Endereço postal, expediente e equipe

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Sergio
Altesor (Uruguay).
Libros
publicados
2002
17 poemas de Diario
de los últimos días del archipiélago, plaquette, edición del autor, Malmö. Río Escondido, Editorial Fin de Siglo, Montevideo.
1999
Serpiente, Intendencia
Municipal de Montevideo y Vintén Editor, Montevideo.
1995
Diario de los últimos días del archipiélago, Vintén
Editor, Montevideo.
1984
Archipiélago, Editorial
Siesta, Estocolmo.
1982
Trenes en la noche,
poemas y xilografías, Editorial Nordan, Estocolmo.
1973
Río testigo, Ediciones
de la Banda Oriental, Montevideo.
Actividad
profesional
2000 Guionista de
TV-Ciudad, Intendencia Municipal de Montevideo.
1998-1999
Editor de cultura del semanario Manos.
1997-1998
Asesor docente para tareas museísticas en el Departamento de
Artes Plásticas de la Dirección de Cultura (M.E.C.), Ministerio
de Educación y Cultura, Montevideo.
1998
Organizador y curador de las primeras “Jornadas de Videoarte
Uruguayo” en el Centro Cultural M.E.C, Ministerio de Educación
y Cultura, Montevideo.
1998
Organizador y curador de la exhibición “Philippe Decouflé”,
Centro Cultural M.E.C, Ministerio de Educación y Cultura,
Montevideo.
1996
Colaborador habitual de El País Cultural hasta el presente.
1986
Colaborador habitual del semanario Brecha hasta el presente.
1983-1985
Dirige la Editorial Siesta, en Estocolmo, junto a Roberto Mascaró
y Mario Romero.
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1. ¿Cuáles son tus afinidades
estéticas con otros poetas hispanoamericanos?
Esas afinidades, si las hay, están sobre todo
determinadas por el hecho de compartir una lengua y una historia
común. Más que de corrientes estéticas, prefiero hablar de
ciertos poetas cuya obra tiene o ha tenido
especial importancia para mí. Hago una lista incompleta: César
Vallejo, Vicente Huidobro, Juan Gelman, Octavio Paz, Humberto
Megget, Roberto Appratto, Circe Maia, Lalo Barrubia, Vicente
Alexaindre, Gabriel Celaya, Pablo Neruda.
2. ¿Cuáles son las contribuciones
esenciales que existen en la poesía que se hace en tu país que deberían tener
repercusión o reconocimiento internacional?
Una de ellas es su profundo tono existencial, como en
los casos de Vilariño y Maia. Otra es una sobriedad que elude el
reducido y redundante yo poético coloquial para crear un discurso
que es el discurso mismo de las cosas, como en Appratto. También
hay un tono lúdico que ha caracterizado buena parte de la poesía
uruguaya, como en Megget, Benavídez y Falco.
3. ¿Qué impide una
existencia de relaciones más estrechas entre los diversos países que conforman
Hispanoamérica?
La ausencia de un verdadero desarrollo democrático. |
poemas
SERPIENTE
El
golpe diurno, la huella de ceniza, el río en forma de serpiente
dijo Marlow, esa elección del predicado sin sujeto, ese dolor o
marca en la incesante línea de la diacronía, la irreversible línea
que se desarrolla desde el día a la noche, por la noche, es todo lo
que existe. Con cuánta decrepitud empecinada buscamos los paréntesis
(como si los paréntesis detuvieran el tiempo) buscamos la rotura de
la línea o imprimir una elipsis, buscamos torcerle la cola a la
serpiente, crear ingenuamente una serpiente circular en ese devenir
de un predicado que no nos pertenece y que nos lleva. La vanidad es
el miedo y el miedo es castigado con la mordedura. La serpiente
lineal en su expansión lineal inyecta su veneno, que es ese golpe
diurno cuyas raíces verdes se entierran en la noche, la conciencia
perversa del olvido o la perversidad de la memoria, objeto del
deseo.
EL
OTRO EN EL SILENCIO
En
el silencio duerme el otro. En el silencio el otro viaja por
Madagascar. En el silencio el otro tiene poderes mágicos. El otro
en el silencio existe. El otro en el silencio es el silencio. En el
silencio el otro absorbe todos los pensamientos. El otro en el
silencio está escondido, camina por los recovecos sin forma de un
presente invisible. El otro en el silencio es invisible. En el
silencio el otro es muy visible. En el silencio el otro es bello,
luminoso, feliz, casi abstracto. En el silencio el otro es otro. El
otro en el silencio nos olvida, tiene nuevos amigos, nuevos amantes,
se toma vacaciones en un verano largo. En
el silencio hay un sujeto que piensa en el otro. En el
silencio del sujeto el otro es predicado. El otro en el silencio es
un largo predicado con infinitos complementos circunstanciales de
lugar. El predicado que el otro es en el silencio tiene un solo
complemento circunstancial de tiempo, que es el presente del
silencio en que el sujeto piensa en el otro.
OLOR
DE LLUVIA ESCRITO
En las hojas mojadas las
fojas de un informe que escribió la lluvia, los jazmines donde quedó
el olor nocturno de la lluvia, las grandes estaciones abiertas con
sus trenes, el empecinamiento del olor dejado por la lluvia en el
aire de los textos, pensar que tantos trenes llegaban por las tardes
en el olor a lluvia oliendo a aceite, pero aunque te había escrito
que te estaría esperando te había costado creerlo, queda el olor
en los jazmines las hojas como fojas de un memorándum de palabras
de agua, había llevado mi paraguas, el tren mojado olía a metal
caliente, la estación catedral con su esqueleto negro de hierro y
claraboyas, la lluvia hace un bordado de agua, el agua escrita sobre
las nervaduras debajo de la noche, gotas perlas iluminadas por los
focos, el olor de la lluvia detenido escondido en los bosques
renegridos, en los nombres de la noche los nombres de las estaciones
(¿San Lazare, Central
Station, Mapocho, Retiro, Gare du Nord?) salimos de la estación
bajo el paraguas y todavía eras torpe, la gente te miraba porque
eras un animal tan bello y torpe todos se daban cuenta que no eras
de ahí, no estabas habituada a mojarte en la lluvia ni a flotar en
la oscuridad de la lluvia ni a pisar las veredas sucias ni a
atravesar el olor dulcemente podrido de los vagabundos que
circulaban por las estaciones en las noches de lluvia, ya entonces
existía esta noche este lado futuro y magro del Atlántico, este
verano de perros mojados que comen la basura y hojas mojadas por la
lluvia de palabras sin significado con este olor antiguo que se
escribe en el aire y en la tierra mojada, el olor dulce a cementerio
que tienen los jazmines los patios de hormigón rajado los canteros
con gatos escondidos, la ventana el silencio, casi que no supimos qué
decirnos, dije que dejaríamos tu equipaje en el apartamento de
Michel, te gustaría comer cous cous te pregunté y no esperé
respuesta, nos fuimos caminando, te miraba la gente, eras la potra
blanca escapada de un circo, después pedimos vino, cuando brindamos
te diste cuenta que yo ya estaba de este lado, que el agua de la
lluvia había escrito otra historia en otra parte, que en el olor
profundo de unos patios futuros una ventana abierta yo miraba la
noche, las palabras de agua sobre las nervaduras de las hojas.
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