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Peter Gardner Para Ernesto Sábato, quien
trae la protesta en el ADN,
Primo Levi nació en Turín, Italia en 1919; murió suicida en la misma ciudad, en 1987. La comunidad judía de Turín, ciudad industrial enclavada en el Piamonte italiano, tenía más de cuatro siglos de establecida allí y no tenía sospecha de lo que le esperaba, no bajo la égida directa del gobierno fascista de Mussolini, sino a manos de los alemanes, quienes se apoderaron de Italia en 1943 y procedieron metódicamente a tratar de exterminar a todos los judíos italianos. Para una visión del terror desatado en Italia por los alemanes, basta recordar El jardín de los Finzi-Contini. Levi se gradúa en Química, en 1941; dos años más tarde, él y algunos amigos conspiran para entrar en la Resistencia, cuando son tomados y enviados a Auschwitz. Una historia bastante común, sobre todo si tomamos en consideración el hecho que la casi totalidad de la comunidad judía de Turín fue deportada. Levi fue liberado por el Ejército Rojo, cuando junto a sus compañeros enterraban a otro, dentro del recinto de Auschwitz. Desde ese momento, comienza una odisea por ferrocarril, que dura un año y medio, a través del este de Europa, hasta la llegada a Italia, a una población cerca de Verona. Ahora está a treinta y cinco días de distancia de su casa en Turín, donde milagrosamente encuentra a su familia con vida, la casa intacta. Nadie lo esperaba. ¿Qué hizo Levi durante
su estadía en el campo de concentración? Trabajó de
esclavo en una fábrica de caucho sintético. Tuvo suerte,
ya que por sus conocimientos de química, "se le permitió"
trabajar en la fábrica, a cambio de un poco de comida y algo que
se asemejaba a una cama; no hay muchos detalles que se nos relaten, porque
Levi escribe casi en tercera persona, con un aparente desapego, que a veces
resalta lo brutal, la barbarie que atravesó y sigue atravesando,
tantos años después.
La tregua se escribe en Turín, en los años 1961 y 1962. La vida es bella se filma en Piamonte, en 1997.
Auschwitz aparece casi un club campestre, todo está reluciente de limpio (manía alemana de mantenerlo todo impecable, hasta la muerte misma). Los niños hasta juegan, en ninguna parte se ve el letrero, "Arbeit macht Frei"; el papá de un niño introducido de contrabando en una barraca. Este papá, interpretado por Benigni ¿es Levi? Aunque increíble, el film, con pátina hollywoodesca, muestra al padre que logra proteger a su hijo. Juegan, la solidaridad de los demás residentes de la barraca se siente. Ese era el objetivo: suprimir el fin de la inocencia. Todo culmina cuando los soldados norteamericanos entran al campamento, relucientes, en sus tanques prístinos, masticando chicle, repartiéndoselo también a los niños, a los pocos que quedaron ("Daddy, what did you do in the war?"). La historia está cambiada. Los norteamericanos llegaron a Auschwitz después que los rusos lo hubieron liberado. Una vez más, esto se permite. Digo, la fantasía se permite. No pienso en lo antihistórico del film. Después de todo, es una quimera. Aquí hablo de trivializar la tragedia. Auschwitz pareciera un campamento de verano, un "spa", donde apenas se sufre, todos maquillados y felices, casi cantando. Me recuerda Sound of Music. Julie Andrews y la familia Trapp, film en el que el director donde puede burlarse de los nazis: en Austria no hay chimeneas ni nubes de humo nacido de fogata humana. Benigni es un buen payaso. Pero sin la tristeza que habita en el fondo del alma de todo buen cómico. Benigni no está yendo hacia las lejanías soñadas por el espíritu humano. La película fue distribuida por Miramax, filial de Disney. Después de su nominación, la inversión en publicidad fue de US$35 millones y voilá! el Oscar. Pan y circo. Estaba leyendo un artículo en algún suplemento cultural de un periódico de México, cuando me detuve en seco ante una frase atribuida a Eichmann, u a otro de la cumbre. "No me importa que sean caballos verdes o judíos, lo mismo me da", refiriéndose a la praxis del genocidio.
En contraste, encontré en la novela de Jorge Volpi, En busca de Klingsor, que sí procura cómo y dónde buscar a los culpables, científicos en este caso. Me remito, entonces, al film The Boys from Brazil, con Gregory Peck, que hablaba de clones de Bormann distribuidos por doquier para conquistar, reconquistar el mundo.. Sigue circulando la leyenda de que Hitler emigró al sur, a la región de Bariloche. Y que pagó a los Perón, con joyas y oro de judíos. Según este mito, Hitler moriría muchos años después en paz, casi centenario. La leyenda se confunde con la pesadilla. Circulan neonazis en Europa, especialmente en la ex-RDA, en Estados Unidos, en Buenos Aires. Bombas explotan en centros comunitarios judíos. La intolerancia está vigente. La pesadilla continúa. Según el saber popular y literario, el color verde significa la vida misma. Hay un caballo verde en la película de Benigni. Lo utiliza con pintas antisemitas para irrumpir en un recinto lleno de gente celebrando. Un buen logro. Pero lo que Benigni no consigue es trascender la realidad como en un cuento de hadas. No tiene la objetividad de un documental, ni la habilidad de Spielberg, La lista de Schindler, ni el sentimiento mezclado de ironía, horror y risa de películas que han tratado el Holocausto en el pasado, asumiendo la vida como mezcla de todo. Aunque incipiente asomo a la ironía trágica, la irrupción del verde caballo, una referencia a García Lorca, no interrumpe de manera importante el ritmo liviano y candoroso del film de Benigni. Sigue siendo lleno de luz y el espectador ríe, hasta en los momentos más patéticos, como en una fantasía de Danny Kaye. Pero Danny Kaye sabía muy bien de qué se reía y por qué. Mi querella radica en el hecho de que Primo Levi seguramente no asistió a los eventos de su deportación y esclavitud en Auschwitz con un espíritu jocoso. Con ironía y tristeza , sí. Levi no cede nunca ante la tentación de sentir lástima por si mismo, pero está claramente establecido y dado como un hecho incontrovertible que se suicidó por la culpa de haber sobrevivido al horror. La muerte de Levi fue tardía.
No sé mucho acerca de una religiosidad convencional en Levi. Sí sé que gran parte de su fe se enraizaba en la ciencia como posible fuente de respuestas a las preguntas formuladas. Nunca negó su identidad judía. Era miembro de una comunidad que había llegado a Turín, tras la Diáspora desde España, decretada por los Reyes Católicos, en 1492. Ser judío en Turín era motivo de orgullo: más de cuatro siglos en un solo lugar, sin pogroms, sin limitantes de oficios o de prácticas religiosas. A diferencia de lo que sucedió en el Shtetl (palia) en Polonia, Ucrania y Rusia, donde la presión externa e inmediata forzaba a los judíos a aferrarse a su identidad en guetos constituidos a priori y a propósito, los judíos en Italia, a partir del siglo XVI, gozaban de relativa tranquilidad, podían ser religiosos o no, podían participar de la vida comunitaria en un sentido más amplio. No en otros lugares. Primo Levi era libre. Recuerdo a Gonzalo de Berceo, Alfonso X El Sabio, y otros, quienes recogen Milagros de Nuestra Señora en los siglos XII y XIII, que hablan de las "pérfidas prácticas" de los judíos en Pisa, Roma y otras ciudades de Italia. En los siglos de Primo Levi, la situación se ha suavizado. Suicidio y la memoria se dispara. Paul Celan, otro sobreviviente, en un golpe irónico a prueba de todo, escribió poesía en alemán con garra, lágrimas y una terrible fuerza; cometió suicidio en París, tirándose al Sena, Ofelio sin suerte. Osip Mandelstam no se suicidó, y no dejó de retar a Stalin, quien lo despachó a Siberia, donde murió, parece que de tuberculosis, probablemente, en 1937. Pavese se suicida. No me acuerdo del factor detonante. Son tantos: unos, judíos; algunos, parias autoexiliados; estos, parias por exclusión consciente de los otros. Las cosas cambian poco a poco y creo que Primo Levi habría sido una voz clara, una de las conciencias de la humanidad. Y porque ni se perdona ni se olvida, se me antoja que Benigni demuestra insensibilidad con su dedicatoria casi directa a Primo Levi. Para una versión de La tregua que sí canta con dignidad y respeto a la vida humana y a Primo Levi, le recomiendo a Benigni ver la película El tren de la vida, sí, film luminoso, con luz fuerte, enfocada, inteligente, en la noche más tenebrosa. Que la vida es bella, adhiero con el alma. Hollywood. |
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