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| Entre otros, de Leandro Costas Plá
Alfredo Fressia
Las cuarenta páginas no numeradas de esta
primera y prolija plaquette de Leandro Costas Plá (Montevideo, 1976) se presentan
sin ambages como la obra de un "discípulo". Efectivamente, el conjunto está
dedicado a cinco "maestros" del autor, entre ellos, los poetas uruguayos Juan
Carlos Plá y Eduardo Milán. El mismo Milán es autor del prefacio "Sobre, Entre
otros", un discurso autónomo, casi ficcional, respecto al texto que podría
presentar y, finalmente, un verso del mismo Milán rige, como acápite, todo el poemario
("Aunque hay palabras no hay palabras"). Roberto Appratto, que no
comparece citado en el texto, presentó la edición en mayo de 2002.
Así, el autor no parece temerle a su condición de vástago, de
remanente de cierta poesía que ocupó un espacio en la diacronía de la lírica uruguaya
(un espacio tardío, respecto a la vecina poesía brasileña, por ejemplo): el período en
que algunos poetas, incluidos los "maestros" de Costas, exacerbaron la
metacrítica, la reflexión sobre el lenguaje y sus posibilidades, su referencialidad
imprevista o aun condenada al fracaso. Sin duda alguna, el gran "tema" de toda
poesía es ella misma, su naturaleza de lenguaje que llama la atención sobre sí mismo,
se piensa y dice (o no). Simplemente el grupo que incluyó a los poetas magistrales
para el autor centró muchas veces su busca creativa en la comprobación y exaltación de
esta veta, esa especie de nervio de la poesía, expuesto por ellos, y por ellos retocado
hasta el dolor, o su anestesia. Para una lectura histórica (o historicista), se debe
recordar que algunos lo hicieron de un modo que tocó el autismo respecto al medio social
descalabrado en que creaban (pero por justicia también hay que decirlo: definitivamente
no fue éste el caso de Juan Carlos Plá, autor de una obra renuente a toda
claustrofobia).
El gesto explícito de Costas al asumirse "discípulo"
se debe seguramente a que el poeta no piensa que el tema sea epocal, o generacional, sino
universal y constitutivo de la poesía, en todos sus momentos. No se equivoca: el tema es
efectivamente central, y sin esa reflexión no hay poesía. Más bien, lo que da cierto
tono melancólico a su poemario radica en la reiteración de una retórica, esa sí
"epocal" y fechada, deudora de sus "maestros" (entre los que no coloca
a Appratto, pero por demasiadas pistas debería hacerlo). El poemario se inicia con un
pregunta, sin respuesta, sobre la referencialidad de la palabra. El lector puede imaginar
que seguirá un poema sobre el lenguaje que no define ("imposible es decir que se
define"), sucedido en fin por un texto centrado en la aparente binariedad
fondo-forma. Ciertas alusiones autobiográficas y la creación de un universo de
erudición referenciada (además de sus maestros, los poetas argentinos Héctor Viel
Temperley y Osvaldo Lamborghini, el pintor mexicano Rufino Tamayo, la narrativa de Raymond
Carver) no alteran el carácter residual de esta poesía ni compensan la falta, por el
momento, de una firma Costas, el decir que estructura un idioma, aun sin el auxilio de las
precarias garantías de la primera persona biográfica. Para usar la imagen del dinero, un
tema aquí reiterado, por su naturaleza de valor simbólico (como también los tiene la
palabra, gastados o no), la poesía de esta plaquette buscó garantías en cuentas
corrientes de otros tiempos, sin percibir que eran Bancos de palabras agotadoramente
desmonetizadas por el exceso y la inflación.
Leandro Costas Plá dirige la revista de poesía Lapzus. |
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