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porfirio mamani macedo

 

Porfirio Mamani Macedo ha nacido en Arequipa (Perú) en 1963. Doctor en Letras en la Universidad de la Sorbona. Se ha graduado también de abogado en la Universidad Católica de Santa María, y ha hecho estudios de Literatura en la Universidad de San Agustín (Arequipa) y en la Sorbona. Ha publicado poemas y cuentos en varias revistas en Europa, Estados Unidos, Canada y Latinoamérica. Ha publicado entre otros libros: Ecos de la Memoria (poesía) Editions Haravi, Lima, Pérou, 1988. «Les Vigies» (cuentos) Editions L’Harmattan, Paris, 1997. Voz a orillas de un río/Voix sur les rives d'un fleuve (poesía) Editiones Editinter, 2002. Le jardin el l’oubli, (novela), Ediciones L’Harmattan, 2002. Más allá del día/Au-delà du jour (poemas en prosa), Editiones Editinter, 2000. Flora Tristan: La paria et la femme étrangère dans son oeuvre (Ensayo), Ed. L'Harmattan, 2003. Actualmente Reside en París y enseña en la Universidad de Marne La Vallée.

1. ¿Cuáles son tus afinidades estéticas con otros poetas hispanoamericanos?

El impulso lírico, que dentro de la corriente del modernismo desarrolló Rubén Dario. Aunque este lirismo lo desarrollo más desde una perspectiva de la condición existencial del hombre.

2. ¿Cuáles son las contribuciones esenciales que existen en la poesía que se hace en tu país que deberían tener repercusión o reconocimiento internacional?

Dentro de esta marco reconocemos que el valor universal de César Vallejo, pero sin dejar de lado, la poesía centrada en la esencia de la palabra que desarrolla por ejemplo Martin Adan. Dentro de este contexto, la poesía de los años 50 y 60, centrada un poco en la problematica social, tiene cierta importancia en cuanto se ocupa de la condición del holmbre en una sociedad en pleno periodo de transformación, hacia la modernidad.

3. ¿Qué impide una existencia de relaciones más estrechas entre los diversos países que conforman Hispanoamérica?

Es esencialmente la falta de un sistema de vías de comunicaciones más adecuado. Las immensas distancias geográficas que separan a los países, hace que no haya un acercamiento más estrecho. En el campo cultural, la falta de una difución más eficaz de los libros y de la cultura en general. Esta falta de coordinación esta generada esencialmente por los límites comerciales que tienes las editoriales. Sólo con un esfuerzo, que sobrepase las fronteras, podremos ver un desarrollo cultural más homogenio de toda Latinoamérica, lo cual sin duda contriburá a definir su identitadad.

poemas

 

once

Una palabra se despunta de mis manos, como el mar que no veo, como una extraña primavera que se aleja, como mis ojos cansados que no esperan a nadie, como el arco iris que se extiende en el limbo del día, la palabra que nos une. No digo nada del tiempo y del olvido, de ese lejano laberinto que dejé un día para encontrarme en otro donde sólo brotan soledades como espinas. Soy yo esquivando las sombras de los días, estas que me ocultan entre las ramas y los muros invisibles que todos inventamos cada instante, para ser inalcanzables a la voz, a la mirada que nos ronda, mas no al espejo que en todas partes nos espera.

 

doce

He regresado al lugar donde te dejé y nada. Sólo la puerta inmutable me miró, tú no estabas. Silenciosa la gente pasaba azotada por la lluvia. Quería esfumarme como el agua de la lluvia helada y nada. Siguió el tiempo su curso inexorable y yo, recostado en el muro del olvido, frote mis manos en los poros de la piedra. Quería decirte que te amaba, pero no encontré tus ojos ni tu cuerpo junto a la puerta que debió guardar nuestro encuentro. Ahora me acerco a la noche, a la humana noche que Dios me ha heredado.

 

trece

No voy a ninguna parte y de ninguna parte vengo. Busco un rostro entre las nubes que insolentes me obstruyen el camino. Creo verte y no te veo, mujer, sombra que te deformas cuando me acerco a tu lado. Como siempre esperaré en alguna parte a alguien que no conozco. Será el viento, digo yo, cuando se mueve una rama en el oscuro jardín donde me pierdo. Eres tú, raro Enigma, que me sigues por este dudoso laberinto de soledades abiertas. Quiero ser alguien, y no soy nadie. Quiero hablar con alguien, mas nadie espera mis palabras en el blanco día.

 

catorce

La nada nos busca en cada piedra, en cada río que bulle entre las noches descubiertas, frías, incansables de soportar mis sueños en el alba de los días. Estando solo frente a ti, mar, quisiera perturbar tus blancas aguas para alejarme del silencio y de la nada. Pero no son tus aguas lo que veo, son las piedras que de la montaña han caído, engendrando así, abismos a mis pies. Mar y Montaña en este sueño que me encierra; abismo y desierto en mi camino. Soy este y no aquel, estas son mis manos, estos mis ojos, estos los pasos que doy sobre el polvo, sobre el barro tantas veces ya andado. Nada, voz implacable que perduras cerca de mis sueños. Acosas mi mirada sin revelar la forma que te viste. Espías mi sueño cuando duermo, cuando viajo dormido, así viajas a mi lado sin que yo te vea estando tú al alcance de mis manos. Voz que no se extinguirá en el desierto. Puerta que todos abrirán un día, espejo que todo lo guarda y todo lo muestra. Ruido que te ausentas cada noche, llaves que todos buscarán en el fondo de sus ojos. Allí estas tú, Enigma que cabalgas tras mis huellas.

 

quince

Oro y recorro la penumbra de los días que se abren como fantasmas a mis pies. Debo cerrar las puertas que me imponen las noches para preservar mis sueños. Dudosas pesadillas me cortan el camino en las mañanas. Le pregunto al día por la forma que debo dar a mis palabras, no a la costra de mi ser. Todos estos días que son una palabra que me envuelven, vieja soledad que no dejas de nombrarme las calles que han de frecuentar aún, mis ojos negros. Ahora la lluvia invade mi cuerpo de barro que no quise encontrar mientras me alejo. Todos preguntan por un nombre; todos huyendo de la duda, en la duda encierran su destino inacabado. Transparente al dolor, debo mirar los años que pasan como viento entre mis dedos.

 

dieciséis

Canto que nadie llevará a mi tumba. Una indudable noche, otros sueños inundarán mi casa. Yo abriré mi puerta, estiraré mis brazos como ramas secas que penden de la aurora. No habrá batalla entre nosotros. La luz cuando llegue apretará la noche sin dolor. Entonces miraré mis manos marcadas por el sol, miraré en un espejo circular mi rostro deformado por el tiempo; miraré también las heridas que nunca podrán cicatrizar mi alma y mi memoria. Todo cuanto pasa ha de pasar, la noche, el día, la noche. Yo en el crepúsculo tentaré mi suerte, aquella de vivir lo no vivido, aquella de tocar la otra orilla de mi ser. Por hoy, el tiempo lo define todo, en él escribo yo las noches que invento cada día, en él yo duermo cada noche, en él yo pinto mi retrato y aquello que azota mi memoria.

 

diecisiete

Yo que no soy nadie bajo la sombra que todos han nombrado; su destino. Debo esperar junto a una piedra el perfil de un desconocido, ese que tal vez eres tú o yo mismo. ¿Serán siempre así los signos que debemos enfrentar para tocar el árbol de la suerte? Sin alejarme demasiado de la puerta que me mira, debo recorrer todo un desierto de ceniza sin saber por qué. Ignoro como siempre, dónde termina este laberinto que me encierra: la vida. Yo que no comprendo nada de ella, nada de mí, nada de mi sombra, avanzo por esta vasta orilla como por una cuerda dudosamente tendida para todos los que pasan por aquí. ¿Cómo comprender las noches extrañamente iluminadas y las voces raramente pronunciadas? Sólo dudas quedarán cuando me vaya, sólo dudas llevaré al oscuro camino que me espera detrás de aquella puerta.

 

dieciocho

Cómo no ser aire, silencio inacabado. Desde esta huyente lágrima miro petrificado mi silencio. Desde este húmedo rincón miro, las ramas, la sombra que me falta. ¿Serán acaso los disidentes días, o las noches profanadas las que nombren mis huellas desnutridas? Nada en el cristal secreto de mi olvido, mirarás, tiempo que huyente has de pasar cuando me veas. Ahora, mirando el retrato de una extranjera me desvelo. No son mis ojos los que lágrimas vierten en un pozo, son las nubes que mojan mi dulce cabellera, es el viento que arremete contra los muros de mi casa, son las voces de los niños que abandonados buscan una casa, son también tus ojos que indiferentes miran mi desgracia. ¿Cuánto más debo recorrer para tocar las orillas de tu ser, sombra fugitiva? Nada brilla en este rostro que me mira, nada en su lenguaje carcomido de insomnio y falsedad. Cómo querer alcanzar con estas manos la forma inconfundible de tu ser, amiga que en los umbrales permaneces mirándome desde una ventana rota. Acercarme quisiera de tus ojos en las crestas de la hirviente nieve que no veo desde aquí. Ahora que cae la tarde y sobre la tarde llueve, cierro mis ojos para seguir imaginándote asida a tu celeste sueño.

 

diecinueve

No son sólo sueños, son también mis ojos que mirarte no podrán por mucho tiempo. Mira cómo viajan los adioses, de rama en rama sin decirme nada, mira cómo el silencio me procura noches y días para seguir viviendo. Así has de llegar un día, violenta y pura, después de tanta errancia no imaginada. Fuerzas no te faltarán, desdichada mariposa, para volver a cruzar el puente que humanamente nos espera. Aquí estaré yo, al borde de este río, mirando la silueta de tu nombre. Yo que te reinvento cada día, yo que subo a una piedra para escribir tu nombre, yo que busco palabras en los sueños, yo que te veo llegar y partir como las aves sin poder rozar tu esquivante vuelo e interminable ahora. ¿Habrá un fin para los dos? Digo yo mirando tu retrato en el fondo de una noche deshacida.

 

veinte

No me digas lo que debo hacer para encontrarte, sombra irreconocible que descansas bajo un árbol. No transcribí nada en esa costra, esa que debe soportar tu sueño cada noche. Voz doliente que nadie escucha. Grito marchitado por el tiempo y por el sol. Prado que todos esperamos encontrar después de todo despertar. Días que se disuelven en mis manos, polvo que sellas la indiferencia y el olvido. Esas son tus huellas, sombra peregrina, voz que no distingue nadie en la abundante hierba que inventan otras voluntades. Somos este camino abierto, somos esta herida, estos ojos que merodean al rededor de una lumbre oscura, para encontrar una puerta. Así viajan nuestros sueños como rayos que del cielo huyen, como esperanzas seriamente heridas. 

 

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