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revista de cultura # 37 - fortaleza, são paulo - janeiro de 2004 |
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Conversación con Mario Maffioli y Fábio Herrera: dos exponentes de la pintura contemporánea Alfonso Peña
AP - ¿Cómo dan
ustedes “el salto a la pintura contemporánea”? FH - Pienso que siempre fui
pintor, desde niño ya era pintor, y no sé qué sentido estilístico y de
contemporaneidad tenía ser pintor desde niño en un valle, en un pueblo
de Costa Rica. Cuando ingresé a la Universidad tuve que someterme al
rigor académico, lo cual representa un período formativo. Se da, por una
parte, la necesidad de cumplir las normas pedagógicas y, a la vez con las
inquietudes personales de creatividad... Es como una competencia interna.
Cuando abandoné la Universidad me consideré libre de nuevo y retomé
plenamente mi senda personal. Tras un viaje de tres años de estudio y
trabajo por Barcelona, al regresar a Costa Rica sentí que mis
expectativas artísticas eran mayores. Tenía un interés muy profundo en
vivir, en experimentar e involucrarme con un sentido contemporáneo del
arte. MM - Para mí ser un artista
contemporáneo es una actitud, una esencia que conduce a visualizar la
totalidad del quehacer artístico. Haber realizado estudios en la
Universidad de Costa Rica y luego tener la oportunidad de vivir en Nueva
York dedicado casi exclusivamente a analizar las diferentes tendencias del
arte actual, me permitió llegar a una conclusión en lo que se refiere a
la pintura contemporánea. La pintura de hoy se alimenta de las
experiencias más inmediatas, como son las instalaciones, el manejo de los
espacios, de los espacios específicos y del arte conceptual. Intentaré
una síntesis: pintura contemporánea es aquella en la que el artista
logra hacer que las cosas difíciles parezcan fáciles. AP - En ese “ir y venir” por
los recovecos de la pintura, por los senderos del arte contemporáneo,
podría resultar interesante hablar de artistas regionales e
internacionales que, de algún modo, hayan incidido consistentemente en el
desarrollo de su trabajo artístico. FH - Si hablamos de los
inicios de nuestro trabajo, a finales de los sesenta y principios de los
setenta consideramos que aún no había en el país mucha afluencia de
arte internacional... Como se sabe, “el arte se nutre del arte”; las
exposiciones que presenciamos en el país son las que nos han alimentado,
las que nos han dado una visión muy cercana de lo que podríamos
considerar como una identidad latinoamericana, o una conciencia regional.
Creo que en el caso de artistas como Rufino Tamayo y José Luis Cuevas, lo
mismo que la pintura abstracta nicaragüense, y mucho más cerca la
“Generación Nacionalista” de Costa Rica, cuando estos pintores
descubrieron que el paisaje era inmenso y el ser humano era pequeño en
relación al paisaje. Todo este aprendizaje de enseñanzas y proporciones
hace que uno como artista adquiera una clara conciencia y se maneje en
estos parámetros de influencias regionales muy cercanas. MM - He recibido una
influencia directa de mis contemporáneos costarricenses, particularmente
de los integrantes del Grupo Bocaracá, del pintor Fabio Herrera; me
interesa sobremanera la pintura matérica española. podría citar también
a los pintores contemporáneos alemanes, artistas como Gerhard Richter que
no ha demostrado desinterés por el espíritu de la vanguardia que se ha
transformado en una manera “retro” de analizar el arte, porque ya no
es la intención de crear algo nuevo, sino la intención de recopilar el
conocimiento, y eso para mí es muy importante. AP - Cuando hablamos de la
generación de los setenta de Costa Rica, a pesar de lo gastado de la
etiqueta, me parece que es un momento de ruptura dotado de antecedentes
históricos, como por ejemplo el legendario Grupo de los Ocho... Se ha
expresado en repetidas ocasiones que ellos son los que sepultan viejos
moldes y se abren a las nuevas tendencias en el arte y en el modo de
apreciar la cultura, de sacar el arte de las casas de “rancio
abolengo” y de llevarlo al pueblo, a las mayorías... ¿Están de
acuerdo? FH - Definitivamente, el
Grupo 8 ejerció una influencia muy poderosa y fue importante todo lo que
ellos intentaron e hicieron para remover en el país, y me atrevo a decir
que en Centroamérica, por la influencia que ellos ejercieron en otros
artistas del resto de Centroamérica. Recordemos que Costa Rica empezó a
ser un centro de interés cultural y artístico... Aquí se gestaban
cambios en políticas culturales, en dar el interés que requiere la
cultura en un país que anteriormente se preocupaba muy poco por estas
manifestaciones. Recordemos los grupos de poetas, Jorge De Bravo con los
poetas turrialbeños... La edición de libros y revistas... Las Bienales
Centroamericanas... Las visitas al país de artistas de la talla de José
Luis Cuevas, Fernando de Szyszlo, Armando Morales, Ramírez Amaya (que
estaba establecido en San José), entre otros. En esa misma época
empezaron a llegar al país las diásporas de Centroamérica y del Sur del
continente. Como consecuencia de ese fenómeno social llegaron artistas y
personas de cultura que, de una u otra manera, se identificaron y
reafirmaron los postulados del Grupo de los Ocho. En aquellos años los
integrantes del grupo 8 eran artistas establecidos, y curiosamente, desde
sus inicios fueron “artistas míticos”. A nosotros, como pintores jóvenes,
nos costaba desarrollarnos un poco más, pero el panorama tenía muchos
espacios desocupados... Aquello era como una eclosión y, verdaderamente,
fue muy agradable y eficaz ser parte de la renovación de lo que el arte y
la cultura costarricense daban señales... MM - Yo destaco, en el Grupo
8, la demostración de la democracia interna. Eso nos da a entender un
reflejo social de lo que puede suceder en un país como el nuestro. Ellos
se unieron no por lineamientos conceptuales sino con el afán de derrumbar
viejos preceptos que aun en aquellos años persistían. Ellos hicieron un
arte joven, nuevo y de ruptura. Eso es una demostración muy llamativa
para nosotros, que somos generaciones contemporáneas, y sin dudarlo,
seguimos su ejemplo en el sentido de trabajar no en función del mercado,
y mucho menos de las “directrices” que tratan de imponer los museos y
los curadores, sino con el objetivo de crear un arte libre. AP - En anteriores ocasiones
hemos abordado la conversación en torno a un artista integral, rebelde,
dotado de un revolucionario genio artístico: Max Jiménez. Sería
interesante ampliar esos conceptos desde una óptica objetiva, sus aportes
a nivel nacional y latinoamericano. ¿Para ustedes cuál es el significado
de Max Jiménez y su obra? FH - Siempre he tenido la
impresión de que Max Jiménez fue un artista que murió a mitad de su
carrera. Nunca he entendido por qué tenía que desaparecer tan joven,
aunque en el momento de su fallecimiento tenía una obra respetable y
admirable. Y conforme pasa el tiempo y con la perspectiva de los años,
observamos que es un artista “fuera de serie”; en mi caso personal lo
admiro y su trabajo despierta en mí muchas expectativas, y sé que
existen muchos motivos de análisis sobre su obra, que abarcó diferentes
géneros: la poesía, la narrativa, la escultura, la pintura, el grabado.
Fue un artista muy completo; tenía muy claros sus principios como artista
y también era un hombre bastante ordenado. Así es como publicó sus
libros. Todo eso le dio un espacio específico en la producción de los
diversos géneros que abarcó. Fue un artista escéptico, contestatario
con la sociedad. Tuvo muy clara su posición moral y estética como
artista. Vivió en diferentes países y eso le dio una perspectiva
bastante clara; el hecho de dialogar y compartir con artistas de prestigio
internacional lo acercó de una manera diáfana al arte de la época en
que le correspondió vivir. Max Jiménez fue un artista que palpó de una
manera sardónica e irónica la sensibilidad costarricense y, por lo
tanto, no fue muy bien visto en su época. Fue un artista muy avanzado;
contemporáneo de su tiempo. Fue relegado por el oficialismo costarricense
y se le llegó a considerar un renegado. A mí me duele que no hubiera
podido completar su carrera artística porque hoy sería uno de los
grandes artistas universales. El hecho de que su obra se haya concentrado
en pocas manos ha incidido en la poca difusión y conocimiento que existe
sobre él. En los últimos años se han realizado valiosos esfuerzos de
parte de algunas editoriales y se ha reconocido su trabajo por medio de la
edición y publicación de sus obras completas y una retrospectiva que
actualmente viaja por importantes capitales mundiales. En algún momento,
Max tendrá una consideración más amplia de parte del público; los
artistas latinoamericanos y de otros continentes tendrán que ponerle más
atención a su mensaje y a su obra. MM - Max Jiménez es el símbolo
de lo que tiene que ser un artista. Pasión por el arte, rebeldía contra
la sociedad, y un sentido innovador de apreciación del entorno y de la
vida. Para mí es un genuino artista y está colocado en la gama de los
auténticos y honestos. AP - Ámbitos de trabajo en
los últimos años: Madrid y Nueva York. ¿Podrían contar algo de esa
experiencia? FH - Madrid y Barcelona,
después de un período de mucha controversia, de luchas, de volver a
conseguir lo que habían perdido, recientemente se han abierto al mundo y
han iniciado el diálogo del arte español y el arte internacional. No
solo a nivel europeo, sino también realmente a nivel internacional. Uno
como artista se sorprende de ver cómo hay una buena aleación entre lo
que representa el espíritu español y el espíritu contemporáneo
universal. Ahi se afinca el crisol de culturas y, en este momento, se está
convirtiendo en un escenario de cuantía internacional, con una excelente
vitalidad, y que atrae notablemente. MM - Nueva York es sinónimo
de cosmopolitismo. No tiene acento propio. Su acento es la fusión de
culturas de todo el mundo. Ir a esta ciudad a enfrentarse al arte no es
sencillamente apreciar el arte contemporáneo, también se tiene acceso al
arte universal de todos los tiempos. Ésa fue una de las principales
valoraciones que hice estando allí. Me sorprende, de la población
neoyorquina, cómo sus habitantes, por instinto o por “necesidad”
mantienen una cercanía profunda con el arte: el diseño de la cosas, el
uso de los materiales, el conocimiento de los artistas... AP - Me imagino que al
enfrentarse con un mercado artístico como el de Nueva York, tuvieron que
replantear su propio trabajo: cómo renovar y cómo evolucionar con
respecto a las tendencias del arte de vanguardia. ¿Cómo fue el
desarrollo del trabajo artístico si consideramos el plano técnico? FH - En el arte, en algunas
ocasiones, se dice que el aspecto técnico se puede descuidar o dejar de
lado, y que el contenido, la idea, lo que se comunica es lo más
importante. Si estamos hablando de Nueva York, o si hablamos de una ciudad
importante donde el arte es considerado como “un producto
trascendente”, la calidad es fundamental y ésta va de la mano de la técnica.
Cuando conversamos de calidad, estamos hablando de competencia, y cuando
hablamos de competencia nos remitimos a la búsqueda colectiva de otros
artistas... Y esto nos lleva “a la oferta y a la demanda” quien no
tiene la suficiente calidad y el rigor necesario queda fuera de juego. Más
si tomamos en cuenta que en el mundo de hoy “nadie engaña a nadie”;
prácticamente no existen los secretos. La calidad está en la atmósfera.
Ninguna persona interesada en arte quiere poseer mediocridades. MM - Durante años trabajé
de una manera bastante dirigida, como pintaron los pintores de la escuela
de Nueva York, que es flat directamente sobre el piso, con cuatro
sentidos diferentes que simbolizan los puntos cardinales y el de uno mismo
viendo la obra extendida sobre el suelo. En la actualidad he
“descubierto” el caballete que creo que es un invento del
Renacimiento; eso me ha dado otra visión. Es redescubrir algo que
anteriormente yo consideraba como si no existiera, que es un recurso técnico
tan fantástico como el caballete; algo insólito para un pintor contemporáneo... AP - Siempre me ha llamado la
atención, cuando estoy de paso por sus talleres, de ver a Mario pintando
con piedras, piedras precolombinas; observo a Fabio utilizando brochas
gigantes, algunos extraños instrumentos, etc. ¿Ustedes, como pintores
consolidados, cómo perciben la experimentación en la obra de arte...? FH - La experimentación se
da en el estudio. El estudio está conformado por cuatro paredes y un
techo, Puede que un haz de luz se filtre por alguna pared; se puede dar el
caso de que un vecino pase por ahí y que, tal vez, al quedar una puerta
abierta pueda percibir algún retazo de paisaje. Pero, en realidad, el
taller es un lugar simbólicamente cerrado. Es un lugar donde el artista
se protege a sí mismo para que sus ideas no salgan de ahí y él tenga
amplia libertad para poder crear. Las artes plásticas son artes físicas,
son artes que requieren trabajo manual, trabajo del cuerpo. Y en el arte
contemporáneo, del modo como se pinta, muchas veces se tiene que utilizar
una extraordinaria energía. Yo voy al estudio como si fuera a un campo de
batalla y sé que tengo que hacer acopio de cualquier elemento para
desarrollar mi trabajo. Utilizo enormes brochas, gigantescos tarros de
pintura, exorbitantes cantidades de material, cientos de metros de tela,
cantidades industriales de soporte. Lo que se libra es como una guerra...
a veces a favor y otras en contra de uno mismo. En realidad, no lo sé.
Cuando considero que el trabajo está terminado, viene el análisis de si
es una obra subjetiva, conceptual, etc Muchos artistas trabajan
conscientemente sus proyectos; en mi caso, la mayoría de las veces actúo
de una manera intuitiva, casi salvaje. Me dejo llevar por mis impulsos,
por mis necesidades primigenias.
AP - Fabio y Mario, caminantes
incansables, atentos a los cambios políticos, económicos y artísticos
que ocurren en el planeta en los albores de este nuevo milenio, ¿cómo
perciben el panorama artístico mundial? FH - En mi último viaje,
que fue muy denso, en el cual participé en un apretado itinerario de
trabajo y estuve involucrado con galerías, exposiciones, proyectos artísticos,
trabajo, artistas. Con todo ese tráfago no experimenté agotamiento; no,
más bien pude experimentar la gran efervescencia artística que existe en
este momento. Todos los involucrados quieren destacar en ese ámbito y hay
mucho público interesado, con grandes expectativas con respecto a lo que
ocurre en los diferentes países. De un momento a otro tomé la decisión
de quedarme en el país, y aquí he permanecido bastantes días, meses y años.
Aún no tengo deseos de salir, no me seduce volver a salir; no me interesa
lo que está sucediendo. Cuando alguien me cuenta, no pongo atención.
Ahora viajo por mi propio trabajo, por mi propio mundo y eso me da
seguridad en lo que hago. MM - Me interesa enfatizar
lo siguiente: en la actualidad se manejan dos planos de historia del arte,
el primer plano está relacionado directamente con la cultura, con la
sociedad, con el quehacer humano; es un producto y un reflejo claro y
directo de lo que ocurre en la sociedad. El segundo plano es la
historia del arte del mercadeo, en la cual están implantados algunos
curadores, y en donde hay una “mafia”, un complejo circuito de
curadores internacionales. ¡Mucho cuidado, América Latina! No seamos una
vez más un espurio fulgor de mercado para crear artistas artificiales y
promocionarlos y venderlos a los coleccionistas internacionales. AP - Ustedes no se limitan
solo a pintar, se conoce de su trabajo social; promueven reuniones y
encuentros, participan de proyectos artísticos, laboran en ediciones gráficas,
son numerosos sus libros y catálogos, hace quince años fundan un grupo
de arte contemporáneo. ¿De dónde surge el embrión para formar Bocaracá?
FH - Con mis amigos y compañeros generacionales, medito y analizo con respecto a la práctica del arte, lo que es personal, los diferentes matices narcisistas de cada uno, de verse a sí mismo, y de tratar de ocupar una parte importante en los escenarios de hoy, de tener las luces y los focos puestos. A veces me pregunto sobre un grupo como el de nosotros, Bocaracá, conformado por 10 artistas, que hemos trabajado juntos por 15 años, cómo hemos coexistido y sobrevivido. Creo que eso sucede cuando un grupo se permite a sí mismo, volverse competitivo y que cada uno estimule a los otros en su desarrollo artístico y personal. Eso es lo que nos ha permitido llevar adelante muchos de nuestros sueños y proyectos.
MM - En el caso del Grupo
Bocaracá es muy atractivo e interesante el fenómeno de cómo diez
personas tan diferentes, de grupos étnicos tan diversos, de credos
distintos, podamos trabajar juntos en pos de conseguir o lograr una meta
que es la creación de una atmósfera artística en Costa Rica, que tenga
un sello meramente costarricense con un tamiz internacional. Entonces
Bocaracá ha encontrado muchas dificultades, pero, definitivamente, el
hecho de producir y trabajar en grupo significa dejar de lado las
ambiciones personales para alcanzar metas. FH - Bocaracá fue como un
milagro. Hay que considerar que nació a finales de los ochenta,
exactamente en 1988. El panorama centroamericano era muy confuso. Los
tambores de la guerra continuaban tronando. En Costa Rica, dentro de la
relativa paz que existía las inquietudes artísticas seguían latentes.
Hubo personas como Mario Maffioli y Ana Martén en ese panorama, al igual
que los otros, que no sabíamos realmente qué era lo que estaba
sucediendo, cuál era la posición del ministerio de Cultura, ni vislumbrábamos
el futuro. En el momento en que se estableció Bocaracá, pensamos que
trabajaríamos con una proyección internacional. Nos costó muchísimo.
Poco a poco se obtuvieron frutos importantes. MM - Uno de los factores más
importantes que presenta Bocaracá es que es un grupo de autogestión. No
somos financiados, ni representamos ninguna ideología, ni somos una
tendencia vanguardista. Bocaracá se puede enfocar como el interés de
varias personas en reunirse para tener más posibilidades creativas,
descubrir nuevos horizontes; una actitud abierta nos ha llevado como grupo
a descubrir lo que es el “gran mundo del arte”. Un mundo muy
complicado, lleno de trabas y trampas, donde los asuntos económicos
prevalecen por encima del mismo arte, situaciones políticas, pagos de
favores, situación que no se da dentro del grupo Bocaracá. Nosotros
trabajamos con amor y hemos tenido suerte y conseguimos algunas cosas. Es
quizás esa actitud la que nos ha abierto puertas en diferentes lugares
del mundo. AP - Para celebrar los
quince años de Bocaracá, además de exposiciones, charlas, y otras
importantes actividades, el Grupo publicó un libro que presenta una dinámica
visión de la obra realizada. FH - Tardamos 15 años haciéndolo.
Cuando me entregaron el primer ejemplar impreso me vine a mi estudio, me
encerré y me puse a leerlo y a darle una ojeada preliminar. Pienso que el
libro es un documento bastante completo de nuestro trabajo. Contiene
textos, imágenes, tiene un diseño muy acertado. MM - El libro es el
testimonio. Nosotros estamos configurados de momentos efímeros. El libro
es la memoria impresa del grupo. Representa el esfuerzo de 10 personas a
lo largo de década y media de trabajo y de lucha compartida. Esto es algo
muy hermoso tanto para nosotros, como para el público que nos apoya y
cree en nosotros. AP - Volviendo a la actividad de
ustedes dos, que siempre sorprenden con sus iniciativas, ¿cuáles son los
nuevos proyectos? FH - Estamos muy cerca de
trasladarnos a vivir y a trabajar en Nicaragua. Vamos a trabajar con
comunidades marginales. Con niños de barrios humildes. Es un proyecto muy
atractivo. Trata de contactar a esos niños con los que tienen mayores
posibilidades. Para que aunados trabajen, elaboren y pinten murales en las
escuelas públicas de Nicaragua. Nosotros vamos a asesorar este proyecto;
Mario y yo trabajaremos íntegramente en este programa y estamos muy
optimistas con esta oportunidad. Este proyecto será financiado por la
empresa privada y algunas asociaciones comunales nicaragüenses. Como se
puede vislumbrar, es un proyecto ambicioso y oneroso. Nosotros creemos en
un gran resultado. Es inmensa nuestra fe con respecto al semillero de
artistas que se va a consolidar en Nicaragua; ya sabemos que este país es
una tierra de artistas, es un país maravilloso que ha sufrido por las
guerras, los desastres naturales y demás causas. Hemos estado allí
muchas veces y hemos sufrido y observado el deterioro material y moral que
ha sufrido ese país. Creemos que no es justo que los niños tengan que
pagar esto y que ahora, con una buena asesoría y buenos patrocinadores
económicos y culturales, se puede lograr que estos niños tengan la opción
de desarrollarse en el ámbito del arte. Que pinten, que hagan murales a
gran escala, que contribuyan a una nueva pintura nicaragüense. AP - Con respecto a la pintura
abstracta, tengo entendido que ustedes vienen experimentando una nueva
modalidad. ¿Podrían agregar algo más a este tema? FH - Venimos trabajando la
pintura abstracta por más de 15 años. Maffioli a su manera, yo a la mía.
Creo que él, dicho grosso modo, es un pintor muy racional, formal, muy
serio, aunque algunas veces sus pinturas digan lo contrario. Hay como una
dualidad conceptual, en la cual él es muy serio y profundo y analítico
como artista, pero ya terminada la pintura el resultado es de una gran
libertad, emocional y explosiva. Yo, por el contrario, soy muy espontáneo
a la hora de pintar pero, al final, mi pintura no es tan explosiva y posee
fundamentos racionales en el resultado final. ¿Qué es lo que impera, la
locura o la racionalidad? ¿O existe el tejido traslapado entre una y la
otra? Es como hablar de una dialéctica continua. Toda esta interacción se
realiza en el estudio, como dijimos anteriormente, cuatro paredes y un
techo. Pero, ¿qué sucede, cuando salimos a pintar al paisaje de nuevo,
pero no a pintar como lo hacían los pintores expresionistas, ni a pintar
como lo hacían los paisajistas naturalistas, sino a pintar en el paisaje
como pintores abstractos? Este descubrimiento de Mario Maffioli está
dando muy buen resultado. Tenemos menos de un año de explorar en esta
nueva modalidad y nos damos cuenta de que la pintura se libera; que cuando
encuentra el aire respira, que los colores vibran de nuevo, en otra atmósfera,
en otro sentido. Eso nos sucede como pintores: creíamos que teníamos
toda la libertad y ahora no sabemos qué hacer con tanta libertad. MM - Es una interpretación
muy libre de la naturaleza pero no apegada, como es el caso de culturas
como la Azteca, la Inca, la Maya; es una representación de la naturaleza
por símbolos y por situaciones meramente abstractas. Si observamos las
piezas precolombinas de nuestro país, nos emociona sentir la percepción
de la abstracción que tenían nuestros antepasados, ellos hacían
alusiones a los puntos cardinales, en coincidencia con las culturas
orientales; la cultura costarricense, particularmente, consideraba 4
puntos cardinales y uno más que es el quinto punto, que es uno mismo. A mí
me parece que nosotros heredamos una gran tradición en cuanto a la
pintura abstracta, solo que nos llega de una manera tardía. Hay que
observar esas maravillosas piezas precolombinas para sentir un avance
evolutivo en el diseño, en la pintura gestual. Y saber que ellos pintaron
esas invaluables pinturas y cerámicas hace miles de años. Luego tenemos la ruptura que hacen artistas como Felo García, Manuel de la Cruz González, Lola Fernández, allá por los años cincuenta. Extrañamente, ellos se unieron a la abstracción de una manera tardía, vencieron un período clásico y academicista que prevaleció en el país hasta los años cincuenta para renovar el arte, aunque de una manera tardía, hacia una tendencia más libre. La abstracción es una conciencia diferente.
FH - Recuerdo que una vez
fuimos al volcán Irazú y nos quedamos boquiabiertos viendo ese paisaje
lunar, desértico y en algún momento cuando termina la arena se ven las
plantas y nos envuelve esa riqueza biodiversa, maravillosas flores e
insectos y mariposas de todos colores y formas que vuelan entre la arena.
Luego uno se desplaza al Pacífico y es el trópico puro con sus sabanas y
sus playas y aquel sol maravilloso y la gente de piel cobriza, las frutas
y los pájaros multicolores. De pronto te vas a Limón y te encontrás con
la humedad y los matices verdosos en la naturaleza, el olor a coco y las
comidas exuberantes: el rice and bean, el pan bon. Lo que quiero decir es
que Costa Rica es un país tan pequeño pero tan rico, tan lleno de estímulos
para músicos, escritores, escultores, poetas. AP - Durante muchos años,
ustedes han trabajado en la producción de obra gráfica de una manera
intensa y apasionada. Recuerdo los diferentes proyectos que hemos llevado
a cabo, por cierto con muy buenos resultados, en el Taller de la Imaginación.
¿Cómo se sienten al ver sus imágenes gráficas circulando por tantas
ciudades y países? FH - Cada día que pasa me
convenzo más de la vigencia que tiene la obra gráfica. Siempre estoy
atento a ella; es como un gusanillo que llevo dentro de mí, el interés
que mantengo en multiplicar mis imágenes, divulgándolas, haciendo que
lleguen a muchas personas. Considero que la obra gráfica es un auténtico
semillero artístico. Podría decir que en la expresión de la obra gráfica
el arte está vivo, la pintura, el dibujo, los grafismos, el mensaje de un
artista en su tiempo. AP - Es una técnica muy en boga
hoy; un artista contemporáneo no puede dejar de lado la producción de
obra gráfica... MM - En efecto la obra gráfica
ha levantado vuelo. La gráfica ha evolucionado de tener una función
secundaria a constituirse en una forma autónoma. Es considerada como un
original que tiene muchas facetas. Es un método de experimentación, un método
de conocimiento, de intuición. Lo importante es que no es un apéndice de
la pintura. El artista gráfico experimenta y expresa nuevas sensaciones,
nuevas formas que no puede lograr con la pintura. AP - También a nivel mundial,
hay un público muy identificado, muy conectado con la obra gráfica. Hay
personas con amplio bagaje cultural y que mantienen muy buenas colecciones
de obra gráfica en diferentes ciudades. La obra gráfica abre puertas a
los artistas y a la comunidad en general. Cabe destacar que Costa Rica
produce obra gráfica de alta calidad. FH - Es un fenómeno muy
importante. Aquí tenemos una gran tradición. Artistas como Amighetti,
Max Jiménez, Manuel de la Cruz son buenos antecesores. Recuerdo la
carpeta de xilografías de los nacionalistas. Las ediciones de Francisco Zúñiga,
que luego se trasladaría a México. A partir de los ochenta se incrementa
con los talleres de la UCR, se dan los talleres del Creagraf y el país se
ve beneficiado con la llegada de maestros grabadores de una gran calidad y
profesionalismo. En los últimos años ha sido muy importante el trabajo
de Ediciones Andrómeda con sus propuestas editoriales, donde se le da una
importancia vital a las ediciones de libros acompañados de carpetas de
obra gráfica y de ediciones de grabados, lo mismo que el Grupo Bocaracá,
que ha editado varias carpetas de altísima calidad. Con respecto al público,
nos visitan coleccionistas y galeristas internacionales que vienen a
adquirir obra gráfica de artistas costarricenses. AP - Ustedes participan en
el proyecto de Floriano Martins y Ediciones Andrómeda |Un Nuevo
Continente antología de la poesía surrealista de América Latina.
Este libro estará dedicado al artista costarricense Max Jiménez; entre
sus innovaciones editoriales estará acompañado de una carpeta de Obra Gráfica,
que será editada en el Taller de la Imaginación. Participarán 8
grabadores (dos de ellos ustedes) y cada uno interpretará gráficamente
un poema. FH - Pienso que es un reto
muy importante, pues conozco de la seriedad de estas ediciones. Además,
tengo la fortuna de trabajar con un poema de Max Jiménez y eso es muy
gratificante. Le doy las gracias al poeta y antólogo Floriano Martins por
habernos invitado. También me agrada saber que este proyecto va a ser
presentado en algunas capitales de América Latina. MM - Además de la responsabilidad y la alegría que experimento por esta invitación, me siento muy complacido de interpretar un poema de Eunice Odio, por cuya obra tengo gran preferencia.. También destaco que el Surrealismo Latinoamericano en la actualidad tiene mucha vigencia. Quiérase o no, el surrealismo de nuestro continente nada tiene que ver con el surrealismo parisino o de otras capitales europeas.
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Alfonso Peña (Costa Rica, ). Narrador e editor. Dirige as edições do Taller de la Imaginación. Autor de Noches de Celofán (Editorial EUNED, San José), Desde el Centro (Ediciones Casa de la Poesía, La Habana), La Novena Generación (Premia Editores, San José), Labios pintados de azul (Editorial Praxis, México, D.F.). Contacto andromeda@amnet.co.cr. Entrevista realizada em dezembro de 2003. Página ilustrada com obras dos artistas Mario Maffioli e Fábio Herrera. |