revista de cultura # 46
fortaleza, são paulo - julho de 2005






 

Gerardo Chávez: a propósito de un autorretrato de memoria
(entrevista)

Carlos Henderson

.

Gerardo ChávezA Gerardo Chávez hace veinte años la Galeria degli Ufizzi de Florencia, le pidió un autorretrato como antes le había pedido a un número restringido de grandes maestros, por ejemplo, a Francis Bacon. Recién lo ha entregado. El renombrado pintor dice: he buscado que mi autorretrato no sea una reproducción que tenga ver con el parecido, he buscado expresar mi mundo interior. Admiración, empatía trasuntan estas líneas. [C.H.]

CH – Sé que hace buen tiempo la Galeria degli Ufizzi de Florencia estuvo reclamando tu autorretrato que últimamente has envíado. ¿Podrías decirnos por qué has tardado en entregarlo. Más aún si fuiste escogido entre los pintores contemporáneos importantes?

GC – Yo creo que para mí es un honor que hayan solicitado mi participación. En el primer momento que recibí la noticia hace más o menos veinte años, cuando expuse en Lima en el Museo de Arte Italiano, me pidieron que colaborara entregando un autorretrato a la Galeria degli Ufizzi de Florencia, pero lo tomé como una broma muy curiosa y no le hice caso. Pasó el tiempo, se me volvió a contactar, entonces comprendí que la cosa era seria.

CH – ¿Qué pintores han sido invitados?

GC – Estoy enterado que se está haciendo una colección de artistas del mundo del siglo veinte con autorretratos. Donde figuran dos o tres artistas por país. Tengo la impresión que la galeria degli Ufizzi quiere dar testimonio de estos pintores contemporáneos. Yo no sabría decirte qué otro pintor peruano ha sido invitado o seleccionado.

CH – Quisiera que nos des nombres de los que sepas que ya han entregado.

GC – Matta, Guayasamín y Seguí, por Argentina.

CH – Bacon, ¿crees que esté? Porque él hizo muchos autorretratos.

GC – Seguramente, seguramente. Yo creo que el francés Balthus también está. En fin, yo creo que es una selección de prestigio. Muy importante, muy importante. Para mí, resulta como un premio.

CH – Ahora te pido que nos describas el autorretrato. Pero antes te haré una pregunta, digamos, de fondo, ¿ese autorretrato tiene el cometido de romper con tu formación académica, con tus maestros primeros: Rembrandt, Goya, Delacroix, Ingres?

GC – Antes del autorrretrato, con fondo negro, hubo otras tentativas. Hice otros en que me miraba al espejo. Trataba de hacerme parecido. Estaba muy ganado por lograr el parecido. El parecido tiene un impedimento que no deja ver la parte interna de uno. Lo que me llevó a hacer varios esbozos, varios estudios para apartarme de la academia. En realidad me es muy difícil apartarme de las proporciones. Mi formación totalmente clásica me impide romper con ellas. Sin embargo por ahí pensé que después de esos estudios, de esos bocetos yo podía hacerme un autorretrato de memoria. Pensando en mí, pero ya sin mirarme al espejo. Bueno, de ahí nace la idea de hacer un autorretrato que escapa por ejemplo –ya visto como forma— a la forma de la cabeza, que se escapa del cuadro. Entonces yo elimino la parte superior del cuadro. Se ve el pelo blanco y la luz se transforma en una especie de nácar, de color blanco elaborado pero que en realidad ya se está viendo como pintura.

CH – El color nácar a la izquierda…

Gerardo ChávezGC – Así es. Así es. Y la sombra al lado derecho que me permite justamente jugar con la

parte grotesca del personaje. O sea yo he tratado que en esa parte oscura aparezca entre luz y entre sombra una nariz super ancha, unos ojos medio chinos, enrabiados, unos pómulos salientes, fuertes. Pero todo esto en una penumbra que permite tratar de entregar el misterio del personaje retratado. Entonces estoy describiendo ese autorretrato paralelamente como forma, como color y como misterio porque estoy creando una atmósfera exagerada, grotesca que va a permitir sentirlo como cuadro. Ya no como representación del parecido. Del parecido de Gerardo Chávez sino a través de esa forma verlo más como la intención de hacer un cuadro. Así es como llego a pintarme con un fondo negro…

CH – Pero el negro está matizado, entretejido de color…

GC – Cuando yo hablo de un color, por lo menos como lo elaboro, sería un color oscuro con tendencia a ser negro, ¿no es cierto? Pero en el fondo es oscuro porque yo trabajo con carmines, con verdes y esto produce sencillamente un tono oscuro que se dice negro.

CH – ¿Y ese rojo?

GC – Ese rojo es un pañuelo que siempre he llevado. Yo me ponía una nota de color para alegrarme o para verme mejor. No sé, en algo me alumbraba esa nota de color. Si no era un negro, un azul. Bueno, hablando un poco de esas formas… hago las manos que están en movimiento. Están como tratando de integrarse al mundo de las formas que yo siempre realizo en mis cuadros. O sea que he deformado esos dedos y les he dado un movimiento que

tiene que ver mucho con lo que yo trabajo. Con lo que trato de hacer. Vemos dedos…

CH – Hay que decirle al lector que el expectador ve cuatro manos…

GC – No. No necesariamente, pueden ser seis. Lo que pasa es que esa transparencia crea un movimiento. Hace parecer que yo he querido cruzar los brazos o que he querido dejar esas manos sobre una varilla roja. Esa varilla está allí para darle una nota fuerte de color. No, no. Creo yo que el espectador tiene que recibirlo, sentirlo como un cuadro. Ya no como Gerardo Chávez, ni los ojos azules que tengo… a veces cuando estoy mirando el mar.

CH – Se puede resumir diciendo que has querido romper con una serie de cánones académicos, de entregar el universo interno del personaje. ¿Podrías ampliar lo que acabo de manifestar?

Gerardo ChávezGC – No. Yo creo que aparentemente parece complejo.Por eso a la parte interna la denominas universo interno. No; no. La parte interna es lo que uno dice y hace cotidianamente. Es la parte interna lo que nos moviliza permanentemente. Yo creo que la parte interna de un artista es lo que nos permite tratar de acercarnos a la verdad íntegramente, puramente. No; no está demás que yo te describa el cuadro porque eso es exactamente como querer describirte a ti el por qué de un cuadro. Y eso ¿no es cierto?, no tiene sentido. Más bien trata de sentirlo. Y trata de entrar en él . De verlo como una obra de un anónimo más. Pero percibiendo la calidad y el sentimiento puesto en esa obra. Y eso es magia. Es magia. Lo que moviliza al espectador. 

CH – De acuerdo. Pero me parece que aquí hay algo contradictorio. Tu intención, me parece, es romper con tu formación académica, ¿no es cierto? Pero el lado derecho del cuadro es color nácar, el lado izquierdo es oscuro. Te pregunto, ¿no hay allí un claro oscuro? Muy propio del siglo XVII.

GC – Rembrandt como padre del clarooscuro lo ha expresado a través de sus obras perfectamente, pero no es mi caso. El clarooscuro del que tú hablas venía acompañado también del parecido. Y había el color de la piel. Sin embargo aquí no, aquí se ha transformado un color blanco. Un color blanco que tiene una luz como si hubiese llegado del interior. ¿Te das cuenta? Yo he utilizado la imaginación. Simplemente he querido ver claro y oscuro. Sin pretensión de ser un continuador de un movimiento de hace cinco siglos.

CH – Por cierto, no continuador. Tal vez, ¿destructor?

GC – Este cuadro tienes que verlo como un color ya no como luz. Ver un color que es luminoso, naturalmente. Nosotros no podemos romper con el academismo. Existe, está con uno. Lo que tratamos es de dar una versión mucho más libre. Uno tiene un esqueleto formado que es muy difícil romperlo. Por eso no es mi inquietud romper el academismo, o hacerlo que no exista. La verdad es que yo quisiera, más bien, que se mantenga esa especie de clasicismo del cual yo dependo. Pero que la obra internamente le entregue un impulso al espectador por la inquietud misma que ella nos proporciona. Quiero decir que cuando tú ves, por ejemplo, esa parte oscura de ese personaje, yo me disfrazo un poco de monstruo, ¿no es cierto?; yo estoy desproporcionando la anatomía. Y al mismo tiempo como que le estoy poniendo transparencias, un velo, una cortina, una manpara para que a través de todo ello podamos ver ese otro ser que tenemos dentro. En nosotros. Así como tenemos un poquito de Dios, tenemos un poquito del Diablo. ¿Has reparado en que los dos comienzan con una d?

CH – Muy intersante. No es mi fiuerte la cuestión sicológica y menos la teológica, sin embargo te preguntaría, ¿ todos tenemos un poco de diablo –comencemos por lo más probable-– y un poco de dios, un poco de monstruo y un poco de ángel?

GC – Me parece que sí. Cuando esto no mantiene su equilibrio, y ese poco de uno y ese poco del otro falta, hay la deformación y se establece una serie de injusticias y desequilibrios y guerras y cosas por el estilo. Se desequilibra el ser en su manera de pensar y de actuar.

CH – ¿Tu crees que la felicidad del hombre está en su armonía interior?

GC – En principio sí. Yo pienso que eso nos da una estabilidad. No el conformismo sino una estabilidad que nos permite jugar con ella, actuar libremente, tener una conciencia entre comillas tranquila. Pero, caramba, objetiva que te lleve a hacer cosas… a ser optimista…

Gerardo ChávezCH – Aquello de hacer cosas y ser optimista pertenece a la cultura occidental, no a la oriental, la que tú sin mencionarla la aludías..

GC – Efectivamente.

CH – La paz consigo mismo, la quietud interior… ¿Tú tratas de hacer una conjunción de esas dos visiones del mundo?

GC – No. Yo lo que trato, mira, es de estar frente a la vida. De tocar la vida con cualquiera de las herramientas: con mi pintura, con mi dibujo. Si puedo yo conjugar lo uno y lo otro, la paz interior y el actuar, el hacer cosas, en la medida de mis posibles, es a condición

que mi comportamiento sea recto.

CH – No hemos hablado de tu técnica pictórica…

GC – La técnica es lo que tú vives, lo que tú realizas… Uno no deja de ser un instrumento, siempre. Uno siente que detrás de uno mismo hay algo que parece superior.

CH – ¿Te parece que tú tratas de entregar una respuesta a este mundo que se pregunta y se pregunta y no deja de preguntarse adónde vamos?

GC – Honestamente, la pintura para mí es una herramienta. Es una profesión que me permite cuestionarme… la vocación interna está permanentemente cuestionándose. Pero dándole cabida al bienestar del ser. Sin eliminar la duda. Lo importante, sin embargo, para mí es sanar el hombre, para que este pueda ser lo más íntegro posible.

CH – ¿Sanar el hombre?

GC – Yo. Para comenzar.

Carlos Henderson (Peru, 1940). Poeta e tradutor. Autor de livros como En el pasado venías numerosa como un río (1980), El ojo de la piedra. Antología personal (1965-1990) (1991), e Vers la phrase infinie, Alès, L’attentive [Triptyque manuscrit bilingue. Version française de Bernard Noël] (2000). Contato: carlos.henderson@wanadoo.fr. Página ilustrada com obras do artista Gerardo Chávez (Peru).

RETORNO À CAPA ÍNDICE GERAL BANDA HISPÂNICA JORNAL DE POESIA