ofrece un mapa del
imaginario que diseñaron sus protagonistas. La poesía de orientación social
y política, en la Venezuela de los sesenta, al igual que en el
resto de América Latina, está condicionada por la lucha
revolucionaria cuyo modelo es la triunfante revolución cubana.
Esta poesía constituye una fracción importante de la
dominante de una década en la cual la subversión es la meta.
Subversión estética y política, necesidad de ruptura, búsqueda
de cambio de escenarios y protagonismos. En todo este panorama las
convicciones ideológicas juegan
un papel preponderante.
El libro Tierra
roja, tierra negra, de Edmundo Aray, publicado el año de 1968
por el Departamento de Publicaciones de la Universidad de los
Andes, puede leerse como el testimonio de una década convulsa; en
el poemario una pluralidad de voces da cuenta de la confrontación
entre las estructuras de dominio de los centros de poder y las
periferias subversivas.
En este
libro Aray deja a un lado el lenguaje intimista de su
anterior producción, Cambio de soles, editado en mayo de
ese mismo año por la Dirección de Cultura de la Universidad
Central de Venezuela , para adentrarse en un discurso poético
de denuncia, más cercano a la línea de trabajo que realizara en
los minimodramas de Twist
presidencial, publicado en las ediciones tubulares de El
techo de la ballena, en 1963.
Con un discurso testimonial, directo y a ratos
panfletario, da cuenta de algunos de los acontecimientos que
sacudieron al planeta. Particularmente cuestiona la postura de la
iglesia católica en la segunda guerra mundial, el racismo
y la política exterior de los Estados Unidos. Ocupan un
lugar preponderante del libro los movimientos de protesta de los
negros en los Estados Unidos y la guerra del Viet Nam.
El libro está concebido como un abecedario, al que
el autor da el calificativo de “impuro” (Aray, 1968:139)
formado por 21 poemas y un epílogo. En este último se menciona a
todas las personas que, de una u otra manera, lo inspiraron y que
están presentes, ya como personajes a los que menciona o como
voces que hablan
desde el texto. En el entramado intertextual
dialogan las dos ideologías. Los detentadores del poder,
bien sea político, religioso, económico o bélico, se muestran
en su vano intento por justificar las atrocidades que cometen en
nombre de la justicia o el bien común, mientras que los
oprimidos, llámese negros, vietnamitas o pueblos de América del
Sur, aparecen representados como el poder de la resistencia, el símbolo
de la subversión. La voz del otro que se alza en busca de
solidaridad.
Un cartel
que ocupa toda una página, en fondo negro y
letras blancas, con el siguiente
texto:
LA
REVOLUCIÓN QUE COMIENZA
VOLVERÁ A CUESTIONAR NO SÓLO A
LA SOCIEDAD CAPITALISTA, SINO TAM
BIÉN A LA CIVILIZACIÓN INDUSTRIAL.
LA SOCIEDAD DE CONSUMO DEBE PE
RECER DE MUERTE VIOLENTA. LA SO
CIEDAD DE LA ALINEACIÓN DEBE
PE
RECER DE MUERTE VIOLENTA. QUERE
MOS UN MUNDO NUEVO Y ORIGINAL.
RECHAZAMOS UN MUNDO DONDE SE
RECIBE LA SEGURIDAD DE NO MO
RIRSE DE HAMBRE A CAMBIO DEL
RIESGO DE MORIRSE DE FASTIDIO
aparece cinco veces en el libro. El mismo, en color
rojo y con el título del libro y el nombre del autor, sirve de
portada. Además del cartel,
encontramos repetidas tres veces cada una, fotos de Ho Chi
Minh y El Che Guevara. El libro ofrece el estilo de diseño
editorial usual en las publicaciones de
Rocinante. Cabe recordar que Edmundo Aray formó
parte del comité editorial de este grupo.
En líneas generales el libro ofrece una imagen de
la Revolución como un proceso inevitable e irreversible para los
pueblos del mundo.
Algunos de los poemas son largos y están dividios
en partes. Antecediendo los poemas aparecen, por orden alfabético,
letras en mayúscula, hasta llegar a la V, con la omisión
de la K. La E y la F aparecen
en la misma página.
Los dos
primeros poemas se inscriben
en la tradición ballenera de El techo de la ballena.
“Melville, mi antepasado” y “Yo monto en el Pequod” abren
el libro haciendo explícita la intención del autor: “Este
abecedario impuro hará temblar/ -de cólera por rabiosa- / a los
que se hallan bien colocados.” (Aray, 1968:11) y reconociéndose
como descendientes de Melville: “Melville, noble antepasado,
cito:” (Aray, 1968:11). ¿Acaso podríamos ver en la relación
que el hablante establece con el novelista norteamericano, una
concordancia de motivaciones y un fondo alegórico y ético común?.
Así como Melville condensó en la imagen de la ballena toda la
maldad y monstruosidad y en el capitán Ahab el deseo de venganza, el
hablante de Tierra roja, tierra negra nos habla de otro
monstruo no menos peligroso: el imperialismo norteamericano y su
afán de dominación y del capitán (los líderes de la Revolución)
que busca venganza en nombre de los oprimidos.
Más adelante un fragmento de un discurso de Fidel
Castro, que forma parte del poema “Pobre Negro” expone:
Y ellos saben que nosotros
destruiremos al imperialismo desde afuera.
Y ellos saben que ellos –los otros-
lo destruirán desde adentro.
Y es que algo ocurre sobre la tierra.
(…)
-Afirmamos el derecho a la rebelión
y a la violencia.
(Aray, 1968:79)
En “Canción del Che” el comandante dice estas
palabras:
Animal carnicero
que se ceba en los pueblos inermes;
eso es lo que hace el imperialismo contra el hombre,
eso es lo que distingue al blanco imperial.
(Aray, 1968:99)
El tercer poema, “Asdrúbal, mi primo”, es un
texto necrofílico, que inevitablemente nos remite al “Homenaje
a la necrofilia” de el techo de la ballena. En el se
reiteran tanto la ascendencia con Melville, como la intención, ya
mencionada en el primer poema, del autor:
Asdrúbal, mi primo,
me ha traído un corazón de mujer.
Tócalo, me dice.
Lo hueles.
Tenía veintiséis años.
Me llevó un mes prepararlo.
Es un trabajo demasiado bonito, dice.
Asdrúbal tiene siete años en la morgue.
Le tocó Libia, recuerda,
la muchacha del circo.
Daba un amor lavarla.
tiernita como era.
Asdrúbal suspira.
Me aflige el domingo, dice,
Porque es un día largo y no soporto el ocio.
Asdrúbal lee a Melville.
Es grande el peligro, advierte.
Este abecedario impuro hace temblar
a los que se hallan bien colocados.
No entiendo, digo.
Cualquier vagabundo tiene amor, dice.
Asdrúbal, mi primo.
(Aray, 1968:19)
En el cuarto poema, titulado “Hombres de armas
tomar”, el yo lírico,
nos habla de la traición. Se remonta a Babilonia, habla
del Rey Baltasar, luego de San Pedro y su traición a Cristo, de
Hamlet.
“Pio Benito” remite a la segunda guerra mundial.
En el título se conjugan los nombres de Pio XII y Benito
Mussolini. A lo largo de doce poemas hablan los jerarcas de la
Iglesia que justificaron y apoyaron al Führer. Al final del poema
el yo lírico dialoga con Aimé Césaire , lo invita a
indaga en el tiempo y en la historia para desenmascarar el
genocidio:
Me tientas, Aimé.
Se trata de armar la historia.
No de sacar viejos esqueletos del armario.
(Aray, 1968:34)
La imagen, que da el poema, de la alta jerarquía
eclesiástica contrasta con la referencia que el yo lírico hace
de los sacerdotes revolucionarios
latinoamericanos en “Esto leo a mi hija”. En este texto,
estructurado como un parte informativo, de las ciudades de
Rio de Janerio, Lima, La Habana, Santo Domingo, Washington
y Alabama, se habla de Alipio de Freitas, Salomón Bolo Hidalgo,
Camilo Torres Restrepo y demás sacerdotes católicos
comprometidos con la lucha revolucionaria antiimperialista.
En el poema que da nombre al libro, “Tierra roja,
tierra negra”, encontramos referencias personales del autor, de
su familia y sus amigos. Al identificarse el yo lírico con la
imagen autoral, se intensifica la idea la función social del
poeta. En estas
estrofas el lenguaje cambia de tono,
predominando el coloquialismo.
El hablante escoge como tu implícito, al poeta
newyorkino Walter Lowenfels,
a quien da el tratamiento de
camarada y le manifiesta el deseo de conocer su país, de
visitar a Williams Carlos Williams y Allen Ginsberg :
Me negaron la visa, Walter.
Ahora tengo más deseos de ir a tu país.
Dicen que quiero asesinar al Presidente.
Ciertamente, cambié de planes,
yo quiero conversar
contigo,
leer tus poemas
(Aray, 1968:55)
La referencia a los Estados Unidos se articula a
partir de la mención de sus más
admirados poetas, además de los anteriormente indicados encontramos la alusión a Emily Dickinson
y a Walt Whitman. De la imagen de estos escritores pasa a
la evocación de
ciertos paisajes descritos por ellos, del Hudson y los abedules. Esta representación contrasta con la que
ofrecerá en los poemas
siguientes. En “Malcom,
tu eres negro”, por
ejemplo, el yo lírico convertido en Malcom X narra
acontecimientos de su infancia en el siguiente tono:
Cuando mi madre me llevaba en su vientre,
una banda de caballeros del Ku-Klux-Klan
irrumpió en nuestra casa de Omaha.
Aullando, amenazando,
los caballeros del Klan espoleaban sus caballos
y cabalgaban a lo largo de la casa,
rompiendo vidrios con la culata de sus fusiles.
(…)
Mi padre vio morir de muerte violenta
a cuatro de sus seis hermanos.
Tres de ellos en manos de los blancos.
El otro fue linchado.
(Aray, 1968: 59-63)
La violencia, la muerte, la opresión, las
injusticias sociales y el racismo, son las matrices semánticas
que se reiteran en la mayoría de estos textos.
Los últimos poemas del libro se refieren a la
guerra del Viet Nam. En ellos el hablante se hace eco de los
lamentos de los pueblos que son masacrados, del coraje de sus líderes,
de los llamados a la resistencia.
El tono narrativo predomina en el libro. En
oportunidades encontramos escenas
cercanas a las imágenes cinematográficas, descritas como
“flashes” simultáneos:
Saigón
Te decretaron toque de queda.
Saigón
Comandos guerrilleros tomaron la embajada.
Saigón
Instalaron morteros en los jardines.
Saigón
Con el sol afuera, Saigón,
Los guerrilleros adentro, la bandera roja.
Washington
La inauguramos hace tres meses.
Carece de ventanas.
Para qué ventanas?
En el techo una pista de aterrizaje.
Para qué helicópteros.
(Aray, 1968: 132)
En los textos encontramos intercaladas
imprecaciones, fragmentos de discursos, diálogos, canciones,
partes de guerra, noticias, rimas de juegos infantiles:
“Y tin marin de dos piriguel. / No hay juego. / La cosa
está que arde. / Los negros se armaron de cortaplumas.” (Aray,
1968:83); un poema escrito en forma epistolar: “Carta a Lindon
B. Jonson” (Aray,
1968:121), etc. Consideramos que la utilización de esta amplia
gama de sub géneros discursivos,
en un mismo poemario es parte de la estrategia subversiva
que busca transgredir las estructuras poéticas y los
convencionalismos literarios.
En la relación binaria que se articula a partir de
los pares imperialismo/subversión,
el yo lírico, se sitúa en el espacio discursivo de la subversión
y su palabra es la de todos aquellos que adhirieron a las múltiples
y pequeñas rebeliones
o a la gran Revolución de los pueblos oprimidos.
Aray utiliza diversos recursos gráficos para la
introducción de las referencias intertextuales. En algunas
oportunidades recurre a las comillas, en otras a las negrillas. A
momentos la voz del hablante se mezcla con el texto foráneo
generando una especie de collage discursivo.
Poesía que utiliza la ironía para desmitificar y
descubrir la verdad
que se esconde tras las máscaras del poder.
Escritura subversiva,
tanto en el plano explícito de la postura ideológica, como en el
proceso mismo de su construcción. Un discurso poético novedoso
que se articula en base a una pluralidad de voces que dialogan en
un mismo espacio textual. El hablante se hace presente para luego
ceder la palabra a los otros, llámese Malcom X, To Huu, Fidel
Castro, El Che Guevara, etc.,
a quienes parafrasea
o cita. En este sentido encontramos una doble coherencia: la que
se articula en las estrofas en las cuales el yo lírico habla
por si mismo o asumiendo las voces ajenas como propias y
aquella en la que claramente se demarcan las fronteras existentes
entre el texto propio y los fragmentos de los autores citados.
Tierra roja, tierra negra
construye una realidad discursiva en base a una referencialidad
reconocible por el lector: nombres, lugares, personajes, fechas,
acontecimientos históricos, se convocan el texto para ofrecer una
visión crítica de un período de la historia signado por
la subordinación de los oprimidos, ante el poder abusivo y
criminal del imperialismo.
El hablante diseña
una solución simbólica en un futuro utópico
erigido por la revolución socialista. El poeta funda su
producción poética sobre la base ideológica de la revolución,
aliando la ideología a las renovaciones estéticas
neovanguardistas y proponiendo
un nuevo modelo con el cual se distancia de la tradición, la
rechaza y llegaron incluso a enfrentarla.
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