![]() |
|
revista de cultura # 61 |
livros da agulha
“Yo sospecho de las grandes palabras, porque generalmente no quieren decir nada.” “Nunca escribí por oficio y me cuesta mucho hacerlo, porque tengo tal sospecha de las palabras, que llego a pesarlas hasta el gramo”. “Desconfía de las palabras. Siente que hay un abismo entre el discurso articulado y esa serie de gestos solitarios en que consiste la pintura.” Son algunas citas de Alfredo Hlito sobre el lenguaje y la escritura, a lo largo del tiempo. El lector coincidirá conmigo en que proponerse usar las palabras a la luz de esa exigencia (“Trabajé, pero no lo suficiente”), que colmó y mantuvo Alfredo Hlito durante toda su vida, es por lo menos arriesgado y angustioso. Y sin embargo, no sin sentirme abrumado al mismo tiempo por mi vieja amistad y mi respeto, intelectual y humano, he aceptado el fraterno encargo de su esposa, mi querida Sonia Henríquez Ureña, y de su hija Gabriela, para hacerme cargo nada menos que de la edición de todos sus escritos inéditos. Aunque calibré la responsabilidad del compromiso, que seguramente me excedía, al mismo tiempo no podía negarme a enfrentarlo. No sólo porque desde siempre fue cordial y afectuoso conmigo sino también porque, en gran medida, ambos compartíamos el mismo linaje. El destino, que no es sino otro nombre de los dioses, me convirtió de improviso, casi niño, en el más joven de una legendaria revista de vanguardia: Poesía Buenos Aires (1950-1960), que no sólo fue la continuidad natural en lo poético de Arte Concreto-Invención, aquel movimiento del que Hlito fue una figura consular sino que, por ello mismo me regaló desde muy joven el contacto con figuras significativas y ejemplares de nuestro arte moderno, entre las cuales la relación con Alfredo, tan distante, tan parco entonces, tan exigente también consigo mismo, fue por parte de él desde un comienzo tan generosa como persistente para conmigo. Con ser cabalmente merecida, intuyo que la creciente resonancia incluso internacional que viene alcanzando la pintura de Alfredo Hlito (1923-1993) no ha hecho sino comenzar. Y si me parece que tan feliz circunstancia no debería valorarse sin dejar de tomar en cuenta que se trata, sin duda, de uno de nuestros artistas más exigentes con respecto a su obra y menos dados a la complacencia en cualquier otro aspecto (“No pertenecía al género de la pintura instintiva; y le horrorizaba la palabra expresión en la que veía la justificación de la facilidad y de la inercia”), confío en que la perspectiva de dicho reconocimiento se ampliará hasta incluir todos los aspectos de su entera personalidad. Porque Alfredo Hlito no es sólo un gran pintor, un pintor de raza, sino también un legítimo intelectual, un pensador de fondo, un escritor de ley. Y no menos exigente en estas lides que en sus otros dominios: “Pintaba y también escribía sobre pintura. Sus escritos eran lúcidos, exigentes, documentados. Todas sus inquietudes intelectuales se volcaban en ellos mejor que en la pintura. En una prosa un poco solemne elaboraba hasta lo inverosímil para dar cabida a un afán totalizador.” Nunca fue demasiado habitual, ni siquiera entre los propios escritores, que un artista fuera capaz de reflexión. Pero en aquel brillante grupo de jóvenes creadores que en 1944 dieron a luz el memorable único número de la revista Arturo, y que al año siguiente fundaron la Asociación Arte Concreto-Invención, tanto el poeta Edgar Bayley como dos pintores, su hermano Tomás Maldonado y nuestro Alfredo Hlito, no eran tan sólo jefes de escuela, teóricos del movimiento, sino sin duda alguna verdaderos intelectuales, extraordinariamente dotados de pensamiento y expresión. De tal modo que, en todos ellos, pero quizás de una manera que no imaginábamos tan marcada muy especialmente en el caso de Alfredo Hlito, que estos inéditos han terminado por revelarnos ampliamente, la producción ensayística iba a resultar tan significativa como su propia obra creadora. Que ello no haya sido aún debidamente valorado entre nosotros no es su culpa claro sino, por el contrario, de la desventurada errancia de nuestra sociedad y nuestra cultura, primero hacia el olvido cuando no a la indiferencia, y últimamente hacia la banalidad, acaso formas de lo mismo. Yo creo que lo más importante que le debo a la poesía es haber tenido la oportunidad de conocer, muy temprano, y de llegar a confraternizar con gente excepcional, con gente fuera de serie, gente de este país maravilloso y desdichado, que producía y a pesar de todo sigue produciendo riquezas que derrocha o que desdeña, riquezas no sólo materiales por supuesto. Dentro de esa gente que me tocó conocer allá a comienzos de mi adolescencia, creo que una de las personalidades más intransigentes, uno de los artistas más lúcidos, más enemigo de toda retórica, era y es Alfredo Hlito. Alfredo tuvo siempre una relación muy especial y muy intensa con la poesía y con la palabra. No es sólo uno de los más exigentes y rigurosos pintores argentinos sino que también, como pueden comprobar precisamente estos textos, es un hombre de una lucidez no sólo en cuanto a la teoría, no sólo como intelectual (porque es uno de los grandes intelectuales argentinos), sino que es un gran escritor, un hombre capaz de manejarse con la palabra en los límites de la exigencia más radical y de esa carencia de solemnidad y grandilocuencia que él aplicó también a su pintura, cuando no a su propia persona, y de planteárselo con una honestidad que a veces puede llegar a ser hiriente, hiriente para él porque no se permitía ninguna facilidad en absoluto, e hiriente para nosotros los que lo seguimos leyendo, porque son verdades de a puño las que dice, y verdades muy fuertes y verdades dolorosas. Por supuesto que no son las verdades de ninguna ortodoxia, no son verdades únicas, son más bien preguntas que él se va planteando, permanentemente, con una integridad no sólo intelectual sino también humana, tan deslumbrante como demoledora, y tan conmovedora como precisa: “Respondiendo a preguntas que nunca me fueron formuladas, encontré el pretexto para estas entrevistas fantasmales” Con Alfredo compartimos momentos especiales, inolvidables, que fueron muy importantes, indelebles para mí. En el mismo año 1957 en que, junto con Francisco Urondo, otro miembro de la revista, lo invitamos a aquella memorable Primera reunión de arte contemporáneo organizada en Santa Fe para la Universidad Nacional del Litoral, que se iba a convertir de algún modo en la cumbre del arte argentino de vanguardia, se le pide también que envíe una colaboración para Poesía Buenos Aires, que fue su ensayo “Arte y poesía”. Y ya un año antes de que él, según nos informa posteriormente, decidiera abandonar “la ortodoxia concreta”, Hlito toma en ese texto una serie de distancias, primero consigo mismo y luego también con sus compañeros. Distancias de la inteligencia, y distancias de la ética. Pocos años después, comenzó a orientar en la editorial Nueva Visión, que recién comenzaba, su excelente colección Arte y Estética, que Alfredo dirigía con Francisco Bullrich y donde me hizo el honor de encomendarme una de las primeras traducciones de esa serie, un libro de Gillo Dorfles: Constantes técnicas de las artes. Al poco tiempo, en 1961, algunos miembros de Poesía Buenos Aires, inspirados probablemente por Bayley, creamos algo así como una cooperativa de edición, el Fondo de Escritores Asociados, que contó siempre con el generoso y despojado diseño gráfico de Alfredo, quien vigiló personalmente cada título en la imprenta Lumen. Fueron terminados por él con una sobrecubierta en papel transparente, mediante un doblez muy especial, para el cual no admitía modificaciones y con lo que literalmente enloquecía a los de la imprenta. Y no sólo eso: casi como excepción, porque no conozco otro caso similar, me hizo el honor de ilustrar mi libro Entre dientes (1963), siendo yo entonces muy joven. Leer estos textos (que van desde los ensayos completamente terminados hasta los apuntes espontáneos de sus diarios acaso secretos, y donde Hlito se plantea por supuesto no sólo su inalterable relación con la pintura sino también con la escritura y muchos otros temas afines, demostrando de paso al hacerlo los alcances todavía hoy para muchos inusitados de sus inquietudes y de sus conocimientos, incluyendo su relación con los demás y consigo mismo), me admira tanto como me conmueve. Porque, si con una lucidez ejemplar ahonda decididamente y sin prejuicio alguno en todos esos asuntos, logrando iluminadoras visiones de temas como el impresionismo y el concepto de modelo, los manifiestos del arte moderno o las relaciones entre lenguaje y arte, por ejemplo, para citar sólo algunos, también me parece percibir que a lo largo de los años Alfredo va perdiendo cierta prevención, cierto distanciamiento (“No soy de los que se paran frente a la cosa y saben en seguida lo que tienen que hacer. Debo esperar, mirar y ser mirado hasta que se produce el llamado. El momento estático en que se neutralizan todas las resistencias.”), y como ocurre con todas las cosas humanas que maduran se va encontrando, se va aceptando, se va abriendo, las cosas se muerden la cola como el ouroboros, y uno se encuentra al final con lo mismo que estaba en el comienzo, y él lo dice: “Pintar es estar fuera de sí, en la cosa que a su vez se nutre de uno. Magnífico círculo vicioso.” [Rodolfo Alonso]
A Escrituras Editora, dentro da Coleção Ponte Velha, edição apoiada pelo Ministério da Cultura de Portugal e pela Direcção-Geral do Livro e das Bibliotecas (DGLB), publica Fora de portas, de Carlos Garcia de Castro, organizado por Floriano Martins, com prólogo de Nicolau Saião e ilustrações de Nelson Magalhães Filho. Ao entrarmos na poesia de Carlos Garcia de Castro, deparamos de imediato com aquilo que é uma marca característica dos seus versos: a celebração de um certo real muito terra a terra, daquilo a que se usa chamar os movimentos inscritos em um cotidiano mensurável, tudo o que afinal está disperso nas horas exteriores e interiores - o corpo, os utensílios recorrentes, os ritmos de uma existência em família ou em comunidade, os amigos que passam ou que o poeta freqüenta e freqüentou, os lugares domésticos ou de passeio que viu, tudo isso que nos enrola em nostalgia se mais tarde recordamos ou, então, que nos permite confirmar nos mapas da nossa existência ou minutos que por nós passaram e, perdendo-se embora, passam a viver em nós para sempre. As presenças de gente e de momentos que nos dão notícias disso que é o mundo, do que vai pelo mundo ou o poeta intui que exista (e nós com ele) nesse universo de complexidade a que é costume chamar os outros. Não nos deixemos enganar: esse mundo de notações é apenas o invólucro em que o autor acondiciona um outro universo que se projeta em outro espaço, mesmo em outro tempo, esse verdadeiro núcleo duro do que constitui de fato a sua poesia. Carlos Garcia de Castro (Alto Alentejo, Portugal, 1934). Obra poética: Cio (Lisboa: Edição do Autor, 1955), Terceiro Verso do Tempo (Lisboa: Edição do Autor, 1963), Portus alacer (Portoalegre: Edição do Autor, 1987), Os Lagóias e os Estrangeiros (Lisboa: Edição do Autor, 1992), Rato de campo (Lisboa: Edição do Autor, 1998).
Claudio Willer (1940) es uno de los más apreciados poetas de nuestro tiempo. Se le conoce en círculos concéntricos en donde se valora su labor cultural, sus ensayos, su narrativa pero sobre todo su poesía. Ahora Ediciones Andrómeda edita una colección de su poesía, con una conversación-prólogo entre Floriano Martins y el autor, en donde la inteligencia mutua produce un texto limpio, y necesario, sobre detalles de la vida y la poesía de Willer, más aspectos inéditos sobre un poeta de gran relieve, para los que apreciamos su labor cultural y la grandeza de su arte poética. Como las más recientes ediciones de Andrómeda, está bellamente impresa y constituye un homenaje de admiración y un reconocimiento a un talento literario excepcional, según mi criterio. La organización, entrevista y epílogo son de Floriano Martins, ese puente necesario entre los poetas latinoamericanos, él mismo creador y difusor cultural. La traducción al español es de Eva Schnell y la muestra gráfica de Raúl Vázquez. Desde “Anotaciones para un Apocalipsis” (1964), incluido como final del libro, hasta “Extrañas Experiencias” (2004), toda la poesía de Willer, contenida en este volumen, es un acto de insurgencia, afirmación y construcción de un destino poético de relevantes méritos, en la cual se muestra la originalidad del poeta y la vasta influencia de los poetas mayores del siglo XX, lo que nos permite reconocer una obra de lectura provocativa, con imágenes desbocadas y una salvaje apropiación del mundo, lo que también nos hace sentir una vocación poética que refleja el pulso social y una acerada visión de lo que ocurre. La poesía de Willer es suntuosa, elegante, nacida de un fluido manejo del lenguaje, y la traducción lo afirma, rico en detalles y palabras claves para la observancia de la comunicación como algo de extraordinaria trascendencia. Son cuarenta años de ejercicio poético lo que contiene esta antología, lo que nos permite ubicar al autor entre los grandes poetas del Brasil y de Nuestra América, con un aporte real que lo convierte en un maestro del lenguaje de nuestro tiempo, abriendo con sus temas una bifurcación de lo subreal hacia lo cotidiano observable. El poeta, viajero adentro de su propio mundo, y más allá de todos los linderos, nos ofrece una muestra compacta de su trabajo, en el cual casi todos sus poemas gozan de una excelencia que combina la reflexión y el deleite, el desengaño y la certeza. Poemas en voz alta es una antología compacta, deliberadamente selectiva. Una especie de viaje por nuestra época en la palabra, altísima, de un poeta abierto y clarividente, útil para entenderlo en su magisterio provocativo, necesario para ubicarlo entre los más audaces y valientes creadores de este tiempo. Un acierto de Andrómeda, Alfonso Peña, Floriano Martins y una traducción, creo que impecable, de Eva Schnell. Un filtro de luz para adentrarnos en la palabra vida de este autor. [Alfonso Chase]
En "fogón de negros" se analiza la cultura de manera integral, esto es, lo que el hombre hace, pero sobre todo, se estudian la cocina y los hábitos alimentarios para dar cuenta de la naturaleza y del destino de los habitantes de una vasta región de la naciente Colombia en el siglo XIX. Estudio documentado y poéticamente escrito sobre la gastronomía de una región del suroccidente colombiano. El autor revela, a través de un proceso de recuperación en fuentes históricas e indagaciones personales, como la gastronomía y las artes de mesa en una zona determinada en la que han confluido en el tiempo diversos grupos étnicos, en especial los descendientes de africanos esclavos, despliegan una densa red de relaciones significantes en las que se ven reflejadas la vida y las tensiones de la colectividad con sus elaboradas expresiones culturales, entre ellas las refinadas e imaginativas preparaciones que hacen del comer una función no únicamente fisiológica, sino altamente simbólica y sensorial. Este libro, premiado en la modalidad de ensayo por un jurado internacional en el Premio Andrés Bello de Memoria y Pensamiento Iberoamericano, y ricamente ilustrado con medio centenar de ilustraciones alusivas, es reflejo, además, de la trama que teje con sus amplios conocimientos el autor, al hacer del ensayo un variado escenario del gusto, la palabra, la reflexión y las imágenes.
Sendo a literatura investigação do humano, é apenas natural que a erotografia (sob qualquer forma) seja antiga como a civilização. Aliás, em seu Eros e Civilização, o filósofo Marcuse postulava que Eros, como princípio vital, rechaça a repressão e o controle. Para deixar jorrar essa pulsão eruptiva, o poeta português Joaquim Estevez da Guarda retoma a sextina do século 12 em seu livro Llama de amor viva: Sextynas (Cadernos do Subsolo, Porto, Portugal, 2007). A sextina é uma complicada composição poética criada pelo trovador provençal Arnaut Daniel, que dela se serviu para bem cantar folguedos amorosos. Dante e Petrarca também praticaram a forma. Tecnicamente, a sextina consiste em seis sextilhas mais um terceto final, sendo que as rimas se repetem, de cabo a rabo, segundo uma ordem estrita, impondo uma circularidade ao discurso poético. Neste Llama de amor viva – um verso tomado de empréstimo ao místico Juan de la Cruz –, Estevez da Guarda engaja-se na militância amatória de um Bocage clássico para louvar a “glória das feminis carnes” e o “lúbrico tormento” da cópula, chamando as partes ditas pudendas por seus nomes impróprios. Numa era em que a pornografia eletrônica é um business bilionário, esta celebração do gozo carnal constitui, na verdade, uma transgressão às normas vigentes – a farta oferta de sexo virtual, a “neocaretice” pós-advento da Aids, as múltiplas formas de obscenidade em cartaz no mundo-mercado, no circo da mídia, na chamada sociedade do espetáculo e do controle. A surrada questão “arte ou pornografia” sequer se coloca aqui, pois o sextinário sexy de Estevez da Guarda – erudito e popular a um só tempo –, se filia a uma robusta tradição latina de letras lascivas, onde nada do que é humano é estranho à poesia. Em dez elaboradas “sextynas em medida velha e medida nova”, este liber libertinário exalta o gozo demasiado humano – o coito sem protocolo, sem repressão e sem preço. O poeta põe as musas em pêlo, com pleno domínio da forma, do repertório clássico e da tradição portuguesa. Como assinala, no prefácio, o poeta galego Xosé Lois García, ao exaltar a liberdade instintiva, “doada pela própria natureza”, o sextinário compõe uma “liturgia laica” para espíritos livres. A língua franca de Eros reafirma, ainda e sempre, sua primazia. [Luiz Roberto Guedes]
A Escrituras Editora, dentro da Coleção Ponte Velha, edição apoiada pelo Ministério da Cultura de Portugal e pela Direcção-Geral do Livro e das Bibliotecas (DGLB), publica Mansões abandonadas, de José do Carmo Francisco, organizado por Floriano Martins, com prólogo de Nicolau Saião e ilustrações de Sérgio Lucena. A poesia de José do Carmo Francisco, tão simples, tão bela e simultaneamente tão arrojada, evoca nostalgia, amor ao pequeno fato que, todavia, tem um universo próprio. Um humor magoado que se transfigura e que nos dá, por extenso ainda que sobriamente, uma grande e bela indignação antes as injustiças da sociedade, fidelidade à infância e aos seres que a preencheram, ligação ao sinal próprio do homem, patente em retratos de figuras tutelares e, finalmente, a discrição e a serena mágoa que são freqüentemente o prólogo da mais justa alegria não profanada por sistemas de valores discriminatórios. Carmo Francisco é um poeta multifacetado, claramente tributário de Florbela Espanca no que esta tinha de intenso, magoado e repleto de paixão. Humor magoado e incursão pelo cotidiano são características maiores da sua poesia, que sabe muito bem levar a água ao seu moinho poético onde a farinha é de diversas cores: a cor cinzenta da vida-vidinha, a cor violeta de um fantástico social que se desprende dos poemas assumidamente simples. Sua poesia sabe ser discreta, sem aquelas redundâncias que anos e anos de metafísica mal assimilada nos habituaram a verificar em certos poetas, alguns dispondo mesmo de certa aura. Por intermédio de uma brusca inflexão, o poeta conduz-nos então na direção certa. E o que ainda é melhor é que nós, leitores, podemos chegar a ela sem ser necessário exagerar na indicação. José do Carmo Francisco nasceu em Caldas da Rainha, Portugal, em 1951. Estreou como jornalista no Diário Popular de Lisboa, em 1978. Entre 1992 e 1996 entrevistou, na revista Bola Magazine, dezenas de figuras das Artes e das Letras na rubrica “Um cafezinho com”. Tem colaborado em diversos jornais e revistas do país. Desempenhou funções da direção da Associação Portuguesa de Escritores e é secretário da Associação Portuguesa de Críticos Literários. Organizou duas antologias editadas pelo Sindicato dos Bancários do Sul e Ilhas: O Trabalho – antologia poética e O Desporto na Poesia Portuguesa. É co-autor do livro Glória e vida de três gigantes, sobre o Sporting Clube de Portugal, o Benfica e o F. C. Porto, editado em 1995. Publicou os seguintes livros: Iniciais (1981), Universário (1982), Transporte sentimental (1987), Jogos Olímpicos (1988), 1983 – Um resumo (1991), Leme de luz (1993), Mesa dos extravagantes (1997), As emboscadas do esquecimento (1999), De súbito (2001), Os guarda-redes morrem ao domingo (2002), O saco do adeus (2003) e Pedro Barbosa, Jesus Correia, Vítor Damas e outros retratos (2005). O livro Iniciais venceu, em 1980, o Prêmio Revelação da Associação Portuguesa de Escritores atribuído por um júri constituído por Armando Silva Carvalho, Fernando J.B. Martinho e Pedro Támen. A sua obra está referida no Dicionário de Literatura de Jacinto do Prado Coelho, da Editora Figueirinhas. Poemas seus são estudados nas universidades de Pádua e Veneza na cadeira “I linguaggio Del cálcio come cultura”. Colaborou no Dicionário Cronológico de Autores Portugueses do Instituto Português do Livro.
En el nombre del poemario significa trozo de corazón, en lengua bribrí. Pero no estamos ante un libro de poesía étnica, está de moda, advierto, sino ante uno de los más concretos aportes en poesía de Macarena Barahona Riera, en la plenitud de su enfrentamiento y disfrute del lenguaje, en una edición audaz y hermosa, con una muestra gráfica de Fabio Herrera, y un diseño no convencional de Viviana Ujueta. Es un encuentro de la escritora consigo misma y con las fuerzas de la naturaleza, desplegadas como parte de lo que se dice y sus resultados en su transformación interna. La autora está por vez primera en pleno dominio de un lenguaje de síntesis que, por lo explícito, nos remite a temas recurrentes en toda su poesía, pero esta vez definidos como dardos en busca de un blanco fluyente. No es tradicional esta poesía, en lo que tiene de uso del legado, sino que la autora escribe como lo desea, con una plena concepción del mundo, que varía, cambia, se expande o se constriñe, con el mar como motivo esencial y todos los elementos de la naturaleza encarnados en su mirada y en su cuerpo. El amor es visto como una fuerza torrencial, que abarca todos los elementos conocidos, y aquellos inventados, para darle fuerza a su manera de escribir. Es una poesía suelta, rápida, llena de objetos y pasiones, erotismo natural como el viento, que logra transgredir todos los límites. Pero eso no se queda detenido. De un poema a otro se van descubriendo las fuerzas naturales, el corazón de la tierra, el lenguaje de aire y los mitos ancestrales profundamente adentrados en su cosmogonía. Es un libro que propone una liberación de los sentidos, una superación de amores superpuestos, lejanos unos, más cercanos otros. Poesía antropófoga porque devora sustancialmente todos los cuerpos, para darle forma al futuro, que es la poeta misma sumergida en los mitos indígenas para asimilarlos, para hacerlos suyos sin ninguna previsión. Un libro para recrear esencias, escrito, suponemos, como un torrente y que puede leerse como un solo poema que termina frente y ante el mar, de costa a costa, aunque la fragmentación de los temas nos permite encontrar la singularidad de esa poesía. Algunos de los poemas son de antología, otros entre lo mejor que ha escrito la autora, en lo que pareciera el cumplir un ciclo para cerrar otro, a partir del Atlántico (1993), el cual auguraba la recuperación del paisaje externo, en relación con los sentimientos e ideas poéticas que éste provoca en Barahona Riera. La limpidez del texto, la síntesis de una propuesta estética que, plena de ideas ancestrales, se establece en el presente. Un libro hermoso, ilustrado en detalle, con extraños dibujos de Fabio Herrera, y en su propuesta ilustrativa. [Alfonso Chase]
A Escrituras Editora, dentro da Coleção Ponte Velha, edição apoiada pelo Ministério da Cultura de Portugal e pela Direcção-Geral do Livro e das Bibliotecas (DGLB), publica Tríptico a solo, de Maria Estela Guedes, com organização e prólogo de Floriano Martins e ilustrações de Eduardo Eloy. Tríptico a solo aproxima os gêneros teatro e relato de viagem, distantes apenas aparentemente, permitindo ao leitor observar como a autora os costura de forma substanciosa, agregando-lhes uma acentuada visão crítica, primeiramente através de depoimentos da própria autora, seguidos de uma entrevista em que complementamos abordagens, não sem deixar em aberto o tema para que o próprio leitor se enverede por suas raízes, matrizes, abismos. Aqui se reúne pela primeira vez este tríptico da dramaturgia de Maria Estela Guedes, e ela mesma comenta a respeito de cada uma das peças, a exemplo do que revela sobre Ofício de trevas: “na peça, a personagem feminina, Lucy, de Lúcifer, o anjo da rebelião, assume o seu próprio sacerdócio porque não acredita no alheio: nem no sacerdócio científico nem no religioso. O rito que ela lidera é poético: ela acredita na Poesia como interlocução divina, acredita na Palavra como portadora de Verdade”. Maria Estela Guedes – nascida em Britiande (Lamego), em 1947. Dramaturga, narradora, poeta, ensaísta e editora. Membro da Associação Internacional de Críticos Literários (AICL), da Associação Portuguesa de Escritores (APE), da Sociedade Portuguesa de Autores (SPA) e do Instituto S. Tomás de Aquino (ISTA). Investigadora no Centro Interdisciplinar de Ciência, Tecnologia e Sociedade, da Universidade de Lisboa (CICTSUL). Dirige aquela que, seguramente, pode ser considerada a mais importante publicação virtual existente em Portugal, TriploV, que atende tanto ao aspecto mais tradicional de uma revista de cultura quanto ao ambiente científico, uma vez que Maria Estela Guedes é também uma consistente investigadora científica. Nesta área destacam-se seus estudos sobre Naturalismo, desenvolvidos a partir do vínculo com o Centro Interdisciplinar de Ciência, Tecnologia e Sociedade da Universidade de Lisboa. Uma parcela desses estudos encontra-se reunida em um volume intitulado Lápis de carvão, publicado em 2005.
A poesia de Saúl Dias privilegia a fugacidade do cotidiano pelos meios mais despojados, mais diretos, mais envolventes. Cada um dos seus livros traz consigo, logo no título, uma espécie de frêmito que simultaneamente aponta e rodeia, se é que não mesmo exibe e oculta, o que há de mais secreto na sua inspiração. Trata-se invariavelmente de títulos muito simples, reduzidos quase sempre a uma única palavra. Mas a verdade é que cada uma de tais palavras ora lhe serve para, ironicamente, exprimir, em termos de quantidade ou de tempo, um como que espanto pelo fluxo da própria produção poética -- Tanto (1934), Ainda (1938) --, ora lhe permite indicar, do modo mais conciso e ao mesmo tempo mais esquivo, quer o que subjaz a essa mesma produção -– Sangue (1952), Gérmen (1960) --, quer o alvo para que incessantemente ela aponta – Essência (1973) --, quer ainda, como é o caso da coletânea Vislumbre (1979) --, o também esquivo ponto de vista pelo qual toda ela se tem realizado. O expressionismo de Saúl Dias tem raízes exógenas e desenvolvimentos pessoais que lhe conferem um estatuto de independência e de influência em relação ao ideário presencista, concebido em 1927 por José Régio. A consciência modernista do pintor, desde os primórdios da sua criação, sem prejuízo das atrações românticas e pré-rafaelitas que a modulam a par e passo, salvaguarda fundamentalmente a autonomia estética das formas visíveis, ou a existência de uma visibilidade do invisível, e sobrepõe à expressão vital uma expressão artística que não receia constituir-se em sistema particular, dotado de uma expressão retórica interna, mas aberta ao espaço exterior da pintura européia contemporânea. A originalidade de Saúl, no contexto presencista, advém do mergulho desassombrado nas águas revolutas do modernismo artístico, libertando a linguagem das suas simbologias tradicionais e usando a imaginação livre como meio de composição e reinvenção da leveza aérea das formas que pesam, esforço que teria transposição direta e inovadora para a poesia de Saúl Dias. Há um perfeito diálogo entre a obra poética de Saúl Dias e a obra plástica de Julio, dois nomes encarnados em uma só pessoa: Júlio Maria dos Reis Pereira (Portugal, 1903-1983), que vai além da simples atuação de dois pseudônimos. Poeta e pintor também coexistem em um mesmo plano estético. A plástica está representada por óleos, desenhos, aquarelas, com reconhecimento internacional, tendo participado de exposições históricas, a exemplo da Exposição dos Artistas Modernos Independentes – com Almada Negreiros, Vieira da Silva, Arpad Szenes, Mário Eloy, António Pedro (1936); da Exposição Internacional Surrealismo e Pintura Fantástica (organizada por Mário Cesariny e Carlos Martins, 1984); e Desenhos dos Surrealistas em Portugal, 1940-1966 (Porto, 1999).
Ediciones Andrómeda, bajo la responsabilidad editorial de Alfonso Peña, editó antes el primer volumen de esta serie sobre la narrativa josefina, y ahora nos presenta este segundo volumen: Otra Vuelta de Tuerca (¿En homenaje a Henry James?), ese cultor de los personajes y fantasmas de su tiempo, selección y prólogo de Tomas Saraví. El prólogo demuestra la capacidad de Saraví en descubrir la geografía oculta, para algunos, en nuestra capital, con esa prosa y esos giros que lo vuelven inconfundible, erudito, perspicaz y una especie de guía turístico, a lo Dante, llevándonos, de imagen en imagen, por los vericuetos de esta ciudad, que tan bien conoce y de la cual es cronista marginal. Oculta es una imagen real de la ciudad, en donde ocurren sucesos que nos toman desprevenidos, pero allí están. Con cantinuchas, callejuelas, avenidas y paseantes que son el testimonio vivo de que existimos realmente. No solo es el paisaje de una ciudad misteriosa solar, o sórdida, sino la acción interna de sus gentes, haciendo su vida al descampado, u ocultos en esos sitios en donde se habla de lo divino y lo profano, con la audaz propiedad de ser protagonistas, o simples personajes de ficción. Si se le lee en detalle, el prólogo es una especie de cuento, o un monólogo que es representado de manera clara y personal, buscando establecer puntos de partida y de no regreso, que luego encontraremos en las narraciones. Los escritores seleccionados son variados, distintos, cada uno con su estilo y su manera de narrar lo que miran, sienten o inventan. Myriam Bustos, Alfonso Peña, Adriano Corrales, Alberto Cañas, Guillermo Fernández, Alexander Obando, Laura Fuentes y el que esto escribe. Todos diferentes al momento de construir el cuento, de darle otra vuelta a la tuerca, perfilando personas, sucesos y sitios, algunos con apellidos del barrio: es decir nombres propios que son y pertenecen al aura que rodea este San José oculto. La Bustos retoma las pasiones insólitas, las relaciones entre Alvaro e Irene, y el narrador, descubriendo los elementos eróticos y emocionales de los otros personajes, en una especie de cuadratura del círculo que existe en esas parejas abiertas, que terminan cerrándose a su propia manera de entenderse. Es una imagen de un San José, y de una clase social determinada, jugando con las ideas, y llevándolas a la práctica, en el peligroso y gozante abismo de las relaciones peligrosas, Supuso y sabía, como término de la narración, nos adentra en un mundo que pareciera abrirse hacia los placeres de la mente, que son en verdad los de la carne. Todo en familia. Como lo expresa el título de la narración. La Amatista perfecta, de Alfonso Peña, e eso: una historia exacta sobre una mujer perfecta, la Condesa y sus extravagantes relaciones en nuestra ciudad, la que se va y vuelve, convertida en la viuda negra, en una ensoñación propia de la Oculta, y en donde pasado y presente nos definen la historia grotesca, con una joya colgando de un cuello, mitad real y todo ensoñación. Un cuento de extraña perfección verbal, imágenes oníricas, en la murmuración constante de una ciudad transformada en ruina femenina, que todos hemos creído ver deambulando. Adriano Corrales ha escrito un cuento que resume su idea de la narrativa en donde la acción predomina, más las costumbres propias de un sector de jóvenes mujeres, en una especie de alucinación del protagonista frente a un idilio, en donde mezcla experiencias personales y la fantasía de lo que se espera, y toma forma definitiva en Jota A, una especie de musa desquiciada a la cual el protagonista de vida y busca en la ausencia. Una acción que muestra las costumbres más emblemáticas de un sector de personas, las venturas y desventuras de un poeta y un final idiosincrásico. Es decir: feliz. Las nieves del tiempo, de Alberto Cañas es una joyita incrustada con ingenio, inteligencia y belleza, en donde se relata un encuentro posible, con el tiempo determinando una aventura, que empieza de nuevo, o una cita que se cierre para el protagonista y en donde la lejanía y la ausencia constituyen la esencia narrativa. Recompensas de Guillermo Fernández, es la historia de una periodista que busca las razones de un crimen y a un posible asesino, en los alrededores centrales de la capital. Está presentado de manera polivalente, con opiniones de quienes vieron, admiraron o repudiaron a un hombre llamado Pavarotti. Mendigo, indigente, pedigüeño, el idiota sensible de calles y aceras. El final, previsto, es sorprendente pero real. Un estudio detallado por medio de una periodista que indaga un crimen, convertido en anécdota y en las palabras fluyentes de una niña. Alexander Obando, con maestría, y siguiendo la línea de su narrativa, nos cuenta una historia en dos planos, en donde las dos protagonistas, Nikky y Krys, miran el cortejo funerario de Lady D. Es una descripción de los deseos, la decadencia de un mundo y dos cuerpos que se acercan o se separan, en la ilusión de estar y luego difuminarse. Un lenguaje rico en detalles, descripciones, con una frase final muy propia de la inteligencia de Obando: No existe en el mundo tierra más fértil que la de un cementerio. Tríptico, de Laura Fuentes, es un ejercicio de lenguaje y ficción. Es un cuento de múltiples cuentos posibles que se evapora entre el viento, la luna y un baúl ajeno, y propio, según sean las circunstancias. Un hermoso ejercicio de palabras. Y colorín colorado que el próximo libro sea: Amar en San José, Morir en la Oculta, Sobrevivir en la descubierta, Existir en la descampada. Etc. [Alfonso Chase] parceiros da agulha nesta seção
|
|
Livros para Agulha deverão ser
enviados aos editores, nos endereços a seguir: |
| AGULHA # 61 | ÍNDICE GERAL | BANDA HISPÂNICA | JORNAL DE POESIA |