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Revista de Cultura # 15 - fortaleza, são paulo - agosto de 2001 |
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Entrevista a Diana Bellessi María Claudia André
- ¿Cómo y cuándo empiezas a relacionarte con la literatura? - Yo no tengo certificado de estudios de nada más que del secundario pero hice casi toda la carrera universitaria en filosofía. Dejé dos materias que nunca di y por eso, no me gradué. En un tiempo determinado, en pleno gobierno de Onganía, me agarro una mochila, me voy a Chile primero y no paro sino que sigo caminando por todo el continente. A lo largo de estos años también voy a E.E.U.U. Cuando llego allí, lo único que sé de inglés es blowing in the wind, pero rápidamente empiezo a enseñarme inglés a mí misma. A los siete ocho meses recalo en New York como una persona ilegal vagabunda y me voy a vivir al Bronx a la casa de unos ecuatorianos, amigos de amigos, todos obreros. Yo misma entro a trabajar en una fábrica metalúrgica con un seguro social falsificado. Allí es donde mejora mi inglés en cuanto al idiolecto hablado en la fábrica, porque la mayoría eran mujeres negras y algunas latinas como yo, pero por la noche me enseño inglés a mí misma. De inmediato empiezo a leer dos cosas, una es la columna del Village Voice, que en aquel entonces era bastante más interesante, y también empiezo a saquear las librerías buscando poesía contemporánea de mujeres. - ¿Ya escribías poesía entonces? - Sí, ya escribía desde hacía muchos años. En consecuencia, la primera poeta que intento leer es Dennis Levertov. Munida de un pequeño diccionario de las clases de inglés que yo misma me enseño y de lo que aprendo en la calle y en la fábrica, empiezo a leer a Dennis Levertov, acto seguido empiezo a leer casi todas las poetas. Además, empiezo a asistir a las lecturas públicas de muchas de ellas. Al poco tiempo, y con el poco inglés que tenía, empiezo a traducir. Este proceso me llevó años y años, yo traduje, retraduje, y retraduje mis primeras lecturas. - O sea que vos misma fuiste puliendo tu propia traducción. - Claro. Publiqué una primera versión en el año 84. Una antología de poetas norteamericanas contemporáneas que después se reeditó en Caracas hace unos 15 años atrás y que ahora, aumentada y corregida, nuevamente vuelve a sacar la editorial Libros de Tierra Firme en octubre del 2000. Entonces, mi relación con la traducción ha sido esa, la necesidad de usar el inglés siendo una vagabunda ilegal latinoamericana que daba vueltas por allá y desde allá. A partir de entonces fui dulcificando mi vida con la obra de poetas norteamericanas contemporáneas. Así empiezo a traducir y ésta alianza continúa digamos. - Volviendo a los orígenes entonces... ¿hacia cuándo empiezas a escribir poesía? - Empecé muy niña y continué cuando era adolescente, y bueno, en algún momento salió un poema que era un poema de verdad. Entonces, mi relación con la escritura es muy antigua. - ¿Cuándo pensaste que habías alcanzado el proceso de madurez suficiente y que estabas ya lista? - No pasaba tanto por estar lista, sino que me parece que mi generación estaba mucho más desamparada en el espacio de la publicación. Imaginate, yo era cabecita negra, era del anterior además, o sea, que a Buenos Aires yo iba como francotiradora y la mayoría de las revistas estaba muy regida por los muchachos de la época, así que una niñita publicara no era tan fácil. A todo esto, después me fui de viaje y estuve vagabundeando por años. Mi primer librito salió en Ecuador estando yo en México. Había realizado talleres en Ecuador y de pronto me llega de regalo un librito que una amiga había editado en la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Ésta fue la puesta del primer libro que decido publicar ya en Argentina. A todo esto, ya había pasado mucho tiempo y hasta había pasado toda la dictadura militar, y a esta altura del partido, yo ya tenía muchos libros inéditos. Recién en el año 81, saco el primer libro que yo concibo más como libro, que se llama Crucero ecuatorial, y a partir de ahí seguí publicando en las pequeñas editoriales, en los espacios auto-objetivos en los cuales aún sigo participando hasta hoy día. - ¿Describirías que el resultado de la escritura de Diana Bellessi hoy es el resultado de ese proceso evolutivo? ¿Podrías reconocerte a ti misma y trazar un progreso o demarcar una evolución en tu escritura? - Sí, me reconozco mucho. Por ejemplo, el libro que estoy escribiendo ahora, que aún está haciéndose y es inédito, es un libro que está bastante emparentado con lo que considero aquél primer libro que publiqué que es Crucero ecuatorial, porque cada libro da una vuelta en espiral y en algún momento se topa con alguno anterior. Sí, es un proceso evolutivo y mutante en el cauce y en el eco de las voces de mi tiempo. - ¿Cuál es tu relación con la narrativa? ¿Cuál género preferís? - Me gusta mucho leer ensayo. En realidad, creo que lo que más disfruto es el ensayo como pieza literaria.
- No la teoría crítica, el género ensayo que es otra cosa, que puede venir del campo de la filosofía, del campo de la literatura, o del campo de la ciencia o de la arena política. Por supuesto que me gusta leer poesía y me mantengo bastante al día muy atada a lo que van escribiendo las generaciones más jóvenes. Este es uno de los privilegios de enseñar. Por supuesto que también leo ficción como más o menos hacemos todos. - ¿Cómo catalogarías el discurso poético de las voces jóvenes con las cuales estás en contacto? ¿Hay algunos temas o posturas definidos? - Sí, sí, se notan varias cosas. Se nota como lo personal está fuertemente atado con lo social y lo político. Otra vez, con una zona de desencanto y con una zona de ferocidad. Yo creo que es muy interesante lo que está pasando entre los poetas jóvenes porque veo que la poesía habla de nuevo con gran fuerza en las nuevas generaciones sobre todo en las chicas, aunque también hay muchos muchachos. Los últimos 20 años de la poesía argentina han estado básicamente sostenidos por las voces de las mujeres, salvo algunas pocas excepciones. Ahora se dan varias cosas, pero claro que estos son los primeros libros, y sólo se pude opinar de ellos como primeros libros. - ¿Qué lugar ocupa la poesía en un país donde hay desilusión tan profunda como la que encontramos en la Argentina de hoy? - Ocupa un lugar muy grande porque logra sostener y regenerar la ilusión en alto grado, aunque a veces, regenerar la ilusión, también implica un gesto de pura violencia. - ¿Cómo se genera tu voz poética? ¿Partís de lo visual, lo estético, o lo sensual? - Te diría que mi escuela primaria fue ser una niña de clase humilde del campo. Esa es mi gran escuela primaria en el área del arte y de la literatura. Todavía la naturaleza versus cultura era muy débil, pero además fui muy alimentada en el espacio de la imaginación por mis padres que terminaron la escuela primaria cuando eran ya adultos. Después, como pasa con todo el mundo que hace una migración de clase y estudia o por lo menos hace la secundaria y pasa a la universidad, uno hace una migración de muchas cosas. Creo que el impacto de la literatura francesa fue fuerte en un momento determinado sobre todo en traducciones y durante la adolescencia, pero también influyó en mí la tradición de la vanguardia, como diría Octavio Paz. A partir de los veinte años en adelante, el andar vagabundeando por América Latina, quedándome en cada lugar y leyendo mucho de la literatura de cada lugar, creo que ésta fue la gran escuela primaria para mí. La influencia de la poesía latinoamericana fue muy fuerte en mí e inclusive la influencia de la poesía de la poesía norteamericana, que no olvidemos, sigue siendo el continente americano. Sobre todo si hablamos de esa camada setentista de poetas mujeres tan ligadas a los derechos civiles de los negros, a la guerra de Vietnam, o que luchan contra la discriminación de los géneros, y que es además, tan política. - Tu poesía rescata el paisaje latinoamericano desde una perspectiva completamente nueva e interesante. ¿Este rescate de esas voces primitivas y la vuelta hacia las raíces, sale en forma inconsciente? - De eso creo sí puedo hablar, puedo hablar de la experiencia subjetiva, no puedo hablar desde la experiencia del lector porque yo soy una lectora demasiado cercana a mí misma. Yo no he rescatado nada, las voces me rescatan a mí. En realidad, las voces están vivientes y en cuanto les entreabrís la puerta entran y lo rescatan a uno. Le hacen acordar a una quien una es, de dónde es y de dónde viene. - ¿Y a donde habría que volver, posiblemente? - No, hacia adonde hay que ir. Está en el futuro. - Habías mencionando antes que la poesía de las nuevas generaciones contiene mucho de sarcasmo y que hay mucho de ironía, pero sin embargo en tu poesía actual hay una voz de esperanza muy fuerte. - Yo soy optimista. Tengo un hálito romántico. - No me gustan los ismos, pero he leído que tu poesía se clasifica como neo-romántica.
- ¿O sea que no se trata de la temática o técnica de la poesía modernista original sino que es otro tipo de voz, otro tipo de identificación cultural y hasta tal vez, colectiva? - Sí, claro. Por otro lado, si hablamos de voces y traducciones, yo te diría que en los últimos diez años, a pesar de toda la poesía que he traducido del inglés, yo me he sentido más capturada por voces guaraníes, mapuches y quichuas que oí hablar cuando era niña en el campo, éstas eran las voces de la población golondrina que venía a trabajar a las chacras pobres. Incluso el italiano o ciertas modalidades del italiano que provenía de la población de inmigrantes. - Supongo que hablaban italiano en tu casa. - Sí, un poco, mis abuelas y mis tías, sobre todo. - ¿Y lo hablás ahora? - No, no lo hablo, pero robo, asalto de los recuerdos, asalto trabalenguas, asalto líneas, expresiones que están muy ligadas a mí afectivamente. Uno no puede hacer arqueología, uno no puede rescatar nada, uno sólo puede rescatar lo que habla en uno, con uno. - ¿Cómo o cuándo escribís? - En Argentina escribimos, como dicen en el Uruguay, en el anca de un piojo. Es decir, cuando todo lo que hay que hacer para sobrevivir ha sido hecho. Cuando ya se ha cumplido con lo necesario para sostener a los que amás, para sostenerte a ti misma, para hacer servicio social, para millones de cosas. Ahí, en esos intersticios, en esos pequeños espacios, uno puede escuchar y escucharse y uno escribe. Igual, yo creo en una cierta disciplina, yo creo que hay que sentarse a merodear, como decía Ricardo Molinari: "Hay que acercarse y merodear lo que se habla afuera y adentro de uno y escucharlo". - ¿Cómo fluye tu voz poética? - En la mayoría de los casos el poema sale con una estructura rítmica de entrada que yo puedo llegar a retocar, pero no mucho, a posteriori. Sí puedo trabajar mucho, pero la estructura rítmica se retoca muy poco porque nace entera, como entidad rítmica. - ¿Y los tiempos, los espacios, los silencios, están programados en sí mismos? - Claro. Después está la pequeña artesanía del detalle, de la orfebrería. Eso es la reescritura que es en sí un trabajo maravilloso también. - ¿La escritura para vos es un trabajo de gozo, de dolor, de experimentación, de búsqueda? - Es de dicha sinfín, aún cuando lo que me reclame sea de dolor y de espanto, pero la escritura creo que es siempre liberadora. ¿Sabés por qué lo es? Porque llega un punto en que uno se deja hablar y ésto, no lo digo en términos de la histeria, lo digo en términos de que uno en sí mismo está lleno de otros. - ¿Qué espacio ocupan las voces masculinas dentro de tu poesía? - Yo reclamo que seamos hermanos y hermanas, amigos y amigas. Por supuesto que ya no toleraré más a un padre primordialmente montado arriba de la cabeza diciéndome qué es lo que está bien y qué es lo que está mal. Me parece que ha llegado la época de los hermanos, no padres, no madres, la época de los hermanos y las hermanas que justo era lo que decía Rilke hace muchos años. Las únicas que lo hemos operado de verdad, que lo hemos operado con trabajo, con actividad, con dolores en la vida íntima, venimos siendo las mujeres. Me parece que los hombres han trabajado menos todavía en esto. - Ya hablamos un poco de la influencia de la traducción y de la influencia de tu familia, pero vos misma, ¿qué voz y qué lenguaje vas buscando? ¿Cuál es tu relación con el lenguaje, con el cuerpo, con la voz femenina?
- ¿Te parece que la crítica está bien orientada con respecto a tu obra? - Sí, hay cosas que me gustan mucho. He tenido la fortuna de que Jorge Monteleone, un crítico a quien yo considero extremadamente inteligente, se ocupara de mi escritura. Siempre ha sido una fuente de gran satisfacción para mí, el leer lo que él ha escrito sobre mis libros. Por supuesto que también le debo mucho a Delfina Muschietti y también a Alicia Genovese, quien escribió un precioso libro que vos conocés, y por ahí gente más joven como Anahí Mayol, una poeta y crítica de La Plata, y al grupo de innumerables reseñistas que ha habido por esa zona. A veces, uno no sabe ni quién es el crítico, pero uno dice: "Qué bueno esto que me descubre". Lo que ocurre es que hay poca devolución de la poesía. Yo me considero una afortunada porque es bastante escasa la operación crítica sobre la poesía. - Lo bueno es que no todos tus textos son poéticos entonces, a partir de la traducción, del ensayo y del corpus que has ido dejando, se puede interpretar mucho mejor tu discurso. - Sí, si hablamos de un instante dichosísimo en la mutua traducción, yo hablaría del texto que hicimos con Úrsula LeGuin, titulado The Twins, The Dream, en el que una tradujo a la otra. Nos mandábamos por cartas, porque ninguna de las dos tenemos correo electrónico, así que íbamos y veníamos por carta, con pequeñas explicaciones o precisiones. Eso fue algo maravilloso. Maravilloso además por cuanto yo la amo y la admiro a ella como escritora. Y creo que también ella me quiere, entonces fue una de las experiencias más hermosas para mí en el área de la mutua traducción. - ¿Cuál es tu relación con los personajes que vas creando? No tanto la voz poética sino con aquellos los personajes, no diría primitivos, pero de otras culturas. - Sí, no son primitivos, sino que son extraordinariamente sofisticados, y además yo no los creo, los he ido encontrando, son gente real de carne y hueso. Yo sé que el arte tiene siempre un gesto arcaico, el arte es siempre un texto de retorno arcaico de regeneración de la subjetividad y de la lengua, y de la generación de una noción de futuro. Ahora, la gente que me susurra a mí, que me ha venido susurrando a la oreja la mayor parte de mi vida, y que por ahí aparecen en algunos poemas, es gente sofisticadísima a mi criterio, y de una extremada sabiduría. Yo soy la tonta, yo soy la sorda que hago lo que puedo con ellos. Por ejemplo, la mujer que tiene tanta influencia en Sur era una persona de carne y hueso. Kiepja era una persona que cantaba los cantos de su cultura, la de las mujeres y la de los hombres, porque ya no había más hombres que los cantara. Ella comete esa gran trasgresión. Por eso, digamos que la torpeza es nuestra. Yo no invento nada sino que me coloco en una posición discipular frente a estas voces, yo soy la discípula. - Lo que más llama la atención en tu poesía es justamente tu capacidad de reflexión para dar expresión a esas otras voces. - Porque yo me crié en una casa de analfabetos y semialfabetos. Esta es mi gente. Gente que contaba cuentos, que cantaba cantos, que contaba adivinanzas cada noche cuando llovía. Yo soy eso, estoy constituida ahí, soy la hija perdida, la que emigró hacia la cultura letrada, hacia los privilegios de la cultura letrada; pero, cuando estoy en silencio y conectada conmigo misma, eso es lo que escucho. - De los grandes poetas de la literatura latinoamericana, ¿quiénes te gustan? - Primero y sobre todo, Gabriela Mistral y después, adoro a los modernistas. Me gustan mucho José Asunción Silva, el colombiano y por supuesto, José Martí, cuyas prosas adoro. Rubén Darío, quien es una enseñanza colosal todo el tiempo. También la gente que nace con el Ultraísmo y que rompe con el Modernismo. En la Argentina tengo grandes amores por Ricardo Molinari y por Juan L. Ortiz, y por supuesto, con las que vienen después, como por ejemplo, Amelia Biagioni, Alejandra Pizarnik, Olga Orozco y con todas las de mi generación hacia las más jóvenes. Tengo algunos grandes amores latinoamericanos. - ¿Cuándo estabas viviendo afuera, te sentías como exiliada o viajera? - Yo hago rápido el hogar. En primer lugar, estoy criada en el concepto de la patria grande. Así que toda América Latina es también mi casa, todo el continente americano es mi casa, pero además encuentro algo en la cultura norteamericana que me resulta cercano también. Cada vez, en cada lugar, las dos cosas: vagabunda y la casa. Pero el pago chico, es éste. Yo tengo una gran noción de pago chico. No podría vivir sin mi pago, no podría escribir sin mi pago. - ¿Qué te gustaría que se dijera de vos que no se ha dicho? Por ejemplo en tu epitafio, ¿cómo te gustaría que se te reconociera? - Me gustaría que se dijera en torno a mi persona y a mi escritura que he tratado de ser una persona generosa. Generosa conmigo, generosa con los demás. - Concuerdo con vos. ¡Gracias! Obras de Diana Bellessi |
| María Claudia André es Profesora Asociada del Departamento de Lenguas Modernas en Hope College, Holland, MI desde 1995. Traductora Pública Nacional de Universidad del Salvador, Buenos Aires, Argentina (1984). Ph.D. en Filosofía y Letras de SUNY Albany, N.Y. (1995). Página ilustrada com obras da fotógrafa Lucy Barbosa (Brasil). Contato: andre@hope.edu. |
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