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A
propósito del libro Sol Negro: Raúl Henao o la risa
exterminadora
Como burbuja que hierve
en el agua del fogón
desaparece mi cuerpo
en mis palabras.
Mis palabras son la
costura
de mi cuerpo
mi cuerpo se entreteje a tu cuerpo
mis palabras son tu cuerpo.
La luz que dibuja su estrella.
(Identidad, Sol Negro).
La poesía de Raúl Henao es un
derroche del hedonismo. “Sol
Negro nos introduce de inmediato en un sensualismo, en
un gozo de la palabra y del cuerpo. Es un juego que nos quema y
nos saca de los viejos esquemas convencionales de la poesía. Por
eso, escamotea, hiere, exaspera. No es una poesía que siga un
realismo y un patrón cultural cualquiera. Tampoco una poesía de
imágenes encontradas al azar y contrapuestas a la manera de un
surrealismo. Es una poesía de honda reflexión filosófica, no
una filosofía amañada a la manera occidental, sino esa filosofía
que está comprometida con la vida, con el cuerpo y con el
lenguaje. Una filosofía de la alegría a la manera nietzscheana.
Una filosofía de la transgresión y del erotismo, como lo señala
Bataille.
En el poema “Retorno a
Nietzsche” nos dice: “Jugar con fuego! Mi corazón / es un
galpón de gasolina / Un polvorín de juegos artificiales /…
Zarza ardiente / es todo / cuanto amo / … Baile en la fumarola /
de un volcán en erupción /… Ay, mi pensamiento se consume / En
la hoguera de la hermosura del mundo.
Una hermosura de mundo, pero
contemplada desde la altura del poema, desde la altura de la
llama, del fuego, del baile, de la embriaguez.
Los poemas de “Sol
Negro” están muy lejos de una retórica ya superada,
de una cultura mítica. Lo que aparece claro y diáfano en el
poema que es una magia de la palabra, un onirísmo. Esa palabra se
convierte en transgresión al ser escrita y en pesadilla al ser leída.
Las nociones de forma,
contenido, técnica, le son ajenas al poeta (para bien de unos
cuantos y para mal de muchos). Su lenguaje es pura arbitrariedad
inteligente. No hay una representación del mundo por una metáfora
o analogía o hipérbole. Esta poesía es calidoscópica , sol
negro, murmullo de la voz, levadura de un volcán “solitaria
llama de las palabras”, pozo del sueño, música del
aire, ebriedad del agua”.
El Encuentro con Georges Bataille no se hace esperar: ese
encuentro que “anuda el lenguaje de la libertad con el
crimen”. El lector que haya incursionado por “El
Erotismo”, “El Muerto”, “Madame Edwarda”, “ El
azul del cielo”, etc. de Bataille, habrá sentido, como
Raúl Henao, que uno queda atrapado “en un mar de vómito y lágrimas”,
“en un chorro de oscuras delicias, una madeja de delicias”.
Con los poemas de “Sol
Negro” Raúl Henao transfigura la poesía en nuestro
país, al mismo tiempo que cuestiona una creatividad poética. Su
poesía es un constante cuestionar la vida del hombre en una
cultura. De ahí que su poesía necesite un conocimiento de
ciertos valores culturales por parte de los lectores, pero, por
encima de todo, que el lector sienta la vida y el lenguaje.
Qué bueno que el lenguaje y la
vida no fueran tan irónicos con el hombre. El placer de leer a
este poeta no tiene que ser de unos cuantos. ¿O será que,
definitivamente, “la vida no es seria en sus cosas”, como dice
Rulfo? Pero también tenemos que amar lo inalcanzable.
Es por este conocimiento
exigido en el poema que el poema mismo no es ni político, ni
social, ni realista, ni coloquial; sino cultural, o, si se quiere,
filosófico. Si deseamos encontrar que la vida, el poema, nos sean
accesibles, claros, limpios, poéticos y hermosos, acerquémonos
con una actitud desprevenida ante su lenguaje:
En el pequeño valle escondido
entre
altas montañas
la lluvia teje la lana de la luna.
Abajo el torrente es un violinista
de barba encrespada
montando la cabalgadura del temporal.
El crepúsculo bailotea como una mariposa
en la solitaria llama de mis palabras.
Por allá en el año 1979, reseñando
“El inglés descrito
en un castillo cerrado” de André Pieyre de
Mandiargues (Revista “Escritos”
de la Facultad de Filosofía y Letras de la UPB No. 11),
encontramos que ya Raúl le caminaba a esto de erotismo y de Sol
Negro:
“Eros es un dios negro. El
eco de semejantes palabras nos recuerda significativamente que
apenas son una parodia; mejor, una transposición de aquellas de
los antiguos misterios isíacos y eleusinos: “Osíris es un dios
negro”, que una voz inidentificable murmuraba al oído del neófito
en lo más desesperanzado de la noche y el laberinto de la
iniciación” Estas primeras apreciaciones de Eros y Ludens,
dios, lenguaje, se encuentran ya acabadas en este precioso libro, “Sol Negro”.
“Veo un sol rabioso devorado
por un saltamontes en la colina /… Un sol loco y espumeante
corriendo en la colina / Tras de mi ojo izquierdo, saltado y de
negro / Sombrero de copa. (Sol Negro).
Esta transgresión de la
realidad que se opera en el poema es tarea de la más alta poesía.
Esta fusión de cosas opuestas a la mirada plana de las cosas, a
la dialéctica de las mismas, al idealismo y a todos los
materialismos que se hacen presentes hoy en toda la literatura,
cobra pleno rechazo en los poemas de “Sol
Negro”. Rechazo frente a la concepción del Eros
platónico y medieval; de eso que siempre trae malestar a nuestra
cultura, Eros y Thanatos. Dice Bataille: “Una agitación febril
en nosotros pide a la muerte que ejerza sus estragos a nuestras
expensas” (“El Erotismo”).
En la lectura de “Sol
Negro” nos sacude una risa. Es la risa del horror;
esa risa que desarma la lógica y todos los poderes ocultos en un
lenguaje. De un lenguaje fácil y acomodado de decir las cosas.
Para una lectura también plenamente poética de “Sol Negro” tenemos que saber reir, encontrar esa fascinación
por el horror, por todo lo inconfesado que no nos atrevemos a
decir y que el poema lo dice por nosotros “Ese sol obsceno y
sangrante / Entrevisto a ciegas en el culo de un mono / del Zoológico
de Londres / Y que produce sobre el escaparate de la vigilia / el
calofrios de la guillotina /…”.
La risa exterminadora que nos
conduce a la tansgresión de toda regla se encuentra tras abrir
las puertas de “Sol
Negro” –si es que tiene puertas- ¿Por qué Sol y
por qué Negro? Porque quizá “El sol ama exclusivamente la
noche (epigrafe del texto). Por esto y mucho más… “Porque el
camino es una perla sin ostra / y la marea me arrastra de vuelta /
Tras mi frágil mundo de sombra / Rescoldo en el alba, náufrago
del sol /… Todo el texto es una búsqueda incesante de la poesía
con ese único testigo –el Sol. Búsqueda de la vida, del
erotismo, el lenguaje y la muerte, eternos jugadores del azar de
los hombres.
Por medio de la palabra y su
materialidad, la escritura, los sueños adquieren expresión. En
estos poemas no son el poeta ni el lenguaje los que hablan. Habla
el viento, la piedra, la hoguera, los sueños.
Raúl Henao, un poeta suicidado
por la palabra. En su encuentro con lo onírico es él explorando
los sueños, o es él explorando por los sueños.
El lenguaje, lo onírico, la
poesía, hablan al hombre en estos poemas. Este poeta en su
encuentro con la palabra , con el mundo, se deshace en destellos,
choca con el sol, se hunde y burbujea en el mar, llega a la casa
de la bruja y en la sociedad del bosque se fuma la cigarra, “la
helada cigarra del campo”.
El poeta frente al “Sol
Negro” es el primer espectador activo de su lenguaje,
un niño con alas de ángel que ve un sol negro devorado por un
saltamontes en la colina.
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