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punto seguido (colombia)
el arte de abrir agujeros en el agua

Luiz Fernando Cuartas

 Grupo Punto Seguido

No es una construcción, es una manera de ver lo que nos queda. Más, es una vértebra perdida de una  columna de viento. Nada estable, nada seguro, una masa de elementos que se juntan para dar la condición de poema. Es a su vez un encuentro con fuerzas inaudibles y con colores no previstos. Esto puede sonar a sorna a tomadura de pelo, a contradicción, pero no se trata aquí de una estética para buenas maneras ni una poesía para el gusto corriente o plano de la vida, se trata de una trasformación de la vida. De la manera de concebir nubes sin tener dolores de cabeza y de ver arena sin tener miedo a encontrar vocales atragantadas en el piso.

No es negar la realidad, es hacer que ella aparezca en la dimensión que ha sida negada por toda forma de deseo. Antes que un crisantemo con camándula o un estoicismo de borrachos, es una realidad desbordante, sin tapujos y sin miedos. El romanticismo encontró una selva para el alma atormentada, el surrealismo metió una selva en cada alma que quiera hacer una noche con luz propia. La escritura automática no es una máquina que dispara palabras con orden de silencio, es sólo pensamiento fluido, no es literatura, es la revolución de un estado de vida inconforme y vital. El surrealismo ni es cátedra, ni es camino de redención de nadie, libertad, amor y poesía se pueden volver ofensivos en un pragmatismo que todo lo mide y luego da media y orden, y todo lo olvida. Ante la poca realidad queda el submundo de las cosas, no en vano la poesía no se hace con libros que digan que queda de la A a la Z, sino con objetos que hablan, es evitar toda forma corta de afrontar la realidad. Así como la palabra esta expuesta para el vituperio, la exaltación y el miedo, también es una acción de quitar toda catequesis, toda doctrina de conducta, para hacerla aparecer en la condición de juego, alegría del lenguaje, una alquimia del verbo, como diría Rimbaud.

De niño pensaba que era demasiado despiadada una religión que impedía hablar en clase de dinosaurios y vampiros, textos que se leían por una simple vocación de biólogo curioso frente al mundo. Adopte la idea de hacer de esos credos una forma de mitología, cuentos con sabor a sangre y a tristeza, pero no exentos de pavor y sabiduría. Tal vez una sabiduría que apabulla y desconoce el sueño de los seres sin cerca y sin frontera. Esto no impedía que me acercara a una flor con un revente temor, ni dejar de sentir el agua de la lluvia como si me estuviera bautizando de un desconocimiento feliz. Los cuentos leídos los contaba con una desfachatez audaz a mis compañeros de colegio, a las películas les agregaba gestos y los dramatizaba con absurda compulsión. Era mi religión secreta, la palabra me enveneno muy pronto.

Un descreimiento de los títulos sacros, una tarea de hacerme el tímido para no arrojar mis dudas sobre nadie, me puso en la tarea de escribir. Buscar las dudas como garfios, como anzuelos que pescan en acuarios silenciosos y tratar de mirar que cada respuesta es una imagen que se quiebra en el mismo instante que sale para responder algo que nunca había sido formulado. Así llegué al lago que podría decirse “surrealismo”, no como una respuesta, ni siquiera como una pregunta, más como un azar donde circula una forma extraña de vacío, algo que gira y que se carga de pulsiones irresistibles, la sencillez encarnada en lo uno y en lo múltiple.

La revista Punto Seguido, desde hace 26 años es en una esfera fragmentada, sin dirección de jefes, sin pretensiones políticas de banderas o partidos, algo simple y profundo, sin buscar justificaciones ante el medio social que pedía alabanzas o reproches. La revista permitió que pudiera hablar en un lenguaje antiguo y nuevo, “los pedales de la noche se mueven sin interrupción” (La esfinge vertebral. A. Bretón), una manera de concebir que desde el lejano futuro ya están las fogatas de una antiguo ritual. Esfera que gira más no dirige, que se hace a “palo seco” sin más nada que querer hacer la vida. Así me encontré con Punto Seguido, más fue el encuentro con maneras limpias, escuetas y libres de mirar la existencia. Como para recordar un fragmento de Cabral de Melo, “A palo seco”: SE dice a palo seco/ el cante sin guitarra; el cante sin; el cante;/ el cante sin más nada;/ se dice a palo seco / a ese cante desnudo: al cante que se canta/ bajo el silencio puro. Un encuentro donde ese canto es un ir a recoger las piedras y pulirlas con nuestro propio esfuerzo, poesía sin conceder prebendas y sin hacer lisonjas. Así encontramos en el surrealismo una manera libertaria, un acto de amor sin precedentes, donde los objetos estaban vivos, donde el paisaje caminaba hasta en los sueños y donde la ciudad se convertía en escenario para dignificar la vida, aún en medio de seres que sólo ven paisaje, sueño y ciudad como elementos para hacer turismo en los ojos, sueño en los bancos y ciudad para el oprobio.

Nuestra relación con el surrealismo es una amistad entre “nubólogos y dragones”; los primeros saben tener la cabeza en las nubes y los pies en la tierra, sueño e imaginación imantada, una relación planetaria, sin metafísicas y sin dioses tutelares, todo el poder de hacer más libre la capacidad de crear aún en medio de la adversidad. Los segundos, los dragones, el desafío de la palabra demoledora, una sinceridad despiadada, fuego en la boca, la capacidad “para contribuir a la  confusión general” como diría años atrás Aldo Pellegrini, todavía hoy vigente entre nosotros, para no guardar agua en la boca y decir lo que hay que  decir con la esfinge negra del humor. 


PUNTO SEGUIDO
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Diretores
John Sosa D., Luis Fernando Cuartas, Óscar González, Carlos Bedoya, Lucía Estrada

Contato
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