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Poemas
humanos:
génesis y modo de producción estética en César Vallejo
Carlos
Henderson
In memoriam José ÁngelValente
Jorge Luis Borges,
estudiando a Whitman, escribe: «Whitman deriva de su manejo [del
tema de la inmortalidad del poeta] una relación personal con cada
lector.» Esto se aplica a Vallejo. Sin embargo, Vallejo dice: «Confianza
en la ventana, no en la puerta [...] / [...] y en ti sólo, en ti
sólo, en ti sólo.» (vv. 13 y 16, con los que termina «Confianza
en el anteojo, no en el ojo...»). Es la expresión de su
sentimiento trágico de la vida. Y de su conflicto ideológico. No
nos sorprendan las contradicciones en Vallejo. No busquemos en él
una filosofía positiva, tampoco ortodoxa, en fin, «correcta».
Hay que hacer un esfuerzo mental para imaginar la época en que se
gestan los llamados Poemas humanos. La época en que un
esteta que participa en la Primera Guerra Mundial, que tiene
avidez de plenitud y lucha por la liberación creadora del
lenguaje, es también un hombre de todos los combates por la
dignidad y responsabilidad del escritor: André Breton. Época en
que otro inmenso poeta, sin que nada en su temperamento indique
sombras, se suicida: Maiakovski en la U.R.S.S. Y en Francia, en
París, un poeta apasionado por el surrealismo y la política, por
la política se suicida, es René Crevel (1990-1935).
La poesía de Vallejo es fuerte
porque los opuestos se están cogiendo de la mano. Sobre esto
volveré más adelante. En la última etapa de su vida Vallejo
vuelve a impugnaciones, incertidumbres de antes de asumir el
marxismo[[i]] . Para
Vallejo la poesía era cuestión de indagación, de exploración
del material verbal, como para André Breton, con quien polemizó,
a quien criticó con mordacidad. Pero, hay que reconocerlo, el
surrealismo le permitió otra apertura, luego de la gran apertura
que significó Trilce. Las huellas del surrealismo las
vemos precisamente en los poemas que continuaron a Trilce.
En unos fragmentos de los poemas «Una mujer de senos apacibles...»,
«Las ventanas se han estremecido...», «La violencia de las
horas», «Hallazgos de la vida», «Cesa el anhelo...», que
forman parte de los llamados Poemas en prosa. Asimismo en
algunos textos de Contra el secreto profesional, por
ejemplo: «Negaciones de negaciones».
Un punto en el cual toda la crítica
vallejiana está de acuerdo: el juego de los opuestos. A Vallejo
le viene desde muy atrás, de Quevedo. («[...] Quevedo, ese
abuelo instántaneo de los
dinamiteros», v. 48 de «Himno a los voluntarios de la República».
Vallejo es un poeta que se apoya en la tradición y en la innovación,
como querían los formalistas rusos. En uno de los Poemas
humanos se pregunta si se puede renovar el tropo; se entiende,
en un tiempo en que se necesita decir el sentido hondo de las
cosas. Sin duda, es un poeta grave, dramático. Pero sin desdeñar
la audaz experimentación ni --incluso-- el ludismo. La
experimentación la emplea de manera notable por ejemplo en los
poemas: «La abispa, el taco, las vertientes...», «Tránsido,
salomónico, decente...». A decir verdad, está en cada uno de
los poemas. Y dentro de su material de trabajo también está el
ludismo. Para probarlo a continuación unos versos : De «Telúrica
y magnética»: «¡Paquidermos en prosa cuando pasan / y en verso
cuando páranse! (vv. 20 y 21); «¡Ángeles de corral, / aves por
un descuido de la cresta!» (vv. 32 y 33); «Y lo demás, me las
pelan!...» (v. 63, y final del poema). De «Epístola a los
transeúntes»: «y, puesto que he existido entre dos potestades
de ladrillo, / convalezco yo mismo, sonriendo de mis labios.»
(vv. 26 y 27, los que cierran ese poema). De «Dos niños
anhelantes»: «No. No tienen tamaño sus tobillos; no es su
espuela / suavísima, que da en las dos mejillas.» ( vv. 1 y 2);
«freno del fondo, rabo de la forma.» (v. 24). «y por este
indecible, endemoniado cielo» (v. 33). De «Escarnecido,
aclimatado...»: «Escarnecido, aclimatado al bien, mórbido,
hurente, / doblo el cabo carnal y juego a copas» (vv. 1 y 2; repárese
que «hurente» es un neologismo). De «Ello es que el lugar donde
me pongo...»: «Hoy es domingo, y esto / tiene muchos siglos; de
otra manera, / sería, quizá, lunes [...]» (vv. 48-50). Salta a
la vista, que Vallejo no es un poeta convencional. Además, debo
agregar que ensayó con todas las posibilidades que ofrece el
lenguaje llano, pero hizo que éste contrastara con el lenguaje
trabajado. Contraste, contrapunto, de «la palabra oída [...] del
ritmo del habla coloquial» (Valente 1994: 127) con un ejercicio
advertido del lenguaje que allega neologismos y aquellas palabras
que se destacan por su eufonía. «En realidad Vallejo es un poeta
sumamente cerebral» afirma Jean Franco «que en sus poemas
demostraba la manera en que se había construido una metafísica.»
(Franco 1988: 575). Efectivamente, Vallejo realizó una
experiencia de reflexión con su poesía, desde su poesía. Ahora
bien, por un lado creó una metafísica, por otro incorporó el
lenguaje llano --para que hable la afectividad. Esta unión de
opuestos, es el principio artístico de la poesía de Vallejo.
Detallemos. Consiste en el empleo de vocablos heterogéneos que
aparecen en enumeraciones cercanas al flujo libre de la conciencia
--así invoca, insinúa, una metafísica sui generis--;
mejor, una antropología histórica del lenguaje[[ii]] . Aquí
estoy haciendo mención a las leyes del verso que estructuran el
poema. Dos fuerzas antagónicas están en relación: a) se rompe
la linealidad lógica; b) se refuerza la cadena comunicativa.
Cualquier lector --en principio-- es capaz de comunicarse con
Vallejo. Explicarlo es ya otra tarea.
1
Mi hipótesis es la siguiente:
en Poemas humanos se puede destacar un conflicto ideológico.
Como es de todos conocido,
Vallejo se adhiere al marxismo a partir de 1928. En El arte y
la revolución[[iii]] (1973b) se
delinea una dirección estética: el arte socialista. Es un
arte donde prevalece la sensibilidad, la autenticidad, sin hacer
resaltar la razón razonante o de partido; sin dar paso a las
formas sólo hábiles o de «trance espectacular» (p. 29). Este
arte señala el futuro, habla por boca de todos. Pero Vallejo no
nos remite al concepto tradicional de lo universal. Lo que
sustenta este concepto es esencialmente la socialización de la
vida (p. 37). El arte socialista, no obstante la división
de clases, se ha manifestado, sigue y seguirá manifestándose al
servicio de todos los hombres[[iv]]. Este arte
no es de consigna; más bien el arte de consigna es el arte
bolchevique (pp. 26-27) y también el arte revolucionario
(pp. 24-25), los que están al servicio de la lucha de clases.
Vallejo llevó los postulados del «arte bolchevique» y del «arte
revolucionario» a su obra de teatro Lock Out [[v]], y a su novela El tungsteno[[vi]]. Pero no a su poesía. Vallejo es poeta denso, tenso,
extremo. Poeta que desestabiliza los sentidos y que deconstruye
los materiales lingüísticos. Sin embargo, lo anterior es
potestad de la gran poesía moderna desde Baudelaire, Lautréamont,
Rimbaud y Mallarmé. ¿Dónde entonces reside lo singular de la
poesía póstuma de Vallejo? En la intensidad dramática. Y la
invención, la innovación, la exploración no están al servicio
solamente de iniciados (Yurkievich 1984: 41); están al servicio
de todos (Paoli 1988: 218-219).
Sobre el proceso del conflicto
ideológico. Tengo que referirme a «Notas sobre una nueva estética
teatral», fechadas en diciembre de 1934, donde Vallejo quiere
establecer las bases de un teatro no realista --está rompiendo
con el realismo de Lock Out--. Guido Podestá, al respecto,
se pregunta: «¿Qué tenía que ver esa definición con sus obras
teatrales de 1930? Parecía tratarse de un viraje hacia el
simbolismo o hacia las corrientes de vanguardia.». Al final de su
estudio, Podestá concluye: «su nueva estética teatral es una
teoría construida en un momento extremadamente complejo y en diálogo
con las corrientes artísticas más activas de la época. Su teoría
no es de ninguna manera la suma de sus simpatías, sino la
formulación de un proyecto original y no menos político.»
(Podestá 1985: 58 y 72). Cabe mencionar también el hecho de que
en 1934, entre el 17 de agosto y el 1° de septiembre, durante el
Primer Congreso de Escritores Soviéticos, se proclama el realismo
socialista. Vallejo en diciembre de este año 1934 escribe sus
extraordinarias «Notas sobre una nueva estética teatral». En
suma: probablemente enterado de la imposición de la doctrina del
realismo socialista ¿esas notas no estarían manifestando su
rechazo?
En 1935, entre el 19 y el 24 de
junio, se le invita a Vallejo --pero no como expositor-- al I
Congreso Internacional para la Defensa de la Cultura[[vii]] que se
convoca en París. Es de suponer que allí se enteró del intento
de propagar el realismo socialista en el mundo occidental[[viii]]. En ese
congreso las tesis fueron expuestas --entre otros, como Aragón--
por los soviéticos Fiodor Panfiorov, Mijaíl Kolzov y Vladimir
Kirschon. Este último define así el realismo socialista: «Nuestro
método del realismo socialista hace posible plasmar los héroes
del socialismo y sus obras. Las obras representarán la verdad
inferior del caos capitalista. Representarán a los luchadores
gloriosos contra el capitalismo.» (En Aznar Soler 1987: 446).
Fiodor Panfiorov se hace la pregunta: «¿Y qué es el realismo
socialista?». Y responde: «El realismo socialista, dice el
Estatuto de la Asociación Soviética de Escritores, ‘que el método
principal de la literatura artística y de la crítica literaria
soviética, exige del artista una representación verídica e históricamente
concreta de la realidad en su desarrollo revolucionario’.» (En
Aznar Soler 1987: 167). Parvo esquema ideológico. Dictados de tendencia partidarista que sojuzgan el arte.
He sugerido que Vallejo pudo
haberse enterado de la adopción --por parte de los escritores
rusos-- de la «escuela» del realismo socialista ya en 1934, y en
París mismo. Quiero que se me permita transcribir dos notas que
aparecen en su Carnet de 1934, que se incluye como uno de los apéndices
de El arte y la revolución; libro editado recién
en 1973. La primera nota --de la cual solamente reproduciré un
pasaje-- nos mostraría la implicancia ética, mejor: la falta de
ética de la política estanilista; la segunda nota --que
transcribiré en su integridad-- nos revelaría una posible toma
de conciencia contra el «método» mencionado.
Quien dice producto igual para
todos (es decir un tipo de producto común a todos), dice un
aspecto socialista de la vida social. Quien dice concurso o
concurrencia de energías o brazos hacia un fin común, dice un
especto socialista de la vida social. Pero... dos hombres empujan
un carro, para llevarlo a un lugar cualquiera: el uno lo empuja
valiéndose de un motor y el otro valiéndose de sus brazos (el
primero va cruzado de brazos, vigilando únicamente el motor,
mientras que el otro suda a chorros). ¿Es ésta una forma
socialista de trabajo, porque hay aquí comunidad de fines y
concurso de energías? (¡Atención! Hay que resolver este punto). (Vallejo 1973b: 149).
¿No
estaría aludiendo a jerarquías? Hay que observar que el texto no
es categórico: termina con una pregunta y con la intención de
continuar reflexionando. A mi entender, Vallejo no ha decidido una
ruptura con su filiación. Sí revela su conflicto ideológico. Sólo
le cabe exponer sus sospechas (que en el campo socialista haya
desigualdades).
He aquí la segunda nota:
No hay que engañar a la gente
diciendo que lo único que hay en la obra de arte es lo económico.
No. Hay que decir claramente que ese contenido de la obra es múltiple
--económico, moral, sentimental, etc.-- pero que en estos
momentos es menester insistir sobre todo en lo económico --porque ahí
reside la solución total del problema de la humanidad.
(Vallejo 1973:150-151).
La sensibilidad artística de
Vallejo excluye el simple asentimiento de programas. Este
distanciamiento con respecto a los postulados de la ortodoxia
comunista, se expresó en algunas ponencias del I Congreso
Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Entre otras, las de André Gide, André Breton, Tristan
Tzara, Alexis Tolstoi, André Malraux, Jean Cassou y Waldo Frank. Se podría decir que apuntaban a un humanismo, y, en el
arte, a un arte que ofrezca cualidades. De la comunicación de
Waldo Frank quisiera citar unas líneas que muestran gran
coincidencia con el pequeño texto de Vallejo. Waldo Frank afirma:
«la hora revolucionaria que vivimos es sólo la fase presente de
un proceso centenario, que casi está llamado a trascender la
memoria del conflicto económico [...] La clave de la fase del
largo proceso es la naturaleza económica [...] Pero el proceso
mismo, es hoy, como siempre lo ha sido, orgánico. Quiero decir
con ello que el hombre debe comprometerse íntegramente, con su
corazón y entendimiento, sensibilidad e intuición.» (En Aznar
Soler 1987: 280).
Como lo más avanzado de su
momento histórico, Vallejo no todo lo reducía
a condicionantes económicos;
tampoco desestimaba la persona. Es decir, el papel de un sujeto en
un contexto más amplio que aquel del individuo. De ahí que, en
mi opinión, la imagen de Vallejo que nos da Hans Magnus
Enzensberger --no obstante que parte de alguien que le tiene
simpatía--, es inexacta. Le resta importancia a la calidad que
tiene como intelectual. Enzensberger escribe: «A los ojos de los
comunistas, nunca hubiera llegado a ser un verdadero comunista. No
sabía lo que era táctica. » (Enzensberger 1981: 72)[[ix]].
Que se me disculpe esa digresión.
Pero, no puedo evitar de traer otra igualmente significativa. El 3
de septiembre de 1936, André Breton publica en París una hoja de
protesta política. El título: «La vérité sur les procès de Moscou». Breton denuncia los indignantes procesos de Moscú
orquestados y ordenados por Stalin. Me pregunto: ¿Vallejo, que
siempre estaba atento a los acontecimientos, no leyó o escuchó
hablar de esa hoja política?
Veamos otro texto donde Vallejo
pone en tela de juicio los postulados estéticos de la ortodoxia
comunista. Se titula: «Las grandes lecciones culturales de la
guerra española». Es un envío a la revista Repertorio
Americano de San José de Costa Rica, que se publicó en marzo
de 1937 --y fue redactado en febrero del mismo año. Vallejo
escribe:
Es pensando y construyendo, sin
esperar milagros inmediatosfulminantes de su obra sobre la
actualidad, y sí dotándola del máximun defuerza y derechura
espirituales necesarias a la interpretación social de los
problemas de la hora, como Rousseau, Hugo, Puchkin, Dostoiewsky,
logran influir y encauzar el proceso ulterior de la historia. Y es
que lo que importa, sobre todo al intelectual, es traducir las
aspiraciones populares del modo más auténtico, cuidándose menos
el efecto inmediato (no digo demagógico) de sus actos, más de su
resonancia y eficacia en la dialéctica social, ya que ésta se
burla, a la postre, de toda suerte de vallas, incluso las económicas,
cuando un «salto» social está maduro. Pero hay más. Hasta puede el intelectual abstenerse de insurgirse -que
no darse cuenta de las ignominias sociales circundantes- por
actos políticos, tangibles, contra estas ignominias, si, de
preferencia, crea una obra que, por su materia y el juego esencial
de sus resortes humanos, lleva en su seno semillas y fermentos
intrínsecamente revolucionarios. Tal Shakespeare, Goethe, Balzac,
Miguel Angel y otros. (Vallejo 1987a: 442. Yo subrayo).
Sin duda alguna, contradice la
tesis eje del realismo socialista, vale decir la teoría del
reflejo: la economía determina el arte. Luego discute el
correlato que se desprende de la tesis anterior: el arte como
instrumento de la lucha de clases (que sustenta el último escrito
de El arte y la revolución).
Ahora bien, en mayo de 1937 en
Barcelona, los estalinistas se enfrentan a trotskistas y
anarquistas. Vallejo deja constancia de esos hechos de una manera
más o menos críptica en un Carnet de 1936-1937:
El «rojo» que quiere que
pierdan sus compañeros revolucionarios, para que otro «rojo»
que se agarra unos periódicos, ya no pueda agarrarlos. O el otro
que prefiere que pierdan sus compañeros una guerra, por envidia
de otro de ellos, que subirían si se triunfa. (Vallejo 1973b: 158).
Es conocida la participación
de Vallejo en el II Congreso Internacional de Escritores para la
Defensa de la Cultura, que se llevó a cabo en julio de 1937. Las
sedes fueron Barcelona, Valencia, Jaén, Madrid y París. En
Madrid Vallejo pronunció un discurso tumultuoso, y quizá
turbulento. En éste, por ejemplo, dice: «Los responsables de lo
que sucede en el mundo somos los escritores, porque tenemos el
arma más formidable, que es el verbo.» Citemos un pasaje:
Creo, pues, necesario llamar la
atención de los Escritores del Segundo Congreso Internacional
Antifascista, diciéndoles que es necesario, no que el espíritu
vaya a la materia, como diría cualquier escritor de la clase
dominante, sino que es necesario que la materia se acerque al espíritu
de la inteligencia, se acerque a ella horizontalmente, no verticalmente; esto
es hombro a hombro.» (Vallejo 1987a: 445- 446. Yo
subrayo).
En esas líneas --el discurso
lleva el título «La responsabilidad del escritor»--, ¿acaso
Vallejo no le dice no a la coerción? ¿Visto a esta luz, no está
pidiendo a la ortodoxia comunista que no busque extender su radio
de acción de manera vertical?
Terminemos con la recopilación.
Con dos escritos breves. En el primero Vallejo refuta a Gide. El
otro impugna la dialéctica de Hegel y de Marx. Refutando a Gide
escribe en un carnet de 1936-1937:
«El triunfo de la U.R.S.S.
--dice Gide-- permitirá el advenimiento de de una literatura
alegre. Es desde este punto de vista que la literatura soviética
contrastará gloriosamente con la literatura burguesa.»¿El señor
Gide ha reflexionado bien en lo que dice? ¿Se da cuenta de lo que
sería, en el futuro, una literatura en que ya no exista el dolor?
¿Admite el señor Gide siquiera sea la posibilidad de una tal
mutilación del corazón humano? ¿No cree el señor Gide que el
propio reinado exclusivo de la alegría sería el mayor de los
dolores que se imponga al hombre? ¡Alegría! ¡Dolor! En todo
caso, el señor Gide, al formular su frase, tenía seguramente a
la dialéctica [ilegible] por la cabeza de
su despacho.¡Muy hegeliano, el señor Gide! Hoy como ayer y como
antier. (Vallejo 1973b: 155-156).
¿Cómo se puede entender lo
anterior? A mi juicio, con la noción del «dolor cósmico»
propuesta por William Rowe. Este estudioso nos hace comprender que
el dolor cósmico se inició con la llegada de lo hispánico al
Perú. ¿Y qué caracteriza el dolor cósmico, el dolor cósmico
nativo? Rowe explica : «El sufrimiento [...] es inagotable,
simplemente aniquilador, excediendo todo medio de expresión que
lo contenga.» (Rowe 1996: 119). Vallejo no era indio sino
mestizo. Había vivido en Santiago de Chuco, un pueblo andino
mestizo. Es allí donde toma contacto con las formas mestizas del
dolor cósmico. Y Rowe precisa: «El tratamiento que hace Vallejo
del dolor, reúne tres niveles: el dolor inagotable mestizo, el
dolor cósmico de la tradición nativa y la moderna visión de un
futuro que abolirá el sufrimiento innecesario. En esta intersección,
cuya complejidad es la historia del Perú, Vallejo agrega un
elemento nuevo: un dolor cósmico cuyo efecto resiste cualquier
localización y cuya causa no puede ser identificada.» (Rowe
1996: 119).
La noción del «dolor cósmico»
puede ayudarnos a comprender ese breve escrito de Vallejo. En
plena crisis ideológica inconscientemente se reafirma en lo que
le era consubstancial. Por otra parte, toca el tema de la dialéctica.
Mas, de esto último trata la nota a la que voy a dedicar un mayor
espacio. Se encuentra en otro Carnet de 1936-37. Extraigo unos
pasajes:
Una
visita al cementerio el domingo 7 de Noviembre 1937, conGeorgette.
Conversación empieza con el egoísmo de G. –dialéctica de egoísmo-altruismo--.
Pasamos a la dialéctica en general. Aludo a Trilce y su eje dialéctico
de orden matemático --1-2-0- «Escalas»: o instrumento y
conocimiento: el rigor dialéctico del mundo objetivo y subjetivo.
Su grandeza y su miseria o impotencia. Me refiero a Hegel y Marx,
que no hicieron sino descubrir la ley dialéctica. Paso a mí
mismo cuya posición rebasa la simple observancia de esta ley y
llega a cabrearse contra ella y llega a tomar una actitud crítica
y revolucionaria de este determinismo dialéctico. [...]
--Es mejor decir «yo»? O
mejor decir «El hombre» como sujeto de la emoción --lírica y
épica--. Desde luego, más profundo y poético, es decir «yo»
--tomando naturalmente como símbolo de «todos»--. (Vallejo 1973a: 99-100).
Tres puntos deben ponerse de
relieve. 1) Vallejo vuelve a sus exigencias frente al marxismo,
vuelve a sus exigencias contra todo determinismo. Un paréntesis
sobre la complejidad de Vallejo como intelectual. Hoy, luego de la
caída de los regímenes ortodoxos, del «socialismo real», es
cosa admitida por muchos que el pensamiento de Marx, a pesar de
que sostiene que sólo se puede escoger entre socialismo o
barbarie, explicita la idea que la historia obra de concierto con
el progreso. Tenemos, pues, que admirar la intuición de Vallejo.
2) Vemos una muestra de la autorreflexión de su escritura. 3)
Vallejo nos entrega una clave para entender Poemas humanos
y España, aparta de mí este cáliz. Desarrollemos esos
tres puntos.
1) En una crónica publicada en
Mundial, Lima 2 de noviembre de 1928, Vallejo impugna la
ausencia o carencia de la volición cuando se quiere transformar
la historia:
El
hombre verdaderamente nuevo está adquiriendo una conciencia
rigurosa de la capacidad creadora y libre de su voluntad, junto
con un austero sentimiento de la responsabilidad humana ante la
historia.
De esta suma ingerencia del
hombre en la creación de la historia –que él no concibe fuera
de los resortes libres de su voluntad-- está proscrito todo
fatalismo y todo determinismo. (Vallejo 1987a: 314).
2) La autorreflexión de su
escritura. Si nos fijamos bien, Vallejo en ese texto «Una visita
al cementerio...» nos da la clave de su dialéctica: 1= grandeza;
2=miseria; 0=impotencia. Vallejo explica: «grandeza y su miseria
o impotencia», otorgando así valores iguales a miseria o impotencia.
Es una dialéctica que no trabaja con valores de la triada. En
efecto, Vallejo siempre ha comprendido la dialéctica sólo como
enfrentamiento de contrarios a lo largo de todo su proceso poético
(Ferrari 1972: 46; 1974: 351; Escobar 1981: 24). Por cierto, también
en Escalas melografiadas.
3) La clave de Poemas
humanos y España, aparta de mí este cáliz que nos
entrega el texto «Una visita al cementerio...». Vallejo al
responderse que es mejor decir «yo» en nombre de los Otros, de
«todos», está confiándonos una pista para entender Poemas
humanos: lo íntimo es también lo transpersonal. En España,
aparta de mí este cáliz, al expresar lo íntimo y lo
transpersonal sin que sean opuestos, le confiere especial
dramatismo. Más aún si se tiene en cuenta el tono épico.
Hemos llegado a la problemática
del principio artístico. Las leyes del verso que estructuran el
poema. Dos fuerzas opuestas están en relación a) la ruptura de
la linealidad lógica tiene como base el empleo de vocablos
heterogéneos; b ) el papel constructivo del ritmo, especialmente
sintáctico y apoyado por paralelismos, explora la materia
asociativa, la textura dinámica fónica. Y al mismo tiempo, con
el mismo impulso, se refuerza, se afirma, la cadena comunicativa
de la secuencia hablada.
2
Modo de producción estética.
La poesía póstuma de Vallejo es el producto de la problemática
propia de la escritura: decir cuestionando, ir hasta los límites
de la plurisignificación. Mas lo singular en Vallejo es que su
texto --a pesar de su densidad y complejidad-- se cuida de ser
hermético, consigue el contacto afectivo con el lector.
Ciertos poemas, a mi criterio,
de Poemas humanos ponen de manifiesto el conflicto ideológico
(verbigracia: «Va corriendo, andando...», «Panteón», «A lo
mejor, soy otro...», «Despedida recordando un adiós», «Al
cavilar en la vida, al cavilar...», «Acaba de pasar el que vendrá...»).
¿Y qué es el conflicto ideológico en Vallejo?
El conflicto ideológico en
Vallejo no es una cuestión de seguir militando o no . Es algo más
razonado y, paradójicamente, más inconsciente. El conflicto
ideológico le pide su rechazo a cualquier deísmo, por un lado, y
por otro, a cualquier garantía política. Por lo demás, es su
resistencia. Su disidencia.
Su resistencia, su disensión,
le reclama mantenerse alerta. Y, algo muy importante, seguir
reflexionando. Plantear las preguntas primeras, interrogarse lúcidamente
por el fin último de las cosas, pero sin la razón razonante:
¿La
muerte? ¡Oponle todo tu vestido!
¿La vida? ¡Oponle parte de tu
muerte!
Bestia dichosa, piensa:
dios desgraciado, quítate la frente.
Luego, hablaremos.
Entre el dilema de escoger
las falsas garantías o la incertidumbre, Vallejo escoge la
incertidumbre. A ello agreguemos su opuesto: «El hambre de
plenitud se vuelve hipérbolica en estos poemas.» (Franco 1988:
598).
Uno de los poemas que más
alude al conflicto ideológico es «Acaba de pasar el que vendrá...».
Reputado como «difícil», y que se dice da cabida a «referencias
bíblicas».
Tal
vez interese señalar que la interpretación jamás cubrirá todos
los sentidos que suscita el texto. Y recordemos que la obra de
Vallejo ocupa un lugar de excepción en el siglo veinte en lengua
española. «Obra que, por su misma naturaleza, se resiste a la
fijación», escribe José Angel Valente, y agrega: «y a la
lectura o al comentario clausurante.» (Valente 1988: XVI).
[i] Vallejo en 1927 envía a Lima, desde París, varias crónicas
donde se resiste a entregar su acuerdo al marxismo. Por
ejemplo «Los artistas ante la política». Véase Vallejo
1987: 253-255.
[ii] Antropología histórica del lenguaje -- Relación a la
historia [...] que trabaja para poner en evidencia una
interacción entre la teoría del lenguaje, la teoría de la
literatura y del arte, la teoría del sujeto, la ética y el
pensamiento político.» (Dessons
y Meschonnic 1998: 233. Traducción personal).
[iii] Libro que organiza en 1932 (p. 18). En ciertos textos, ha
tomado como base notas y artículos publicados anteriormente,
algunos desde 1926, en su revista Favorables- París- Poema
y en diarios limeños.
[iv] En El arte y la revolución Vallejo entabla un diálogo
contradictorio con Literatura y revolución de Trotski.
Para Trotski no existe ni existirá en el «período de
transición» el arte proletario. El arte socialista existirá
cuando se dé el «reino de la libertad» (1964: 172). Para
Vallejo, en cambio, existe en el «período de transición»
el arte proletario (1973b: 59-61), pero también el arte
socialista: este último siempre ha existido en la historia
(1973b: 28-29 y 37-42). Véase
José Miguel Oviedo 1981: 413.
[v] Víctor Fuentes 1988a: 26, nos hace ver las innovaciones
en la cinematificación del teatro de Vallejo.
[vi] Francisco López Alfonso 1988: 421, matiza lo que acabo
de sostener. Y Víctor Fuentes 1988b: 410, menciona la
influencia del cine de Eisenstein en esta novela de Vallejo.
[vii] De Manuel Aznar Soler 1987, del vol. I, p. 29, extraigo
la siguiente nota: «El periódico madrileño Heraldo de
Madrid, el que mejor información publicó sobre el I
Congreso a través de su corresponsal, Carranque de Ríos,
aseguraba que ‘...han sido invitados... Por América Latina:
César Vallejo, Armando Bazán, González Tuñón y Pablo
Neruda’».
[viii] Ibidem., p. 19, a pie de página, leemos: «El 23 de octubre de
1934 [...]se reunieron en la Mutualidad parisina más de
cuatro mil quinientas personas, convocadas por la A.E.A.R.
(Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios), para
escuchar un balance del Congreso soviético (Primer Congreso
de Escritores Soviéticos)».
[ix] Se le puede impugnar a Enzensberger: Vallejo sabía de táctica.
Cf. Vallejo 1987b: 179-206.
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