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banda  hispânica

marcelo damiani

 

Marcelo Damiani nació en la ciudad de Córdoba en 1969, pero vive en Buenos Aires desde 1981. Es egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y del Bath Spa University College de Inglaterra. En 1995 publicó su primera novela: Adiós, Pequeña. Su segundo libro, El sentido de la vida, obtuvo en 1998 el Premio del Fondo Nacional de las Artes, y cuando apareció en el 2001 fue elegido revelación del año en la encuesta del diario Página/12. Sus artículos y entrevistas han aparecido en la revista ‘Espacios’, los diarios "Clarín" de Argentina, "El metropolitano" de Chile y "El País" de Montevideo. Algunos de sus cuentos han sido publicados en Puerto Rico, España e Inglaterra. Es corresponsal de la revista "Lateral" de Barcelona y también se dedica a la docencia universitaria.

1. ¿Cuáles son tus afinidades estéticas con otros poetas hispanoamericanos?

Antes que nada me gustaría aclarar que no me considero a mí mismo como un poeta, y esto no es un gesto de falsa o verdadera modestia. El hecho de que en mi segundo libro, "El sentido de la vida", aparezcan algunos poemas no significa, de ninguna manera, que yo califique como tal. Hecha la aclaración pertinente, diría que más que afinidad estética siento admiración por muchos poetas hispano-americanos. Dentro de los clásicos, Rubén Darío, Pablo Neruda, César Vallejo, Borges y Girondo. El argentino Roger Pla, el peruano Luis Hernández, el boliviano Gary Daher, el chileno Roberto Merino y el uruguayo Gustavo Escanlar tienen algunos poemas que realmente me gustan mucho y de los que me parece que me atrae su tono. Releo lo escrito y me doy cuenta de que no he leído a poetas de Paraguay, Ecuador, Venezuela, Colombia y Brasil, para sólo mencionar a América del Sur. Nuestra habitual incomunicación continental es la única y pobre respuesta que se me ocurre para esta carencia.

2. ¿Cuáles son las contribuciones esenciales que existen en la poesía que se hace en México que deberían tener repercusión o reconocimiento internacional?

Creo que de los jóvenes el caso de Silvio Mattoni es el más importante, aunque tampoco me gustaría dejar de lado los de María Malusardi y Raquel Garzón.

3. ¿Qué impide una existencia de relaciones más estrechas entre los diversos países que conforman Hispanoamérica?

Esta es una cuestión difícil de desentrañar, pero creo que las malas políticas culturales y una falta de identidad continental quizá sean los motivos principales por los que sigamos padeciendo el eterno problema de una comunicación mucho más fluida entre nuestros países.

poemas

Éxodo

para Martín de Brum

Hace exactamente un libro atrás yo era un perfecto desconocido para todos ustedes. Mi fama actual, según los sociólogos, se debe al equívoco que me atribuye dos descubrimientos capitales para el futuro de la humanidad: El origen de la literatura y el del sentido de la vida.

Todos los que han leído mi debut en el campo de las letras recordarán que ahí adjudicaba mi primer hallazgo al genio impar de L. A. Peter. Sin embargo, cuando el filósofo peninsular se enteró de mi cita, declaró públicamente que él jamás había dicho tamaña estupidez. Este elogio que me honra del señor Peter (defensor de la opinión que entre el elogio y el insulto no hay diferencia) sólo puede ser agradecido de la siguiente forma: "Señor Peter: Usted es un Idiota".

Los efectos del descubrimiento del sentido de la vida, en cambio, superaron totalmente mi capacidad de asombro. Estos son los hechos: En medio de una fiesta fastuosa, después de hacer público mi modesto éxito, le encargué al Gato que escribiera una crónica fiel de lo sucedido esa noche, para informar al mundo de tamaño acontecimiento. El Gato, en vez de hacer lo que yo le había ordenado, garabateó una suerte de relato que fue leído como un cuento. Mi público, sin embargo, supo ir más allá de la superficie del hecho y llegar así a la esencia de mi iluminación trascendental.

El problema, amigos, es que la fama cuesta; y cuesta caro. Así es que ahora me encuentro recluido en el anonimato de este cementerio, esperando que el implacable devenir aplaque la intempestiva insistencia de mis admiradoras, deseosas de apoderarse de una parte concreta de mi cuerpo. Sí, sí, estoy hablando de mi mano: La misma que escribió el ya célebre prólogo "Génesis" y la misma que ahora está describiendo mi "Éxodo". Esta es la razón por la que he tenido que huir del mundillo de las luminarias y los divos, autoexiliándome en este panteón posmoderno con aire acondicionado y computadora, para arremeter nuevamente con mi pluma temeraria contra la hipocresía que rodea estos claustros.

El Gato, apodo cariñoso del autor de este libro, enterado del castigo que le he infligido al mundo por medio de mi ausencia, apareció por acá el otro día para rogarme que reviera mi terminante decisión. En realidad, ahora que lo pienso, sus palabras textuales fueron de una incoherencia calculada. Dijo que bajo ningún punto de vista quería que yo siguiera prologando sus libros, cuando en realidad todo el mundo sabe que yo no soy su prologuista personal sino que es él mi escritor exclusivo. Yo, conocedor de la lógica enmarañada de los gatos, comprendí inmediatamente el doble sentido de su astuta provocación. El Gato, por una parte, no se animaba a pedirme las líneas necesarias para apuntalar su nuevo opus, como lo había hecho exactamente un libro atrás, dado que aún se sentía culpable de las molestias que me había ocasionado su anterior pedido. Por otro lado, el joven escriba sabía que yo no podría resistir su reto, y así me haría salir de mi cruel ostracismo. Sin pensarlo tres veces, le retruqué que yo siempre había conocido los riesgos de la fama, y dándole a entender que comprendía perfectamente sus felinas intenciones, añadí sonriente que le tendría listo su prólogo en una semana y media. El Gato me miró perplejo. Le repetí que no se preocupara, y luego de meditarlo un poco comenté que en esta ocasión esperaba no tener que leer todo el libro como la vez anterior. Interpreté su retirada como una evidente respuesta afirmativa.

Ahora bien, no siendo la modestia, afortunadamente, uno de mis defectos, me veo en la obligación de confesar que todos y cada uno de los méritos de este libro me pertenecen, mientras que todos y cada uno de los errores le pertenecen exclusivamente al autor.

Primero y principal: Fui yo y no otro quien presentó al Gato y a David. En esa ocasión, durante la famosa fiesta donde descubrí el sentido de la vida, sugerí proféticamente que las aventuras del afamado guionista serían un buen argumento para escribir un libro.

Segundo y secundario: Fue el Gato y no otro el que después de la desaparición de David se apropió de todos sus textos inéditos (aunque según él sólo buscaba el guión original de su primera novela) para podar la fluidez decimonónica de la obra del guionista en función de la decadente concepción fragmentaria del arte contemporáneo.

Tercero y terciario: El Gato, siguiendo sus creencias románticas, ha hecho una lectura mística de la muerte de David. Para mí, en cambio, es obvio que la desaparición del guionista obedece a un sólo y carnal motivo: Él había matado a su mujer y tenía que desaparecer como el cuerpo de ella.

Por lo tanto, dado que soy una parte demasiado constitutiva del libro, no creo que sea ético que yo hable muy bien de él. Sin embargo, teniendo en cuenta que después de todo soy el artífice y mentor y casi casi el único autor del mismo, tampoco puedo evitar decir que lo que ahora tienen en sus manos, mis timados lectores, es un verdadero espectáculo.

[Alan Moon]

 

El panfleto hermético

para Daniel Mundo

 Estoy escribiendo la historia de esta balsa (cuyo capitán se empeña en llamar barco) y de su eterno virar a estribor. (La visible incoherencia de nuestro rumbo me impide hablar del tema). Yo soy una parte insignificante de la tripulación: No hago nada, no me dejo ver, no hablo; acentúo las diferencias con el capitán: Mi enemigo. Ambivalente, voluble, medio ocre, el capitán, ni siquiera sospecha de mi existencia (agazapada en la multitud informe de la balsa), seguramente debido a sus múltiples problemas (aunque para él son simples pasatiempos): Su favorito, sin duda, es dar de comer a los tiburones: Su método (avalado por la indiferencia y la ceguera general) es patear a los indeseables que sobreviven en los bordes de la balsa para ofrendarlos a Neptuno. Eso es, dice él, un sacrificio necesario. Eso es, digo yo, asesinato. (Además, también le gusta matar las ideas de los otros, y si eso no da resultado, matar a los otros que tienen ideas: No es obvio aclarar que reivindica a los criminales.) Robar un arco y un par de flechas, practicar por un tiempo, volverme un experto y buscar la oportunidad para llenarle la boca con algo sólido, es una de mis ideas más recurrentes. Pero nunca me decido, y no es por miedo, no, de ninguna manera, sino porque existe el peligro de que los ignorantes, después de todo, terminen convirtiéndolo en mártir. Así, en cambio, estoy seguro que se ganará un odio histórico, sempiterno, exclusivamente por su propio mérito. Yo, mientras tanto, puedo seguir insultándolo, escribiendo, imaginando su muerte en vano, mientras navegamos en círculos mar adentro, y sin ninguna intención de llegar a tierra firme.

 

Biografía Violenta

El género biografía es tan artificial como cualquier otro. Su postulado básico es que se puede recrear la vida de una persona por medio de una operación doblemente dudosa que podríamos llamar "Traducción Metonímica". Es decir, trasladar las partes conocidas del fluir inevitable de una vida a la lógica ajena del lenguaje.

Desde este punto de vista, toda vida convertida en palabras es pura ficción. No existe ninguna relación causal o casual entre un libro como este y las experiencias vitales de David. Su vida ya no es más una sucesión temporal de situaciones encadenadas. Ahora es una especie de caos controlado convertido en palabras. Así, sus ideas, sueños, relaciones, juegos, viajes y vacíos han sido transformados por medio del lenguaje en los fragmentos representables de su posible vida en la isla.

Las reflexiones precedentes me sirven de incentivo frente al momento que todo biógrafo creyente de su arte no puede abordar sin tristeza. Estoy hablando, por supuesto, del momento de la muerte. Yo, en cambio, ateo de la relación entre las palabras y las cosas, veo en las varias versiones de la muerte de David una suerte de chiste cínico e ilegal.

Nadie cree que sea cierto que David se haya suicidado a la salida del cementerio de la isla, después de ir a visitar las tumbas simbólicas de Eme y de Gabriel que habían sido montadas por el club de fans de "Afrodita & Eros". Casi nadie cree que ya estuviera acabado después de una serie de sueños y pesadillas sobre sus catastróficos viajes. Pocos creen que haya ido a la fiesta póstuma que se daba en su honor para sufrir los encuentros escandalosos que precedieron a su supuesto suicidio. Muy pocos confían en lo que dice la versión oficial. Algunos, sin embargo, piensan que tal vez en uno o dos de sus pequeños detalles pueda estar cifrada toda la verdad.

Yo, por mi parte, no sólo sospecho que David no se mató sino que estoy seguro que ahora está matándose de risa en alguna parte por todo lo que ha pasado. Mi teoría es que las razones de su desaparición hay que buscarlas no tanto en sus viajes por el desierto amazónico como en su regreso a la isla. Ahí, según testimonios fehacientes, en medio de la multitud molesta del aeropuerto, David sintió por primera vez que ya no pertenecía adonde una vez había pertenecido. Así, entonces, creo que decidió desaparecer de la isla para reconciliarse con la vida, y eligió el camino que le pareció más divertido y más espectacular para hacerlo.

Esto es casi todo.

 

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soares feitosa

coordenação editorial da banda hispânica

floriano martins

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