![]() |
|
revista
de cultura # 46 |
|
Gerardo Chávez: a propósito de un autorretrato de memoria Carlos Henderson
CH – Sé que hace buen tiempo la Galeria degli
Ufizzi de Florencia estuvo reclamando tu autorretrato que últimamente has
envíado. ¿Podrías decirnos por qué has tardado en entregarlo. Más aún
si fuiste escogido entre los pintores contemporáneos importantes? GC – Yo creo que para mí es un honor que hayan
solicitado mi participación. En el primer momento que recibí la noticia
hace más o menos veinte años, cuando expuse en Lima en el Museo de Arte
Italiano, me pidieron que colaborara entregando un autorretrato a la
Galeria degli Ufizzi de Florencia, pero lo tomé como una broma muy
curiosa y no le hice caso. Pasó el tiempo, se me volvió a contactar,
entonces comprendí que la cosa era seria. CH – ¿Qué pintores han sido invitados? GC – Estoy enterado que se está haciendo una
colección de artistas del mundo del siglo veinte con autorretratos. Donde
figuran dos o tres artistas por país. Tengo la impresión que la galeria
degli Ufizzi quiere dar testimonio de estos pintores contemporáneos. Yo
no sabría decirte qué otro pintor peruano ha sido invitado o
seleccionado. CH – Quisiera que nos des nombres de los que sepas
que ya han entregado. GC – Matta, Guayasamín y Seguí, por Argentina. CH – Bacon, ¿crees que esté? Porque él hizo
muchos autorretratos. GC – Seguramente, seguramente. Yo creo que el
francés Balthus también está. En fin, yo creo que es una selección de
prestigio. Muy importante, muy importante. Para mí, resulta como un
premio. CH – Ahora te pido que nos describas el
autorretrato. Pero antes te haré una pregunta, digamos, de fondo, ¿ese
autorretrato tiene el cometido de romper con tu formación académica, con
tus maestros primeros: Rembrandt, Goya, Delacroix, Ingres? GC – Antes del autorrretrato, con fondo negro,
hubo otras tentativas. Hice otros en que me miraba al espejo. Trataba de
hacerme parecido. Estaba muy ganado por lograr el parecido. El parecido
tiene un impedimento que no deja ver la parte interna de uno. Lo que me
llevó a hacer varios esbozos, varios estudios para apartarme de la
academia. En realidad me es muy difícil apartarme de las proporciones. Mi
formación totalmente clásica me impide romper con ellas. Sin embargo por
ahí pensé que después de esos estudios, de esos bocetos yo podía
hacerme un autorretrato de memoria. Pensando en mí, pero ya sin mirarme
al espejo. Bueno, de ahí nace la idea de hacer un autorretrato que escapa
por ejemplo –ya visto como forma— a la forma de la cabeza, que se
escapa del cuadro. Entonces yo elimino la parte superior del cuadro. Se ve
el pelo blanco y la luz se transforma en una especie de nácar, de color
blanco elaborado pero que en realidad ya se está viendo como pintura. CH – El color nácar a la izquierda…
parte grotesca del personaje. O sea yo he tratado
que en esa parte oscura aparezca entre luz y entre sombra una nariz super
ancha, unos ojos medio chinos, enrabiados, unos pómulos salientes,
fuertes. Pero todo esto en una penumbra que permite tratar de entregar el
misterio del personaje retratado. Entonces estoy describiendo ese
autorretrato paralelamente como forma, como color y como misterio porque
estoy creando una atmósfera exagerada, grotesca que va a permitir
sentirlo como cuadro. Ya no como representación del parecido. Del
parecido de Gerardo Chávez sino a través de esa forma verlo más
como la intención de hacer un cuadro. Así es como llego a pintarme con
un fondo negro… CH – Pero el negro está matizado, entretejido de
color… GC – Cuando yo hablo de un color, por lo menos
como lo elaboro, sería un color oscuro con tendencia a ser negro, ¿no es
cierto? Pero en el fondo es oscuro porque yo trabajo con carmines, con
verdes y esto produce sencillamente un tono oscuro que se dice negro. CH – ¿Y ese rojo? GC – Ese rojo es un pañuelo que siempre he
llevado. Yo me ponía una nota de color para alegrarme o para verme mejor.
No sé, en algo me alumbraba esa nota de color. Si no era un negro, un
azul. Bueno, hablando un poco de esas formas… hago las manos que están
en movimiento. Están como tratando de integrarse al mundo de las formas
que yo siempre realizo en mis cuadros. O sea que he deformado esos dedos y
les he dado un movimiento que tiene que ver mucho con lo que yo trabajo. Con lo
que trato de hacer. Vemos dedos… CH – Hay que decirle al lector que el expectador
ve cuatro manos… GC – No. No
necesariamente, pueden ser seis. Lo que pasa es que esa transparencia crea
un movimiento. Hace parecer que yo he querido cruzar los brazos o que he
querido dejar esas manos sobre una varilla roja. Esa varilla está allí
para darle una nota fuerte de color. No, no. Creo yo que el espectador
tiene que recibirlo, sentirlo como un cuadro. Ya no como Gerardo Chávez,
ni los ojos azules que tengo… a veces cuando estoy mirando el mar. CH – Se puede resumir diciendo que has querido
romper con una serie de cánones académicos, de entregar el universo
interno del personaje. ¿Podrías ampliar lo que acabo de manifestar?
CH – De acuerdo. Pero me parece que aquí hay algo
contradictorio. Tu intención, me parece, es romper con tu formación académica,
¿no es cierto? Pero el lado derecho del cuadro es color nácar, el lado
izquierdo es oscuro. Te pregunto, ¿no hay allí un claro oscuro? Muy
propio del siglo XVII. GC – Rembrandt como padre del clarooscuro lo ha
expresado a través de sus obras perfectamente, pero no es mi caso. El
clarooscuro del que tú hablas venía acompañado también del parecido. Y
había el color de la piel. Sin embargo aquí no, aquí se ha transformado
un color blanco. Un color blanco que tiene una luz como si hubiese llegado
del interior. ¿Te das cuenta? Yo he utilizado la imaginación.
Simplemente he querido ver claro y oscuro. Sin pretensión de ser
un continuador de un movimiento de hace cinco siglos. CH – Por cierto, no continuador. Tal
vez, ¿destructor? GC – Este cuadro tienes que verlo como un color ya
no como luz. Ver un color que es luminoso, naturalmente. Nosotros no
podemos romper con el academismo. Existe, está con uno. Lo que tratamos
es de dar una versión mucho más libre. Uno tiene un esqueleto formado
que es muy difícil romperlo. Por eso no es mi inquietud romper el
academismo, o hacerlo que no exista. La verdad es que yo quisiera, más
bien, que se mantenga esa especie de clasicismo del cual yo dependo. Pero
que la obra internamente le entregue un impulso al espectador por la
inquietud misma que ella nos proporciona. Quiero decir que cuando tú ves,
por ejemplo, esa parte oscura de ese personaje, yo me disfrazo un poco de
monstruo, ¿no es cierto?; yo estoy desproporcionando la anatomía. Y al
mismo tiempo como que le estoy poniendo transparencias, un velo, una
cortina, una manpara para que a través de todo ello podamos ver ese otro
ser que tenemos dentro. En nosotros. Así como tenemos un poquito de Dios,
tenemos un poquito del Diablo. ¿Has reparado en que los dos comienzan con
una d? CH – Muy intersante. No es mi fiuerte la cuestión
sicológica y menos la teológica, sin embargo te preguntaría, ¿ todos
tenemos un poco de diablo –comencemos por lo más probable-– y un poco
de dios, un poco de monstruo y un poco de ángel? GC – Me parece que sí. Cuando esto no mantiene su
equilibrio, y ese poco de uno y ese poco del otro falta, hay la deformación
y se establece una serie de injusticias y desequilibrios y guerras y cosas
por el estilo. Se desequilibra el ser en su manera de pensar y de actuar. CH – ¿Tu crees que la felicidad del hombre está
en su armonía interior? GC – En principio sí. Yo pienso que eso nos da
una estabilidad. No el conformismo sino una estabilidad que nos permite
jugar con ella, actuar libremente, tener una conciencia entre comillas tranquila.
Pero, caramba, objetiva que te lleve a hacer cosas… a ser optimista…
GC – Efectivamente. CH – La paz consigo mismo, la quietud interior…
¿Tú tratas de hacer una conjunción de esas dos visiones del mundo? GC – No. Yo lo que trato, mira, es de estar frente
a la vida. De tocar la vida con cualquiera de las herramientas: con mi
pintura, con mi dibujo. Si puedo yo conjugar lo uno y lo otro, la paz
interior y el actuar, el hacer cosas, en la medida de mis posibles, es a
condición que mi comportamiento sea recto. CH – No hemos hablado de tu técnica pictórica… GC – La técnica es lo que tú vives, lo que tú
realizas… Uno no deja de ser un instrumento, siempre. Uno siente que
detrás de uno mismo hay algo que parece superior. CH – ¿Te parece que tú tratas de entregar una
respuesta a este mundo que se pregunta y se pregunta y no deja de
preguntarse adónde vamos? GC – Honestamente, la pintura para mí es una
herramienta. Es una profesión que me permite cuestionarme… la vocación
interna está permanentemente cuestionándose. Pero dándole cabida al
bienestar del ser. Sin eliminar la duda. Lo importante, sin embargo, para
mí es sanar el hombre, para que este pueda ser lo más íntegro posible. CH – ¿Sanar el hombre? GC – Yo. Para comenzar. |
|
Carlos Henderson (Peru, 1940).
Poeta e tradutor. Autor de livros como En el pasado venías numerosa como un río (1980), El ojo de la piedra. Antología personal
(1965-1990) (1991), e Vers la phrase infinie,
Alès, L’attentive [Triptyque manuscrit bilingue. Version française de
Bernard Noël] (2000). Contato: carlos.henderson@wanadoo.fr.
Página ilustrada com obras do artista Gerardo
Chávez (Peru). |
| RETORNO À CAPA | ÍNDICE GERAL | BANDA HISPÂNICA | JORNAL DE POESIA |