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revista de cultura # 65 |
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Velas de armas: entrando por el espejo de Juan Calzadilla Milagro Haack
El arma sobrehumana de múltiples filos no admite que la entreguen.
Henri
Michaux
Cuando se encuentra a un artista coronando los diálogos entre las artes, su palabra es visual, dibuja lo poético con acertado ojo hacia la fusión llamativa de mirar ese más allá de lo cotidiano, ese otro espacio que respira por el instante captado en el otro santiamén futurista, esperándolo con la genialidad de un creador, plasmándolo con acento de afinado mundo, dando luz a lo no palpable, transformando sus peldaños en altozano campaneo, conurbano al acorde en avenencia como signo de referencia para las nuevas generaciones, sobre todo en la poesía visual, que nos va dando ese despojar lo que dices. Entonces, el lector regresa a sus escritos anteriores, a su pasión por las artes de su país, para luego verlo entrar en distintos espacios con la misma propiedad, y se -los- unifica con maestría al saberse un -ser integral-. Su línea, su trazo, nos llevan a la vela de armas: Sólo tengo ojos para lo que no existe/ Pues todo lo visible es lo que ya ha sido creado, con aplomo nos da tallo de la raíz habitable: meditación precisa del paso imperceptible, de un pensador, Sin resistencia, sin necesidad de nombrarlo/ Nuevamente por las palabras/. Juan Calzadilla, sólo le importa iluminar la torre del propio ser, reanudarlo, grabando al hombre en concordancia natural con su esencia creativa desde médula del universo como parte del mismo, Y que, por eso, persiste / bajo una forma evidente, que es presencia/ Ajena a todo esfuerzo, / A toda entrega, a toda dádiva. Por ello, la observación del entorno, verse a si mismo en espejos iguales atento al pensamiento integral, nos conduce en esta lectura hacia La página: El pensamiento más trivial se torna necesario cuando sabes prescindir de la rutina del diálogo y vuelves al estado en que hallas, concentrado para suponer que ahora mismo podrás escribir un poema. Con más razón si frente a ti la página su blancura extiende sobre esta mesa pobre ante la que una silla confortable alarga sus dos brazos para dar más empuje al gesto con que tomas la pluma. Dispones de la calma inocente del tiempo que, sin prisa, aguarda a que elijas la primera palabra cuando el dictado tenue y laborioso de la luz que entra por la ventana arroje un foco de azar sobre la página donde no has escrito nada Arte hacia el arte, saber comunicar con tono propio sobre el quehacer escritural, del cómo y hacia dónde el creador debe rodar su mirada, la observación retorna por la hebra del contexto acompañante del instante, cuando los habituales objetos pasan desapercibidos, en este texto se hacen visuales, cobran vida, pasan a ser entes, son parte del escritor, y los toma como un miembro más de su cuerpo, notorio en pensamiento y acción del intervalo.
No digas todo de un golpe, Dilo poco a poco. Manda al diablo la versificación y la métrica. La impostación y la retórica. Promedia tus necesidades de verbalización de modo que tu discurso no resulte largo ni torpe. El poema como el aliento debe ser corto, y las palabras no demasiado enfáticas para que, cuando te sientes a escribir digas con exactitud todo lo que nunca Llegarás a saber de las cosas. Se deja correr el velo de las iniciaciones, todo lo exacto deja de serlo, en las búsquedas se les llega con ese poco a poco , descalzando los cumplidos convenios, para entrar en el aliento , con su respirado ritmo, distinto en cada ser creativo y las palabras brotan de la oscuridad donde se encuentran, sin adorno, ella misma se nombran cuando es brasa de lo – que nunca llegarás a saber de las cosas -, tus iguales, al observarte como parte de un entorno creado y alimentado de naturas, seres desenterrados del polvo de lo cotidiano con su rapidez entre los dominios del palpitante universo literario, vaciando el igual vaso con visitados espejismos dentro todas las artes hasta que, efímero pueda someterse, anudarse, al original molde: una voz descubriéndose entre las cosas de todas las voces.
II
Milagro
sostiene un dibujo realizado por Juan Calzadilla.
André Breton
Lo que el espejo dice de mí no crean que me reconforta. Cuando me veo en él me veo perdido como si, más que un espejo, se tratara de mi fosa. Ya quisiera yo verme en él de cuerpo entero, libre de edad y de los estragos del tiempo sin recibir amenazas de una sustancia extraña y lisa que tomándose atribuciones y hablando en mi nombre se empeña en demostrar que ese que veo en el espejo no es yo sino otro.
En este poema lo anímico redobla al portavoz, lo esculpe como el otro, con tono de voz como bebiéndose al ese yo, que no es el reflejo del espejo, sino el espejo en su reflejo, manifestándose fuera de él con el jugo dando un toque de puerta, sólo en si mismo, desnudo con verbo limpio, con ese pálpito irónico que conmueve, ese otro, eres tú o yo, que nos espera al voltear la lúcida esquina de una gran conciencia del otro – yo, ese que veo en el espejo no es yo / sino otro. Entrando por el espejo – el doble- asumiendo hasta su nombre: Juan Calzadilla en este libro, siento muy apropiado destacar la conciencia poética, mostrándose cuando concentra la agudeza de la palabra dando al acto creativo distintas visiones, hechos y sobre todo la experiencia muy marcada por las otras artes dentro del tiempo- espacio, por ello, el deseo dador se percibe, como también la parte humana, el sello personal de su diálogo muy desprendido de las cánones estéticos hacia un discurso muy lúcido con vela de armas, dentro de las percepciones latentes en conexión con lo palpitante de esta época, sin olvidar el origen dando al círculo de andar todos, y desde allí, se pronuncia La máscara Vano ha sido mi esfuerzo de encontrar en ti oh rostro algo que no sea mi máscara. Que la encuentre en mi camino cada vez que inquiero sobre mi vida sólo significa que la llevo conmigo y que es mi fantasma y mi delirio. Por más que intento arrancármela no logro desprenderla de mí más que como lo que ella decidió hacer con mi vida: un trozo sin historia, una mueca, una huella atribulada. Un gesto perdido de un suicida.
III
- Yo soy
el universo - eso dice la rana en su canto. Y el primero que se lo cree
es su canto. Por eso ella se dirige a éste, inflando el vientre,
convencida de que le canta al universo, y Juan Calzadilla Se entabla desde el reflejo, enmascarado del otro que sin duda puede ser el poeta o el recorrido de muchos –otros- por este laberinto literario, transitando la urbe sintiéndose un personaje de la misma, para llegar a ser vertiente de un arma en vela de la poesía. Juan es el peregrino por todos cuando la palabra es palabra sostenida en el tiempo – espacio, todo va hacia la esencia misma en la afirmación “soy un artista integral”, así, su igual fluye del río, brota y se mueve hacia un océano reflexivo sin un punto final en la Poesía Un día te encontré en la escritura. y ya no será un camino torcido sino sencillamente el que conduce a ti… yo confío en que por esa vía, llegue a rozar un día la posteridad. sé que no será un viaje corto que garantizará después de todo que el prodigio que me negó esta vida será recomenzado en la otra puesto que como se ha dicho nadie es poeta antes de morir. En parentesco futurista hurga su propia realidad. El poeta no los muestra, lo asume, proyectándose a lo que será, así, -sencillamente-, un todo por el todo por la poesía, la aceptación del notorio viaje, dicta desde el presente la visión con su perspectiva visual el lo escrito, trascendiendo lo físico sin un cierre al ramificarse escrito y así, no los deja con el agua del resurgido río sabiendo, desde un ya ese- nadie es poeta antes de morir -. El reconocimiento del oficio, esa otra realidad que nos trae desde su yo más abierto, más genuino como el viaje del encuentro en vela. Calzadilla, nos muestra su rostro, siendo crítico de si mismo, con la agudeza que lo caracteriza con los signos vanguardistas, sin embargo, las entrelíneas expresan la sensibilidad que dialoga con la poesía en su él de todos entrando lo mágico como un susurro recordándonos la genialidad – será recomenzando el la otra -, la otra vida, el instante futuro en un presente tangible como lo es el arte en su totalidad para Juan Calzadilla: su espejo en el reflejo de todos volcando el Lector de poesía: ¡Qué clase de individuo es éste que por mucho tiempo no ha leído un poema y que a lo mejor ni siquiera a lo largo de toda la vida ha leído aunque sea un poema? Y que no cree que leer un poema tenga importancia ni mucho menos resulte decisivo para influir en el curso de los acontecimientos de una vida que también hubiera continuado vacía así hubiese leído todos los poemas.
Todos los que han muerto, murieron por mí. Todos los que mueren, mueren por mí. Si no murieron por mí, yo no estaría vivo Ni siquiera yo llenando por ellos el lugar que dejaron vacío para mí. Ni estaría yo ocupado de escribir en este momento el poema con que termino. |
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Milagro Haack (Venezuela, 1954). Poeta, ensayista, artista corporal y visual. Se desempeña activamente como promotora cultural. Ha publicado Temple Ajeno (1990), Cenizas de Espera (2003), y Lo callado del silencio (2004). Es directora de arte del portal literario Lalupe.com. Contacto: haackmilagro@hotmail.com. Página ilustrada con obras del artista Fernando Pacheco (Brasil). |
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