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juan calzadilla

 

Entrevista a Juan Calzadilla

Elvia Silvera

 

ES - En la perspectiva de los años sesenta, el surrealismo tuvo una presencia dominante, al menos como influencia que operó sobre el lenguaje de los poetas más comprometidos políticamente, como es su caso. Justamente, esta influencia, filiación o como usted la quiera llamar, ha sido uno de los aspectos más cuestionados a El techo de la ballena en un momento de intensa diatriba entre los partidarios del realismo y los que se pronunciaban por la transformación del lenguaje.

JC - Del surrealismo se tiene en nuestro país una idea bastante imprecisa. En principio se lo desconoce o se lo reduce a los clisés preparados por los medios de comunicación y la dominación. Como a todo mito, se le acepta sin estudiarlo ni discutirlo, pero desde lejos, y sin a entrar a su terreno. El desconocimiento de él es enorme, no sólo entre los poetas que lo adversan, o que lo copian sin darse cuenta de lo que hacen, o que creen ganar puntos adversándolo, sino también entre los que lo suscriben mediante adhesiones confusas y oportunistas, sin conocimiento de causas y rehacios a asumir compromisos.

El surrealismo nunca gozó de mucha suerte en Venezuela; comenzó a interesarnos muy tarde, cuando ya su influencia en el mundo declinaba e, incluso, cuando los grupos mismos que en Latinoamérica mantenían contacto con él o adherían a su estética se mostraban de regreso. Como sucedió en Argentina y Chile, donde la adhesión al surrealismo fue casi inmediata al auge del movimiento en Europa. Te hablo de los años treinta, e incluso antes, pues Huidobro, Borges, Vallejo y Girondo, de la primera generación vanguardista, tuvieron temprana influencia del surrealismo, y César Moro y Wesphalen, un poco más tarde, se hicieron adeptos fieles.

En todo caso, el surrealismo, para insistir en el tema, llega a nosotros de forma indirecta a través de la influencia de poetas que a su vez la recibieron de contactos directos con el movimiento, especialmente en Francia, a través del grupo de Breton, cuyo ascendiente sobre Aldo Pellegrini y Octavio Paz nadie discute. Fue el venezolano, en principio, un surrealismo de segunda mano, por lo menos en el lapso que corresponde al período heroico del movimiento. En Venezuela no tuvimos poetas de lenguaje  parasurrealista antes de l950. Y eso explica que fue sólo  por entonces, cuando Juan Sánchez Peláez y Hesnor Rivera aparecen en nuestro medio como abanderados solitarios, como puentes entre el surrealismo y el lenguaje convencional que nos legó, bastante empobrecido, la tradición del modernismo de Darío.  La tarea  de los poetas del 50 y del 60, en el caso de que hayan cumplido alguna tarea fuera de escribir,  fue iniciar la renovación del lenguaje para adoptarlo a formas y requerimientos más realistas, a una prosodia que en gran parte encontró el modelo de libertad buscada en el surrealismo, pero sin adherir a éste, sencillamente por mampuesto. En todo caso, al igual que ocurrió en otros países, nuestra comprensión del surrealismo, aparte de no haber sido en modo alguno militante, no siguió un curso ortodoxo como el que consiguió imprimirle Aldo Pellegrini al grupo A partir de cero, en Buenos Aires, un curso de ningún modo angular, sino más bien, por decir algo, diverso, vario, sincrético, apartado como en el caso de El techo de la Ballena, incluso voluntariamente, de una filiación muy avant la lettre  respecto al surrealismo francés. La aceptación de éste empieza a partir de las poéticas del 58, cuando se desarrollan espontáneamente líneas un tanto anárquicas, con las que, más que procurar afiliarnos, servían para identificarnos con un surrealismo sui géneris iconoclasta, sin el aval de la metrópolis ni haber sido proclamado como tal, con una fuerza intensa e informado menos por un modelo o por libros que por la intensidad de los hechos que vivíamos a comienzos de los sesenta. Y esto puede apreciarse,  modestia aparte, especialmente en la poesía, frente a la cual la prosa de ficción entre nosotros trajinó un lenguaje descriptivo y excesivamente localista, epígono del boom.

ES -¿Y no le parece que Ramos Sucre es bastante contemporáneo de Breton?

JC - Ramos Sucre era cinco años mayor que Breton. El problema es que, curiosamente,   lo que puede juzgarse como surrealista en la obra de nuestro poeta no proviene de un conocimiento o de una adhesión directa al movimiento francés. Estéticamente hablando, Ramos Sucre es un poeta del siglo XIX, un epígono tardío  del simbolismo y de hecho usted puede apreciar que su estilo narrativo está más cerca de Lautréamont y de Rimbaud, que del surrealismo mismo.

Sus motivaciones y obsesiones principales, como las del mal  y el dolor, hay que buscarlas en el siglo de su nacimiento, en el estatuto romántico, filtradas por la prosa de parnasianos y modernistas. En todo caso, es una obra extraña, acerca de la cual no cabe la menor duda que adquiere rol precursor para la poesía contemporánea venezolana. Lo que no puede  decirse  respecto de la poesía del continente, puesto que Ramos Sucre fue siempre, y sigue siendo en el continente,  un gran desconocido.  Por otra parte, para agregar otro punto más a la discusión, la relación del lenguaje de Ramos Sucre con el que surge a partir de los años sesenta es prácticamente inexistente.

ES - ¿Acaso esto resta importancia al juicio  de algunos críticos que ven en l obra de R.S. una  precursión  del surrealismo latinoamericano, como pretendía decir Stefan Baciú?

JC - Naturalmente que en su obra hay signos que hubieran podido dar lugar a que Breton, si se hubiera interesado en la poesía en lengua española, pudiera decir que  Ramos Sucre era un surrealista a pesar de Ramos Sucre.  Pero  éste, por lo que sabemos,  no tuvo información de  la existencia del surrealismo francés y dudo que haya leído a los poetas de este movimiento,  por lo menos antes de escribir sus libros y mucho menos., por supuesto, a Breton mismo   La adscripción que de su nombre suele hacerse al surrealismo es una tontería. Tampoco comparto la opinión que dramatiza los tonos desgarradores de su poética, aunque no niegue que esos trazos lúgubres que encontramos en sus poemas son de naturaleza autobiográfica, lo que de algún modo explica que el sufrimiento del poeta, registrado en sus textos. lo haya llevado al suicidio a los cuarenta años.

En otra parte escribí a propósito de esto lo siguiente: ¨El juego y el placer que satisface la escritura compensan en el caso del poeta el dolor y el sufrimiento de la vida, aunque no lo sustituyan. De allí que no crea que sea por una necesidad confesional que la pesía de Ramos Sucre alcanza esos ¨tonos desgarradores¨, sino porque este tono corresponde a un sentimiento estético apareado con aquello a lo cual, formalmente hablando, el poeta sabía atribuir mayor eficacia poética.”

ES - El grupo Viernes se inserta en una secuencia vanguardista que para algunos críticos viene a ser un primer puente o enlace de la poesía venezolana con el surrealismo. De ser esto cierto habría que preguntarse por la relación causal que podría haber entre la poética de Viernes y la que aparece con el deslidamiento introducido, en  un sentido contemporáneo, por los grupos Sardio y El techo de la balena. que le debe la generación del 58 Reflexión sobre el Grupo Viernes a propósito del surrealismo.

JC - En el Grupo Viernes, es cierto,  que se puede encontrar una primera referencia venezolana al surrealismo, hacia los años cuarenta, especialmente con Luis Fernando Álvarez en su libro  Portafolio de los navíos desmantelados, y en José Ramón Heredia, Otto De Sola y Vicente Gerbasi, pero no porque estos  hayan encontrado en el surrealismo un modelo de escritura o  porque  adoptaran patrones de comportamiento surrealista o grupal o  aceptarán su influencia como factor de cambio formal en el lenguaje de la poesía venezolana de entonces, siguiendo el ejemplo de lo que había ocurrido  en Chile, por ejemplo, con el grupo Mandrágora, de Rosamel del Valle y Braulio Arenas. Y antes con Pablo de Rhoka. La identificación con el surrealismo es también vaga y no creo que sea producto de un estudio o consulta de los autores susceptible de dictar pautas de estilo entre quienes, a comienzos de los cuarenta, habían llegado a una expresión madura. Luis Fernando Álvarez fue un caso especial de atrevimiento metafórico, aunque no es entre los poetas de Viernes  el más aceptado.

Por entonces, en Latinoamérica, se hablaba de vanguardismo  para referirse a las libertades formales que se desprendían de la influencia del Dada y del surrealismo, tal como se aprecia por ejemplo en la obras  de Huidobro, Sabat Ercasty, César Moro y el primer Neruda. E incluso se habló de vanguardismo como de un movimiento poético, en términos muy vagos e imprecisos. Me referiré sólo a un caso para explicar este retraso. Huidobro, a pesar de que sonaba, no era muy solicitado en Venezuela antes de los años sesenta. Recuerdo que en l951 los libros que de Huidobro podían ser leídos en la Biblioteca Nacional tenían aún sus páginas pegadas. Aquí leía yo a Temblor de Cielo  (a mi juicio, para aquella época,  el mejor libro de Huidobro), en su primera edición, armado de un cortaplumas para ir separando sus páginas. Igual me pasó  con Altazor. Se le juzgaba a Huidobro, quizás, demasiado abstruso e innovador.

Lo que por entonces  se conocía como vanguardismo procedía más bien de la influencia de Neruda cuyo versolibrismo enumerativo, mineral, intrépido y prepotente, tuvo enorme repercusión no sólo en la lírica venezolana sino en la del resto del continente sur. Sin duda que, antes que un vanguardismo tremendista como el que prosperó en otras partes, lo que reinó en Venezuela a lo largo de los cuarenta y cincuenta, antes de la aparición de Sardio, fue un nerudismo casero que, a veces, salvo en los casos de  Gerbasi y de los autores mencionados, casi llegó al facsímil y a la copia descarada. Es fácil comprender que la poesía venezolana experimentó en ese momento, a despecho de la divulgación que se le daba (y en general se publicaba abundantemente) un estancamiento.

ES - No sé si estás de acuerdo en que, la reacción de Sardio y de los poetas nuevos de fines de lo cincuenta fue más contra el nerudismo que contra las formas tradicionales que procedían de la generación del 18?

JC - Es curioso, pero la reacción de fines de los cincuenta no estuvo exclusivamente alimentada por los ensayos de un surrealismo que apenas  comenzaba a colarse por la puerta trasera con los grupos que en los bares de Maracaibo y Caracas se reunían a escribir cadáveres exquisitos, sino que fue un proceso complejo al que por igual concurría la influencia de la poesía en otros idiomas, dentro de un gran espectro ecléctico que se comenzaba a traducir en el país o que llegaba en ediciones españolas y argentinas y que comprendía a un buen número de poetas, desde Eliot a Sain John Perse, pasando por Rilke. No creo que tampoco fuera una reacción especialmente dirigida contra la tradición y menos contra un movimiento poético con nombre y apellido, aparte del que se escudaba tras la máscara del triunfante nerudismo. Lo que se imponía en el medio se percibía como una necesidad de mayor apertura a los lenguajes internacionales. Tal como ocurría, por ejemplo, en la pintura respecto al abstraccionismo.

En l956 comencé a leer a los surrealistas, aunque en bloque, sin detenerme en un autor en especial, salvo quizás en Artaud y Michaux. Por esta vía alcancé al Samuel Beckett de los años 70. De Venezuela leí mucho;  en su momento a Ramos Sucre, a quien insisto en ver como a un autor poco  reconfortante y un tanto aburrido desde la perspectiva de hoy. Citaré también al primer Sánchez Peláez, el de Elena y los Elementos, y a Rodolfo Moleiro. A Gerbasi lo reencuentro en Los espacios cálidos, que por entonces nos resultaba una lectura muy enriquecedora.  De Moleiro fui gran amigo, aunque no me considere su alumno. Alumno es mejor no serlo de uno, sino de muchos poetas y de ninguno.

ES - Y qué me dice de su participación en el grupo Apocalipsis, de Maracaibo?

JC - Creo que en un recuento de la experiencia surrealista  en Venezuela no puede pasarse por alto el papel  precursor de apocalipsis  ni tampoco la presencia en este grupo, como elemento propiciador o, si usted quiere, perturbador, de la tradición. Es insoslayable mencionar aquí a Hesnor Rivera,  quien durante una temporada en Santiago de Chile estuvo en contacto con el grupo Mandrágora y resintió a través de éste la influencia surrealista que impregnó desde  entonces su estilo para reservarle, tal como ha sucedido,  rol de adelantado del surrealismo venezolano. Fundado en Maracaibo en l956, Apocalipsis acogió, además de Rivera, a Régulo Villegas, Laurencio Sánchez, Atilio Storey Richardson, Néstor Leal, Miyò Vestrini y César David Rincón. Este último era el más endemoniadamente consustanciado con el automatismo psíquico y fue gran animador de las tertulias que se formaban  en cualquier sitio de la ciudad  para componer cadáveres exquisitos. César David me contactó en Caracas y me invitó a Maracaibo para intervenir en las actividades del grupo. Por entonces, a través de la lectura de Ramos Sucre, yo comenzaba a interesarme en la escritura automática, que luego, dentro del espíritu bohemio y desenfadado de Apocalipsis  desarrollé mucho más, escribiendo de forma colectiva, especialmente en los bulliciosos bares y taguaras de Maracaibo, donde se reunía el grupo. O también en las casas de algunos de sus miembros. Nunca se lograron escribir  en Venezuela tantos cadáveres ezquisitos como en aquella época de Maracaibo, ni con la misma ingenuidad y pasión. Tantos que  hubieran dado para componer varios libros, y en efecto, la experiencia sirvió para conformar los primeros poemarios que  publicó el grupo, como el que  Régulo Villegas tituló El paraíso de los condenados, aparte de muestras que se lanzaron en periódicos regionales. Casi todo  esa producción se dejó desaparecer, porque no pasó mucho tiempo sin que las deserciones que se produjeran en el movimiento arrastraran consigo los prejuicios de esa crítica siempre dispuesta a desacreditar el surrealismo, olvidando  de éste lo más hermoso de su reto a la conformidad y a la rutina. Y que luego se hiciera tan frecuente.  Si exceptuamos a Hesnor Rivera, César David Rincón y Laurencio Sánchez, prematuramente fallecido, ninguno más en el grupo Apocalipsis persistió con fuerza en la conquista del deslumbramiento, rayano a veces en el delirio o la magia, que las mejores vocaciones poéticas encuentran en el surrealismo, practicando sus técnicas.

En sus distintas  formas que en la memoria adquiere su poética, Hesnor Rivera ha sido quizás en punto a surrealismo nuestro poeta de mayor poder evocativo. Fíjese usted  el uso del espacio que le da a una forma poética espacial que seguramente procede de Pierre Reverdy:

La tarde deja una
     vez más frente
a la puerta
   láminas
   de una transparencia anticuada
Nada ha sucedido

desde el día
en que la belleza se volvió
menos clara
    que la mansedumbre
de un animal para el sueño.

Revuelve los cabellos
a los trinos de las trinitarias
que bajan  a comer
en la mano
de cualquier mujer que ames.

(Piedra de las malicias,  pág. 72, l988)

Hesnor Rivera  es el tipo de poeta que puede escribir con la misma fuerza de vislumbre acerca de cualquier momento de su vida pasada que del presente.

ES - ¿Apacalipsis tengo entendido que fue una generación signada por el suicidio?

JC - ¿Quién lo iba a creer  de un grupo tan alegre y sociable? Aparte del suicidio que para un poeta representa abandonar su obra, como ocurrió con Régulo Villegas y Néstor Leal, la dicha no siempre acompañó el tránsito vital de aquel grupo. Laurencio Sánchez hermano de Ramón Palomares, murió víctima de un lance a pistolas, Rincón no sobrevivió a la adicción etílica, Storey Richardson se pegó fuego a la manera de un bonzo, Miyó vestrini se suicidó en una bañera, al estilo de Bukovsky.  Régulo Villegas acaba de morir sorpresivamente. En todo caso, yo fui tan solidario de este grupo que hubiera llegado a considerarme un miembro de él , de no haber sido porque, al cabo de seis meses de vivir y trabajar en el Zulia, regresé a Caracas, luego de compartir esa experiencia tan provechosa, de cuyo ascendiente no me he librado, y de la cual podría decir que seguramente sirvió de base, ya en la capital, para  la experiencia que sustentó los textos de mi libro  Los Herbarios Rojos, publicado en l958.

ES -¿Existe algún un corte o continuidad entre  la experiencia con Aapocalipsis y la etapa siguiente de su obra, quiero decir, la que se incia con su libro Los herbarios rojos, el cual es, si permite decirlo, un primer paso hacia el lenguaje parasurrealista de los sesenta?

JC - Los lazos que se dan entre una y otra etapa en la obra de un autor casi nunca son resultado de un proceso  consciente o premeditado, el  cual, por haber ejercido un control sobre él, pudiera resultarle fácil al poeta explicar. Este proceso suele estar inconsciente e involuntariamente insertado en su trayectoria de forma tan intrincada que sólo se entiende cuando se reflexiona más tarde sobre los hechos. La experiencia de Apocalipsis y  la lectura de los poetas surrealistas en el período previo a la caída de la dictadura de Pérez Jiménez, en momentos en que  una nueva generación se agrupaba en torno al ideal libertario que se avecinaba, fue de mucha importancia para mí. En otro sentido, el momento también lo fue para los más afortunados de mi generación, naturalmente desde otras perspectivas. Sin embargo, debr decirle que a mi regreso de Maracaibo, ya establecido en Caracas, yo no participé durante algún tiempo en grupos literarios, vivía solo  y publicaba semanalmente artículos sobre arte y literatura en El Nacional. Po4 esta época me interesé mucho en la novela contemporánea,  leía todo lo que en ese momento estaba de moda, especialmente a autores que gozaban de gran renombre, como eran Mann, Hesse, Huxley, Conrad, Baroja y los norteamericanos Faulkner, Steinbeck, Wolfe y Dos Passos. Kafka despertó en mí una gran pasión por el relato breve de contenido fantástico. La prosa llgó a interesarme más queel verso, pero como ho había de jado de frecuentar a los autores surrealistas, o a sus prcursores, como eran Rimbaud y Lautréamont, en los ratos libres redacté, en l957, los textos que aparecieron recogidos al año siguiente en el libro  Los herbarios rojos, que imprimi por mi cuenta en una pequeña imprenta que posía mi padre en Santa Rosalía. Incluso llegué a ocuparme yo mismo de la edición. Por entonces trabaja a destajo, como corrector de pruebas, en la revista Momento, para la cual también escribía reportajes y notas sobre pintura. Esto me facilitó preparar aquella rústica edición.  A la postre resultó ser un ejercicio de escritura automática totalmente diferente a lo que yo mismo había escrito ahora y por supuesto abrió paso a los cambios que iban producirse en mi lenguaje a partir de Dictado por la jauría. La continuidad estaba claramente establecida entre ambos libros, si bien el primero tomaba partido por el poema en prosa.

ES -¿Es un error calificar como surrealista al grupo El Techo de la Ballena?

JC - Juzgo al Techo de la ballena con mucho indulgencia, no porque intervine en él, sino porque fue un movimiento valiente y desinteresado, aunque quizás ingenuo y un tanto inconexo en su propuesta. Pero de hecho ha sido el movimiento literario, si es que puede llamársele así, que mayores riesgos en el compromiso político corrió en nuestro país, en lo que va del siglo. Curiosamente fue un movimiento subversivo que, aún apoyando a la revolución y tomándola en serio, nunca creyó en el éxito de la subversión. En el fondo fue un movimiento derrotista  o previsor de la derrota, un movimiento que hizo del sarcasmo (en sus mejores momentos, por supuesto) una especie de antídoto para no caer en la creencia en utopías bobalicanas como suponer que se podía derrotar al ejercito promoviendo la guerrilla urbana. De allí que sus polémicas se hayan cazado mayormente con integrantes del Partido Comunista. Sabíamos que si el socialismo llegaba a implantarse en el país, como resultado de la lucha armada inspirada en Castro, perderíamos en seguida esas mismas libertades en nombre de las cuales se luchaba. Igual que pasó con los Soviets frente al futurismo y el constructivismo rusos. Pero había en eso una contradicción masoquista: apostar por algo que se desea y a lo cual no se busca acceder más que a través de la derrota. No era sino como broma del más legítimo humor, o como ingenuidad suprema, que podía entenderse un lema que sólo tiene cabida en la literatura, como éste: CAMBIAR LA VIDA TRANSFORMAR LA SOCIEDAD (Rimbaud-Marx). En la parte literaria, el Techo fue muy desigual. Lo que merece rescatarse, y que quedará, es poco en comparación con lo que se produjo, y se advierte que no llegó a cristalizar en una estética. Y resultó así por la inconsistencia ideológica de sus integrantes, si exceptuamos el caso de Edmundo Aray.

ES - ¿Apacalipsis tengo entendido que fue una generación signada por el suicidio?

JC - ¿Quién lo iba a creer  de un grupo tan alegre y sociable? Aparte del suicidio que para un poeta representa abandonar su obra, como ocurrió con Régulo Villegas y Néstor Leal, la dicha no siempre acompañó el tránsito vital de aquel grupo. Laurencio Sánchez hermano de Ramón Palomares, murió víitima de un lance a pistolas, Rincón no sobrvivió a la adicción etílica, Storey Richardsón se pegó fuego a la manera de un bonzo, Miyó vetrini se suicidió en una bañaera, al estilo de Bukovsky.  Régulo Villegas acaba de morir sorpresivamente. En todo caso, yo fui muy solidario de este grupo que hubiera llegado a considerarme como a un miembro, de no haber sido porque, al cabo de seis meses de vivir y trabajar en el Zulia, regresé a Caracas, luego de compartir esa experiencia tan provechosa, de cuyo ascendiente no me he librado, y de la cual podría que seguramente sirvió de base, ya en la capital, para  la experiencia que sustentó los textos de mi libro  Los Herbarios Rojos, publicado en l958.

ES - Hay personas que se inclinan a decir que Dictado por la jauría es tu trabajo de mayor elaboración formal?

JC - Dictado por la jauría  es mi libro más surrealista. Razón tenía González León cuando asociaba este texto a la estructura del monólogo que por momentos empleó Joyce en ciertas partes de su Ulises, aunque yo no había leído esta libro cuando escribí el Dictado. Lo que me motivó fue más bien la práctica del automatismo psíquico tal como se desprende de los ejercicios de escritura colectiva que inspiró los textos fundamentales del Surrealismo. Pero esta es otra historia. Pues no se trataba aquí de continuar con los ejercicios formales por el estilo de los cadáveres exquisitos, tan frecuentes en aquella época, sino de una como voluntad de apropiación, en los términos mismos del lenguaje, de la violencia que se vivía en el país. Ejercicio de compromiso con un lenguaje nuevo pero también con un pensamiento político del que se esperaba que funcionara como una estética,. en razón de una forma poética que se apartara por igual de la tradición y del realismo social, es decir de la poesía política por el estilo de la que escribían los seguidores de Neruda, y en especial Alí Lameda. El optimismo está muy lejos de sus estrofas y la elocución es propiamente intimista, como corresponde al monólogo. Y fue esto, particularmente, más que su estructura surrealista, lo que molestó en aquella época, especialmente a los poetas militantes del Partido Comunista.

En general, el  Dictado  puede entenderse como una previsión de la derrota que se avecinaba. aunque esto no obsta para no reconocer que el la parte parasurrealista de mi obra, dicho  de algún modo, está representada principalmente ese libro, a cuyo a registro violento pertenecen también otros tres opúsculos, como son? Malos modales (l965), Las contradicciones sobrenaturales (l967) y una porción de Ciudadano sin fin (l969), todos inscritos en el orbe de la problemática ciudadana.

ES - Justamente, la crítica ha señalado con mucha insistencia la característica urbana de su poesía, a partir de Dictado por la Jauría.

JC - Ciertamente, los ejes en los libros mencionados, y principalmente de Dictado por la jauría, son la ciudad, el hombre y su destino  en un sentido universal, sin delimitación geográfica ni temporal. El eje temático es allí  la ciudad leída autobiográficamente (¿es qué acaso la ciudad no es un dictado de sí misma?)  por un habitante anónimo que, sintiéndose víctima de ella, opone el humor y la ironía a la desazón y los desafueras de una crísis material de la que no sale; temas como el escepticismo de una visión desenfadada, de cara a lo que experimentaba en el poema como una alegría del lenguaje, también la nostalgia de un paisaje ancestral, puertas al campo, del que la memoria rescataba los signos de un presente activo. Todo eso reitera, con especial énfasis en el poema lírico, en verso o prosa, una narratividad frustrada que no se desprende completamente de su origen surrealista. Una mezcla explosiva.

El otro eje lo va a constituir, a partir de Dictado por la jauría, una reflexión sobre el lenguaje, que se profundiza a partir de Manual de extraños  (l976). En este registro incluyo, ya no el poema extenso y enumerativo de mis primeros libros, sino el epigrama, la paradoja, el aforismo, el cuento breve y, sobre todo, las poéticas que llegan a constituir en los últimos años una ISLA al lado de mi poesía lírica o metafórica, acompañándola  como se tratara de los restos de una arqueología linguistica entremezcladas sincopadamente con fragmentos narrativos, sentencias y espacios vacíos, o con  un paraje desierto formado por el blanco del papel. Esa narratividad, si usted lo va a ver, está en ciernes en algunos fragmentos de Dictado por la jauría.

Continuando con la idea expresada arriba, para explicar un poco el proceso que siguió a la etapa surrealista, te diré que los cambios que se dieron en mi lenguaje a partir de l958 fueron de naturaleza formal. Aunque más que cambios lo que se produce es una cierta evolución orientada a desprender del lenguaje todo exceso retórico, hasta propiciar una escritura más sinóptica y desnuda. Transición que se da asociada a lo que ocurre en el entorno humano y en la atmósfera  que se vive en las grandes ciudad, y que en mi caso, se reduce a una experiencia de hablante del tercer mundo. En este sentido, los de mi generación hemos escrito una poesía del subdesarrollo. Visión problemática y a veces inmadura que me propuse superar a través de una decantación verbal que como usted podrá notar tuvo por propósito otorgarle al poema los contornos propios de un objeto. Y todo eso comienza a aparecer con Dictado por la jauría.

[Entrevista a Juan Calzadilla  por Elvia Silvera, licenciada en Educción, funcionaria del Banco del libro, Caracas, tallerista de poesía del Celarg, en 1997.]

 

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