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revista de cultura # 62 |
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Acerca de la masturbación y el sol de la dificultad Aleyda Quevedo Rojas
Como el confuso pensamiento de un escritor de cuentos, encuentro caos y atracción en la masturbación. Turbarse más de lo permitido. Más allá de la imaginación, sin límites. Perturbarse mucho más allá de los bordes emocionales y físicos. Pronunciar y sentir las palabras más desaforadas, desvergonzadas y feroces. Auto turbarse activando el mundo de lo sensorial, recorriendo el cuerpo por mano propia. Ejercer la libertad de auto proporcionarse placer y goce, en soledad. Masturbación: de qué está hecha esta palabra y la cultura que la contiene y la nombra. James Joyce se masturbaba con las cartas obscenas y lascivas que le escribía su divina Nora Barnacle, a quien conoció en el verano de 1904 y con quien tuvo 2 hijos. Joyce y Nora se casaron 27 años después de su primer encuentro. Las cartas que Joyce le respondía a Nora, además de irreverentes, develan al escritor apasionado, libre y obsceno que jugaba y dominaba el lenguaje para estimular y estimularse. También revelan al escritor que más supo entender la eternidad de lo fugaz en el sexo, el amor y el tiempo. Una de las más sucias y calientes cartas que escribió a Nora reza así: Dices que a la vuelta me vas a chupar y quieres que lama tu sexo, pequeña pícara depravada. Espero que alguna vez me sorprendas durmiendo vestido, me asaltes con un destello de puta en tus soñolientos ojos, me desabroches con suavidad, botón por botón en el vuelo de mi trusa, y saques gentilmente la gruesa fusta de tu amante, la escondas en tu boca húmeda y la mames hasta que dura y erectísima acabe en tu boca. Algunas veces también te sorprenderé dormida, levantaré tu camisón y abriré suavemente tus bombachas caliente; suavemente me recostaré y comenzaré a lamer con placidez alrededor de tu sexo. Te agitarás incómoda, entonces lameré los labios del sexo de mi querida. Te pondrás a gruñir y a gemir, a suspirar y pedorrear ávida en tu sueño. Entonces lameré más rápido, como un perro voraz, hasta que tu sexo sea una masa de suciedad y tu cuerpo un corcoveo salvaje. ¡Buenas noches, mi pequeña Nora pedorra, mi sucia pajarita folladora! Hay una palabra amable, querida que subrayaste para que me masturbara mejor. Escríbeme más acerca de eso y de ti misma, dulcemente, totalmente sucia, totalmente sucia.
El placer de turbarse por mano propia hasta llegar al corazón del goce teniendo como vehículo a la imaginación, justamente de eso hablo con mis amigas, ahora que acabo de recibir -como obsequio de cumpleaños- un delicado vibrador de porcelana china. Ellas, modernas y profesionales, que tiene dos o más amantes, además de sus esposos, me hablan de sus vibradores con familiaridad y afecto, mucho más que cuando se refieren a sus maridos, incluso a sus amantes de ocasión. Mis amigas coinciden en que la masturbación es una experiencia personal y privada que ninguna mujer que se precie de conocerse a sí misma a fondo, puede negarse. Pero también me hablan del poder de las palabras “sucias” de las palabras calientes, grandes y obscenas que ayudan a disfrutar de la masturbación. Las mismas palabras que James Joyce escribía a su mujer. La complicidad en los ojos de mis amigas me revela una generación de Latinoamericanas que nada tiene que ver con mi abuela paterna de 85 años de edad y millones de oraciones y visitas a la iglesia. Las palabras de mis amigas vuelan libres por una conversación que tiene mucho de sentimientos íntimos y va creando una atmósfera que me hace pensar en las fiestas en Lesbos. El rozamiento con la almohada, hacer el caballito en un sillón suave, o utilizar otros artilugios como vibradores, bolas chinas, osos de peluche, son solo algunos de los recursos que ofrece la modernidad. "La masturbación es una experiencia personal y privada", me repito a mí misma, una experiencia que le pertenece al ser reflexiono, y me remito a las lecturas de la época de esa griega preclásica nacida en Lesbos, en el siglo VI a.c. Safo, lúcida poeta inmersa en los rituales de culto a Afrodita la Diosa del Amor, y a quien se le atribuye el origen de la palabra lesbianismo. “Safo me inspira y me oye: la divina Safo, coronada de violetas, nos suplica –Safo nos exige– que conservemos nuestra virginidad. Y si el ansia de ser traspasadas amorosamente atormenta, por ventura, a algunas de vosotras, sabed, pequeñas mías, que en mi Palacio de las Mujeres tengo exquisitos instrumentos que aliviarán vuestra dolencia: en el cajoncillo más recóndito de mi mesa de trabajo, reposa, largo, gordezuelo y elástico, del color del cinabrio, el “olisbo” que me regaló el padre Aristófano”. Ahora esos olisbos tan preciados en Lesbos se llaman vibradores en Quito, Nueva York, Bogotá, Santiago, México D.F., Guayaquil, París, São Paulo, Florencia, Buenos Aires, Tokio, Madrid o San José. Esos instrumentos de extraordinario ingenio ahora se encuentran en todos los colores, formas, materiales, texturas, y precios en cualquier sex shop del mundo. En las películas, las mujeres experimentan el orgasmo en 10 a 30 segundos de apasionada actividad sexual, cuenta una de mis amigas. Y esto se convierte en mi expectativa de una mujer perfecta y sexo maravillosamente satisfactorio y pleno. Se nos muestra la fantasía pero nosotras lo tomamos como realidad. Mas la verdadera realidad es que todas las mujeres sabemos cómo es no experimentar un orgasmo en algún punto de nuestras vidas, seguro que lo sabemos, quien diga que no, que tire la primera piedra. Las cifras dicen que cuatro de cada diez mujeres informa alguna clase de insatisfacción sexual. Entre los retos de la sexualidad está justamente el aprender a aceptar y celebrar nuestra vida sexual. Celebrar esa palabra que en Lesbos era parte de la feminidad, del erotismo, de la misma imaginación. Celebrar el sexo, la masturbación, la posibilidad de gozar. La mayoría de mujeres aún desconocemos las recompensas que tiene el aprender a celebrar la sexualidad. La conexión entre clítoris y cerebro es algo que pocas, muy pocas mujeres, nos atrevemos a explorar. Esto requiere acariciar frecuentemente el clítoris y la vulva para estimular y activar las vías nerviosas. Como el camino por una exuberante selva, es mucho más fácil de seguir cuanto más se recorre. La exploración es un proceso que demanda tiempo y lecturas que alimenten nuestra imaginación y deseos. “Esta misma noche, blandiendo el más grueso y más largo olisbo, bajo vuestra envidiosa mirada, ¡Oh Roxane y Falene!, haré gozar dolorosamente a cincuenta vírgenes seguidas, y cuando todas estén rendidas, mi deseo intacto agotará a la que el infernal instrumento haya dejado más extenuada”.
“Todas las mujeres deberían recortar su pelo púbico y quizá también afeitar su vulva, al menos una vez, para poder ver y explorar sus genitales claramente, hay que empezar por ahí hasta llegar al uso del vibrador como parte de la felicidad matrimonial, en mi caso ha sido así” –confiesa mi amiga–. Andar desnuda por la casa y afeitarse la vulva es solo el principio. Luego podrá comprarse un vibrador eléctrico de alta calidad, contrariamente a lo que podría pensarse, los mejores no son aquellos con forma exacta de pene, olvídelo. Los mejores son los que cuestan sobre los 80 dólares y tienen varias velocidades. Solo así advertirá que cuando en los tiempos de Safo de Lesbos, un soldado turco provocaba a un grupo de mujeres exhibiendo su príapo de toro. Ellas lo desdeñaban y seguían haciendo proyectos para el futuro, mientras nadaban en la fuente. Pues era muy sabido que los juguetes sexuales eran instrumentos de placer poco comparables a un soldado bárbaro y de torpe mirada. Es decir; las mismas razones por las que mis amigas y yo no cambiaríamos nuestros vibradores. Mientras me preparo para estrenar mi vibrador de porcelana china, pienso en las palabras lascivas, obscenas, sucias y calientes que pronunciaron Safo y Joyce; imagino palabras y situaciones. Todo para llegar a ser yo misma y otras, más libre pero siempre yo y mi cuerpo.
TRES DE SAFO DE LESBOS Poemas de Aleyda Quevedo Rojas
Que los vientos y el temor Safo
EL ANSIA DE SER TRASPASADA AMOROSAMENTE rompe los sentidos y turba mi noche Es poco lo que alcanzo rozando la almohada Hacer caballito en el sillón suave tampoco engaña y deambulo por los pasillos de la casa con los senos al aire y el cabello peinado divina Safo coronada de violetas dolencia de amor el “olisbo” del padre Aristófano finalmente entrará en mí.
POR FORTUNA LA LUNA me distingue Más no puedo olvidar a aquel soldado de miembro enorme y velludo que lo llevaba descubierto Celebro en mi habitación las fiestas en Lesbos a la luz de la luna acompañada de un hueso de porcelana roja largo suavísimo y limpio que activa mis vías nerviosas sin lastimar mi virginidad.
HAY MÚSICA Y CIRIOS ENCENDIDOS soy mía en el cielo de mi cama Igual contigo que sin ti clítoris y cerebro confesarme, besarme guío mi dedo en la selva de frondosos árboles y perfume de mangos calientes. |
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Aleyda Quevedo Rojas (Ecuador, 1972). Poeta y periodista. Ha publicado La actitud del fuego (1994), Música Oscura (2004), y Soy mi cuerpo (2006). Crédito de la fotografía: Jorge Vinueza. Contacto: aleydaqr@hotmail.com. Visite: www.aleydaquevedo.com. Página ilustrada con obras del artista Alfredo Vivero (Colombia). |
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