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jesús sepúlveda

 

Jesús Sepúlveda (Santiago, Chile, 1967) es uno de los principales poetas latinoamericanos surgidos a fines de los años ochenta y principios de los noventa. Su notable poema "Lugar de origen" –escrito a los 17 años de edad- es una retrato generacional marcado por la violencia y la rebeldía de los últimos años de la dictadura de Pinochet. Entre 1992 y 1995, dirigió en Santiago de Chile la mítica revista "Piel de Leopardo", y entre 1997 y el 2000, codirigió en Eugene, Oregon, la revista bilingüe "Helicóptero". Su tratado eco-libertario, "El jardín de las peculiaridades", fue publicado en Buenos Aires en febrero del año 2002, dos meses después del estallido argentino. Este año el libro será reeditado en Chile, y para septiembre del 2004 la casa editorial californiana, Feral House, proyecta publicar su traducción al inglés. La poesía de Jesús Sepúlveda ha sido recogida en revistas y antologías chilenas, argentinas, brasileñas, costarricenses, mexicanas, estadounidenses, españolas y francesas. Entre sus libros de poesía destacan Hotel Marconi (Santiago, 1998), Correo negro (Buenos Aires, 2001) y Escrivania (México, 2003).

1. ¿Cuáles son tus afinidades estéticas con otros poetas hispanoamericanos?

Mis afinidades son variadas y contingentes. Mudan con el tiempo: se acomodan al presente o desaparecen en el pasado. Forman una red múltiple de gustos, lecturas, lenguajes y apropiaciones, que se fusionan poco a poco en forma acumulativa. Para centrarme en el siglo veinte y en América Latina, debo comenzar con la vanguardia histórica. Allí están Huidobro, el Neruda de las residencias y algunos poemas de denuncia escritos durante la guerra civil española, Vallejo, siempre presente, la prosa de Paz, la inteligencia erudita de Borges, los vericuetos barroquinos de Lizama Lima y, junto a ellos, la antipoesía huasa de Nicanor Parra, y el sonsonete místico y militante de Ernesto Cardenal. En cierto sentido, también me ha tocado la pulcritud de la Mistral; pero no la pulcritud aséptica de los re-tó-ri-cos, sino áspera, como un fósil de la precordillera. Éstas son mis preferencias, que han ido variando obviamente. Cuando era veinteañero me revitalizaban las imprecaciones tremendas de De Rokha contra el fascismo. Las chorezas de Gonzalo Arango me siguen simpatizando. Cierta fonetización peruana de Carlos Germán Belli y afrocubana de Nicolás Guillén me ha cautivado; lo mismo el ingenio antropofágico de Oswald de Andrade. Hay muchos autores que quizás volvería a releer, entre ellos: Jorge Teillier, Juan Gelman, Antonio Cisneros, Mahfud Massís, Roque Dalton, Gonzalo Rojas, José Emilio Pacheco, José Ramos Sucre, Jaime Sabines, etcétera. La poesía vertical de Juarroz posee una lámpara esquinada; mientras que la agudeza febril de Lihn y su lucidez destemplada son como un látigo que restalla en el silencio. También Pizarnik me desata, como cordel de cáñamo que desenrolla la infancia mortecina e inquietante que sólo a los iluminados les toca vivir. Perlongher me enseñó la melopeya, mientras que Juan Luis Martínez abrió su ventana feroz para ver la nada. Me gusta Rosario Castellanos y también Jaime Saenz, que me llevó por la noche paceña directo al corazón aparapita. Junto a ellos está la poesía chilena de los ochenta ejerciendo su impronta fugaz: Rodrigo Lira, Raúl Zurita, Diego Maquieira, Tomás Harris, Carmen Berenguer, Gonzalo Muñoz, Elvira Hernández, etcétera. Por cierto, mis compañeros de cubierta en el barco de los locos han sido mis autores y lectores favoritos: Víctor Hugo Díaz y Guillermo Valenzuela. Sin embargo, mi relación generacional y lectora con mis contemporáneos y contertulios ha sido mucho más versátil: Alexis Figueroa, Álvaro Ruiz, Carlos Decap, Sergio Parra, Malú Urriola, Yanko González-Cangas, Francisco Véjar, Marcelo Novoa, Jaime Retamales, entre otr@s. En Argentina, me siento generacionalmente cómplice de los colectivos de las revistas "18 whiskies" y "La novia de Tyson", además del proyecto "Zapatos rojos". Tal vez esto sea una proyección de nuestra experiencia generacional alrededor de la revista "Piel de leopardo". Entre l@s autor@s que puedo mencionar se hallan Daniel Durand, Washington Cucurto, Fabián Casas, Romina Freschi y Karina Macció. En un contexto más latinoamericano, siento una filiación muy próxima a los chilenos largo tiempo expatriados Álvaro Leiva y Jorje Lagos Nilsson, al argentino Horacio Fiebelkorn, al costarricense Luis Chaves, al mexicano Leslie Dolejal y al cubano Víctor Rodríguez Núñez. Este mapa que acabo de cartografiar es obviamente parte de otras múltiples afinidades estéticas que se desplazan por el mundo del cine, la pintura y la música; además de recorrer literaturas en otros idiomas. Hace años que persisto en un diálogo interno con la poesía norteamericana. Pero también la poesía española -Lorca, Panero, Fonollosa- y europea en general han contribuido a formar mi sensibilidad estética. Aprendí a leer francés con Rimbaud y Baudelaire, y de ahí el linaje abierto se extendió a Artaud, Michaux y otros. Últimamente me he ido acercando tímidamente a la literatura árabe y asiática. La filosofía y la prosa también son fuentes activas de las que me nutro. Lo mismo me ocurre con los idiomas y los ejercicios de traducción. 

2. ¿Cuáles son las contribuciones esenciales que existen en la poesía que se hace en tu país que deberían tener repercusión o reconocimiento internacional?

Creo que la nacionalidad chilena tiene su base fundacional en el largo poema épico La Araucana. Chile se ha ido fundando y refundando a través de su literatura. Eso ha generado una fricción necesaria para que se crearan distintos lenguajes y poéticas convenientes o no a los proyectos de país que se han barajado en distintas épocas. El siglo XX fue un siglo de oro dividido en dos grandes vertientes: la experimentación vanguardista y el discurso metafórico. Por un lado, Huidobro, el grupo La Mandrágora, Nicanor Parra, Lihn, Jodorowski, Juan Luis Martínez, Alexis Figueroa; y por el otro, Mistral, Neruda, Teillier, Rolando Cárdenas, Álvaro Ruiz, etcétera. También brotaron discursos tremendamente vernaculares como el de Pablo de Rokha o de una oscuridad eclipsada y vidente como el de Mafhud Massís. Creo que la experimentación última realizada por mujeres poetas ha abierto el camino del reconocimiento del cuerpo como zona de escritura. Allí está toda la habladuría poética de Carmen Berenguer, que impregnó el ambiente con su labia desarticulada meticulosamente, permitiendo que surgieran escrituras como las de Nadia Prado y Malú Urriola. Tal vez el Contracanto de Delia Domínguez haya abierto esa puerta, que ahora lleva al jardín verbal bellamente enrarecido de Damsi Figueroa. En este sentido, veo que cierta literatura "femenina" ha tenido repercusión internacional a través de diversos trabajos académicos o de invitaciones al extranjero. Lo mismo ha ocurrido con cierta poesía de corte experimentalista, que ha sido apropiada en forma especular por otras vanguardias latinoamericanas: el neobarroco, por ejemplo. Hay también un intento minimalista de chilenizar el lenguaje que eventualmente podría dar resultados valiosos, aunque el minimalismo existente hoy en día todavía peca de plagio. Tal vez la escritura personal de Álvaro Leiva, Guillermo Valenzuela y Víctor Hugo Díaz, que surge a fines de los ochenta, demarcando un límite entre el experimentalismo, el discurso metafórico y el espíritu vernacular ex profeso, haya sido uno de los más interesantes meandros surgidos en la poesía chilena en los últimos veinte años, sin haber tenido aún una repercusión y un reconocimiento visibles. Hace más de una década que también se viene hablando de una suerte de etnopoesía, término acuñado –creo- por Iván Carrasco. En esta medida, veo con una pujanza vital las escrituras de Jaime Huenún y Elicura Chihuailaf  que, junto a los primeros libros programáticos de Tomás Harris y Clemente Riedemann, conforman un nuevo tipo de habla, distinta en sus diferencias. Este espacio es el que ha venido hurgando hace tiempo también Cecilia Vicuña, cuya residencia en el extranjero le ha permitido ampliar su repercusión a un ámbito internacional.

3. ¿Qué impide una existencia de relaciones más estrechas entre los diversos países que conforman Hispanoamérica?

Creo que el territorio de América Latina ha sido atomizado por el Pentágono a fin de ser mantenido bajo control. Si bien es cierto que la globalización engendra, por medio de la estandarización, la ilusión de una mayor cercanía territorial; no es menos cierto también, que estamos muy lejos de conformar una comunidad cultural, intelectual y poética que permita entendernos, leernos y, ojalá, abrazarnos con ternura. Los esfuerzos solitarios desgastan a sus participantes, mientras que las iniciativas estatales caen en el eventismo. En términos académicos, América Latina se mira el ombligo desde Norteamérica, donde se construye como lugar de identidad, borrando sus matices y peculiaridades a fin de normalizar el territorio. Esto ha hecho que nuestra mirada latinoamericana esté mediada por la injerencia estadounidense, que al mismo tiempo atomiza y construye puentes de conexión. Mientras los esfuerzos solitarios no se vuelvan colectivos, sanando la enfermedad neoliberal de la competencia y el complejo postraumático que engendra el vil "chaqueteo", las relaciones entre los poetas al sur del río Bravo nunca podrán ser más estrechas.

poemas

 

EL BÚHO Y LA ALONDRA

El búho lee a William Carlos Williams en castellano

La alondra un artículo sobre Pinochet en inglés

 

El búho y la alondra duermen juntos todas las noches del año

Preparan cuidadosamente la cena

 

Bailan tango / Toman café

Jamás se emborrachan ni fuman demasiado

 

Corren cuatro o cinco veces por semana

Él dejó el cigarrillo ella el estrés

 

El búho se emociona cuando escucha a Gardel

Ni que fuera argentino o cafiche de barrio

 

La alondra baila como loca

cuando suena en el estéreo Ani di Franco (su último CD)

Mueve los brazos

Canta

 

El búho se viste de negro

La alondra se lustra los zapatos

Hay mañanas muy heladas cuando corren con sus guantes

 

Nadie sabe matemáticas

¿Cuántos kilómetros son 6 millas?

¿Y cuántos pares son tres moscas?

 

En este poema el búho sale primero

 

La alondra corre al baño

Todas las mañanas caen manzanas

En la luna no hay manzanas

 

La alondra llama por teléfono

Corre al supermercado / Compara los precios

El búho limpia

 

Y trabajan / sí que trabajan

Duro todo el año

Duermen de la noche a la mañana

Luego trabajan

 

Comen pan / Beben vino

Con la cena se alimentan

 

El general hace artesanía con la muerte

Williams enmudece

 

El búho y la alondra duermen

Corren

 

Se protegen del frío

y de la inquietud 

 

El búho y la alondra

A veces hay días que duele despertar

 

EL ANIMAL TIENE HAMBRE

El animal tiene hambre

de fulgor y estambre

Tiene hambre

 

Ha muerto tratando de cazarlo

Suspirando

última y fatalmente

 

El hambre brinca

Tiene vigilias

 

Hay lomos liberados

que bailan / se calientan

Beben agua con sospecha

 

La hambruna enrarece

¿O pan o azúcar o té

o gas

o la mano tierna?

 

El animal tiene hambre

de bondad

 

Famélicos aquellos que engordan

dejando sin comer al otro

u otra

que permaneció atenta a sus cachorros

 

El animal tiene hambre

Recorre zanjas

lomas

Viaja

 

Se para en dos patas y escarba la colmena

Abre sus alas y se arroja de un risco

 

El animal tiene hambre

cuando va en bandada

o vende sus pulmones sus ojos

su bondad su bronca

que quedan colgando de los ganchos de la carnicería

 

No hay matarifes sin matadero

 

hay una revista. un cuento. una micro

y el barrio donde se crió el que escribe

 

Hay matanzas

 

Generales los jiferos que llevan delantal plástico

o cotona blanca como los doctores

los químicos los curas los investidos

 

O botones dorados / jinetas

o terno

A cuero limpio

o sudado

 

Cuando el animal tiene hambre

todo está tenso

Se desmoronan los libros

se parte la tierra

 

En el jardín brotan flores de otoño

En la glorieta irreal y necesaria

corre la brisa

pasa la gente

 

El hogar es uno

que fuma sentado en el patio de su casa

o en un hotel

o aguarda silencioso en el rincón de la infancia

o espera afuera

hasta que abran la mampara

 

El hambre sale y entra por las rendijas

Hace ranuras

Respira

Trepa rejas

Se alimenta

 

El animal en cambio no espera

desfallece o muerde

Tiene hambre

y frío

 

No sabe vivir

con dolor y angustia

pero trata

 

Se prepara once / se baña

o no se baña

 

Se harta hasta el hartazgo

 

Sorbe

Remoja el pan

 

Se serena un rato

 

YAGUÉ

A Álvaro Leiva

Somos cristales ¿Qué somos?

 

Perlas enlodadas que limpian la mente

Residuo turbio del pedregal

 

Perlas pedregosas que palpitan

como un turbulento río que entra por la boca

y sale del cuerpo

 

La serpiente alba es una estela en penumbra

Siluetas de troncos y ramas en movimiento

 

Al fondo las raíces acuáticas

rozan con sus vellos el vuelo de gusanos rectos

lanzados como flechas desde la oscuridad

 

Culebrillas verdes y moradas

 

La cuerda cobriza del cerebro

se suelta como caja de música en silencio

para recorrer el anillo de su danza circular

 

Perlas sin habla cuyos tímpanos nítidos

oyen el sibilante zumbido de las flechas

 

¿Qué somos?

 

¿Una luz inyectable que encandila

un brinco fugaz visto de reojo

la bolsa líquida donde balancearse

y estirar los dedos

o abrir los párpados que se vuelven a cerrar?

 

Ver el tiempo como espejo infinito repetido en otro

La misma imagen

cúbicamente recortada por todos sus costados

 

Beberse un río

con fango e insectos

 

Saltar del túnel al valle de las cosas claras

donde brotan perlas con pupila

a la luz matinal

 

La aparición de la corteza como lomo de lagarto

El flujo incesante que contiene el pensamiento

 

Flota la liana feral en el regazo

 

¿Qué somos?

 

Una cristalería de lujo que hay que limpiar

 

 

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editor geral e jornalista responsável

soares feitosa

coordenação editorial da banda hispânica

floriano martins

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