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Salida
de página, de Leonardo Garet
Alfredo
Fressia
El tiempo, las
edades, el amor, los desencuentros, he ahí algunos temas,
ciertamente universales, de este poemario de Leonardo Garet
(Salto, 1949), editado por el Grupo Literario de Artigas y la Unión
de Fronteras Livramento-Rivera Artigas-Quaraí. Se trata de una
sobria publicación bilingüe en la que los 37 poemas del original
español, dispuestos en las páginas pares, se presentan sistemáticamente
confrontados a su versión portuguesa, a cargo de la poeta y
profesora Nadja Boelter da Rosa, en las páginas impares. La edición
reproduce, como acápite, un fragmento del libro La regla
dorada (1946) de Joaquín Torres García donde el pintor
uruguayo escribe (o dibuja) este pensamiento: “En sí mismo
todo artista americano tendría que librar la gran batalla que de
continuo se traba entre el HOMBRE UNIVERSAL y el hombre INDIVIDUO”
(pág. 5).
La plástica poesía de Garet, con sus líneas en
apariencia simples como el horizonte o como el esbozo de una
paloma, seducida por la nitidez, “constructivista”, resultó
la estética elegida por este polo cultural de la frontera con
Brasil que decididamente quiso huir de los localismos, por lo
menos de aquellos que se agotan en sí mismos. Visual, signada por
el constructivismo universalista y cartesiano, la obra de Garet
también quiso evitar las insinuaciones de la melodía o aun la
turgente sugerencia de los perfumes. Privilegió en cambio las líneas
de la idea, una luminosa arquitectura de las imágenes que, aquí,
contribuye a situar esta estética en la antípoda de cualquier
“color local”.
Sin duda, los
“localismos” también se trascienden, sabidamente se
universalizan en manos de artistas con la experiencia de Garet.
Ocurre siempre con los buenos poetas “del interior”. Si un José
Máximo Figueredo, para dar un ejemplo, puede considerarse hoy
“el poeta de Melo”, es porque antes del genitivo local,
Figueredo es poeta, a secas. Más bien, hay que admitir que pocas
veces se encara el real problema de la “recepción” estética
de esa literatura en el medio urbano capitalino, tradicionalmente
hegemónico y con frecuencia empobrecedor. En el caso de la
presente Salida de página, no se trata siquiera de una
obra “del interior” de la cual el lector pudiera esperar
alguna emoción “nativa”. La obra no entra en esa categoría,
y esto por dos motivos, a saber, por la propia vivencia, urbana,
del poeta y, segundo motivo tal vez más hondo, porque es una obra
presentada desde la paradójica frontera de dos culturas, un
universo que ha creado desde siempre su identidad propia, que en
definitiva resulta más “transnacional” que meramente
“binacional” en un vasto sentido cultural, y donde
probablemente un uruguayo y un brasileño “medios” (es decir,
ficticios, pero la cultura es siempre ficción) no se reconocen
totalmente. Y es sin duda por eso, y para suscitar un mejor diálogo,
que la Unión de Fronteras y el Grupo de Artigas optaron por
presentarse con la solar, constructiva, universal obra de Garet.
Finalmente, la opción por
el poeta salteño significa también un reconocimiento al valor de
este polígrafo, incansable en su trabajo como docente y frente a
los Talleres de escritura de Salto y Artigas. Garet ha sido
premiado como crítico (por su bibliografía sobre Horacio
Quiroga, 1978, Enrique Amorim, 1990, o Vicente Aleixandre, 1991),
como narrador (el último de sus libros de relatos fue Anabákoros,
1999, esa especie de bustrófedon de “Sorocabana”, leído de
derecha a izquierda, que también delata su transitar por todas
las “fronteras” nacionales) y como poeta, desde la Pentalogía,
de 1972, hasta los Cantos y desencantos, del 2000. |