1 Investigar los orígenes
Especialistas en la obra de José Asunción Silva (1865-1896)
establecen dos procesos y modalidades significantes producidos por su pluma: poesía de
crepúsculo - sombra y poesía de luz - blancura (R.J. Schwardz) o bien nitidez y
borrosidad (R. Goldberg) o bien poesía de ideas y poesía de palabras (E. Sarmiento) o
también "la manera lírica, musical, sugerente de raigambre simbolista
característica de sus mejores poemas, y la modalidad crítica, satírica, humorística
que es lo que conforma las composiciones de las Gotas amargas, la cual aparece como
contra-discurso de la primera manera pero que coexiste con ella en todo momento sin que en
realidad una predomine sobre la otra y formando un todo indisoluble", afirma H. H.
Orjuela.
Ahora bien, en este marco las Gotas amargas tendrían
orígen transtextual -por oposición a la visión mecanicista de algunos críticos que lo
sitúan en los años de la crisis financiera del poeta- en temprana fecha, cuando éste
habría encontrado en Víctor Hugo, "una modalidad poética que más tarde seguiría
cultivando y que contrasta abiertamente con su estilo característico afín al que los
simbolistas estaban imponiendo en Francia. El poema Realidad (traducido por José
Asunción) contendría un verso programático No hay nada bajo para nobles almas,
en el cual "se sugiere que la materia poética además de ser libre puede referirse a
un tema cualquiera aunque se exprese en lenguaje prosaico, siempre y cuando el poeta
cumpla el lema de Víctor Hugo de no aceptar límites en la expresión de la verdad."
En Realidad, leemos: Naturaleza es una dondequiera /en Japón o en Gonesa - Las
distancias / suprime y son lo mismo Triptolemo/ y Dombasle, la toga y las enaguas. En Egalité,
Silva jugaría de manera irónica con la misma idea: Juan Lanas, el mozo de esquina/ es
absolutamente igual/ al emperador de la China: / los dos son un mismo animal. En este
mismo sentido se determinaría biográfica y transtextualmente la vertiente
anti-poética de las Gotas amargas.
Esta argumentación un tanto reduccionista, y de carácter
silogístico, en la lógica de la imitación o la parodia vis-à-vis de situaciones
sociales tipos, se contrapone a otros acercamientos historiográficos: Por ejemplo, Hugo
representaría en América "la idea de la poesía como fuerza natural y la del poeta
como abanderado de las causas sociales" (D. Jiménez). Por el contrario, la escritura
modernista de Silva rompería con esa concepción romántica: "la poesía elaborada
como una obra de arte, pensada al tiempo que sentida, minuciosa y
críticamente trabajada en su forma y desvinculación del servicio ideológico, ya sea con
finalidad política, religiosa o moral". No obstante, al apuntar el crítico a la
génesis del Silva escritor -además de acercarse al planteamiento de Orjuela- argumenta
de forma tautológica y de nuevo reduccionista - silogística: Silva "es conciente de
que escribe porque lee". Lo segundo porque se apoya en una formulación de la
relación "lector, luego escritor" tomada de José Fernández narrador de De
Sobremesa: "lo que me hizo escribir mis versos fue que la lectura de los grandes
poetas me produjo emociones tan profundas como son todas las mías; que esas emociones
subsistieron por largo tiempo en mi espíritu y se impregnaron de mi sensibilidad y se
convirtieron en estrofas". La afirmación como la identificación J. Fernández / J.
A. Silva, en algunos casos teorizada como contrato o pacto biográfico, se han convertido
en lugares comunes de la crítica silveana. Por otra parte, estas investigaciones sobre
los orígenes deben ser replanteadas en sus presupuestos epistemológicos y
crítico-discursivos.
2 Lecturas intencionales
Las Gotas amargas en su vertiente anti-poética (que
llevaría a Luis Carlos López.. y Nicanor Parra) son leídas en muchos casos de manera
pertinente en su intencionalidad enunciativa: Ante la Bogotá mojigata y
provinciana fin - de siècle, Silva profiere un grito de rebeldía contra su
sociedad (Sanín Cano); ante las normas sociales y la simulación, explicita el conflicto
en términos de realidad y apariencia, ello, desde el desenmascaramiento, y ante la
Bogotá convencional, una burla de su sociedad burguesa pero provinciana y arcaica
(Camacho G.); ante sus semejantes de la medianía o mediocridad, rechazo íntimo de esos
seres y comportamiento (Charry L.); ante las dos influencias en el ambiente de Bogotá,
española - tradicional e inglesa pragmática, el cruel combate conduce a desdén y
desilución (Liévano A.); ante un mundo cultural univalente y retórico y filológico,
juega con la antítesis (Mejía D.) y la paradoja (G. Valencia); ante la estética
romántica y popular (tipo J. Flórez ), hace una crítica al romanticismo, más aún, se
inscribe en la línea martiana del modernismo comprometido con las realidades sociales
latinoamericanas (Alstrum); ante la efectividad de la expresión poética heredada del
romanticismo europeo, Silva asume una escritura escéptica, y su visión es acre y
desilucionada (Alstrum y otros).
Todas estas lecturas no interrogarían los procesos de
enunciación en Silva vistos inter y transtextualmente, esto, en el contexto de lo que
Angel Rama denomina la ciudad letrada y escrituraria, en la Colombia de la
Regeneración y latinoamérica. De otra parte, no abordarían el conocimiento
discursivo -poético de procesos de enunciado o materialidad significante de las Gotas
amargas (con pocas escepciones, vgr. Alstrum, Cano Gaviria...). Asimismo las lecturas
críticas mas poco analíticas obliterarían la fundamental oposición en Silva entre lo
oral y lo escrito, lo impublicable y lo publicable, olvidándose tipologías de recepción
y receptores de las Gotas amargas en la Bogotá de los años 80 y 90 del siglo XIX.
Finalmente estas maneras de leer no problematizacían ni reconceptualizarían la misma
vertiente anti-poética: risa, comicidad y humor
ironía y sátira
imitación,
pastiche y parodia
prosaismo y comunicabilidad
Las Gotas amargas
exigirían una investigación y punto de vista interdisciplinarios y polisémicos. Un solo
punto de vista reduce, diluye y pierde el objeto de conocimiento.
3 Preguntas y / o puntos de vista abiertos
Reir de las instancias trágicas -para Hegel- es
destruír la unanimidad de la ciudad
Un primer interrogante explicita nuestro interés
investigativo por las Gotas amargas (y por extensión, tanto por la comicidad y
humor, como por el conjunto de la obra de J. A. Silva en la ciudad letrada y escrituraria
del siglo XIX), éste desde el punto de vista histórico de la antropología y sociología
culturales: "¿Existe una percepción irrisoria del
hombre, su imagen y su vida?" (J. Duvignaud). Un segundo
interrogante, desde una perspectiva semiótica, sobre la comicidad o bien el humorismo de
las Gotas amargas y sobre esta percepción irrisoria que rompe con la
(cosmo)visión trascendental católica e histórico burguesa del sujeto en sociedad:
"¿Cuales son las disposiciones que lo cómico viola sin que deba reiterarlas?"
(U. Eco). Y desde una dimensión analítica: "¿Cómo el no - sentido se convierte en
mot desprit?" (M.Safouan).
4 En la ciudad letrada y escrituraria
En un comienzo -"desde la remodelación de Tenochtitlán,
luego de su destrucción en 1521, hasta (...) la Brasilia de L. Acosta y O.
Niemeyer"- el poder centralista del absolutismo español de la contrarreforma
concibió y ordenó "un modelo urbano de secular duración: la ciudad barroca"
(A. Rama). A las ciudades latinoamericanas, "las regirá una razón ordenadora
que se revela en un orden social jerárquico transpuesto a un orden distributivo
geométrico." Tres instituciones del orden real (de la realeza) tendrán a su cargo
el plan colonizador: Iglesia, Ejército, Administración. ¿El diseño? El damero del
espacio barroco: "unidad, planificación y orden riguroso, que traducían una
jerarquía social." Desde antes que la ciudad exista -Bogotá o Cartagena o México o
Buenos Aires- el orden quedaba estatuído, "para así impedir todo futuro
desorden" o destrucción de la unanimidad de la ciudad. Entonces, la ciudad deviene
letrada -realizada y producida, administrada, dirigida y aun contabilizada en sus finanzas
y productos- por grupos elitistas específicos, escriturarios. Derivados del orden
discursivo surgirán desde el siglo XVIII las palabras subordinar e insubordinar,
puesto que a la ciudad ideal, letrada y escrituraria, se opondrá dialéctica o
dialógicamente la ciudad real: "Este encumbramiento de la escritura
consolidó la diglosia característica de la sociedad latinoamericana, formada
durante la colonia y mantenida tesoneramente desde la Independencia. En el comportamiento
lingüístico de los latinoamericanos quedaron nítidamente separadas dos lenguas",
afirma Rama. Una fue la pública y de aparato, impregnada de la(s) norma(s) cortesanas; la
otra fue la popular y cotidiana, la de la vida privada, la algarabía, la informalidad, la
torpeza y la invención incesante del habla popular. Esta será identificada por la
primera con "corrupción, ignorancia y barbarismo".
Así, hay entre la pública y la popular y cotidiana todo un desencuentro,
desencuentro similar al del "corpus legal con sus ordenanzas, leyes y prescripciones,
y la confusa realidad social."
La ciudad en la historia occidental -plantea Duvignaud- encierra,
al tiempo que se opone y rechaza la no - ciudad de los espacios y
observaciones nómadas. En ésta hay acumulación determinada de seres, "todos bajo
la mirada de todos." Acumulación y densidad social que engendran un tiempo
específico, como también situacional de los ciudadanos o sujetos "en roles
particulares coordinados entre ellos": Roles y división del trabajo; roles y
código, que se impone en el decurso de la frecuentación: "Un código invisible
se refieren los unos y los otros en su promiscuidad jornaliera. Una convivencia común
elimina la violencia, las leyes de la sangre, la vendeta, la rivalidad de músculos y
nervios -y las transpone en el espectáculo de los juegos." Al encerrar, la ciudad
(en nuestro caso, barroca, letrada y escrituraria), fija o determina una experiencia de la
vida: "En el espacio cerrado, el signo reenvía a otro signo, como el precedente,
ocupa un lugar definido en la trama del discurso urbano. La ciudad es un lenguaje."
Y en la ciudad escrituraria latinoamericana y colombiana, un ejercicio encrático
-retórico y sofístico- del poder persuasivo institucional, político - religioso (en la
Regeneración) y económico - cultural. Los citadinos habitan ese lenguaje, se
subordinan, y en ocasiones, se insubordinan en y contra el mismo.
Ante las frecuentaciones o relaciones pasionales (que romperían
-como en la risa- la ley) se impone por persuasión la ley del valor y del trueque:
"El precio de la sangre deviene el símbolo de las cosas producidas, y el
equivalente de un prejuicio. Un precio que se paga. Así la acción deja de ser
épica: esta se hace trágica o absurda, la de un loco o criminal." O bien, la del
escritor , artista o intelectual. Pero, en la ciudad emerge la representación imaginaria
de otros actores sociales, los protagonistas de la ciudad real. En medio de la ciudad
histórica -en el centro del damero- ocurre el lugar en el que se lanzarán las figuras de
la ficción. Pero en la ciudad latinoamericana y colombiana barroca y en proceso de
modernización a finales del siglo XIX -como ocurre con la ciudad burguesa que se
industrializa a comienzos del siglo pasado- este espacio se interiorizará en su pasión
simbolizable del ver y del verse:"Para el hombre privado" -en particular el de
la burguesía- "el interior representa el universo. Reúne en él la lejanía
y el pasado. Su salón es una platea en el teatro del mundo(...) La
conmoción del interior se lleva a cabo a finales del siglo en el estilo modernista",
afirma W. Benjamin.
En la Bogotá finisecular, luego del triunfo militar -y político-
de R. Núñez en 1885, frente al liberalismo radical, se impondrá la Constitución
Nacional de 1886, y luego, en 1887, un nuevo Concordato. La Ciudad se reasume como letrada
y escrituraria. M.A. Caro será presidente, filólogo y poeta, librero y periodista,
maestro e intelectual. Si en las décadas del 60 al 80 el país tuvo "una de sus más
brillantes épocas intelectuales" -afirma J. Jaramillo Uribe-, la
Regeneración por el contrario implicará un regreso a la tradición española
(Caro: "Nuestra historia desde la conquista hasta nuestros días es la historia de un
mismo pueblo y de una misma civilización"). Dice Jaramillo: "M.A.Caro
representa la fidelidad completa y sin reservas a la tradición española, en cuanto esta
significa una concepción típica de la vida personal y de la organización del estado, y
en cuanto simboliza una gestión histórica. En ningún momento de su vida llegó a pensar
que los ideales del mundo anglosajón pudiesen ser superiores a los hispánicos y por lo
tanto pudiesen o debiesen reemplazar a los que constituyen la tradición
latinoespañola...Ni el progreso industrial, ni las ciencias, ni el liberalismo
económico, ni la sociedad individualista, ni el positivismo, ni el método de las
ciencias naturales en el campo de las ciencias del espíritu, fueron considerados por Caro
como valores absolutos y máximos, y menos aún, como llegaron a considerarlos la mayor
parte de sus contemporáneos de Colombia y América, como objetos de veneración y
culto." En este marco, los siguientes enunciados del regenerador presidente de la
ciudad letrada y escrituraria: "Colombia reaparece, después de largos años de
agonía, a nueva vida, en la cual todos hemos de trabajar en la medida de nuestras
fuerzas, y para hacernos dignos de la protección que Dios nos ha dispensado, en
devolver a la verdad los dominios usurpados por el error, y en consagrar al bien la
fecunda labor que promete una sociedad regenerada." También: "Beban en las
impuras aguas del sensualismo los jóvenes abyectos que no tienen alas para elevarse al
cielo de la verdad católica...", etc. Para A. Tirado M., "Constitución y
concordato formaron así un solo bloque... Colombia adoptó elesquemadeunaRepública donde
imperabala teoría del Estadoconfesional, acompañado de un principio de no- tolerancia
religiosa." En resumen, señala Jaramillo V.: "Por ello resulta tan
característico y sui generis este sincretismo colombiano, esta modernización en
contra de la modernidad." Total, Colombia: la modernidad postergada!!! en una
situación histórico - social diferente a la del resto de ciudades (y países) del
continente, en diálogo y sincretismos o hibridaciones múltiples con el libre comercio
del capitalismo internacional.
5 Silva: Bogotá - París - Bogotá
En El corazón del poeta y las recientes biografías de
Orjuela, Vallejo y Cano Gaviria, E. Santos Molano investigó y reconstruyó experiencias
de Silva en París, capital del siglo XIX: vivencias, lecturas, amistades, escritura,
proyectos, obsesiones (por lo literario, científico, pictórico, filosófico). En este
París, dice W. Benjamin: "El ámbito en que se vive se contrapone por primera vez
para el hombre privado al lugar de trabajo. El primero se constituye en el interior. La
oficina (léase almacén, en Silva) es su complemento. El hombre privado, realista en la
oficina, exige del interior que le mantenga sus ilusiones. Esta necesidad es tanto más
acuciante cuanto que no piensa extender sus reflexiones mercantiles a las sociales.
Reprime ambas al configurar su entorno privado. Y así resultan las fantasmagorías del
interior. Para el hombre privado el interior representa el universo. Reúne
en él la lejanía y el pasado. Su salón es una platea en el teatro del mundo."
A su regreso a Bogotá, Silva continuará siendo comerciante y
escritor. Lo primero en elalmacén de su padre Ricardo; lo segundo en el interior
de su casa familiar. En apariencia, entonces, es un ser escindido libidinal y
psicologicamente, dramáticamente escindido en el lenguaje y el hacer significante y
económico. El hecho significativo es la ciudad de París percibida y vivida por Silva en
su cotidianeidad -ciudad en proceso de transformarse en urbe por su industrialización y
comercio: disolviendo sus muros y encierro, haciendo abstractas las relaciones entre
citadinos, fragmentando su lenguaje antes habitado por los mismos parisinos...- opuesta a
la ciudad letrada y escrituraria de Bogotá, encerrada jurídicamente en el programa
político - correligionario de la Regeneración. Silva, lúdica y oralmente,
es decir, corporalmente, dispondría al interior de su casa familiar como también en su
almacén, pero asimismo en lugares privados de familiares y amigos -en tertulias,
reuniones y fiestas, de espacios para, en términos de Duvignaud, lanzar o representar o
actuar las figuras de la ficción elaboradas en sus Gotas amargas. Esto, en una
topología del interior escenificada y actuada como teatro de la ciudad y del mundo, y
colocándose una máscara de la comicidad y del humorismo, codificada y estético -
literaria. En este escenario interiorizado Silva expresaría una percepción y visión
irrisorias del hombre de la Regeneración, su imagen y su vida. Del hombre
local, incluído el mismo Silva, crítico y moderno, más que modernista - y
latinoamericano universal.
6 Signos como gotas amargas
Para U. eco, lo cómico, a diferencia de lo trágico y
dramático en donde "antes, durante y después de la representación de la violación
de la regla" lo específico es "demorarse largamente en la naturaleza de la
regla", éste (lo cómico) lo daría por descontada, y las obras no se preocuparían
por reiterarlas. Semióticamente, "existe un artifico retórico, que concierne a las
figuras del pensamiento, por el cual, dada una disposición textual o intertextual ya
conocida por la audiencia, muestra su variación sin por ello hacerla discursivamente
explícita." Se preguntaba aquí por las disposiciones que lo cómico viola sin que
deba reiterarlas. Eco señala al respecto: "Ante todo, las comunes, es decir, las
reglas pragmáticas que el cuerpo social debe considerar como dadas." Y añade:
"Justamente porque las reglas, aunque sea inconcientemente, son aceptadas, su
violación sin razón se vuelve cómica."
En la Bogotá letrada y escrituraria del Caro regenerador -ciudad
años atrás de un gobierno federal, de lenguaje y cosmovisión liberales, mismo del error
y del mal sin la protección divina- las Gotas amargas de Silva -liberal, a su vez,
más allá de la discursividad y las práctica políticas- serían cómicas, liberadoras y
aún subversivas "porque concede(rían) licencia para violar la regla. Pero la
concede precisamente a quien(es) tiene(n) interiorizada esta regla al punto de
considerarla inviolable. La regla violada por lo cómico es de tal manera reconocida que
no es preciso repetirla." Pero las Gotas también podrían ser humorísticas.
En este caso, "la descripción de la regla debería aparacer como una instancia,
aunque oculta, de la enunciación, como la voz del autor que reflexiona sobre las
disposiciones sociales en las que el personaje anunciado debería creer. El humorismo, por
lo tanto, excedería en distanciamiento metalinguístico." Así, el humorismo de las Gotas
amargas, no "sería , como lo cómico, víctima de la regla que presupone, sino
que representaría su crítica conciente y explícitamente." Su humorismo sería en
efecto metasemiótico y metatextual. En esta disyuntiva semiótica, nos inclinaríamos
aquí por una investigación contextual y textual de la dimensión humorística de las Gotas
desde el primer poema Avant-propos: Pobre estómago literario/etc., y la
conjunción de la estrofa final (que en otros poemas es de registro disyuntivo): Y para
completar el régimen / que fortifica y que levanta, /ensaya una dosis de estas / gotas
amargas. En esta perspectiva intentamos adelantar una lectura analítica del conjunto de
las Gotas amargas.
Vista de manera complementaria, esta irrisión de los valores de
la ciudad letrada y escrituraria -del sujeto fin de siècle y su spleen; del
lírico, su lenguaje y preguntas a la naturaleza; del filósofo y su saber; del hombre
sentimental; de la mujer bella; del ciudadano idealista; del científico o médico y su
método confiable...-, conduciría a la dispersión mientras "la potencialidad
política a la unificación", porque, "la irrisión perturba la coherencia de
los sistemas, la lógica interna de las estructuras o la gravedad de los
observadores", al decir de Duvignaud. Lo cómico, lo humorístico -en la visión de
Hegel- es instrumento de podredumbre. Como en satán, proviene del espíritu que niega
siempre. Como todo liberal colombiano, quien, para San Ezequiel Moreno, obizpo de Pasto y
corresponsal de Caro, es pecador y excomulgable: "No -escribió en los años 90-;
seamos firmes: nada de conciliación; nada de transacción vedada e imposible. O
catolicismo o liberalismo. No es posible la conciliación." De manera excluyente de
las normas o disposiciones sociocatólicas, sin alternativas: "Están, pues,
condenados los principios inventados por la revolución del siglo pasado, base y
fundamento del derecho nuevo. Jamás ha tenido ni tendrá la Iglesia otra cosa que
condenaciones para los principios del 89, para las ideas modernas, para el derecho nuevo,
basado en aquellos funestos derechos del hombre..."
La risa -nominable- de las Gotas amargas destruiría,
según Hegel, la unanimidad de la ciudad de Bogotá en proceso de
Regeneración, en la que los sujetos sin diferencias sociales y de clase o
sujetos del orden escriturario deben hacerse dignos de la protección divina. Más aún
los jóvenes santafereños -ayer abyectos- que beben gotas o impuras aguas del
sensualismo. Pero, en un sin - sentido para la axiología y código intersubjetivos de la
ciudad, las Gotas se escuchan para beberlas en un régimen otro "que fortifica
y que levanta" -en un desorden moderno de los sentidos o sinestésico-, dichas en el
lenguaje verbal y corporal de Silva quien las representa teatralmente, y producen risa:
"El hombre sondea el no - sentido o la nada de una condición y encuentra la risa que
se obtiene de la constatación de ese no - sentido", pensaba Shopenhauer. En las Gotas
amargas Silva, metasemiótica y metatextualmente -en un solo adverbio:
humorísticamente-, en tanto sujeto y objeto del humor poético, crítico y autocrítico
en acción o actuación, establecería una relación inédita -una comunicación- entre estómago
y cerebro excluyente de todo corazón romántico o sentimental, corazón
indigestado por la axiología política - católica de la caridad de M.A.Caro y por el
tiempo circular como regreso de lo mismo. Dice Silva -descubriéndolo significante,
oralmente- un no-sentido "con el fin de escuchar lo que, de otra manera, no se
dice", aclara M. Sefouan. Esto, en una modalidad y técnica poéticas de carácter
metonímico: "la metonimia es de lejos el mecanismo más utilizado en la producción
de lo humorístico." Aquí la metonimia es el desplazamiento del orden (cultural,
discursivo y urbano) de los sentidos. Las Gotas amargas escuchadas - mediadas por
el ver y verse escénicos e interior de la ciudad letrada y escrituraria, ver y verse de
valores, roles e identificaciones- para ser bebidas y bien digeridas son los
objetos humorísticos por investigar y analizar: "Todos estos
objetos", gota a gota y todas las Gotas amargas, "cuya manifestación
suscita el sentimiento de lo humorístico no son objetos para el deseo. Es más bien el
deseo su rehén: deseo por el objeto." Pero como objetos humorísticos las Gotas
amargas suscitarían también "un sentimiento de despersonalización: porque es
igualmente verdadero que el sujeto es y no - es este objeto, el cual se presenta así como
raíz de la identidad y de la extrañeza, al mismo tiempo." Así, el lírico, no
obtendrá más respuestas de la tierra; el científico o médicoracionalista y
experimental, enloquecerá y perderásu renombre y clientela; el filósofo moderno,
encontrará al final del ser la nada del saber y hacer; Juan, encontrará que sus
diferencias sociales y culturales con el emperador chino serán igualdad en la animalidad
sexual; el idealista de ayer y hoy, será mañana pancista, a su vez deconstruído
o destruído por el futuro nihilismo que vendrá; el tradicionalista y bueno, se curará
con maldad y naturalidad el chacro sentimental; la contemplada mujer hermosa, será objeto
sexual a gritos, a gritos de deseo en tanto objeto sexual; el bovarista (todos los
lectores y escritores), será un sueño irrealizado e infeliz... como en Bouvard et
Pécuchet. Ya Hugo veía en la creación "un inmenso estallido de risa...".