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| Mario Arteca nació en La Plata, Argentina,
en 1960. Trabaja desde hace años como periodista radial y cultural. Dos obras suyas se
publicarán a fin de 2002: "Bestiario búlgaro" (Editorial VOX, Bahía Blanca),
que obtuvo el Segundo Premio del Diario de Poesía-Revista VOX en 2000, y "La
impresión de un folleto" (Editorial Siesta, Buenos Aires). Integra la antología de
poesía neobarroca hispanoamericana "Jardim de Camaleões" que edita este año
la Editorial Iluminuras, de São Paulo, bajo la coordinación y selección de Claudio
Daniel. Colaboró con poemas en Diario de Poesía y Tsé=Tsé, entre otras
publicaciones. Por internet se puede leer en forma íntegra su libro de poesía
"Guatambú", en www.zapatosrojos.com. |
1. ¿Cuáles son tus afinidades
estéticas con otros poetas hispanoamericanos?
Siento muchas afinidades, que con el transcurso del tiempo se
fueron asentando y en algunos casos, perdiendo. Pero hablemos de las primeras, sobre todo
las que tienen que ver con una escritura puesta al servicio del riesgo, de la dificultad
entendida como un ejercicio de torsión de la palabra, de sacarle al diamante aquello que
tiene en bruto. En ese sentido, y sólo en ese sentido, me siento cercano a la poesía de
José Kozer, que es una persona querible y exigente como ninguno, a pesar de su
hiperproductividad, y cuya obra conforma (no tengo duda) uno de los corpus textuales más
altos de la poesía hispanoamericana contemporánea de los últimos treinta años.
Además, siempre releo la obra de Néstor Perlongher, y los poemas (ya obra sólida,
fuerte) de Reynaldo Jiménez, Gerardo Deniz, León Félix Batista, Víctor Sosa, Eduardo
Mitre, Enrique Verástegui, Hugo Padeletti, Roberto Echavarren, Héctor Viel Temperley,
Alberto Blanco, Alexis Gómez, Roberto Appratto o Eduardo Espina, por decir algunos. Me
interesa ese momento del neobarroco hispanoamericano que contamina la escritura de otros
poetas, amplificándola, dándole un oxígeno sintáctico que durante años parecía estar
encorsetado por la inmediatez. Es extraordinario, en ese mismo sentido de asumir riesgos
escriturales, el Gelman de Los poemas de Sidney West y Fábulas. También
vuelvo al trabajo de un poeta paulista, Claudio Daniel, porque es interesantísimo en esa
línea de poesía mínima-leminskiana de Noigandres, chinesca, capturadora del instante,
que deconstruye la lengua hasta pulverizarla, hecha con las esquirlas de una detonación a
la que nunca asistimos. Últimamente me topo con la poesía del chileno Armando Roa o del
mexicano Heriberto Yepez, en verdad excelentes. La poesía del continente, a pesar de las
torpezas oficiales en materia cultural y de difusión de la publicación de textos
poéticos, logra un grado importante de renovación.
2. ¿Cuáles son las
contribuciones esenciales que existen en la poesía que se hace en México que deberían
tener repercusión o reconocimiento internacional?
Es complejo decirlo, sobre todo porque la poesía argentina ha
sido, y lo es, tan cambiante. Digamos, para poner algún punto de acuerdo, que una de las
contribuciones de la lírica de mi país sería su alto grado de eclectisimo, y esa forma
tan natural, "inmigratoria", de asimilar cuanta técnica textual pulule por el
mundo. En ese sentido, se podría religar con las demás poéticas del continente, si es
que existen "poesías" frontera para dentro. En Argentina ha convivido el
culteranismo sórdido, esperpéntico de Lugones con la amplificación luminosa de Girondo
y Madariaga, o el intento de un lenguaje de segunda simplicidad de Bayley con la
extraordinaria puesta en escena del lenguaje oral de Gelman. Las últimas camadas han
vuelto a trabajar sobre una superficie real, por instantes objetivista e inmediata (no en
la dirección de los 60), en una línea que va de la mano con la depreciación
social y económica de mi país, y que se trata de puesta en escena, sin mímesis, de una
mirada social, hasta sintáctica, del llamado "conurbano bonaerense" (símil de
la "favela" de Río), captando al mismo tiempo el núcleo de violencia y
resistencia verbal que tiene esa monstruosa zona que rodea la Capital Federal. Los
resultados no siempre son satisfactorios (a veces, calamitosos, meras
"impostaciones" de la voz ), pero también hay poetas muy valiosos y honestos
con el lenguaje. Lejos de ese tipo de materiales, rescataría la poesía de dos autores
jóvenes, en dos vertientes muy diferentes y con los que me siento en algún sentido
emparentado: Aníbal Cristobo y Sergio Raimondi.
Hay que resaltar además la muy buena calidad que mantienen
algunas revistas de poesía en Argentina. Al ya mítico y excelente Diario de Poesía
o Ultimo Reino, se suman publicaciones como Abyssinia y Tsé=Tsé,
cuya calidad literaria y gráfica es digna de elogio. En el contexto de la actual debacle
económica nacional y regional, todas ellas representan una suerte de "milagro de
subsistencia".
3. ¿Qué impide una
existencia de relaciones más estrechas entre los diversos países que conforman
Hispanoamérica?
Tengo la impresión que existe un fluido
intercambio "personal" entre escritores. Por ende, la presunta falta de lazos
entre estados habría de buscarse en quienes conducen los gobiernos hispanoamericanos, por
no promover ni financiar ni subsidiar los vínculos entre creadores, salvo las excepciones
de algunos festivales o encuentros de poesía, que por lo general dependen de la voluntad
y empuje de los organizadores. La poesía es sinónimo de pérdida económica y de empresa
irrealizable, aún en comienzos de este siglo, y este prejuicio impide la promoción de
literaturas y escrituras afines en todo el continente. Resta un tiempo largo para que las
políticas pragmáticas de los 90, en toda América, decanten, y vuelva a
reconstruirse una gimnasia de intercambio que saque provecho de la importante producción
literaria de habla hispana, portuguesa e indígena existente en los países. |
poemas
DAMAS CHINAS
Madame Li, a distancia, aclara los vellos
de su zagala mediante técnicas milenarias.
Gana dos mechones por tanda, aligera
bien a golpes de valses casi uterinos,
chotis; ut supra los acomoda y riela
esos nudos, fueran vez boyera y cobijo
para liendres. El día atemperándolas,
para deshacerse luego en caricias
y sujetar de vuelta ese bozo ají kinoto
cuando demuda en los sobacos. Ya
Señora, asienta a la púber y la inscribe
y jaspea por medio de bagatelas que
devienen piltrafa a cada escándalo
por cada cruce de miradas. Hijos,
no (aunque lejos), a doblar cuanto
considerable gaudeamus en un jardín
de época propenso al veneno. ¿Qué
hay; qué más? Sopeña en ese morro
de oquedades, preliminares con la nutriz
acuchada (al abrigo), jamás antípoda.
DESCRITO
Aquí hay menos de lo que se ve. Flancos más bien estériles,
idénticos
al trazo chinesco.
Aquello se convierte
tanto en foco para las reflexiones
como en pantalla frente a un misterio.
Rigidez, y plétora en la composición.
Flotan hacia nosotros
o se apartan, del color su ligereza.
Y el espacio por ende yerra ambiguo,
una suerte de facundia balbucida por Motherwell.
Y no existe el fin del concepto
sino la desatención del mismo;
lo acabado se confunde con abandonar
la tarea por un tiempo.
Se reconoce el hecho de que casi toda caligrafía está suspendida
algo más atrás de la superficie, en medio
de un espacio incluso comprimido.
En eso, blandas, insidiosas ranuras
capitalizan privaciones de una marcación escénica.
Ajustes en la línea devenida carnada, majar.
Sería el momento de las áreas borrosas cuando no logran ponerse
en foco, y son muy grandes para ser ignoradas.
YVES KLEIN, por Yves Klein
Ceremonia de la pintura (la creación de las
huellas). Foto Shunk-Kender, París, 1961.
I
La inherencia de la pintura
es ese algo: pegamento aéreo
donde es menester apartarse
de una idea de arte. Poder
de colocar, incrustar
dentro de la materia, así.
Fui músico, rosacruz,
experto en yudo. Ahora
apremio un lanzallamas,
la acción de la lluvia
contra un tele en reparación.
Mientras escucho la Sinfonía
monótona -alternancia de diez minutos
de silencio- hay un enchastre
de niponas en mate azul
marcando sobre tela horizontal
su cuerpo en mi alfabeto.
Ofrezco una exposición de vacíos,
galerías de blanco, la cancelación
de todo mobiliario, y donde Camus
escribiera "con el vacío, plenos poderes"
en el libro de visitas.
II
En Mondo Cane, otro vernissage
y a la venta las zonas más propias
de mis sentidos, sin materia.
Llegaron a pagarme con hojas de oro
que luego sacudía hacia al Sena
mientras el comprador quemaba
de mala gana su recibo.
Dicen de la líneas de Piero Manzoni
que recuerdan mi obra. No lo sé.
Sólo produzco pinceladas únicas
desenvueltas en largas tiras de papel.
Y ahora: veo esponjas teñidas
de azul, en 3D, y sujetas por la punta
desde luengas varillas a mi junco. |
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revista agulha
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