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renée ferrer

 

Renée Ferrer nació en Asunción, Paraguay en 1944. Es poeta, narradora y doctora en historia de la Universidad Nacional de Asunción. Entre su obra poética, se encuentran los libros: Hay surcos que no se llenan (1965); Voces sin réplica (1967); Cascarita de nuez (1978); Desde el cañadón de la memoria (1982); Galope (1983); Campo y cielo (1985); Peregrino de la eternidad y Sobreviviente (1985); Nocturnos (1988); Viaje a destiempo (1989); De lugares, momentos e implicancias varias (1990); El acantilado y el mar (1992) y El resplandor y las sombras (1996). Libros de narrativa: La seca y otros cuentos (1986); La mariposa azul y otros cuentos (1987); Los nudos del silencio (1988); Por el ojo de la cerradura (1993) y Desde el encendido corazón del monte (1994). Ha sido incluida en numerosas antologías de poesía y narrativa.

1. ¿Cuáles son tus afinidades estéticas con otros poetas hispanoamericanos?

Mis afinidades estéticas con otros poetas hispanoamericanos han variado a lo largo de mis libros. Desde Hay surcos que no se llenan, publicado en 1965 al último Las cruces del olvido, referente a l masacre del Marzo Paraguayo, editado en 2001 he pasado por diversas influencias. Desde Gustavo Adolfo Bécquer y Amado Nervo en los versos iniciales a Pablo Neruda y los poetas de la generación del 27, en creaciones posteriores. Desde los españoles Juan Ramón Jiménez y Vicente Alexaindre a Gonzalo Rojas o César Vallejo, aunque éste último siempre me ha parecido irrepetible. 

2. ¿Cuáles son las contribuciones esenciales que existen en la poesía que se hace en tu país que deberían tener repercusión o reconocimiento internacional?

Paraguay tiene muy buenos poetas. No se puede olvidar la renovación que representó para la literatura paraguaya el grupo de Josefina Plá, española de nacimiento y paraguayo por adopción, Herib Campos Cervera, poeta de la nostalgia de la tierra perdida, Ricardo Mazó y Oscar Ferreiro, de tinte surrealista, Elvio Remero, poeta de la denuncia y el amor, por citar sólo algunos. Los poetas de la generación llamada del 50, tales como Rubén Bareiro Saguier, con su nostalgia del exilio y su identificación con la lengua autóctona; Carlos Villagra Marsal con su “júbilo difícil” poblado por los pájaros del Paraguay a manera de una enciclopedia poética de las aves autóctonas; José Luis Appleyard con sabor a infancia y paraguayidad; José María Gómez Sanjurjo, gran poeta intimista. Luego vienen Jacobo Rauskin, con su poesía de la cotidianeidad, plena de ironía y caridad; Gladys Carmagnola, manantial de vivencias personales y de denuncia social; Susy Delgado, poea bilingüe en español y en guaraní. La lista no termina y la pluralidad de voces merecería un estudio más profundo. 

3. ¿Qué impide una existencia de relaciones más estrechas entre los diversos países que conforman Hispanoamérica?

El impedimento para la existencia de relaciones más estrechas en el caso de Paraguay es la poca difusión de nuestras obras en el exterior, el factor económico, la carencia de revistas que permitirían un intercambio más fluido, el individualismo. El reracionamiento se da generalmente en los congresos y encuentros de poetas, donde se intercambian libros y amistad.

poemas

 

RUMBOS

 

Para mi padre, donde esté. 

 

Me perturba que en triste lejanía

se mantenga el sonido de tu canto,

que la esencia de todo cuanto has sido

exista inmaterial entre los astros.

 

Te Volviste viajero de la noche,

de distintos senderos caminante.

Ya resuenan tus notas, otra escala

en esa dimensión que no me alcanza.

 

Qué importa si tú fuiste en la distancia

refugio de los cauces de mi llanto.

De otro sol es tu huella peregrina,

 

diferentes alondras te acompañan

Ya no puedo llegar hasta tu encuentro,

Ni tu fuego se enciende en mi palabra.

 

(de Peregrino de la eternidad, 1985)

 

XXIII

 

Una espina ha dejado

tarde atrás,

una lágrima roja

en el hueco rosado de mi mano.

 

Me devolvió al contorno de mí mismo,

escribió entre mis venas una carta

con noticias antiguas de mi cuerpo,

poniéndole un dolor al andamiaje

de mi viejas palabras.

           

Se ahonda en mi recuerdo aquella espina.

Más debajo de ti,

-toda hermosura-,

bañada su agudez con tu fragancia,

-tan perfecta en tus pliegues,

tan distante y ajena a su destino-.

 

Cómo duelen las ansas de tenerte,

aposentada en mí,

doliente y dulce espina.

 

(De Sobreviviente, 1985)

 

HAN TALADO LOS ÁRBOLES

 

Han talado los árboles

limpiando con mugre

las huellas del perfume,

cercenado las notas de un violín emplumado,

inmensamente frágiles,

profundamente puras.

 

¿Dónde está la matriz,

la médula olorosa,

el lejano reverso de la próxima siega?

El jadeo de las gramillas al pie del alto tronco

han perturbado

el pulmón de la selva con su aliento de nidos.

 

Ni siquiera las aguas fluyen libres.

Eructos de petróleo retardan la corriente

con sus multiprosaicos desperdicios.

 

¿Dónde viven los peces

cuando se herrumbra el lecho

de su salto o su sueño?

 

El aire,

sin rastros de metamorfosis lepidópteras,

se ha vuelto una opaca transparencia.

Sin el dorado ronroneo del abejorro

no es más que una memoria de polietileno.

 

Malograron los partos de la espiga

y la risa pascual de las guayabas

que mordisqueaban las mañaneras lenguas del sol

con sus dientes rosados.

 

Han…

Entre tanto nos damos

atracones de nada.

 

(De El acantilado y el mar, 1992)

 

LOS ROCES

 

De unos roces a esta parte,

entre la luminosidad de verte

y la desdicha de que te me pierdas

tras el amasijo de las consideraciones

y los péndulos tiránicos

y la nunca bien ponderada costumbre

de la rotulación estéril,

mientras desfallece la carne

de tantos orgasmos inventados

como fantasmas con tu rostro

y sin ninguna esperanza,

languidecen las miradas,

se indiferencian;

ni qué decir de las fogatas

que devoraban nuestros ojos,

y cómo sabíamos evitarlo,

eso de rozarnos sin darnos cuenta,

o tal vez

ni siquiera rozarnos,

sabiendo que

los pecados de la postergación

son los más graves.

 

(De El ocaso del milecnio, 1999)

 

DEMASIADO TARDE

 

To Think of the right thing

to say too late

Robert Frost

 

Robert,

espérame en la orilla de ese tiempo donde estás,

quiero ingresar al sosiego compartido.

No llegaré con estridencia de bocinas

o la premura del asunto pendiente,

tampoco de vestido largo

y capelina;

no llevaré sombra en los ojos

ni la máscara para los ritos usuales

y mucho menos las uñas pintadas;

no temas verme con mi primer recuerdo

clavado a la espalda:

ninguna queja de pena o de alegría.

 

Ingresaré a la esfera donde estás

como una nube

que habla sin romperse

y te daré la mano para me que ayudes a entrar:

- hogar es el lugar adonde vamos

sabiendo que nos esperan –,

tú lo dijiste con otras palabras;

el ropaje no importa.

 

Aguárdame,

quiero contarte las cosas que no dije;

aquellas que se ahogaron

con el ancla de las circunstancias

ciñéndome el cuello.

 

(De De la eternidad y otros delirios, 1997)

 

 

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soares feitosa

coordenação editorial da banda hispânica

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