revista de cultura # 61
fortaleza, são paulo -
janeiro/fevereiro de 2008






 

La música del Pacífico colombiano: el complejo cultural del currulao

Germán Patiño

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Germán PatiñoEn Colombia, cuando hablamos de música del Pacífico, del Caribe, de los Llanos y de los Andes, en realidad no estamos hablando de música. Nos estamos refiriendo a las cuatro grandes regiones culturales del país, [1] en las que aparecen diversos sistemas musicales, con múltiples variantes, en las que coexisten y se entrecruzan expresiones musicales tradicionales, populares  y académicas. En cada una de ellas se manifiestan subregiones que muestran, a la vez, tanto continuidades como marcadas diferencias. Cada una de estas grandes regiones rebasan, además, las fronteras nacionales y no se delimitan, tan solo, por características geográficas o ambientales.

En lo que al Pacífico respecta, no se restringe a las llamadas Tierras Bajas Occidentales de Colombia y Ecuador, o Chocó Biogeográfico, ni mucho menos al Litoral oceánico colombiano. Abarca territorio de marismas, playas, manglares, sierras, ríos y valles interandinos. Y una población en la que resultan notorias las herencias africanas e hispánicas con mezclas desiguales de elementos culturales nativo-americanos. Desde una perspectiva histórica la región del Pacífico coincide con el ámbito antiguo de la Gobernación de Popayán en el Virreinato de la Nueva Granada, la Gobernación de Esmeraldas en la Audiencia de Quito y parte del Darién que hoy se ubica en la República de Panamá.

Felipe EhrenbergEs comarca transculturada en la que predomina un mulataje particular, con retenciones africanas, hispánicas e indígenas que dieron origen al  complejo cultural del currulao. Se trata de un ceremonial colectivo en que se integran diversas expresiones y ocasión esencial del intercambio comunitario. Allí se manifiesta la música, la danza, las costumbres alimentarias, la poesía de tradición oral o escrita, la permanencia del coplerío, los trueques de bienes y artesanías, y es el momento de negocios, enamoramientos, matrimonios, celebraciones civiles y comunicación de acontecimientos sobresalientes de la vida cotidiana. El currulao integra y pone al día, por así decirlo, a pueblos que viven aislados unos de otros en el dilatado mundo del Pacífico. El bambuco es la expresión musical característica del currulao.

Originado en el sur de la región, en las provincias de Esmeraldas, San Lorenzo, Tumaco y Barbacoas, se conformó en un largo proceso de interacciones que culminaron, a finales del período colonial, como una música esencialmente rítmica, acompasada en 6/8 con acento en la quinta corchea, sincopada, polirrítmica y sustentada en el canto responsorial. Se difundió en manos de los esclavos que iban y venían desde haciendas a minas y viceversa, y de unas localidades a otras, propagando este hallazgo artístico hasta convertirlo en la expresión musical por excelencia de viejos esmeraldeños, caucanos y chocoanos. Desde allí partió para distintas regiones de Colombia, se integró con otras expresiones culturales, especialmente durante el período de la Independencia, hasta convertirse en la primera de nuestras músicas nacionales.

Desde luego, mientras viajaba se transformó. Le sucedió así incluso dentro del propio espacio del Pacífico, generando multitud de variaciones, que no solo adquirieron diversas denominaciones sino que llegó a considerárselas como géneros musicales diferenciados. Currulaos en sus matices de pango, corona y caramba, torbellinos, jugas, bambucos viejos, caderonas, patacorés, abozaos, aguabajos, y otros más, constituyen manifestaciones propias del universo musical del bambuco, como sucede también en el Caribe colombiano con bullerengues, fandangos, chandés, berroches, tamboras alegres y redobladas, etc. que pertenecen al mundo musical de la Tambora. El compositor y musicólogo Guillermo Carbó ha puesto en evidencia estas relaciones para el caso del Atlántico.

Felipe Ehrenberg

El Pacífico ha sido menos afortunado. Estudiado por folclorólogos, historiadores o antropólogos sin formación musical, no han sido capaces de apreciar similitudes y diferencias, por lo que se limitan a largos listados –alguno escribe sobre 26 géneros musicales distintos, sin contar las expresiones musicales indígenas- con lo que nos presentan una imagen caótica, negando la unidad cultural construida pacientemente a lo largo de más de tres siglos de convivencia, e incapaces de apreciar lo que constituyen variaciones en el ámbito de una cultura y las correspondientes transfusiones entre ella y otras. [2] ¿Cómo apreciar, entonces, lo que diferencia a la música autóctona del Chocó, la creada por los propios chocoanos, de las músicas europeas (polca, mazurca, contradanza, etc.) aculturadas en aquella subregión e interpretadas con trazos africanos?

Por eso mismo han surgido confusiones semánticas. Currulao se volvió voz polisémica que significa encuentro comunitario, género musical, baile de pareja y un tipo de tambor que acompaña a los grupos de tambora. Lo mismo sucedió en el Caribe con la expresión tambora: es la fiesta propiamente dicha, la música y la danza que en ella se interpretan, grupo de percusión e instrumento musical. Nada extraño, lo mismo sucede en otras partes de Colombia, de Sudamérica, de Africa y, con seguridad, del mundo (ver Carbó, Guillermo, www.tamboramusic.com). La tarea consiste en desenredar esa madeja, para lograr comprensión sobre lo que es esencial en una determinada cultura musical.

El complejo cultural del currulao tiene en el ritmo del bambuco a su célula musical madre. No importa cuan drásticas hayan sido las variaciones y los nombres que adquieran, siempre se la puede identificar. Como sucede con el jazz, en cuya esencia se encuentra siempre el blues con su compás de 4/4 acentuado en el segundo y cuarto tiempos. El bambuco se hace visible en la danza, que es parte del currulao e inseparable de la música que se interpreta. Baile de pareja suelta, rito de enamoramiento, donde el zapateado del hombre es demostración de vitalidad, lo mismo que llamado de atención (costumbre africana, llevada a Andalucía por los moros), y adornado con floreos de pañuelo y sombrero. Lento en principio, se desarrolla en un crescendo constante y culmina con la languidez del amor consumado. La elegancia, la sensualidad y la coquetería es rol femenino, mientras el vigor y la destreza le corresponden al parejo. Aunque el tiempo se acelere, como en el abozao, allí estará la célula madre, visible en la danza de pareja suelta, en la sensualidad de la hembra y los reclamos del macho, así en esta variación se vuelva explícita la intención sexual (que se encuentra implícita en el pango o en la juga). Algo así como la relación que existe, para seguir con los ejemplos caribeños, entre la cumbia y el mapalé.

Felipe Ehrenberg

El currulao, como expresión compleja de una cultura de la cual la música es apenas una parte, no es rasgo insular en el Pacífico. Lo acompaña el bunde, otro complejo cultural que se ocupa de la dimensión ideológica y espiritual. También voz polisémica, procedente de bunda, hispanismo antiguo que se conserva en lengua portuguesa y se refiere a rasgos anatómicos relevantes de etnias africanas, significa ritmo musical, danza y tumulto festivo integrado por multitudes con ocasión de carnavales. Pero su ámbito propio es el de las celebraciones religiosas, los cantos de adoración, los ritos funerarios y los villancicos navideños. Su música, con  célula rítmica y acento diferente al bambuco, conserva la síncopa y el canto responsorial, y se emparenta con los cantos espirituales negros de otras regiones de Colombia y América.

Así como en el complejo del currulao existen músicas que se ocupan de la espiritualidad religiosa (las jugas de adoración, por ejemplo), asimismo en el bunde se manifiestan expresiones orientadas hacia lo festivo (por ejemplo Ki le le, un bunde chocoano referenciado desde 1852 por Isaac Holton en el norte del Valle del Cauca). Sin embargo, esto es producto del entrecruzamiento de los dos complejos culturales en el ámbito de la misma región, aunque lo característico es que el primero se centre en la vida profana y el segundo en la vida espiritual o religiosa. Ambos contribuyen a la conformación de la compleja identidad cultural de la región Pacífico.

Pero no solo hay comunidades tradicionales en este universo. Esmeraldas, Tumaco y Buenaventura son puertos marítimos que se han desarrollado como ciudades modernas, en las que predomina el modo de vida urbano. Quibdó, a su vez, es hoy ciudad e importante puerto fluvial. Otras comunidades se encuentran en tránsito hacia la modernidad. Los complejos culturales y las músicas se modifican. Se rompe con la tradición. Los procesos de transculturación continúan y abarcan expresiones de mundos lejanos y diversos. La música tradicional se transforma en música popular, se produce la separación entre músicos y audiencia, compositores e intérpretes, y orquestas y comunidad. Los conocimientos musicales comienzan a transmitirse por medios escritos y en el marco de estudios académicos.

Sin embargo la fuerza de la cultura tradicional y del complejo del currulao es tal, tanto por su larga permanencia como por su vigor expresivo, que el tránsito musical a la modernidad no implica rupturas abruptas y hunde sus raíces en las músicas tradicionales. Se producen cambios progresivos que siguen perteneciendo a los mismos complejos culturales y enriquecen el universo espiritual del Pacífico. Músicos como Papá Roncón de Esmeraldas, Nano Rodrigo y Caballito Garcés de Tumaco, Petronio Alvarez y Peregoyo de Buenaventura, combinan instrumentos tradicionales (marimbas, cununos, bombos) con modernos (piano, contrabajo, guitarras eléctricas, saxofones, etc.), aprovechan nuevas experiencias musicales (jazz, son cubano, rock) y se instalan en sensibilidades urbanas para producir obras de música popular en las que se respira la tradición y se conserva la identidad.

Felipe EhrenbergNuevas generaciones de músicos académicos continúan con esta labor renovadora haciendo gala de especial espíritu investigativo y en permanente contacto con los complejos culturales tradicionales. Tal el caso de Candelario González, Octavio Panesso, Neivo de Jesús Moreno, Mario Mancuacé, Esteban copete Álvarez, Alexis Lozano y tantos más. El bambuco sigue allí, como célula madre en las músicas del currulao, lo mismo que el bunde. Mejor aún, se puede apreciar tal cual es, en toda su limpieza autóctona, por el aislamiento secular de gran cantidad de aldeas del Pacífico, tanto en Colombia como en Ecuador.

Más allá de formatos instrumentales (que pueden ser diversos, aunque algunos predominen), de distinciones absurdas entre variantes musicales del mismo conjunto cultural, o de intentos inútiles por segregar a las músicas del currulao y el bunde como “cosa de negros”, manteniéndolas ocultas en un andén del país, lo importante es comprender que la música del Pacífico es tradición fundamental de la propia cultura colombiana, y uno de los filones artísticos más ricos y diversificados. En realidad, un análisis extenso mostrará como buena parte de la música colombiana es tributaria del complejo del currulao.

 

NOTAS

1. Utilizando la división propuesta por Luis Ospina Vásquez en su imprescindible Industria y protección en Colombia, aunque, siendo objetivos, deja por fuera a las Islas de San Andrés y Providencia que, desde el punto de vista cultural, no pertenecen a mundo del caribe colombiano. Habría que aceptarlas como una quinta región, así sea pequeña, que forma parte del mas vasto territorio de las Antillas angloparlantes.

2. Defecto común a los escritos sobre música, y no solo sobre música tradicional, cuando la materia es abordada por melómanos o intelectuales sin formación musical. Ver un buen ejemplo en Barrios O., Ricardo, “Eddie Palmieri el rumbero del piano magistral y perfecto”, Nueva gaceta No 8, donde se habla de “afrojazz”, como si lo afro no estuviese ya contenido en el jazz, se desconoce la mejor literatura especializada sobre la música salsa y se producen párrafos como el siguiente: “Una obra artística transcurre y trae consigo efectos socioculturales cuando, con el correr del tiempo, se forman las bases de la filosofía y el pensamiento de su autor” (p. 17). ¿Cómo transcurre una obra artística? ¿Por qué la significación sociocultural del hecho artístico tendrá que esperar a que se formen “las bases de la filosofía y el pensamiento” de determinado autor? ¿Y que tiene que ver la música de Palmieri, o la salsa en general, con todo este rollo? ¿Habrá alguien, que hable castellano, que pueda comprender tal confusión? Para un buen estudio sobre la salsa y, en especial, el aporte portorriqueño a su desarrollo, ver Quintero R., Angel, Salsa, sabor y control, siglo XXI ed., México 1998.

Germán Patiño (Colombia, 1948). Historiador y antropólogo. Ha ganado el Premio Andrés Bello con su libro Fogón de Negros (2007), preciso estudio sobre cocina y cultura latino-americana. Contacto: gpatio@hotmail.com. página ilustrada con obras del artista Felipe Ehrenberg (México).

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