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Raul
Henao: poeta diferente
Stefan
Baciu
Desde la albanización de la
poesía nicaragüense, que durante varias décadas ha sido una de
las más vivas y dinámicas de nuestro Continente (basta citar
poetas como Salomón de la Selva, Pablo Antonio Cuadra, Ernesto
Mejía Sánchez, Carlos Martínez Rivas, Horacio Peña, Yolanda
Blanco y al buen Ernesto Cardenal –el de la “Hora
0”, anterior a sus cantos ezrapoudianos donde ensalza a Carlos Marx y a Fidel Castro, las repúblicas
latinoamericanas que se impusieron por una poesía, al mismo
tiempo, vital y original, son, a mi parecer, Perú, Venezuela y
Colombia. Este último
País, después de la explosión del “nadaísmo”, que acabó
en… la nada, ha dado a la lírica hispanoamericana algunas voces
de valor, por ejemplo, Orietta
Lozano, J.G. Cobo Borda, Juan Manuel Roca, y Raúl Henao… Que
nos parece el más personal de ellos con una voz muy suya, es
decir, libre y liberada.
Nacido en 1944, Raúl Henao
comenzó por ser un buen poeta joven que supo imponerse por medio
de libros como Combate del
Carnaval y de la Cuaresma, 1973 (el azar objetivo quiere
que esta página que martillo ahora en mi máquina en Honolulú,
se escriba en el martes de Carnaval);
El bebedor
nocturno, 1978, y, para nuestro gusto, Sol Negro, publicado hace cinco años, en 1985.
Lamentablemente
los llamados “críticos” del “Continente Ingenuo”
(El Viejo Soldado Marof dixit) no se han dado el trabajo de reseñar
o enunciar estos libros, dejando a Raúl Henao en una zona de
silencio “gris”, haciendo en cambio propaganda de autores como
Cardenal Y Gioconda Belli, de Nicaragua, y otros que se limitan a
imitar a éstos.
El más reciente libro de Raúl
Henao, cuya primera edición
se imprimió en Medellín en 1989,
en los talleres de la “Editorial Lealon”, con una
excelente portada del inglés Philip West, uno de los mejores
ilustradores de poesía verdadera del “viejo” y del
“nuevo” mundo (no se debe perder de vista que
West vivió y trabajó una larga temporada en Caracas) se
titula El Partido del
Diablo.
El volumen es una colección de
poesías de primerísima calidad, y entre textos como “El
Exilio”, escrito en México y dedicado al poeta exiliado rumano
Ion Caraion (a quien yo fui el primero en publicar en Bucarest en
los años 30, cuando aun firmaba con su nombre verdadero, Stelian
Diaconescu) "Vuelta al Verano”, etc, se encuentran una
serie de prosas: mezcla original de prosa y poesía, donde
resplandecen autores como César Moro, Enrique Gómez Correa y
Aldo Pellegrini.
De esta manera, Raúl Henao se
impone como un poeta sin comillas y como vocero de un grupo de
grandes “ninguneados”, representando con altura y dignidad la
poesía de MAÑANA y de SIEMPRE.
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