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roberto fernández retamar

 

Entrevista a Roberto Fernández Retamar

Lina Zerón

En Febrero, en el marco del Centro Cultural de España, coincidí en la Conferencia sobre el poeta Cernuda con el escritor Cubano Roberto Fernández Retamar. Hacía un año que nos habíamos encontrado en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) sitio donde se presentó su biografía, la cual fue editada por Alex Pauised, Vicepresidente de la Unión, y quedamos que este año si yo regresaba, nos sentaríamos a charlar con más tiempo, así que le pregunté cómo estaba y me respondió que muy bien, extraje la grabadora de mi morral, cosa que el tomó con gracia, preguntándome si ahora era yo reportera, le respondí que no pero nos debíamos una plática y quería grabarla para El Financiero de México y aceptó que la prendiera, diciéndome: “anda chica, comienza a disparar que hay que entrar a la conferencia”. Nos sentamos cerca de la barda de piedra donde se escuchaba un nutrido fluido vehicular, pero se compensaba con el sonido del mar. [LZ]

LZ - Roberto, ¿cuáles fueron tus lecturas preferidas de niño?

RFR - ¿Cuándo era niño? Uy mujer pero eso fue hace much., Emilio Salgari, que me lo heredó mi padre, Corazón, y Pinocho. Por supuesto los que amábamos los cuentos de Calleja, te estoy hablando de cuando era niño, niño, los leíamos. Cuando fui mayor tenía otro tipo de lectura pero tú preguntaste de mis primeros años, mis primeras lecturas, digamos a los ocho año, un libro que nosotros los cubanos más que leer, escuchamos, fue la Edad de Oro, de Martí, te digo escuchamos porque éramos muy chiquilines pero nuestros padres nos leían los poemas y los cuentos, creo que esto sería más o meno:,a Salgari, Corazón, La Edad de Oro y Pinocho..

LZ -¿Cuál era tu sueño de entonces, qué soñaba ser Roberto cuando era niño?

RFR - Bueno, eso es difícil saberlo ahora porque uno modifica voluntariamente el pasado pero, jugando una vez, yo tendría unos siete u ocho años, aquello que retoma la vieja canción esa ¿de qué quiere usted Matarilerileron?, y como sabes, hay dos grupos y un grupo le pregunta al otro a quien quiere tomar y después le pregunta, qué oficio le pondremos y la persona acepta o no el oficio, digamos, le pondremos carpintero, almirante, le pondremos bombero y yo recuerdo que cuando alguien dijo le pondremos escritor yo dije si y los niños respondieron ese oficio si le agrada y creo que ese fue un poco mi bautizo pero yo a esa edad no había escrito más que unos cuentecitos, malísimos por cierto, uno de los cuáles me imprimieron cuando yo tenía siete años, por azar, porque un familiar trabajaba en una imprenta, no valen absolutamente nada, pero bueno, las vocaciones se insinúan así.

LZ - De tus recuerdos más felices, ¿me puedes platicar alguno?

RFR - Si, he tenido muchos, por suerte, y no por halagarte pero entre los recuerdos gratos de mi vida hay uno que me remonta cincuenta años y es que recién casado, me casé el 15 de agosto de 1952 a las 10 de la mañana y en la tarde tomamos el avión para México y fue para mi un encuentro inolvidable.

 En 1952, en agosto hacía pocos meses que se había dado un golpe de Estado en Cuba, el gobierno y el país estaba sumido, yo diría que en un complejo de inferioridad grande, porque no dábamos pié con bola y cómo me sirvió el encuentro inolvidable con México, fue descubrir un país con un gran sentido de honestidad, de confianza en sí mismo, en el mejor sentido de la palabra, de nacionalismo. México me hizo entender lo que Martí había llamado nuestra América, que por cierto también fue México el que le enseñó a Martí nuestra América y desde entonces hasta hoy, ha sido mi segundo país, el primero es este en el que nací, Cuba, pero me siento muy vinculado a México y muy agradecido por todo lo que me ha dado. En aquel entonces fuimos a una conferencia del pintor Rivera y vi a Tamayo que estaba pintando los murales del Palacio de Bellas Artes, ahí lo conocí y fue muy bueno para mi pero al que sigo considerando mi maestro es a Alfonso Reyes a quien invitamos a la capilla Alfonsina, yo pensé que esa calle alguna vez se iba a llamar avenida Alfonso Reyes, pero no, entonces se llamaba avenida Industria, luego se llamaba avenida Benjamín Gil y nunca se ha llamado Alfonso Reyes porque no hay porqué desvestir a un santo para vestir a otro. El fue para mi una figura absolutamente tutelar.

Entre los muchos viajes que he hecho, desde los recién cumplidos los 17 que fui a Nueva York, he viajado muchísimo, por todo el mundo, ese viaje tiene para mí un sentido particularmente grato y es un recuerdo que me gusta evocar..

LZ -¿Y de los momentos tristes, me quieres contar alguno?

RFR - Si, desgraciadamente también he vivido momentos muy tristes, he perdido a mi padre, a mi madre, se me ha muerto el Ché, Santa María, la hermosa mujer que fundó la Casa de las Américas. Mis momentos más tristes siempre han estado vinculados a muertes o a situaciones en que la muerte juega su papel como cuando el 11 de septiembre de 1973 se produjo el “pinochetaso”que le costó la vida a Allende, a quien yo admiraba muchísimo, perdieron la vida muchos amigos míos, Chile en sí y muchos otros se fueron al exilio con la vida estropeada, bueno, esto te podría decir.

LZ - De tus libros, de tu obra, ¿tienes alguno que en especial quieras, le tengas cariño?

RFR - Bueno, tú sabes que los autores solemos decir que el mejor libro es el que estamos escribiendo y ya he escrito veintenas de libros a estas alturas de mi vida, pero tengo un cariño particular por un libro que en rigor no es un libro, es un cuadernito pero que fue el primero que yo publiqué, en 1950, eso es hace más de medio siglo, es un cuadernito formado por cuatro poemas, su título es: “Elegía como un himno”a Rubén Martínez que fue un poeta de los años veinte que abandonó su poesía para dedicarse a la lucha social, murió muy joven, en 1934, época muy romántica de nuestra vida, ese cuadernito lo imprimió en su casa Tomás Gutiérrez, entonces estudiaba derecho y yo filosofía y letras y bueno, se llegó a convertir en el famoso cineasta, el que fue director de “Memorias del subdesarrollo y Fresa y Chocolate”. Tengo cariño especial por este cuadernito, no porque lo considere el mejor, sino porque fue el primero, el que me hizo creer y que otros creyeran que yo era poeta y a demás fue comentado por poetas que yo estimaba mucho como Emilio Vallagas, Aguirre, por esta razón es que tengo un cariño especial por este libro.

LZ -¿Cuál crees tú que sea el papel que juega la poesía en estos momentos?

RFR - Pues yo creo que la poesía está inexplicablemente unida al ser humano cuando se desanimaliza, se convierte en un ser humano que es ya un poeta, para él tiene la poesía un papel muy importante y en momentos como estos que vivimos de crisis internacional, etcétera, lejos de desaparecer, de perder importancia la poesía, yo creo al contrario, que la reclama, la reclama mucho, yo he vivido momentos muy tensos en la vida, por ejemplo en los años 70 estuve en Vietnam, cuando la guerra, para contribuir a hacer un documental, iba con amigos del instituto del cine y a medida que nos acercábamos a la zona 17, oíamos los bombardeos terribles que padecía el país, estaba escribiendo un libro que se llama: “Cuadernos paralelos” y casi todos los integrantes del equipo empezaban a ser poetas, eso me dio a entender que en los momentos de gran tensión, la poesía tiene una función que desarrollar, todo el mundo que se enamora, más o menos es un poeta, muchos de los que sufren también se vuelven poetas, cuando se viven situaciones límites, la poesía reclama su lugar. Yo creo que la poesía está irremediablemente unida al corazón del hombre, creo que vivirá tanto como viva el hombre en este planeta.

LZ -¿Qué opinas sobre el rol de las mujeres creadoras, las poetas, escritoras?

RFR - Yo tengo una hija que es médica y escritora y que vive con nosotros y estoy casado con una crítica de arte desde hace, como te decía, 50 años, así que he estado rodeado de mujeres creadoras, es muy bueno para mi que me he vuelto feminista a pesar de mi inevitable origen machista. Es una gran cosa haber visto la presencia tan grande de mujeres escritoras y sobre todo en los años recientes narradoras, porque poetas ha habido siempre, bueno, siempre no, pero Sor Juana Inés de la Cruz no tuvo que esperar a estos siglos para ser la gran poeta, la mayor de la lengua castellana, me siento muy enaltecido porque yo creo que sin un triunfo del feminismo, sin una conquista de igualdad real de derechos y deberes de la mujer el mundo no tiene salvación. A mi me hace muy feliz esa pléyade de noveles escritoras con que contamos, en México hay muchas y en Cuba pues hay también muchas y buenas.

LZ - De Cuba qué me puedes decir, de el cambio que se ha venido dando de diez años a la fecha por ejemplo.

RFR - Bueno, Cuba empezó a cambiar en 1959. Yo había sido antes de la revolución profesor de la Universidad de Yale en los Estados Unidos y había aceptado un contrato en la Universidad de Columbia en Nueva York, ciudad que yo amo mucho y me iba de Cuba, de una Cuba, hasta el 58, corrupta y criminal que me hacía dudar de lo que era su sobrevivencia y al triunfar en el 59 la revolución, decliné esa invitación que tanto me honraba, que tanto me halagaba para quedarme en Cuba y desde entonces ha habido muchos cambios en el país. La década de los 90’s fue muy dura para nosotros, como sabes, debido al bloqueo que padecemos, la mayor parte de nuestro comercio se hacía con la hoy extinta Unión Soviética y con los países que se llamaban del campo socialista y ese comercio se fue al garete y esos acontecimientos designaron el final de los 80’s y eso se tradujo en Cuba en una situación muy difícil.

Yo recuerdo por ejemplo en los años 93 y 94, pero sobre todo en el 93 como un año terrible, teníamos ocho horas sin electricidad y ocho horas con electricidad y en el verano, que es terrible el calor, que necesitábamos un ventilador pues no había electricidad, entonces salíamos al portal a cantar a maldecir. Yo tengo dos nietos y los alimentos se estropeaban y felizmente hemos ido saliendo de ese estado, no es que crea, para nada que Cuba sea paradisíaca, nunca he creído que Cuba es el paraíso, por lo tanto como decía Galeano el otro día, tampoco creo que sea el infierno, creo que es el mejor de los purgatorios posibles, pero lo cierto es que hemos ido saliendo de ese marasmo, de esa inmensa dificultad y en parte es gracias al turismo y efectivamente la Habana se ve más animada ahora, el país entero, si recorres la isla entera verás y eso me hace sentir enormemente feliz, que sigamos progresando.

LZ -¿Me podrías comentar algo sobre tu relación con Ernesto el Ché Guevara?

RFR - Bueno, yo no fui amigo del Ché Guevara pero como millares de cubanos, por distintas razones, en un asunto de trabajo me encontré en varias ocasiones con él e incluso, el último viaje oficial que el Ché hizo a Cuba, después hizo otros pero ya no eran públicos, un día de marzo del 65 viajó de Praga a la Habana y lo hicimos juntos y también por azares el avión en que volábamos, que hacía escala en Irlanda, se estropeó y pasamos dos días y dos noches conversando como dos muchachos, como dos locos y esa fue una linda experiencia.

Tengo un recuerdo muy bonito del Ché, que no es un figurón, como a veces se le trata de convertir, era un cálido ser humano, deslenguado y que decía verdades a trochas y mochas, por ejemplo, de repente, piensa en marzo del 65, llega el Ché y me dice: “ven acá Retamar, a qué atribuyes tú que la Unión Soviética se halla ido a la mierda”, yo obviamente me quedé de una pieza, bueno le di mi opinión, basada en un autor que yo admiro muchísimo, autor de la excelente biografía de Trosky y que trabajó mucho sobre la revolución rusa y le respondí más o menos pero eso al Ché no le satisfizo para nada y él me dijo que no, para nada, que el entendía que la razón era la nueva política económica que se instauró al principio de los años 20’s en Rusia y el hecho de que Lennin muriera, relativamente joven, yo pensé que Lennin había muerto viejísimo porque murió a los 54 años pero imagínate que si ahora tengo 71 me parece un adolescente y como Lennin murió, no pudo tomar las medidas posteriores y desde ahí comenzó a distorsionarse la Unión Soviética, a extinguirse ¿no? como hemos mencionado.

El Ché era muy sensible pero ocultaba eso con una especie de coraza, con sus ironías argentinas y era un encanto hablar con él, realmente, era un hombre de gran fascinación, un humano de gran valor, como todos saben.

LZ - Qué consejo les darías a los escritores noveles, ¿qué les dirías?

RFR - Pues por mi experiencia, desde mis 71 años, se que los noveles no atienden mucho los consejos que se les dan, pero quizás les daría no un consejo, les desearía que encontraran como encontré yo, figuras tutelares, como fue para mi don Alfonso Reyes, que encontraran a grandes poetas a quienes admirar, un alma como Cesar Vallejo, grandes poetas animadores como José Lezama Lima y estoy seguro de que los jóvenes van encontrar esos maestros, aunque por supuesto que los jóvenes están obligados a hacer cosas distintas, no a repetir lo que han dicho figuras anteriores, el verdadero discípulo es el que es distinto de su maestro, sino, no es un discípulo, es un mero repetidor.

LZ -¿Y por último, cómo describirías a Roberto Fernández Retamar?

RFR -¿El Roberto que soy yo? Yo no perdería el tiempo de escribir sobre eso pero para responderte esa pregunta, me gustaría hacer míos esos versos del retrato de Antonio Machado, un poeta que yo amo mucho, y decía: “Al que universo brota, de manantial sereno, trae en mis venas gotas de sangre jacobina, y más que un hombre aluso, que aves trinan, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

LZ - Así con este poema recitado por él, enfrente del mar y con prisa ambos por entrar a la Conferencia nos dijimos hasta luego.

 

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