En el momento en que nos acercamos al poeta
Francisco Madariaga (1927-2000) sabíamos bien que se trataba de su presencia y de su
aparición entre nosotros. Ya que sí el inicial sentimiento de asombro y admiración que
nos provoco la primera lectura que de su poesía hicimos, en los "Cuadernos de
Difusión" de Fundarte (1983); este se amplió extraordinariamente cuando le
conocimos y en el instante mismo en que comenzó a relatar más que a hablar de esas
fantásticas y misteriosas historias que han ido formando y fortaleciendo la visión de su
vida. Todo aquello que en el se mueve entre el estremecimiento y el resplandor, arco iris
entre el sol y la tierra, los pantanos exhuberantes y los palmerales; las flores de
belleza incomparable y las aguas torrenciales, forman parte de su poética de los
elementos.
Puente de la mirada y la memoria que enlaza y une el animal terrestre y la piedra celeste.
Erotismo incandescente que lo deslumbra y lo hechiza. Poética de los desaparecidos y de
las apariciones, que lo hacen decir: "Yo soy aquel que tiene los deseos del celo de
la tierra" y que busca en toda la realidad "Diamantes sobre el corazón de las
palabras". He aquí la palabra que nos lo acercó, y la otra palabra que aún queda
entre nosotros por decirse y decirnos. [O.G.]
OG - ¿Podría Usted hablarnos de las primeras percepciones e impresiones que tuvo de la
realidad y del mundo en que el vivía, y que cómo estas y aquellas fueron
proporcionándole elementos a su palabra poética?
FM - Yo viví desde que nací en la provincia de Corrientes hasta
los catorce años, en medio a lagunas, esteros y palmerales. Y los gauchos allí son los
más antiguos, el gaucho se ha mantenido y ha mantenido su tradición intacta. Corrientes
es una provincia muy ganadera y tiene cierta similitud con los Llanos Orientales de
ustedes. Mi padre era veterinario y ganadero, y tuvo adversarios políticos muy fuertes y
que han hecho de la lealtad una forma irrenunciable de estar en el mundo. Los gauchos
pertenecen a tres partidos políticos y los colores son el celeste, el colorado y el
verde. En política como en la vida son muy pasionales y andan todavía con revólver en
la cintura.
Mi padre estaba en la oposición y eso no le causaba problemas,
porque todos sus contradictores le respetaban mucho. A mí me mandaron a Buenos Aires a
estudiar, un poco tarde. En el viaje hacia Buenos Aires, que son treinta y seis horas en
tren, el tren paró en una estación y en el patio de una casa yo que tenía doce años
ví el busto de una mujer, semidesnudo y mi madre me dice que esa era la Venus del Nilo.
Escribí mi primer poema en Buenos Aires. Estos hechos constituyeron mis primeras
inquietudes y me formaron.
OG - Fuera de esas percepciones reales y fantásticas de la
naturaleza que Usted tuvo y tiene todavía, había también un mundo interior, que lo
constituían sus primeras lecturas y las de su formación escolar ¿cómo ocurre esto y
cómo las fusiona entre sí?
FM - Realmente cuando entré al Colegio Superior empecé a leer de
todo: Homero, Rilke, Rubén Darío, los surrealistas. Todas estas lecturas eran muy
mezcladas y desordenadas. Fui haciendo relaciones con otros poetas y escritores; ellos me
documentaron mucho. Hasta que conocí a los surrealistas y también el mar uruguayo. A los
diez y siete años recibí dos golpes que me transformaron: uno de ellos, el mar y el
otro, el del surrealismo. Con esas dos experiencias volvía a retomar el contacto con mi
provincia. Poco a poco ese contacto con nuestra naturaleza comenzó a hacérseme surreal,
surrealista.
Nosotros teníamos ahí el surrealismo total. En el fondo el
gaucho es muy fabulador, son fabuladores con rasgos líricos unos y otros con rasgos
marcados por la memoria y realistas. El paisaje de por sí surrealista, de extrema belleza
y color: palmeras salvajes, aguas coloradas, el trabajo rudo. Yo me quedaba tres meses
allí, ya que como te he dicho, ya vivíamos en Buenos Aires.
Cuando estaba en el Colegio, del que te hablo, en el año de 1945, empecé a escribir
muchos poemas. Dos profesoras de literatura, que tenían una mentalidad muy evolucionada
para aquel tiempo me ayudaron a hacer una primera lectura pública. Había en mí ya una
determinación en ese sentido de que la poesía sería parte substancial de mi destino. Y
he sido fiel a eso.
OG - Para Usted es muy fuerte e inextricable la relación entre la
naturaleza y la ciudad. Eso le da otra dimensión a su poesía. ¿Cuál es su primer libro
publicado y a quién o a quienes se los da a conocer? ¿Cómo conoce a Girondo y como se
forman sus otras relaciones entre surrealistas y quienes estaban en contra de la
obediencia a una ortodoxia surrealista?
FM - En 1954 ya había salido mi primer libro de poemas: El
pequeño patíbulo. Lo conocieron Aldo Pellegrini y Carlos Latorre. Latorre me habló
de Oliverio Girondo y me dijo: "vamos que va a estar en un café del Centro. Hablamos
con él y lo primero que me dice es: "ha caray, que cara de comisario de campaña,
che, tiene usted compañero".
Girondo era un hombre de poder económico, de gran cultura, no
solo poética y literaria, sino también plástica. Tenía en su casa una colección de
arte precolombino, de oro del Perú, de los Incas. También tenía cuadros de Figari y de
artistas europeos. Él me hizo observaciones sobre mi poesía que me sirvieron
enormemente, me hacia observaciones de estilo y me aconsejaba que tenía que manejar mejor
el idioma. Las reuniones con él eran muy hermosas. Iban allí personas de todas las
corrientes estéticas y políticas: Lorca, Neruda y Asturias.
En su casa se conversó sobre la iniciación de dos revistas muy
importantes: A partir de 0, y Letra y Línea. Una era de cierta ortodoxia
surrealista y la otra más dentro de lo formal. Girondo no participó en la creación de A
partir de 0, porque él tenía diferencias con los surrealistas y con el surrealismo
de París, y allí con Enrique Molina, las diferencias eran estéticas. Yo nunca he sido
teórico. Participe sí en el último número. Letra y Línea nació de un acuerdo
al que llegaron todos los poetas, los artistas, los críticos y los intelectuales de ese
momento, con la orientación de Aldo Pellegrini.
Bayley y Pellegrini discutían sobre la vigencia del surrealismo.
Bayley con menos adhesión a la poesía surrealista y Pellegrini mucho más estricto a una
observancia surrealista. Indudablemente que estas discusiones eran propiciadoras de cosas
nuevas y no de odios y envidias. Nosotros realmente estabamos en contra principalmente del
oficialismo y en eso centrábamos nuestra crítica.
OG - El medio intelectual por lo que sabemos era bastante
polémico y había controversias y disputas muy fuertes. ¿Cómo podía un poeta de
provincia moverse en el medio intelectual de Buenos Aires en esa época, y fue esto ó no
importante para Usted?
FM - En ese entonces había en Buenos Aires grupos muy poderosos
como la Iglesia Católica, el Partido Comunista, con buenos y retontos militantes y los
miembros de la revista Sur que muchos tildaban de conservadurismo ilustrado. Todos
ellos hicieron una labor importante y fue fundamental para nosotros; otra cosa, era que no
estuviéramos de acuerdo. Queda una fuerza que te menciono ahora: era la constituida por
los intelectuales del naciente peronismo, del marxismo y del fascismo.
Quiero decirte, que no todos los intelectuales, pero sí la
mayoría. Y ahí, entre todos ellos estabamos nosotros: los de la tierra de nadie.
Nosotros no dependíamos de nadie y además no teníamos medios económicos. No es que no
tuviéramos una postura y una posición política, la teníamos, pero eran políticas
distintas. No estabamos ligados en este campo a ninguna convicción, eso era insoportable
para nosotros.
OG - Usted tuvo una inmensa y fuerte amistad con Aldo Pellegrini y
Enrique Molina apoyada más que todo en la actividad creadora ¿Qué puede decirnos de
ellos dos y de qué manera ó no contribuyeron a ampliar su concepción de la poesía y
del amor?
FM - Pellegrini fue muy importante para mí tanto en lo afectivo y
en lo intelectual. Afectivamente nos tomamos un gran cariño e intelectualmente me
proporcionó elementos literarios que me han sido fundamentales. Era muy irritable contra
lo que consideraba una mentira y una impostura. Él decía lo que pensaba como crítico.
Yo lo conocí ya maduro, formado. Le gustaban las mujeres bellas, y era un hombre rebelde
y de rechazo. Eso se trasunta en su poesía. Escrito para nadie es una visión de
construcción-destrucción total. Éste libro es la culminación de su postura de toda la
vida.
Molina era un camarada para la aventura; fué muy cariñoso, como
buen campesino. Con él nunca aposté a una amistad total, porque él era la soledad
absoluta. Entre mi poesía y la de ellos dos, hay puntos de contacto y aire de época.
Molina exalta un erotismo que no es el mío; el mío sino esta muy sensibilizado y
espiritualizado no funciona.
Para mí quedaban muertos el encantamiento y todos los materiales
del amor, cuando quise reducirlo al deseo. Fue y hubo deseo, pero no me lleno. No es que
no sea corporal, yo necesito de otro encantamiento. Me enloquezco y corro peligro siempre
de enamorarme. Ha habido situaciones así en mi vida, pero yo soy fiel cuando amo. Cuando
era lo sexual, la necesidad, he preferido ir donde las putas, putas finas; que no
significarán para mí enamorarme. Bretón apuntaba al amor único -el amor loco-, como
tentativa de la belleza, esta muy bien, pero como práctica se hace casi imposible. Creo
yo que fue él el único en practicar esa clase de amor con su compañera chilena.
Defendió esa postura hasta su muerte.
OG - Ha habido ciertos críticos e historiadores que han incluido
su poesía como parte de lo que conocemos con el nombre de poesía gauchesca ¿Qué
reflexión y consideración le merecen estas apreciaciones?
FM - Niego rotundamente haber pertenecido a la poesía gauchesca.
Yo que me críe entre gauchos no hice poesía gauchesca. La poesía gauchesca ha sido
hecha inclusive por quienes no son gauchos. Los gauchos tuvieron poetas en estado natural
y que conocían los secretos de la naturaleza y se asombraban ante ellos. La naturaleza
misma es ya una influencia, el haberla vivido, haber conocido y amado las mujeres de
allí, que son mezcla de guaraní y de españoles, y negros con español e indio
americano.
El universo del gaucho está poblado de mujeres y de sus leyendas.
Allí casi no hay inmigrantes y sólo hay árabes comerciantes. Todos somos mestizos, y el
gaucho es muy aindiado. La vida que yo hacía al lado de mi padre, la vaquería, la
política bravía, todo eso me hizo. Ahí habían imágenes muy fuertes. Era el farwest en
América. Yo fui escribiendo siempre con disciplina, y ese es un nacimiento inefable, no
puedo definirlo. Eran repentinos, y yo nunca he corregido.
OG - Usted intenta hacer su poesía y darle una forma entre esa
naturaleza que lo obsesiona, lo fascina y lo excede, y su también relación con textos
poéticos donde predomina el realismo y en otros donde el hilo del romanticismo y
surrealismo es visible ¿Cree que lo preserva de caer en uno y otro lado es el poder de la
inspiración? ¿Ordena Usted sus poemas o da vía libre a la espontaneidad y la sorpresa?
FM - Creo que son válidas las dos formas: si el poema sale
redondo, no hay nada que cambiar. Molina me contaba que escribía hasta siete veces un
mismo poema. Yo los míos los he escrito a caballo, en fondas del camino, en trenes, en
vapores fluviales, en aeropuertos. Hay poetas que tienen que mirar otra vez el poema y
darle forma, en mí la mayoría han sido de repente, son como una aparición.
Yo creo en la antiquísima concepción de la inspiración. Pero
además, creo que a eso le hizo bien y no me da miedo reconocerlo, el surrealismo. Una vez
le preguntaron a Aragón que opinión le merecía la inspiración y contesto que "la
inspiración sí, pero aceptada y practicada". En eso es fundamental el aporte del
surrealismo.
Todo esto proviene también del romanticismo y sobre todo para mí
de Hölderlin. Aquí he hallado un libro de él, que hace mucho tiempo quería leer: los Ensayos.
A mí me atrae Hölderlin más que Novalis. Yo me siento más afín con él, porque es el
que esta más libre de filosofía. El poeta es filósofo solo si es como los
presocráticos y los rishis vedas: elementales y mentales. De esa manera sí se pueden
unir la poesía y la filosofía, pero de la manera moderna, no, porque la moderna es una
filosofía sistemática. A mí me quedan elementos como el sueño y la visión, no los he
forzado, creo que son un hecho natural. Sin duda que es fundamental para el poeta leer a
otros poetas, es fundamental la frecuentación, pero no lo es todo, porque creo un poco en
aquello que como decía Rimbaud: la poesía es un hilo de oro en todos los tiempos. Nunca
he puesto en duda el poder de la inspiración y no creo que haya poder que pueda
destruirla.
Y más acá Apollinaire en "El espíritu nuevo y los
poetas" es fundamental, porque hablo de la sorpresa que sorprende. En ese manifiesto,
la concreción central del movimiento moderno no es una escuela o un movimiento sin que
abarca todas las tendencias. Cuando él habla del origen de un poema lo compara con la
caída de un pañuelo y este hecho aparentemente intrascendente puede ser el origen de un
poema. Recuerde que a Newton la observación constante de la caída de una manzana lo
precipitó a descubrir la ley de la gravedad. Este hecho quizá fortuito es un punto de
partida. Es lo repentino más que lo espontáneo.
OG -¿ Hablando de nuevo sobre la inspiración y la creación, y
considerando la inspiración como un método libre de las ataduras conceptuales, queramos
saber ¿Cómo se revela en su poética, lo que el surrealismo practicó como
"escritura automática"?
FM - Yo creo que así como "escritura automática" no se
me ha dado. Porque para mí ella es una irrupción de la antiquisima inspiración, que ha
sufrido permanentes transformaciones a través de los tiempos. Muchos poemas han quedado
intactos y sin control. Mi método si así podemos llamarlo, es dejarlos en el cajón y
después sacarlos es fundamental. Te hace revivirlo y puede aparecer ya perfeccionado,
tanto en su espíritu como en su dicción. Y después si hay que hacer la correción eso
afina el espíritu ó puede que la correción sea inferior. Homero hablaba y defendía la
inspiración.
OG - Esa relación sincrética que hallamos en su poesía y que va
de la tradición y de la historia de la pampa hasta el romanticismo y el surrealismo ¿Es
en Usted un proceso intencional y deliberado?
FM - No ha sido deliberado. Creo que surge de todo esto que
Homero, el Arcipreste de Hita, Luis de Góngora y Garcilaso de la Vega hicieron, y lo que
ellos hicieron con la poesía fue crearla de nuevo. Mi poesía es la eclosión de todas
estas experiencias contradictorias entre una campaña arcaica y la poesía de todos los
tiempos. Ya fuera urbana, ya fuera de campaña. Yo he mezclado todo eso, pero sin
proponérmelo, a eso es lo que llamas sincretismo.
OG - Hasta ahora ha hablado del surrealismo como movimiento que
provocó de nuevo un re-conocimiento de la inspiración ¿Qué consideración le merece el
hecho oscuro e irresoluble al parecer de las relaciones del poeta con la política? ¿Qué
poeta del movimiento en este aspecto le interesó profundamente y por qué?
FM - Del surrealismo, aparte de la diferencia, con relación al
tratamiento de la imagen, me intereso fundamentalmente la gran lucidez con que se
plantaron en aquellos años, en que había gran confusión. Y principalmente en lo que
respecta a la relación arte y sociedad, que costó la vida por autoinmolación de muchos
de ellos, para ser en todo caso consecuentes con lo que pensaban y hacían. La política
siempre ha confundido los roles. O se obedecen su línea ó no se puede pertenecer
políticamente a él. Esta contradicción los llenaba de culpa, porque no podían
liberarse de esa manera de crear, y menos podían escribir lo que les ordenaba el partido.
Casos como los de Crevel, Maikovski, Essenin, Mandelstam y
Gumiliev. El surrealismo dió la posibilidad de que coexistieran la política y la
poesía, sin necesidad de abolirla, sin ponerla al servicio de nadie y de nada. Crevel
fué un tipo tan puro y de una impensable rebeldía. No sé si fue el más bello de los
poetas surrealistas.
Fundamentalmente me interesó el rumbo que tomó con Aimé
Cesaire, algo como un milagro, ya que el surrealismo europeo por la política olvido el
paisaje y en Cesaire se da el milagro porque en su poesía hay la denuncia de la miseria y
la opresión del pueblo, lo social y lo poético, aparece el lujo del paisaje. Admiro de
los poetas es su independencia, poetas como Rilke, O.W. de Lubicz Milosz, Valéry, Perse.
OG - En ese orden de sensibilidad y de sensaciones ¿Existe para
Usted diferencia entre el paisaje y la naturaleza? ¿Qué es para Usted el paisaje?
FM - El paisaje no es el tratamiento naturalista del artista, es
el paisaje. El paisaje se transforma en persona.
OG - Ya que Usted se halla en permanentemente contacto con la
tierra y la región de Corrientes ¿Cómo ha sido su percepción de ellas y en que forma
participan de su poesía?
FM - Abrí los ojos y me rodearon grandes ríos, grandes lagunas,
inmensos esteros, más profundos y tan impracticables que no puedes ir por ellos. Millones
de flores de todos los colores y todo eso bordeado por palmeras salvajes y árboles. Ya lo
he dicho en mi texto La acuarela inmóvil, como lo has dicho. No acepto el
nacionalismo doctoral, el nacionalismo de Estado y lo que es letra muerta, que mata la
poesía. La Región es la dadora, es la madre de la poesía y que se halla en Homero,
Virgilio, Cavalcanti, Yeats y Giono.
OG -¿Cómo y en qué forma es penetrada su poesía por el amor y
el sueño? ¿Son elementos subsidiarios a la naturaleza o por el contrario son
fundamentales a la esencia misma de su poesía?
FM - Sin la necesidad de la búsqueda del amor, para mí, no puede
haber poesía, y sueño como consecuencia de eso y la noche también. Una noche es un
desprendimiento de estrellas gigantes que caen al suelo.
OG - Es quizá desde Rilke desde donde podemos partir para hablar
de la experiencia poética como una experiencia profana y una experiencia mística ¿Cómo
caracterizaría Usted su poesía en esta perspectiva?
FM - Yo las he vivido más en forma repentina y fragmentada. No la
he vivido con la sabiduría de un Rilke y no coincide con esa larga constancia que es
característica en él. La experiencia aparece cuando uno menos la recuerda. Hay una cosa
que es fundamental para mí y que la he conservado en los libros que hecho, es hallar que
el ser más desamparado, más a la intemperie, puede ser el ser más generoso que todos
los otros hombres, yo lo he comprobado. De repente, esos hombres hasta le salvan la vida a
uno. Esos que no tienen nada. Esto es casi confidencial.
OG - Nosotros podríamos decir que en su poesía encontramos un
elemento que encanta por la belleza imposible de su presencia permanente, y es el de la
aparición y de las apariciones ¿De dónde proviene esto?
FM - El sentido de la aparición yo lo aprendí en mi infancia, en
la campaña Correntina, que esta llena de leyendas, casi surrealistas y poco realistas, y
esto está en la belleza excepcional de la naturaleza y en una historia sangrienta. La
guerra, que le ha dado un venero de leyendas, de memoria de hechos de sangre: peleas entre
civiles y guerras civiles. Ahí sobre eso, el pueblo posterior ha elaborado el sentido de
las apariciones, que tienen dos vertientes: una, muy concreta, en aquella época no había
Bancos y los terratenientes tenían sus joyas y libras esterlinas en botijas de terracota.
"Los entierros" ocurrían y los dueños iban con un peón o dos de confianza a
enterrarlas.
Esas historias se transmitían oralmente. Y sí tu sacabas
"El entierro" sin ser el destinado para hacerlo, para sacarlo, iban en tu
persecución fantasmas de caballería con lanzas, de demonios y brujas. Y la otra, me
hablan las mulatas. Que después de la guerra sus abuelas les contaban, que aparecían
mujeres en balsas navegando por los ríos, suplicando y clamando al cielo por su amor
muerto en la guerra. Y con ellas iba una mulata fuerte y armada que cuidaba a su niña.
Nadie se podía acercar a esa balsa porque la multa era muy bravía . Era el desconsuelo
vagante.
OG - Todo esto tiene que ver mucho con la tradición del
correntino y Usted ha extraído de ella y de su realidad múltiple y de su historias de
amor y muerte, de lucha y odio, la parte más esencial de su poesía ¿Hablenos un poco
sobre estos hechos tan extraordinarios?
FM - El Correntino es fatalista y no le da valor a la vida, aunque
la adora. Yo he temblado estando entre gauchos, porque por una tontería, o lo que a uno
le parece una tontería, ellos se podían matar. Este fue de los más conmovedores
momentos históricos del pueblo, lo fue en 1938 cuando un General Gobernador que se llamó
Belon de Astrada, se levantó solo contra el tirano Rosas. En la batalla que dio no
llegaron a tiempo las fuerzas uruguayas y perdió. Las fuerzas del tirano le mandaron
degollar a él y novecientos hombres más que se rindieron. Laguna de sangre. De la
espalda de Astrada sacó una tira de piel, la trenzó e hizo una manea, que llevó hasta
su muerte.
La mentalidad de guerrero popular, que quedo de toda esa épica al
mismo tiempo nos los hacen ver como románticos y guerreros: que se enamoran, que cantan y
que fabulan. Hay dos clases: unos que no hablan una palabra y son los más valientes. Otro
que es muy peligroso, por traicionero. El otro es frontal y más fiel al amigo, al
patrón. El traidor te mata por la espalda: te alaba y alaba y te puede matar en cualquier
instante.
Y allí en medio de todo esa violencia y muerte están las
mujeres, que son muy ardientes. Caminan descalzas, aún teniendo zapatos; porque tienen
unos pies hermosos y sensuales. Ellas van descalzas porque saben, esto sí, que incitan a
los hombres. Y cuando te aman, sabes como te dicen en la cama: mi rey.
OG - La modernidad se caracterizó por el poder que instituyó e
institucionalizó de la interpretación y de su teoría de la ciencia sobre la creación
¿Qué piensa Usted al respecto?
FM - Pueden ser muy dañinas, salvo la disciplina que te enseña
lo que no conoces. Bachelard me interesa porque él es un poeta, aunque no haya escrito
poemas. Los otros no me sirven ni siquiera Heidegger. Yo no siento la poesía como él, yo
soy arcaico de otra manera.
OG - Ya es común que se hable de un poeta que se ha formado en
una academia o un taller de escritores, y es más: ha ido adquiriendo un cierto status en
el medio cultural y social ¿Cree usted que es necesario e importante que el poeta se
forme en una academia o un taller?
FM - Nunca he tenido escritorio ni taller. El taller creo que es
positivo sí lo orienta un artista, que también este allí para preguntar y para
interrogarse, así puede funcionar, aunque parezca absurdo. Habría que volver a lo
socrático, a la mayeútica.
OG - Todavía se habla del poeta oficial, calificativo con él
cual se pretende disminuir el poder de verdad y autenticidad que pueda ó no contener la
poesía de un poeta que se adhiere al poder y al establecimiento para defender un estado
de cosas moralmente inaceptables ¿Cómo ha experimentado Usted esta cuestión?
FM - Nunca he militado contra nada y nunca he participado de esos
poderes. No hice estridencia con mi rechazo. Yo nunca he escrito un manifiesto: en mi
escritura se ve cual es mi actitud frente a esos poderes literarios.
OG - Hay poetas que para crear necesitan del silencio y la soledad
y hacen de ellas un hecho absolutamente necesario y fundamental para acercarse a la
poesía y para invocar a la Musa ¿Usted necesita experimentar esa clase de silencio y de
soledad para crear?
FM - No conozco la soledad. El silencio cuando lo capté enseguida
se me escapo. La soledad en mí apunta y se va, hasta ahora. Apunta y se va. Yo estoy con
mi familia y todo eso influye mucho. No solamente son la compañía sino la necesidad que
siento de hacerles conocer aspectos del mundo, que yo he tenido el privilegio de conocer:
hombres, tierras, lugares, paisajes y temas que van a desaparecer y que yo he conocido.