revista de cultura # 62
fortaleza, são paulo - março/abril
de 2008






 

José Mármol: poética del pensar
[
entrevista]

José Ángel Leyva

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José MármolPoeta y ensayista. Nació en Santo Domingo, República Dominicana, en 1960. Sus obras han sido galardonadas en prestigiosos concursos nacionales e internacionales. Estudió Filosofía y Lingüística Aplicada. Fue profesor de filosofía y coordinador de esa cátedra en importantes universidades dominicanas. Fundador de la Colección Egro de Poesía Dominicana Contemporánea, que ha publicado varios títulos de autores de las últimas generaciones. Miembro fundador y coordinador-director en varios períodos, entre 1979 y 1992 del Taller Literario César Vallejo, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y director del Círculo Literario del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec), entre 1985 y 1990. [JAL]

JAL ¿Qué significa para ti llevar el mismo nombre de un escritor romántico de Argentina, autor de Amalia, y multicitado por Borges sobre todo por compartir la ceguera y la Biblioteca Nacional de Buenos Aires?

JM Se trata, sin duda, de una feliz coincidencia. Existe una tradición en mi familia de llamar José a todos los descendientes varones, ya sea como primer o segundo nombres. No creo que mis padres hayan leído al genial y valiente romántico argentino, nacido en 1818 y fallecido en 1871, quien luchó arduamente contra la dictadura de Rosas. Escribió obras dramáticas, precisamente para atacar al régimen dictatorial que lo desterró, pero, su obra más leída, prácticamente popular, es la novela Amalia, publicada en 1852, que también se ambienta en el Buenos Aires de la era del dictador.

Me enorgullezco, pues, aunque guarde las distancias de rigor, de llevar su nombre.

JAL El Caribe es un universo cultural de grandes mixturas y de grandes plumas. Pienso ahora en el caso de V. S. Naipaul, Premio Nobel 2001, de Trinidad y Tobago, quien en su libro Leer y escribir relata su infancia dentro de círculos lingüísticos culturales que se mezclaban con otros igualmente exóticos al origen de sus padres: India. Sé que la República Dominicana no es el caso, pues su mestizaje es más parecido al de Cuba y Puerto Rico. ¿Cómo describirías ese universo cultural en tu formación literaria desde los años escolares y en tu imaginario?

JM El Caribe representa un interesantísimo mosaico étnico y cultural. En su singular geografía y en su trayectoria histórica y social se conjugan sociedades con raíces comunes, pero, al mismo tiempo, con diferencias identitarias y diversidad de lenguas. Es en este archipiélago donde ha tenido lugar lo real maravilloso y lo mágico de la literatura en Occidente. De estas latitudes son originarios otros Premio Nobel, como Derek Walcott y Saint-John Perse, entre otros notables escritores, educadores, pensadores y artistas. Si en verdad existe el Paraíso, entonces, debe ser un espacio bañado por la luz, las fragancias y los ritmos musicales caribeños. Aquí, en el Caribe, tuvo lugar la invención de América. De ahí su eterna promesa de esperanza y su visceral tragedia histórica.

Alfredo ViveroJAL En México conocemos, por razones históricas, el aporte de los hermanos Henríquez Ureña, y por otras causas la del poeta Pedro Mir. ¿Qué peso tienen esos nombres en tu proceso de leer y escribir? Quizás debas traer al tema a otros nombres igualmente significativos.

JM La dinastía de los Henríquez Ureña, desde su madre, Salomé Ureña de Henríquez, hasta la trilogía de hermanos, constituye un referente obligado, y dichoso, por supuesto, en todo lo relativo a la literatura, la educación y todos los valores humanísticos del siglo 20, no sólo para la República Dominicana, sino, para todo el Caribe hispánico y para otros países hermanos como Argentina y México, también Estados Unidos de Norteamérica, entre otros por donde cruzaron en su errancia y dejaron huellas prodigiosas los hermanos Pedro, Max y Camila. Cabe destacar, por supuesto, la supremacía del primero, por su enjundiosa y prolífica obra y por su intenso y fructífero magisterio continental. Asimismo, ha sido siempre bien valorada por los mexicanos la obra poética de Pedro Mir, uno de los pilares de nuestra poesía social del pasado siglo. México ha constituido siempre un referente cultural importante para los dominicanos. De ahí que mantengamos hoy un vivo intercambio cultural y unas estrechas y profundas relaciones entre nuestros Estados y pueblos, que van mucho más allá de la simple formalidad o la diplomacia.

JAL Tú evocas a Eliot, en ese alegato a tres voces, con José Luis Vega y Pedro Granados, que publicamos en la revista Alforja, para valorar el lenguaje oral frente al escrito, sobre todo en la vitalidad de uno y de otro. ¿Cuánto hay de oralidad en tu poesía?

JM Creo que hay una marcada presencia de la voz oral del español dominicano en mi poesía. He procurado imprimir giros expresivos y vocablos propios del lenguaje cotidiano en la superficie de mis poemas, con todo y que estos parezcan, en una primera lectura, muy densos o muy cargados en términos conceptuales. Hay poemas míos en los que aparecen voces del habla popular que tal vez no aparezcan en diccionarios de la lengua española. Se trataría, pues, de neologismos; que, a decir verdad, nada tienen de nuevo en la tradición oral de mi país. Asimismo, hay regiones en mi país donde la variación sociolectal de español estriba en alteraciones de orden sintáctico que cambian la morfología de la oración. También he llevado esos giros a la poesía. Es probable que por su intrínseco espíritu libertario y por su elevado contenido de espontaneidad, el habla popular sea mucho más creativa que la lengua escrita. César Vallejo atribuía, con razón, a las voces populares los actos de genialidad en el idioma y en la poesía. Un limpiabotas de un pequeño pueblo del nordeste de mi país me enseñó, una vez, que podía haber una casa donde “tiembla hasta el misterio”. ¿No es eso poéticamente genial? Además, nutro las estructuras rítmica y sonora de mi poesía con los aires de la oralidad, con los pregones urbanos y campesinos, con las décimas y coplas repentistas, con los cantos de la religiosidad popular, con los estribillos del canto del labriego, en fin. La poesía evoluciona hacia el estado más natural de su propia lengua: hacia la oralidad.

JAL Bueno, entremos de lleno en tu obra poética. “El Ozama”, que entiendo es una región de tu país se convierte en un poema o poemas que dan la impresión de que tiene más significados que los geográficos, y algo más que los gráficos o plásticos a los que acompaña. ¿Podrías hablar acerca de la intención o las intenciones discursivas de ese libro?

Alfredo ViveroJM El Ozama es, más bien, un río, a orillas del cual se construye y reconstruye, en el siglo 16, la ciudad de Santo Domingo. Divide, hoy día, la ciudad capital hacia el oriente y el occidente, y alberga en sus orillas miles de viviendas humildes. Como desemboca en las aguas del mar Caribe, ha tenido que ser mudo testigo de desgracias históricas y de deleznables e inhumanas acciones de los más poderosos contra los más débiles, desde piratas y corsarios hasta violadores modernos de la integridad moral y la libre determinación de los pueblos. Desde la zona colonial amurallada o desde alguno de los puentes que lo cruzan, la vista hacia sus orillas es naturalmente espectacular. El espectáculo, también, por qué no admitirlo, de las injusticias y las desigualdades sociales. El espectáculo de la opresión, la explotación y el olvido. Escribí el “Poema 24 al Ozama; acuarela” a mediados de los años 80 y lo integré a mi libro La invención del día, con el cual obtuve el Premio Nacional de Poesía “Salomé Ureña”, en 1987. El artista español Rufino de Mingo lo convirtió en libro-objeto, en Madrid, en 1990, al publicarlo con una serie de grabados que retratan la vida cotidiana, así como la flora y la fauna de ese río vital. Para mí, el Ozama es un río mítico, simbólico, es el agua desbordante que recorre nuestra historia, cargada de traumas y nuestro porvenir, henchido de incertidumbres e ilusiones. En términos de poética, el poema y todo el libro se aventuraron al desafío de encontrar un equilibrio, un punto de completa armonía entre el verso convencional y la prosa poética.

JAL ¿Cuánto valor le otorgas en tu poesía a lo geográfico, lo atmosférico, lo marino?

JM Con todo y que debo admitir que he sido el artífice de lo que en la tradición reciente de la poesía dominicana se conoce como “poética del pensar”, tal vez la postura estético-escritural más sobresaliente de los años 80 y 90, no dejo de reír cuando algunos críticos un tanto miopes tratan de reducir mi poesía a su vinculación con la filosofía y el pensamiento en general. Lo que he hecho, en realidad, es penetrar y revelar en el poema la dimensión filosófica que hay en la vida cotidiana, las relaciones familiares, en el paisaje rural o urbano, en la belleza de nuestros mares y playas, en la singularidad de la luz de nuestro cielo, en la riqueza de nuestro español, en la música, el amor y el sexo, entre otros asuntos meramente humanos. Mi poesía está repleta de la plasticidad, las voces, la imaginería y la luz del trópico.

JAL La crítica te refiere como un poeta reflexivo (no sé si hasta cierto punto místico: “Dios es como el fuego, cuya pasión redime.” –“Abdicación”) ¿Reconoces estas miradas sobre tu obra?

JM Sí. ¿Por qué no? Particularmente mi libro Deus ex machina (1984) es un libro intencionalmente místico o mítico. Mi escritura ha tratado de ser una suerte de diálogo con Dios; o bien, con todos los dioses posibles. Es decir, un diálogo con el principio de divinidad, que es una forma muy especial de dialogar con el hombre mismo. Por principio, la poesía es mi más honda forma de religiosidad.

JAL Al mismo tiempo en Deux ex machina y en Lengua de paraíso se puede advertir cierto tono de inconformidad y de rebeldía (contra el Creador o la Naturaleza), que al final encuentra justificación, por ejemplo: “Cada palabra es una flor que aborrece su forma y su olor desprecia”, y al final: “cada palabra es una flor que aborrece su forma y en el instante queda.” ¿Tiene algo que ver esto con lo que he leído sobre ti, en el sentido de que encabezas una generación contra la estridencia, de la ruptura en la tradición? Soy más específico. ¿Hay una posición más ecléctica de tu parte?

JM Nunca he encontrado valor en una postura dogmática o reduccionista. Creo en la riqueza de la diversidad. Creo en el concierto de los ángulos de mira, en la oblicuidad múltiple y abierta. He proclamado a voz en cuello la necesidad de romper con los diques, los lugares comunes expresivos y la mera costumbre o evidencia en el lenguaje poético de mi país. Pero, al mismo tiempo, he planteado la necesidad de una vuelta crítica a la tradición, para extraer de ella la savia inventiva y rebelde, la semilla nutricia de los auténticos y creativos valores poéticos. Soy, en definitiva, ecléctico. Y no me corro. Creo en el trabajo constante, en el oficio permanente, en una abierta sensibilidad por y para el lenguaje como la vía más franca para el establecimiento de una obra con cierto valor estético e histórico.

JAL ¿Consideras a Jano un emblema en tu poética?

Alfredo ViveroJM Sí. Creo en el envés y el revés de las cosas. Creo en la mirada oblicua. Creo en la cosa y su opuesto. Nada en el mundo existe sin su opuesto. Creo en la pluralidad, en la multivocidad, en el concierto y no en la monotonía.

JAL ¿Si fuese no así, que lo es, entonces cuál sería?

JM Entonces sería lo unidimensional. Rechazo, por cuestión de principios, toda forma de unicidad. En la pretensión de uniformidad se oculta el rechazo a la pluralidad.

JAL ¿Por qué se te ubica en la generación de la crisis o de los ochenta? ¿A que se refiere esa crisis y quiénes de tus contemporáneos la representan?

JM Creo que es la crisis del agotamiento de los modelos de cambio y progreso socioeconómicos del postrujillismo en mi país y en toda Latinoamérica. Es la crisis por el fracaso de los intentos de transformaciones sociales profundas en la sociedad dominicana, simbolizados por acciones como la guerra de guerrillas de 1963 y la guerra de abril de 1965 como fórmulas para reinstaurar el primer gobierno democráticamente elegido luego de ajusticiado el dictador Trujillo, los oprobiosos 12 años de los primeros gobiernos de Joaquín Balaguer, la pretensión foquista de liberación del Coronel Caamaño en 1973, la frustración generada por el fracaso de los gobiernos del PRD como partido tradicional de oposición a la extrema derecha, la crisis económica (la del 80 es “la década perdida en Latinoamérica”), la ceguera ideológica de las izquierdas y, lo cual es muy importante, la previsión crítica del agotamiento de la farsa del socialismo real y de la nomenclatura privilegiada de los estados obreros socialistas, que se derrumbarían a partir de 1989. Hicimos una lectura diferente de esos fenómenos; muy crítica o muy escéptica tal vez. Leímos autores proscritos por las ideologías político-partidarias o religiosas. Rompimos los moldes del convencionalismo escritural ceñido a la estética del realismo socialista. Fuimos subvertidores del orden estética e intelectualmente establecido. Nos aglutinamos, en buena parte, en torno al primer Taller Literario, el “César Vallejo” de la Universidad Autónoma (UASD), en 1979, para desde él sembrar todo el país de talleres y círculos literarios que ha dado relevantes frutos. Somos tantos, que dar algunos nombres podría ser un acto de injusticia. Sus nombres son inevitables a la hora de referirse a la literatura dominicana actual.

JAL Eres, además de filósofo y poeta, conductor de televisión con un programa llamado “Conversación en la catedral” que ya por el título deduce uno su carácter. ¿Cree el filósofo y el poeta que hay en ti en la eficacia de los medios masivos para inducir la lectura y la sensibilización hacia los valores culturales de tu entorno y par ampliar horizontes?

JM Hago un programa cultural. No un programa sobre libros. No existe en mi país un mercado editorial que respalde una iniciativa de televisión concentrada en la lectura y la escritura. Creo en la televisión como alternativa para la educación y la difusión de valores humanísticos y culturales. Creo, pues, en una televisión derrotada por la extravagancia del dinero y el consumismo, la violencia, la pornografía, la basura emocional y la información politizada y corrupta. Creo en una televisión que apenas subsiste, pero que, de una u otra forma, mantiene vivo el ideal del hombre y la mujer de profunda sensibilidad artística, intelectual y humana.

JAL ¿El filósofo le habla al poeta y a la inversa a la hora de escribir?: “El teórico es estrecho; el poeta es amplio”, son tus pensamientos.

JM Así es. Están en mí el poeta y el pensador fundidos, como una entidad monolítica. Piensa el sentimiento y siente el pensamiento, dijo el maestro. El pensamiento y el poema son las más altas expresiones de la libertad del espíritu. Es, por ejemplo, en la figura y la obra de Nietzsche, como en otros, donde el poeta y el filósofo se dan la mano para danzar, jugar, cantar y pensar juntos. La teoría o la filosofía a secas son restringentes. Pero, el pensamiento unido al poema es sinónimo de alto vuelo y de franca libertad.

Alfredo ViveroJAL Tienes en común con el poeta colombiano Darío Jaramillo Agudelo el trabajar para un banco, que en tu caso es el Popular Dominicano. ¿Se acomoda bien ese trabajo con el oficio de poeta? ¿Cómo logras reconciliar ambas actividades que se antojan extrañas entre sí?

JM Luego de abandonar la docencia universitaria, debido al advenimiento de una profunda crisis institucional en la academia dominicana, he pasado más de una década trabajando en la más prestigiosa y grande institución financiera de mi país. En ella he recibido el respaldo para continuar con mis actividades literarias y artísticas. Desde ella he podido contribuir a la realización de importantes proyectos culturales, educativos y de desarrollo comunitario en la República Dominicana. No es, precisamente, un trabajo para poetas. Sin embargo, y no sin bastante sacrificio, he logrado conciliarlo con mis proyectos personales e intelectuales.

JAL Por último, uno supone que el poeta va tras una búsqueda de algo que desconoce, pero intuye, de algo sobre lo que ha escrito (mentalmente al menos) o soñado pero no se materializa en la hoja en blanco. ¿Reconoces esa búsqueda? ¿Cómo y cuál sería?

JM Mi búsqueda es el poema que me acerque al ser humano común. Un poema que pueda ser escrito y leído por todos los hombres y mujeres del universo. ¿Acaso no era este el sueño de Lautréamont? Que la poesía pueda ser escrita y leída por todos. ¿A qué más?

José Ángel Leyva (México, 1958). Poeta, ensayista y editor. Ha dirigido revistas nacionales como Información Científica y Tecnológica (ICYT), de CONACyT, Nuestro Ambiente, Mundo, culturas y gente, Memoria (del CEMOS), Fundación Arturo Rosenblueth, y es co-director de la revista Alforja de poesía. Actualmente se desempeña como coordinador de Publicaciones del Instituto de Posgrado, Investigación y Educación Continua de la Universidad Intercontinental. Son libros suyos: Catulo en el Destierro (poesía, 1993, 2ª ed. 2006); El Espinazo del Diablo (poesía, 1998); y La noche del jabalí (Fábulas de lo efímero) (novela, 2002). Contacto: jangel_leyva@yahoo.com. Página ilustrada con obras del artista Alfredo Vivero (Colombia).

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