.
|
|
|
|
|
tradução
e nota: Floriano Martins
…la loi, froide par elle-même, ne saurait être accesible aux passions Qui peuvent lègitimer la cruelle action du meurte. Sade Até 1610 o rei tinha os mais sinistros informes - acompanhados de prova - acerca da condessa. Depois de largas vacilações, decidiu tomar severas medidas. Encarregou o poderoso palatino Thurzó que indagasse os lutuosos feitos de Csejthe e castigasse a culpada. Em companhia de seus homens armados, Thurzó chegou ao castelo sem anunciar-se. No subsolo, desordenado pela sangrenta cerimônia da noite anterior, encontrou um belo cadáver mutilado e dos meninas em agonia. Isto não é tudo. Sentiu o cheiro de cadáver; fitou os muros ensangüentados; viu a Virgem de Ferro, a jaula, os instrumentos de tortura, as vasilhas com sangue ressecado, as celas - e em uma delas um grupo de jovens que aguardavam seu turno para morrer e que lhe disseram que depois de muitos dias de fome lhes haviam servido uma certa carne assada que havia pertencido aos belos corpos de suas companheiras mortas… A condessa, sem negar as acusações de Thurzó, declarou que tudo aquilo era seu direito de mulher nobre e de alta classe. Ao que respondeu o palatino: …eu te condeno à prisão perpétua dentro de teu castelo. Em seu coração, Thurzó diria a si mesmo que deveria decapitar a condessa, mas um castigo tão exemplar poderia suscitar a reprovação não somente em relação aos Báthory como também entre os nobres em geral. Enquanto isto, no aposento da condessa, foi encontrado um caderno coberto por sua letra com os nomes e os sinais particulares de suas vítimas que ali somavam 610… Quanto aos sequazes de Erszébet, foram processados, confessaram fatos incríveis, e morreram na fogueira. A prisão se erguia em seu redor. Foram muradas as portas e janelas de seu aposento. Em uma parede foi aberta uma ínfima janelinha por lhe eram passados os alimentos. Quando tudo terminou, ergueram quatro patíbulos nos ângulos do castelo para assinalar que ali vivia uma condenada à morte. Assim viveu por mais de três, quase morte de frio e de fome. Nunca compreendeu por que a condenaram. A 21 de agosto de 1614, um cronista da época escrevia: morreu ao anoitecer, abandonada por todos. Ela não sentiu medo, não tremeu nunca. Então, nenhuma compaixão nem admiração por ela. Apenas um estado de suspensão no excesso do horror, uma fascinação por um vestido branco que se torna vermelho, pela idéia de um absoluto dilaceramento, pela evocação de um silêncio constelado de gritos onde tudo é a imagem de uma beleza inaceitável. Como Sade em seus escritos, como Gilles
de Rais em seus crimes, a condessa Báthory alcançou, além
de todo limite, o último fundo do desenfreio. Ela é uma prova
a mais de que a liberdade da criatura humana é horrível.
MEDIDAS SEVERAS...la loi, froide
par elle-même, ne saurait
être accesible aux passions qui peuvent légitimer la cruelle action du meurte. Sade Hacia 1610 el rey tenía los más siniestros informes --acompañados de pruebas-- acerca de la condesa. Después de largas vacilaciones, decidió tomar severas medidas. Encargó al poderoso palatino Thurzó que indagara los luctuosos hechos de Csejthe y castigase a la culpable. En compañia de sus hombres armados, Thurzó llegó al castillo sin anunciarse. En el subsuelo, desordenado por la sangrienta ceremonia de la noche anterior, encontró un bello cadáver mutilado y dos niñas en agonía. No es esto todo. Aspiró el olor a cadáver; miró los muros ensangrentados; vió la "Virgen de Hierro", la jaula, los instrumentos de tortura, las vasijas con sangre reseca, las celdas --y en una de ellas a un grupo de muchachas que aguardaban su turno para morir y que le dijeron que después de muchos días de ayuno les habían servido una cierta carne asada que había pertenecido a los hermosos cuerpos de sus compañeras muertas... La condesa, sin negar las acusaciones de Thurzó, declaró que todo aquello era su derecho de mujer noble y de alto rango. A lo que respondió el palatino:... te condeno a prisión perpetua dentro de tu castillo. Desde su corazón, Thurzó se diría que había que decapitar a la condesa, pero un castigo tan ejemplar hubiese podido sucitar la reprobación no sólo respecto a los Báthory sino a los nobles en general. Mientras tanto, en el aposento de la condesa, fue hallado un cuadernillo cubierto por su letra con los nombres y las señas particulares de sus víctimas que allí sumaban 610... En cuanto a los secuaces de Erzébet, se los procesó, confesaron hechos increíbles, y murieron en la hoguera. La prisión subía en torno suyo. Se muraron las puertas y las ventanas de su aposento. En una pared fue practicada una ínfima ventanilla por donde poder pasarle los alimentos. Y cuando todo estuvo terminado erigieron cuatro patíbulos en los ángulos del castillo para señalar que allí vivía una condenada a muerte. Así vivió más de tres años, casi muerta de frío y de hambre. Nunca comprendió por qué la condenaron. El 21 de agosto de 1614, un cronista de la época escribía: Murió hacia el anochecer, abandonada de todos. Ella no sintió miedo, no tembló nunca. Entonces, ninguna compasión ni admiración por ella. Sólo un quedar en suspenso en el exceso del horror, una fascinación por un vestido blanco que se vuelve rojo, por la idea de un absoluto desgarramiento, por la evocación de un silencio constelado de gritos en donde todo es la imagen de una belleza inaceptable. Como Sade en sus escritos, como Gilles de Rais en sus crímenes, la condesa Báthory alcanzó, más alla de todo límite, el último fondo del desenfreno. Ella es una prueba más de que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible. Nota
|
|
|
