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Simón
Rodríguez y la revolución del pensamiento
J.A.
Calzadilla Arreaza
¿Vale la pena tomar
en consideración al decimonónico venezolano Simón Rodríguez,
en tanto que pensador, pedagogo y escritor, en la constitución de
un proyecto de educación nacional que aspira a nutrirse ampliamente
de la filosofía contemporánea?
A nuestra percepción, la
respuesta debe ser afirmativa. En apoyo a ella, rápidamente
alegaremos sólo tres grandes aspectos del pensamiento
robinsoniano:
A. Epistemológico: La
ruptura del discurso clásico colonial
B. Filosófico: El
pensamiento de lo original. Paradoja e invención
C. Ético: La constitución
política del sujeto republicano
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A.
La obra entera de Simón
Rodríguez se caracteriza por un esfuerzo constante de ruptura con
los recursos expresivos formales del discurso clásico.
Rodríguez puede alinearse
dentro del gran romanticismo revolucionario que en la literatura
mundial se caracterizó por la invención de formas expresivas que
rompieran con la categoría y la práctica de la imitación.
A la imitación del modelo
que define al clasicismo la prosa continua y fragmentaria de Rodríguez
opone la invención de un vehículo para la verdadera libertad del
pensamiento.
Para un pensamiento en
movimiento como lo considera Rodríguez, hace falta una escritura
rizomática que supere el clásico modelo arborescente: lineal,
irreversible, jerárquico, teleológico.
Pues Rodríguez ve en el
discurso clásico la expresión de la mentalidad colonial, y para
él la ruptura con este modelo expresa la revolución del
pensamiento que debe acompañar a la revolución política y a la
económica.
La experiencia política
americana es para él una experiencia planetaria novedosa. Como
los vanguardistas estéticos un siglo más tarde, considera que
una nueva experiencia requiere un nuevo modo de expresión y una
nueva imagen del pensamiento. Y esa imagen del pensamiento es la
de un río de instantes creativos diferenciales que modifican el
cauce central como los meandros originales de la creatividad y la
adaptabilidad históricas, dictados por la experimentación
constante en que la vida del pensar transcurre, acotando lo múltiple
y lo diverso, pero en suma, lo real.
Técnicas como la logografía
(la graficación tipográfica de los componentes y movimientos del
pensamiento), la prosa desgranada en versos, el esquema, que
exalta la función pedagógica de la página convirtiéndola en
pizarrón de papel, logrando un libre-asociacionismo y un
asistematismo empirista y anti-dogmático, dan al pensamiento una
corporeidad sensible y viviente, que busca contribuir a la invención
de una nueva retórica, una retórica revolucionaria que coincide
en su espíritu con la modernidad literaria mundial, haciendo de
Rodríguez, en la opinión de muchos especialistas
latinoamericanos, el primer pensador y escritor propiamente
moderno de nuestro continente y de nuestras letras.
B.
Tres importantes enunciados
robinsonianos nos bastarán para ejemplificar este pensamiento de
lo original que rompe con las identidades y las contradicciones clásicas
mediante la invención paradojal.
a. Colonicemos el continente con sus propios habitantes
(programa político)
b. Lo único constante es la variación (principio ontológico)
c. Si hemos de imitar a otro imitemos su originalidad (programa metodológico)
Los tres enunciados
encierran paradojas:
- Colonización
intraterritorial
- Variación constante
- Imitación original
Son juegos conceptuales,
oximorones que bien podrían remontarse al pensamiento de Heráclito
de Éfeso (mucho más que al de Sócrates).
La paradoja ha sido definida
como “opinión contraria a la opinión”. En la historia de los
sistemas de pensamiento ha sido un instrumento de emancipación lógica
con relación a los modelos dominantes en la Filosofía y en la
Opinión. Los eleáticos la usaron contra el realismo
inmediatista; los sofistas contra el dogmatismo religioso y político;
los estoicos contra el idealismo platónico-aristotélico; la
filosofía moderna y contemporánea contra el academicismo y la
metafísica.
La paradoja puede entenderse
como una operación lógico-literaria que:
a. Utilizando premisas
usuales produce una conclusión novedosa, heterodoxa;
b. Afirma simultáneamente
dos sentidos contradictorios, empujando al pensamiento más allá
de la lógica usual.
La Filosofía siempre ha
intentado una reforma de la Opinión imperante por medio de una
reformulación de la Razón (contra el prejuicio, el dogma, el
fanatismo, el desenfreno pasional).
Rodríguez filósofo, romántico
revolucionario enemigo de la imitación, heredero de la Ilustración,
enciclopedista fragmentario, empirista y pragmatista, insurge
contra la Opinión colonial que domina y que lastra las nuevas repúblicas,
aun luego de las victorias militares y políticas, reclamando la
invención de una Razón republicana fundada en la Libertad, el
Bien común y la Inmanencia del derecho.
Empirista, por el rechazo a
toda metafísica, a todo principio o valor trascendente, exterior
o superior a la realidad humana, geográfica, social y económica
tangible. Los valores y principios se forjan en la experiencia de
la realidad mediante el hábito y el modelamiento histórico del
instinto social.
Pragmatista, porque
considera que la imagen teórica hace posible la acción —moral,
económica, política—, pero es la acción la que justifica la
imagen teórica.
Los criterios centrales de
este pensamiento creativo, erigido contra la imitación clásico-colonial
como paradigma de la dominación del pensamiento, vienen a ser la
invención, la variación, la originalidad. Dada una realidad
novedosa, como la americana, es preciso crear y ejercer modos de
comprensión y programación novedosos e intrínsecos, autóctonos
e inmanentes, so riesgo de fracasar, no sólo en la comprensión
sino en la realización misma. Inventamos o erramos, es el dilema.
Estamos obligados a inventar.
C.
Rodríguez pone en duda la
constancia de una naturaleza humana que pudiera ser definida de
una vez por todas, esencial y eterna, principio metafísico que
impediría la modificación del sujeto político que reclaman las
nuevas repúblicas. Considera que el sujeto humano —no sólo
sujeto psicológico y jurídico sino sujeto de la acción social
en general— se conforma y se constituye política e históricamente.
Éste es el principio de la posibilidad de una pedagogía
republicana, verdadero proyecto para la constitución de
ciudadanos libres.
Las nuevas repúblicas han
heredado un tipo de subjetividad colonial, que desea el premio por
su servilismo y obedece por la fuerza del garrote, que burla la
ley cuando no rige la amenaza y arrebata para sí solo, cuando
puede, lo que no le es garantizado por ningún derecho.
El principio, empirista, es
que el hábito social se ha hecho instinto, constituyendo el tipo
de subjetividad que todavía impera en las poblaciones de las
nuevas repúblicas, reproducido a través de las mismas familias
que nutren el tejido social. El sujeto colonial se quiebra cuando
se modifica, en las nuevas generaciones, el instinto social
heredado, cuando se suplanta el deseo de la esclavitud por el
ejercicio de la libertad racional, constituyendo un nuevo instinto
social, un instinto republicano forjado en las escuelas (en donde
se protege a los nuevos sujetos de los vicios coloniales de sus
propias familias), que obedezca al derecho, a la ley y a la
autoridad, no por la promesa del premio y la amenaza del garrote
sino por la conciencia inmanente, hecha instinto mediante la enseñanza,
del Bien común, como dicta la Razón con la que estamos
colectivamente de acuerdo.
Una nueva constitución política
del sujeto significa la formación de sujetos dentro de relaciones
de poder diferentes, no de obediencia por la fuerza, en función
del premio y la amenaza (Monarquía), sino de libre cooperación
por el fin colectivo del que somos individualmente beneficiarios
(República).
Piensa en todos para que todos piensen en ti.
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Este pensamiento que aquí
hemos esbozado e intentado describir, empleando categorías de
filosofías posteriores a él, nos parece contener un alto
potencial de contemporaneidad, de interés teórico y práctico.
Percibimos resonancias heracliteanas (en el devenir, el flujo y el
azar); espinozistas (en la importacia del derecho natural y la
libertad de la Razón); nietzscheanas (en la irreverencia ante los
ídolos y la reversión de los valores). Pero presenta aun
vinculabilidades con pensamientos más recientes como los de los
franceses Gilles Deleuze (en la inmanencia, la desterritorialización
y la rizomática) y Michel Foucault (en la política de la verdad
y la historicidad del sujeto). |