poemas
MANUSCRITO AL AZAR
Un minuto
solo un tic-tac frente al
mundo.
Un dìa de cada hora
la deriva marcha al mar
y se quedan pendientes los
augurios
con miradas calientes en
responsos
del dìa, la noche y a la
buena voluntad.
Los terraplenes se ensañan
con la boca
mientras en cada nudillo
te crece un eclipse
personal.
Jamás los habitantes
pertenecimos a la historia.
Son augurios con socorros
de aliento
las salvaciones de los
minutos,
para que te crezca la
bronca
por lo que dejaste atràs.
Una jornada se me atragantò
en nostalgia
con su tedioso camino sin
festejar.
Querida:
Ahora no se trata de
condecorar la suerte.
Tengo un inventario de los
últimos insomnios.
Soy Argentino de la
primera vez.
Sòlo los desprecios
pertenecen al poder.
Nada viene en la carroza
del azar.
Nosotros en la sorda
glorieta de los flacos jardines
configuramos atrevidas
caricias,
repartimos el pan
y el zoom de la inocencia
al sol.
Amo las distancia entre
continentes
la voluptuosa fruta de la
América Latina
con sus brotes magullados
sobre Plaza de Victorias
en tu atravesado amor.
Digo:
el crack de tu pollera
danza al ritmo de subversión.
Tiene un infinito espantapájaros
asfixiado
allì
donde se nos muere
el primer presidente en el
mercado de la traición.
Después que confisquen
los helechos,
los rostros del abismo
y la sandalia golpeada
rematando al rencor,
viene la gorda primavera
para regar los abrazos que
llegan,
los abrazos que parten
y los que parten en
abrazos
ya despojados de las càrceles
de Dios.
Serà tiempo de buscarte màs
para encontrarte màs.
Arrancar de garganta los
alambres de èsta tierra
con la desdicha de luchas
al azar.
Pero querida:
Ahora no se trata de
domesticar la suerte,
ni la muerte, ni èsta
comezón.
En los dìas de guardia
tambièn los àngeles
giran alrededor.
BANDERA DE UN VIEJO PIANO
(…deberìa existir una forma de limpiar y
desinfectar las palabras…)
Joyce
El pianista que ejecuta
los himnos nacionales es rengo
y las telarañas de una
clave de sol le muerde los zapatos.
Acomodado como un timòn
mueve la cabellera y su caspa
se diluye sobre las notas
que ya ni se emocionan
ni por los himnos ni por
la pobre patria.
Digo te diría, amor que a
mi tampoco me agrada el queso sardo
ni los olores de los
encuentros sin abrazos.
El invierno cae sobre la
higuera de los que sobreviven
y en un cajón del frìo
guardo adioses de mujeres que me soportaron.
Aparte del piano, del
hombre y de la caspa
està la tristeza
innecesaria de los pueblos abandonados
donde nada pasa ni un tren
con su lechuza de los años.
No es audible aùn una
canción de exilados
con su ejèrcito de sorbos
y sus manìas de fogón
libertario.
Reconozco que no existe
maldición en desarraigos.
Amo los pianos de la
lluvia
y la gargantas sorprendida
de las gotas
y los sueños que tienen
los gemidos
en los techos que duermen
para siempre
atrapados en los rasgos
de una garúa que no vendrà
a visitarnos màs.
Al pianista le cortaron
las manos.
A los himnos los ahogaron
en feroces silencios
por encargo de un amor
atrevido
que no dijo sin embargo y
decidiò callar.
Es verdad que no me gusta
el queso sardo
ni la primavera
atravesando augurios
ni la vida perdurable,
joder.
Debe existir una bandera
para un viejo piano,
una misión donde podamos
desintoxicar el canto
y olvidarnos de insolentes
pàramos.
No està demàs de vez en
cuando
inventar nuevas mentiras
para una promesa terminal.
EL AMOR Y LAS TORMENTAS
Pienso
que serà difícil inventarte de nuevo.
Irte
contando la vida, los tropiezos
y
deletrear las lluvias,
cuando
el olvido se traga una ausencia
y
se nos vienen encima campanarios muertos.
Hay
un cuando para amarte paìs
y
un donde de alertas que te quiero.
Se
presagia que el encerrado està suelto
porque
no devolvemos la colina y el sauce,
ni
el mar de todos sus vientos.
Recuerdo
la figura insistiendo
de
aquella muchacha del 76.
Nos
esperò solita andando,
en
la curva de la ruta y su destello.
Caminando
juntos por las calles
perdimos
el cansancio del miedo.
Con
pico y con pala
festejando
el dolor que va lejos.
Las
brumas no nos buscan,
nos
huyen y escandalizan sin suspenso,
a
los atriles de un piano incesante,
a
las mieles que protegen los sombreros.
Constantemente
late un miedo que separa lo intenso de lo inmóvil,
un
verde que desata nuestros rostros de enero.
Con
la utopía que aparece cantè
para
animar la soledad de aguaciles
en
vìas de encontrarnos con la voz que tengo.
Cuando
se retirò el penùltimo trueno
entonces
se liberaron los almàcigos tiernos.
Cerca
de la bondad perdida
hay
un vagòn abandonado.
Respira
una sed ferroviaria de amor
con
señales de guerra maltratando al cariño
de
una mar en coche que te quiero.
El
pobre apenas si se moja los labios
entre
algunas ortigas y malvas
y
farolitos tintineantes de vagòn de cola.
Susurran
que se viene la piedra
con
nacimientos intactos
desde
el sutil ombligo de la aurora.
Tiene
la convicción de esos pocos
que
entienden la vida sin culpas,
allì
donde los niños caminan por la soga.
Se
areglan los andenes, pero no los trenes.
Porque
nosotros cantamos baladas
que
transpiran la vida en advertencias.
Cuando
volvamos del espanto a la calma,
del
temblor a las luchas
y
de la moledora de los duros sueños,
asistiremos
al bautismo que pensamos,
aquel
dìa siendo pocos,
unos
muchos en la casa de los aguaceros.
Tendremos
aùn,
cierto
kilometraje de bandadas
con
su balada cotidiana de manos.
Perfiles
de manos conmovidas de riesgos
hablando
con el mundo boca a boca.
Darle
pan y agua
y
enjuagarle la frente con el padre del rìo.
Toda
esa luz por venir
es
navegante de pactos
para
vivir una dignidad ahora.
Amo
los colores de trapo
y
su calesita que es posible.
Se
escuchan las lunas con paciencia
y
los tablones del regreso.
Es
indispensable que gocemos
los
rescates perpetuos.
Las
propiedades de la piel en llamas,
esos
yuyos con que curan las estrellas
los
amores peregrinos
y
el imperfecto andamio de los cepos.
Hay
peligro y socorros alentando las marchas.
Somos
nosotros mismos
que
portamos la sortija y su suerte,
la
caìda y su làgrima.
Es
para disuadir la gastada tertulia de aviones
que
ya embarcan con escapulario infernal.
Pero
ya los terrones enloquecieron
los
viernes de corazón y los lunes y martes y miércoles.
Porque
estamos en un tùnel imprevisto
sacamos
la mano por el pecho y el pecho para gritar.
Ahora
paso a la clave de sol que viene.
Al
corito de aldeas que avanzan
y a
un barco con gesto de timonel de punta.
El
horizonte no se improvisa.
Un
rosario de baladas si.
Sòlo
un documento, una fecha de amor.
Una
necesidad de paìs. |