Clique aqui: milhares de poetas e críticos da lusofonia!

Endereço postal, expediente e equipe

 

 

Um esboço de Leonardo da Vinci - link para page do editor

banda  hispânica

juan antonio vasco

Juan Antonio Vasco

Introducción a Parranda y Funeral

Juan Calzadilla

A despecho de que Juan Antonio Vasco no sea un escritor tan desconocido como lo fue en vida, aún falta por hacérsele justicia en proporción a una obra meritoria que en buena parte continúa inédita o ha sido escasamente difundida y, menos, estudiada. Alguna revistas de Argentina y Colombia se han ocupado de difundirla publicando aquí y allá textos completos o parciales de ella, en poesía y en prosa, junto a juicios valorativos.

En Venezuela, donde Vasco vivió parte de sus años más productivos, se dieron a conocer dos compilaciones de sus cuentos y poemas recogidos en sendos libros lanzados por la Universidad de Los Andes y la Alcaldía de Caracas, respectivamente. No fueron éstas, sin embargo, publicaciones suficientemente exhaustivas. Quedó fuera de ellas gran parte de los poemas que Vasco escribió tras marcharse de Venezuela, donde había residido entre l954 y l964, y así también cierto número de relatos del último período de su vida.

Que el reconocimiento de Vasco se haya iniciado póstumamente se debe en gran medida a él mismo: tal vez a su baja autoestima en cuanto a credulidad en su talento de poeta, a un irreverente aunque generoso espíritu francamente dispuesto a privilegiar la obra de los otros por encima de la propia, a la inestabilidad de una vida en principio aventurera, a horcajadas entre Argentina, Perú, Venezuela y Uruguay, y finalmente a las miserias de una implacable enfermedad que, tras haber presentado sus primeros síntomas en Caracas, le llevaría posteriormente, antes de terminar la década del sesenta, a la invalidez física y, luego, a la postración absoluta y a su muerte ocurrida en l984, víctima de la esclerosis múltiple, en Buenos Aires, a los sesenta años de edad.

Para quien como Vasco amaba la paradoja, nada extraño debió parecerle el hecho de que fuera en su lecho de enfermo, ya instalado en Buenos Aires con su familia, donde experimentó una increíble potenciación de su energía creativa. La fuerza de voluntad con que, condenado a morir temprano y con el tiempo medido, encara a último momento su destino de escritor en una como carrera contra reloj, entraña no sólo un desafío único, sino que contrasta con el escepticismo que se había apoderado de su espíritu por la época en que gozó de plena salud, incluso durante esa fogosa época en que cerró filas en el grupo venezolano más contestatario de la época: El techo de la ballena, del cual, a pesar de la contribución que le dio, sólo iba a considerarse un epígono vehemente e incondicional, aunque distanciado.

En efecto, cuando llegó a Caracas, en el curso de 1954, Vasco estaba a punto de renunciar a la escritura. Había optado por una exitosa y bien remunerada posición de ejecutivo en McCann Erickson, una poderosa transnacional publicitaria que operaba en Caracas, con lo cual Vasco creía asegurado sus porvenir burgués (“era mejor ser un buen especialista en publicidad que arrastrar las consecuencias de una mala conciencia poética”, así dijo). Pero tal certidumbre no alcanzaba a disipar completamente la sombra de sus verdaderas obsesiones. Al menos el doble de Vasco no pensaba de esa manera, pues un día, estando en Caracas, una extraña circunstancia le llevó a entrar a una librería en donde el grupo literario Sardio celebraba el lanzamiento del primer número de su revista. Poco después la agrupación, debido a razones políticas, se dividió y una parte de sus miembros pasó a constituir, en 1961, el mencionado grupo El techo de la ballena. La actividad entre subversiva y lúdica de este asociación de vanguardia no sólo representó para Vasco una experiencia contaminante y novedosa, que no sólo revivía en él vivencias de su antigua militancia surrealista en Buenos Aires, sino que le indujo a reflexionar en las razones que lo habían hecho apartarse de la literatura. Toma de conciencia que implicó además poner en duda la legitimidad de las convicciones en las cuales había enmarcado su experiencia literaria, tal como la había asumido antes de llegar a Venezuela, a través de las circunstancias que rodearon la aparición de sus libros de filiación surrealista publicados en Bueno Aires bajo el auspicio de la revista A partir de Cero, a donde lo había llevado Carlos Latorre: Cambio de Horario (1954) y Destino común (1959) son efectivamente, para quienes saben valorar las virtudes de las asociaciones libres y el automatismo psíquico, dos de los mejores ejemplos que, a zaga del surrealismo ortodoxo, pudo ofrecer la vanguardia literaria argentina de los años cincuenta.

Pero si por un lado su participación en El techo de la ballena le devolvió la fe en el carácter militante de la literatura, por otra parte le hizo meditar sobre los riesgos a que se exponía el escritor latinoamericano cuando, llevado por pasiones localistas, limita su trabajo a acciones contingentes y a la práctica única de la escritura, descuidando la formación y amplitud que proporcionan la lectura, el conocimiento y la frecuentación de autores en el ámbito de otras lenguas, influencias y tradiciones, distintas a aquellas en que los gustos, afinidades y militancias lo han circunscrito. El surrealismo en Suramérica, aparte de dotar al escritor de una herramienta deslumbrante y combativa, de fácil acceso, tuvo el inconveniente de alimentar su autosuficiencia y en no poca medida su desprecio por la historia, la literatura y el idioma materno, en especial por los clásicos castellanos. En esas condiciones, Vasco concibió su retorno a la literatura como un proyecto con el que se proponía recuperar el tiempo perdido, a partir de punto en que, obediente a una incomparable disciplina y una tenaz voluntad, necesitó reanudar el diálogo con la tradición humanística en la cual había dado sus primeros pasos.

Consecuentemente, su poética experimentó un cambio radical. Ya desde sus tiempos de Caracas, Vasco había comenzado a trabajar un discurso más abierto, de naturaleza coloquial, en el que mezclaba referencias eruditas con giros y expresiones regionales tomadas del habla popular del continente. Tras los pasos de ciertos experimentos del Modernismo brasileño, Vasco pensaba en una poesía dotada de una musicalidad consustancial, inherente a su sentido, en una poesía con la cual pudiera permitirse integrar en una sola voz lo que hay de común en el sentir del habla dialectal, en español y portugués, de los pueblos situados al sur del Río Grande. Este manejo de elementos populares hace evidente su interés en incorporar a la expresión poética ciertos ritmos del folklore musical de origen afroamericano que Vasco había conocido en su viajes a Barlovento, una región venezolana poseedora de una de las principales culturas negroides del continente. Guiado por este propósito, a medida que se identificaba más y más con lo que él llamaba “el sentimiento de la patria grande”, había comenzado a redactar, ya en l959, Parranda y funeral, un poema, o si se quiere un canto épico que resultó ser una dura prueba para quien, en poesía, tuvo primero que desembarazarse de una formación excesivamente literaria. Vasco lo logró, aunque nunca estuvo completamente conforme con el curso que en Parranda y funeral dio a esta exploración. Hizo continuados añadidos y cambios en el texto, dejando siempre abierta la posibilidad de ir modificando el texto, agregando o suprimiendo elementos con cada versión. El original publicado en este volumen, inédito hasta ahora en libro, fue la última versión del manuscrito de Parranda y Funeral en que el autor trabajó. Lo tomamos íntegramente, tal como apareció en el No. 7 de la revista La danza del Ratón, Buenos Aires, en diciembre de 1985, o sea un año después de la muerte de Vasco.

Aforismos y desafueros es el último de los textos que Vasco concluyó y aprobó. Pero como le ocurrió con casi todo lo que escribía, al redactarlo lo hizo sin abrigar el propósito de publicarlo, y únicamente para satisfacer una necesidad que debía ser, finalmente, compartida con sus amigos. Este ejercicio, donde se combinan las vivencias, el humor, el juego de palabras, la chanza y el temple satírico que nunca le abandonó, no llenaba para él otro fin que circular a través de una vívida relación epistolar con poetas y corresponsales que tenía en todas partes y en quienes depositaba Vasco el destino final de sus textos. Los Aforismos y desafueros habían sido escritos entre 1983 y 1984. Pocos meses antes de su muerte, Vasco nos remitió a Caracas lo que consideró a este propósito su original definitivo, con la siguiente indicación: “Para que hagas con él únicamente lo que quieras”. Del texto había efectuado varias versiones: la primera, muy escueta y precedida por un Ars Aphoristica, sin orden alfabético y sin numeración de páginas, está formada en su mayor parte por los textos que pasó luego a las dos versiones siguientes. Contiene algunas precisiones humorísticas sobre la naturaleza del aforismo, acompañadas de citas eruditas en torno a autores clásicos de donde presumiblemente tomaba Vasco el contenido de algunos de los aforismos. La segunda versión, en principio definitiva, contiene la casi totalidad de lo textos aforísticos que Vasco escribió. El tercer manuscrito consiste en una reducción del anterior, del cual suprimió

-o mejor, tachó- lo que le parecía demasiado obvio o quizás, por alguna razón, indigno de las prensas.

En este volumen seguimos fielmente la disposición de la última de las versiones que de Aforismos y desafueros efectuara Vasco, pero a continuación, en forma de apéndice y también alfabéticamente, transcribimos los aforismos suprimidos de la segunda versión.

El tercer cuerpo del libro recoge seis poemas inéditos hasta ahora en libro que Vasco escribió en los últimos tiempos, textos eventualmente entregados para su publicación a alguna revista, y cuya inclusión en este volumen habría contado, por supuesto, con su aprobación. 

Prólogo para a edição de Parranda y Funeral [seguido de Aforismos y Desafueros] (Fondo Editorial Tropykos, Caracas, 1992). A capa deste livro traz um desenho de Alejandro Calzadilla.

retorno ao sumário deste dossiê

projeto editorial do jornal de poesia

editor geral e jornalista responsável

soares feitosa

coordenação editorial da banda hispânica

floriano martins

.

Retorno ao portal da Banda Hispânica
retorno ao portal

Agulha - Revista de Cultura
revista agulha

 

 

Secrel, o provedor do Jornal de Poesia

 

 

 

Só a DIDÁTICA em prol do Homem legitima o conhecimento

A outra face do editor Soares Feitosa, o tributarista