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Revista de Cultura nº 4/5
 
Fortaleza/ São Paulo, novembro de 2000
 
POR UNA ECOLOGÍA DE LA CONDICIÓN HUMANA

Rodolfo Alonso

"...en medio de la desolación masificada,
yendo más allá de la concepción burda y simple
que estableció como valores universales
la riqueza, la fuerza y el éxito..."

Henry James

ag4alonso1.JPG (16065 bytes)Mi intensa y fecunda relación con la revista Poesía Buenos Aires fue, como dijo precisamente quien la hizo posible: Raúl Gustavo Aguirre, un hermoso momento de nuestras vidas. Compartíamos el despertar de nuestra juventud junto con el descubrimiento casi cotidiano de la mejor poesía, de aquí y de todas partes. Y esa clase de alimento nos nutría de una manera en absoluto apenas literaria. Como bien había expresado Tristan Tzara, pensábamos – y pienso todavía – que "la poesía es una manera de vivir". Fueron años de intensidad, de camaradería, de comunión, y su recuerdo me entibia la existencia.

Siendo yo entonces poco más que un adolescente, por añadidura introvertido y tímido, me hubiera resultado imposible imaginarme ofreciendo opiniones sobre tema semejante. Pero poco a poco, de ninguna manera en forma digamos académica, y más bien por propia deriva de mi ser, el compromiso de ejercer la crítica literaria como oficio me introdujo, casi sin pensarlo, en la reflexión sobre la poesía. Y ella a su vez me fue llevando a preocuparme por las características del lenguaje humano y su hondo significado en nuestra condición, en nuestra conciencia de nuestra condición. Cuando nos dolemos, no sin razón es claro, de la creciente carencia de repercusión, de la falta de digestión cultural en que cada vez más se va enrareciendo el ambiente donde aún alienta la poesía, y también de la poca exigencia, de la no demasiada calidad de la mucha poesía que se escribe, nos vemos obligados a plantearnos la cuestión no tan sólo como el problema de un género literario sino como un asunto sumamente grave y que afecta profundamente a toda la condición humana.

El lenguaje no es apenas un instrumento, un utensilio, un útil, sino que es el umbral mismo de la hominidad. El lenguaje nos hizo hombres, y durante siglos hemos vivido, lo supiéramos o no, inmersos en una civilización que estaba centrada en el lenguaje. Actualmente, y mucho me temo que no para bien, es posible que hayamos asistido sin darnos cuenta a una profunda mutación cultural, que para mí comenzó al concluir la segunda guerra mundial, junto con la siniestra bomba de Hiroshima, cuando empieza a instalarse planetariamente la sociedad de consumo que, con su manipulación cada vez más sutil y seductora (pero escasamente nutritiva) de los deseos y de las ansiedades de los hombres, ha modificado completamente nuestra existencia y nuestra visión del planeta y de nosotros mismos.

ag4alonso2.JPG (63789 bytes)A esa sociedad de consumo que puso como supremo paradigma la adquisición de objetos, la posesión de cosas, que ha vuelto prácticamente cosa a todo lo sagrado que había en el mundo, se le unió la fuerza hipnotizante de los cada vez más eficaces medios tecnotrónicos de difusión de masas, que han convertido al audio y al video en las nuevas estrellas dominantes del escenario mundial. Me gustaría no pecar de apocalíptico pero resulta muy difícil no advertir que esta nueva civilización del show, donde hasta el dolor más íntimo se vuelve espectáculo, nos ha convertido en espectadores solitariamente ensimismados frente a las pantallas mesmerizantes (aquellos Grandes Parientes de que ya hablaba Ray Bradbury en la década de los cincuenta), con lo cual las comunidades, los pueblos, no sólo se han ido masificando hasta lo inimaginable sino que han perdido casi completamente sus antaño espontáneas capacidades creadores de cultura.

Apenas consumidores, apenas receptores de los grandes ingenios tecnológicos de la industria cultural, nos faltaba una vuelta de tuerca y el último riesgo que comienza a hacerse patente es la pérdida tan acelerada como acentuada del uso del lenguaje. No sólo porque cada vez se lea y hasta se hable menos y peor, sino porque se ha perdido asimismo aquella saludable y espontánea vitalidad creadora, casi orgánica, que permitía hablar antaño de una lengua viva. Y cuando los hombres dejen de utilizar el lenguaje no habrán abandonado apenas un utensilio o un instrumento, que pueden sustituirse por otros, sino la esencia misma de su condición, lo que los hace hombres. ¿O acaso es casual que hayan desaparecido, por ejemplo, al mismo tiempo las rondas infantiles y las canciones de cuna?

ag4alonso3.JPG (64485 bytes)Pienso que resultaría preferible que fuese desde esta perspectiva, desde este ángulo que intentáramos encarar la crisis actual de la poesía en el mundo. No hubo ningún gran momento de la poesía, en toda su historia, que no haya tenido como correlato a una lengua efectivamente viva, así fuera minoritaria o sólo hablada. No es por casualidad, entonces que, ya antes de 1963, un escritor tan lúcido como Michel Butor podía afirmar, nítidamente, que "el poeta es aquel que tiene conciencia de que la lengua, y con ella todas las cosas humanas, está en peligro".

Después de la bienvenida insistencia con que los movimientos ecologistas han puesto el acento sobre los graves daños que cierto mal llamado progreso ha causado al único planeta que tenemos, ¿no habrá llegado el momento de plantearse también la necesidad de una conciencia ecológica acerca de los daños que ha venido corriendo también, al mismo tiempo, la condición humana?

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