Nos hemos reunido en esta mañana, para conmemorar
el 105 aniversario del natalicio de uno de los hombres más ilustres de esta tierra, y que
es, al mismo tiempo, uno de los más grandes poetas latinoamericanos del siglo XX. Carlos
Pellicer Cámara.
Este hombre-Palabra, hombre-pasión abrió sus ojos al mundo el 16 de enero de 1897.
Llegaría para imponer en el escenario de la literatura mexicana del siglo XX, una
impronta indeleble: la pasión por el paisaje, el amor por una estética que tuvo en la
naturaleza, en la selva y en el mar que sus ojos vieron, la base de un universo poético
que irradió su luz en la atmósfera mortecina, en los laberintos oscuros de las primeras
décadas de ese siglo XX que recibió también los primeros pasos del poeta.
Su biografía se resume en breves líneas que resaltan la férrea voluntad de un hombre
del trópico, que aun habiendo nacido en la marginalidad agreste del Tabasco que
transitaba del siglo XIX al XX, supo ver con esperanza el cumplimiento de su sino
poético.
Fue un tabasqueño cabal. Su origen, es el origen de los grandes hombres de esta
tierra. Nació en la casa número 35 de la calle Sáenz, en nuestra antigua San Juan
Bautista. Su padre, don Carlos Pellicer Marchena, un químico farmacéutico egresado del
Instituto Juárez titulado el 8 de julio de 1890. Su madre, proveniente del municipio de
Huimanguillo, doña Deifilia Cámara de Ramos. Inició sus estudios en la vieja San Juan
Bautista. En 1908 su familia se trasladó al Distrito Federal donde el padre adquiere una
farmacia y el aún casi infante Pellicer concluiría sus estudios primarios; no obstante,
a esa edad, ya deslumbraba a sus compañeros con sus radiantes poemas y su voz de trueno.
Recordemos que era el tiempo del México bronco, del México que se sacudía el pesado
lastre de la dictadura porfirista. Entre 1913 y 1915, su padre ingresa a las filas del
ejército constitucionalista. La familia retorna a Tabasco y realiza breves estancias en
Campeche. Allí Pellicer, ya adolescente, descubrirá la poderosa fuerza del mar. Allí,
por la precariedad económica de la familia, se vería impelido a conseguir su primer
empleo: ayudante en la filial del Banco Nacional de México.
En 1915, cuando el padre, el Coronel Pellicer se retira del ejercicio de las armas y la
administración pública, la familia regresa al Distrito Federal y Pellicer ingresa a la
atmósfera de ese México pujante que emergía de la revolución. Asiste a la Escuela
Nacional Preparatoria donde conocería a algunos de los futuros poetas que junto con él
fundarían el grupo de los Contemporáneos: Salvador Novo. Jaime Torres Bodet, Xavier
Villaurrutia. Con Octavio Barreda y otros, crea revistas literarias y culturales. El
gobierno de Venustiano Carranza lo inviste como delegado de la Federación de Estudiantes
de México por su brillante trayectoria estudiantil. Vemos así a nuestro poeta viajar por
Cuba, donde conoce a Díaz Mirón, por Colombia y Venezuela. Estos viajes incendiarán de
latinoamericanismo al casi inocente corazón del poeta.
Después colabora con José Vasconcelos, entonces rector de la Universidad Nacional. Y
junto a Ramón López Velarde y José Gorostiza, realiza la revista El Maestro.
Simultáneamente ingresa como profesor de lengua castellana en la Escuela Nacional
Preparatoria. Con Vasconcelos viajará primero por países de América del Sur y
posteriormente, por Europa, Asia y Medio Oriente. Estos acontecimientos determinarán de
forma relevante su obra poética.
A su regreso a México, en 1929, Pellicer participa en el movimiento en apoyo a la
campaña de José Vasconcelos como candidato a la presidencia de la república; tras la
derrota, es acusado de conspirar contra la vida del presidente Ortiz Rubio, y encarcelado.
Gracias a la intervención y gestiones de Genaro Estrada, entonces Secretario de
Relaciones Exteriores, es puesto en libertad y salvado del fusilamiento. Pero este deseo
de transformación social que ardía en su pecho, no se apaga.
En 1937 se embarcará a Europa junto con Silvestre Revueltas, Juan de la Cabada y
Octavio paz, para solidarizarse con la lucha de la República Española. En el Congreso de
Escritores en Valencia conoce a Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez, José Bergamín,
Antonio Machado y a Miguel Hernández.
De vuelta a nuestro país, Pellicer dirigirá sus fuerzas a abrir nuevos caminos para
el arte y la cultura mexicanos. Se convierte en Director del Departamento de Literatura, y
posteriormente Director del departamento de Educación Extraescolar y Estética hoy
Instituto Nacional de Bellas Artes.
Pero el poeta regresa a su tierra . En 1951, a instancias del Lic. Francisco J.
Santamaría, inicia la remodelación del Museo de Tabasco. Lo reinaugura en noviembre de
1952, año en que es nombrado Director de Museos de Tabasco, cargo que desempeña hasta su
muerte. En 1953 ingresa a la Academia Mexicana de la Lengua. En marzo de 1958, y en
compañía del presidente Adolfo Ruiz Cortínez, inaugura el Museo de la Venta. Esta
pasión museográfica y por las culturas prehispánicas lo lleva a organizar el museo de
Tepoztlán, la casa-museo de Frida Kahlo, el Anahuacalli y el Museo Diego Rivera de la
ciudad de México.
En todo este tiempo, su obra poética crece como un torrente hasta convertirse en un
océano que baña el horizonte de la literatura mexicana del siglo XX. Publicará: Colores
en el mar y otros poemas; Piedra de sacrificos o poema iberoamericano; 6,7
poemas; Hora y 20; Camino; Hora de junio; Exágonos; Recinto
y otras imágenes; Subordinaciones. Práctica de vuelo; Cuerdas ,
percusión y alientos (publicado en 1976 por nuestra Universidad), y ya póstumamente:
Reincidencias y Cosillas para el nacimiento.
Por lo trascendente de su obra, en 1964 le es concedido el premio Nacional de
Literatura. Posteriormente sería nombrado presidente del Congreso Latinoamericano de
Escritores en Roma.; Presidente de la Sociedad Bolivariana en México (en reconocimiento a
su obra en torno a la figura del libertador Simón Bolívar); Presidente de la Asociación
de Escritores de México, y Presidente de la Comunidad Latinoamericana de Escritores.
Carlos Pellicer amó a Tabasco profundamente. A él se entregó y por él vivió. Por
eso, en 1976 fue electo Senador de la República por nuestro estado. Y lo que nos llena de
orgullo a los universitarios, durante algún tiempo fue jefe de Difusión Cultural de
nuestra Alma Mater. Con su presencia las artes universitarias definieron su rumbo.
Carlos Pellicer falleció el 16 de febrero de 1977. En marzo de ese año, sus restos
fueron trasladados a la Rotonda de los Hombres Ilustres en la ciudad de México., y el 16
de febrero de 1987, al cumplirse 10 años de su desaparición, se develó un busto en la
Calzada de los Poetas del Bosque de Chapultepec.
Los universitarios de hoy, que estamos conscientes de que la transformación del hombre
comienza y termina con la cultura, como señaló desde su misma toma de posesión el Dr.
Jorge Abdo Francis, valoramos el alto significado de la vida y la obra de este poeta
insigne, de este tabasqueño ejemplar que pertenece ya a la galería de los mexicanos
ilustres de todos los tiempos.
En su honor, la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco ha instituido la Cátedra
Carlos Pellicer Cámara, como un homenaje permanente al poeta de América: Y hoy, le hemos
dado más vida que nunca: Grandes intelectuales, grandes hombres del pensamiento han
acudido a ella: recientemente el Dr. Fernando Pérez Correa, Héctor Aguilar Camín,
Samuel Gordon, Alvaro Ruiz Abreu, Alejandro Tortolero, la Dra. Rocío Crediaga Kurí y
otros distinguidos hombres y mujeres que con sus obras nos ayudan a entender el mundo de
hoy.
Figura egregia y noble, el poeta Pellicer supo edificar su vida en torno a los valores
de nuestra mexicanidad . Los vivió intensamente. Contribuyó a definirlos. Experimentó
como pocos una acendrada pasión por las culturas prehispánicas y por los ideales
bolivarianos de una América libre y digna. Fue un hombre cívico, que caminó por el
mundo con una profunda convicción de que sólo la palabra puede domeñar la naturaleza
hostil del hombre.
"El odio animal dijo él-
Se echa a los pies de la Poesía"
Porque no es otra la búsqueda de un poeta sino celebrar la vida. Y Carlos Pellicer,
con su ejemplar existencia, nos dio luz para seguir aspirando a un mundo pleno donde la
libertad y la justicia estén en comunión. Porque como dijera el poeta: Por el arte de la
palabra, lo seres humanos rompen su rusticidad y se descubren prodigiosos.