Agulha - Revista de Cultura

Revista de Cultura # 13/14 - fortaleza, são paulo - junho/julho de 2001

Agulha (Collage de Floriano Martins)






 

Rosalía de Castro, una gallega universal

Rodolfo Alonso

Rosalía de CastroCuando a la Unesco se le ocurrió reunir en sólo cien volúmenes lo más representativo de la literatura universal, no vaciló en destinar uno de ellos a la gallega Rosalía de Castro. Y cuando en 1985 la venerable Universidad de Santiago de Compostela (que ya cumplió cinco siglos) resolvió organizar, alrededor del primer centenario de su muerte, un Congreso Internacional de estudios sobre Rosalía de Castro y su tiempo, de carácter rigurosamente académico, respondieron estudiosos de más de veinte naciones, intelectuales de más de sesenta Universidades y de otros tantos centros de estudios y de investigación acudieron puntualmente a la convocatoria, con el resultado de multitud de tesis presentadas, que fueron reunidas por la alta casa de estudios compostelana en tres voluminosos tomos encuadernados en cuero bajo el rótulo de Actas Científicas.

Pero a esa evidente canonización universal merecen añadirse otras. Al incluir la entrañable imagen de Rosalía en los billetes de su moneda nacional, España no ha hecho más que apropiarse sabiamente de quien resulta, muy probablemente, una de las pocas cumbres que puede adjudicarse el romanticismo en la península y, también, como lo reconocieron nada menos que Unamuno, Azorín o Juan Ramón Jiménez, precursora reconocida del modernismo y de la Generación del 98. Aunque es en la ínclita Galicia de su nacimiento donde se funden, en una misma llama, apasionada y felizmente inextinguible, los valores más hondos y más puros de esta personalidad excepcional.

La aparición de su libro Cantares gallegos (Vigo, 1863), después de muchos siglos escrito nuevamente en la lengua de sus paisanos, se constituye en un acontecimiento público de carácter excepcional. Pues resulta la primera señal del Resurgimiento del idioma gallego y, con él, del pueblo que lo había mantenido vivo, ejerciéndolo en su vida cotidiana y haciendo frente así, con ejemplar tenacidad y persistencia, que tiene muy pocos casos similares en el mundo, a la prohibición de su uso en todos los niveles de la vida cultural y social, ejecutada en su momento por los muy castellanos Reyes Católicos. El idioma que Rosalía devuelve a su esplendor era pues, en su época, una lengua sin literatura y sin prestigio.

Esa misma lengua gallega que había dado lugar al resplandor de los inmortales trovadores galaico-portugueses o a las memorables Cantigas del buen rey Alfonso X el Sabio, en cuya ilustradísima corte el gallego era ejercido por autores de las naciones más diversas como la más refinada de las lenguas literarias, se vio sumido -junto con su sociedad y su cultura- en un sometimiendo que se propuso eliminarlos de raíz, en todos los niveles. (Sin sospechar que, muchos siglos después, una autoridad tan innegable como Menéndez y Pelayo iba a reconocer abiertamente, sin duda alguna, que "No se puede desconocer que el primitivo instrumento del lirismo peninsular, no fue la lengua castellana, ni la catalana tampoco, sino la lengua que, indiferentemente para el caso (en aquella época eran la misma), podemos llamar gallega o portuguesa.") 

Y no es en forma apenas implícita sino, por el contrario, bien explícita que Rosalía toma partido, en sus Cantares gallegos, escritos por ella en la misma vieja lengua de noble estirpe ya por entonces sólo hablada por sus paisanos labradores y marineros, a quienes defiende con feroz delicadeza. El milagro de la gran poesía en gallego florece de nuevo, espontáneamente y, junto con él, al unísono, la identidad de un pueblo y de una gran artista que, como vimos, iba a ser tan profundamente gallega como milagrosamente universal. El pueblo gallego había reencontrado su voz, y ya no iba a abandonarla nunca. Rosalía se convierte en un símbolo, en un mito, en una realidad, en una bandera. Y comienza, al mismo tiempo, sin dejar nunca de serlo, otro camino que la conduciría a la consagración en todo el mundo.

Gabriela Villegas¿Cómo logró esta mujer, nacida en una sociedad aldeana a la que habían obligado a mantenerse semifeudal, hija natural de un sacerdote en una época de fuertes prejuicios, convertir al entonces humilde idioma de sus paisanos en una obra literaria de alcance a la vez local, nacional y universal? Son preguntas a las cuales sólo el misterio vivo de la gran poesía, inefablemente encarnada en un idioma ("la gloria de la lengua" a la que tan bien aludió Dante en su Divina Comedia), puede contestar. Es decir, que no tienen respuesta definitiva, racional, concreta.

Rosalía de Castro nació el 24 de febrero de 1837 en Santiago de Compostela. Fue inscripta en la Inclusa como huérfana de padre y madre, según consta en documento exhibido en la Casa-Museo de Padrón, pero en realidad era hija "sacrílega" de José Martínez Viojo (1798-1871), abad de la parroquia de Santa María, Iria Flavia, Padrón, y de María Teresa de la Cruz de Castro y Abadía (1805-1862), soltera, perteneciente a la antigua nobleza gallega venida a menos y residente en el Pazo de Arretén, la tradicional mansión de la familia. Hasta los diez años, aproximadamente, la pequeña Rosalía se crió con sus tías paternas en la aldea de Castro de Ortoño. Y sólo a los quince la recogió su madre, yendo a vivir con ella en la ciudad de Santiago, donde recibió la instrucción propia de una señorita de la época: algo de música y dibujo. Cuatro años más tarde se marchó a Madrid, alojándose en casa de una tía. Allí se casó, en 1858, con un joven periodista preocupado por la desdichada suerte de Galicia, Manuel Murguía (1833-1923). 

Las ideas a la vez nacionalistas y progresistas de su marido, que se convertiría en un intelectual clave de la causa de su pueblo, autor de la primera Historia de Galicia, no dejaron de traer los consiguientes sinsabores económicos a la familia, en una época que sólo gozó de contados y breves intermedios demcráticos o republicanos. Por otro lado, los contactos políticos e intelectuales de su esposo contribuyeron de algún modo a la publicación de los libros de Rosalía. Que en 1880 da a conocer en La Habana y Madrid su segundo y personalísimo libro de poemas en gallego: Follas novas, donde se plantean más abierta y hondamente los vericuetos de su intimidad y de su angustia existencial. 

Rosalía de Castro murió de cáncer en la Casa de la Matanza, Padrón, el 15 de julio de 1885, a los 48 años. Convertida en una visitadísima Casa-Museo, allí funciona hoy el Patronato Rosalía de Castro, dedicado a conservar nítidamente viva su memoria. Fue enterrada en el mismo cementerio de Adina, en Padrón, que cantara en sus versos, y sus restos fueron trasladados en 1891 al Panteón de Santo Domingo, en Santiago de Compostela, donde reposarían luego los gallegos ilustres. En 1935, cuando el andalucísimo genio de Federico García Lorca produce el otro auténtico milagro de sus Seis poemas galegos, escritos también en la vieja y noble lengua de Galicia (el único momento dentro de su obra donde aparecen explícitamente mencionados Buenos Aires, la calle Esmeralda o el Río de la Plata, y esto en relación con nuestra numerosa inmigración gallega), uno de ellos -y de los más tocantes- es la indeleble Canción de cuna para Rosalía de Castro, muerta. Sin duda el mejor homenaje posible: de gran poeta a gran poeta.

Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.
Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa.
Si cantan, es ti que cantas;
si choran, es ti que choras:
i es o marmurio do río,
i es a noite, i es a aurora.
En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.
 
 
 

Gabriela VillegasCuando pienso que te fuiste,
negra sombra que me asombras,
al pie de mi cabecera
vuelves haciéndome mofa.
Cuando te imagino ida
hasta en el sol te me asomas,
y eres la estrella que brilla,
y el viento eres que rezonga.
Si cantan, tú eres quien canta:
si lloran, tú eres quien llora;
y eres murmullo del río,
y eres la noche, y la aurora.
En todo estás y eres todo,
para mí y en mí tú moras,
ni me abandonarás nunca,
sombra que siempre me asombras.

Rodolfo Alonso (Argentina, 1934) é um dos principais tradutores e difusores da poesia de língua portuguesa para o espanhol. É também um notável poeta, autor de obra vasta que inclui, dentre muitos outros, El jardín de aclimatación (1959), Señora Vida (1979), Alrededores (1983), 70 poemas de 35 años (1993) e Elle, soudain (1999), tradução de Fernand Verhesen, com a colaboração de Roger Munier y Jean A. Mazoyer. Poema de Rosalía de Castro traduzido por Rodolfo Alonso. Páina ilustrada com obras da artista Gabriela Villegas (Chile). Contato: gonyparanoico@hotmail.com.

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