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Felipe Cussen (Santiago de Chile, 1974). Ha estudiado
literatura y música, y
actualmente escribe su tesis doctoral sobre el hermetismo en poesía,
en la
Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Ha publicado un libro de
poemas sobre
James Bond, "Mi rostro es el viento" (Libros de la
Elipse, 2001), y aparece
en el libro "Gaborio. Artes de releer a Gabriel García Márquez"
(Jorale
Editores, 2003), compilado por Julio Ortega. Ha obtenido premios
en Chile y
en Cataluña, así como una beca de creación literaria del
Consejo Nacional
del Libro de Chile. |
1. ¿Cuáles son tus afinidades
estéticas con otros poetas hispanoamericanos?
Dentro de la poesía hispanoamericana me interesan
particularmente
aquellos autores que privilegian la experimentación con la
materia del
lenguaje (desde Huidobro y Girondo a otros como Eduardo Milán, Américo
Ferrari, Wilson Bueno, Saúl Yurkievich, etc.), así como aquellos
que han
desarrollado la poesía visual o sonora. También disfruto mucho
la lectura de
poetas en los que predomina la concisión y la reflexión, como
Paz y Juarroz.
2. ¿Cuáles son las contribuciones
esenciales que existen en la poesía que se hace en tu país que deberían tener
repercusión o reconocimiento internacional?
Si bien en Chile es bastante conocido, creo que
la figura de Juan Luis
Martínez merece mayor proyección internacional, la que sin duda
se ha visto
retrasada porque su principal obra ("La nueva novela")
no ha sido reeditada.
3. ¿Qué impide una
existencia de relaciones más estrechas entre los diversos países que conforman
Hispanoamérica?
Al menos en Chile, me sorprende continuamente lo
fácil que es encontrar
antologías de poesía francesa, inglesa o china, y la
imposibilidad de
encontrar antologías de poesía paraguaya, hondureña, boliviana,
por ejemplo.
Creo que la edición de antologías (con todas las deficiencias
que puedan
tener), es un buen primer paso para fomentar relaciones más
estrechas entre
estos países. |
poemas
LA CASA DEL SILENCIO (selección)
1.
Hoy he quitado la primera piedra de mi casa
y la he lanzado hacia donde se pone el sol.
Comencé a caminar y el desierto se abrió
mostrándome furioso sus venas
por donde transita el silencio de los hombres en ruinas.
Ahora la tierra palpita roja esta medianoche
en el peligro de un precipicio
en cada uno de mis ojos.
(Pero ya no queda ni un solo lugar donde morir.)
2.
Cada vez que he tomado este camino
he llegado a un lugar distinto.
Abrazado a una canción
hecha de un dolor incurable,
avanzo sin descanso por la noche
con mis latidos atados a la tierra
y a las voces de los muertos.
Las estrellas sólo suenan del otro lado del cielo.
3.
En esta hora que surge desunida
del desierto guardado en un puño,
camino junto a mis pensamientos
y sus hijos vencidos
como una oración desclavada del viento.
Sólo tras el reencuentro en una misma constelación
de todas las palabras que ignoramos,
podremos cambiar los naufragios que arrastramos
y los relojes dejarán de marcar únicamente la mala suerte.
4.
Una fiebre de armónicos
que se resuelven (o revuelven)
en la silueta de un pez rasgueado en su mudez
se apodera de esta marcha.
Conjugando la insistencia del cansancio
diviso un final en el que aún me esperan,
blandiendo en alto su inocencia,
cada una de mis respuestas, marchitas.
5.
Las frases de esta mañana
desfilan como interrupciones a destiempo.
Transcurre sólo la mitad de la luz.
Mi voz, mis manos y yo, todos prestados,
ya empiezan a reconocerse
en las marcas de este viaje en el aire.
Sin embargo,
ninguno de nosotros hacía falta para partir.
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