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Víctor
Sosa
"Desde
mi ventana, sobre el silencio primigenio de la playa, escuchaba el tronar
que venía de una distancia incierta. No sabía qué
era - acaso una batalla entre buques ingleses y alemanes - pero sí
que había destrucción, amplia destrucción por todas
partes y… purificación del espíritu. Arrancado de mis límites,
arrastrado al centro del conflicto, por un momento viví destrozado
y liberado".
Las anteriores palabras, tan terribles por trágicas, pero más terribles aún por su innegable sinceridad, no fueron dichas por un militar de derecha sino por un pensador reconocido más tarde por sus posiciones liberales y pacifistas: Martin Buber. Dichas palabras definen una época: aquélla que dio origen a la exacerbación de los nacionalismos europeos y que, poco después, conducirían a la Primera Guerra Mundial. Definen, también, un estado de espíritu: aquél que prevalecía en muchos intelectuales y artistas - tanto de izquierda como de derecha - que veían en la guerra un necesario factor de transformación encaminado hacia una sociedad y un hombre nuevo.
Otto Dix - alemán nacido en 1891 - participó como voluntario en la fiesta macabra de la Primera Guerra Mundial y, posteriormente, formó parte del dadaísmo berlinés - el más politizado de los grupos dadaístas alemanes -, siendo integrante de la Primera Feria Internacional DADÁ, realizada en 1920. Sin embargo, su paso por dicho movimiento fue efímero, como lo habían sido sus anteriores afinidades con el expresionismo. Se le conoce como el principal representante de la Nueva Objetividad - tendencia desarrollada en Alemania a partir de mediados de los años veinte - nacida de las cenizas del expresionismo - y finiquitada con el irresistible arribo del nazismo. La Nueva Objetividad puede verse como un retorno a los cánones compositivos tradicionales, pero un retorno crítico, ácido, lo más alejado de la analgesia naturalista y de las buenas conciencias burguesas.
Ante Dix, pienso en Goya, pienso en
los macabros Caprichos del español. Pienso, en segunda instancia,
en Orozco, no por una visible correspondencia estilística - que
igualmente podemos encontrar -, sino por un invisible e indeterminado parentesco
trágico entre el alemán y el mexicano. En Orozco - al igual
que en Dix - no encarna tanto la denuncia como la dolencia, no el panfleto
sino el espíritu de la tragedia. Sus mendigos y sus putas, sus opulentos
burgueses y sus bacanales de sangre y de lujuria son - como en Dix - la
representación de la miseria humana. Revisitar la obra de Dix, hoy
en día, es aceptar el juego de espejos que nos propone el artista
y preguntarnos, entre la fascinación y el azoro - destrozados
y liberados, como Buber -, si acaso el objeto de representación
no seremos nosotros mismos.
Víctor Sosa (Uruguay, 1956) é poeta, crítico e pintor. Em 1983 naturalizou-se mexicano. Entre seus livros de poesia encontram-se Sujeto omitido (1983), Sunyata (1992) e Gerundio (1996). Na obra ensaística destacam-se La flecha y el bumerang (1997) e El impulso. Inflexiones sobre la creación (2000). Colaborador de publicações mexicanas como Vuelta e Semanario Cultural, hoje é ativo crítico de literatura e artes plásticas de Jornada Semanal. Página ilustrada com obras de Otto Dix. Contato com o autor: sunya@prodigy.net.mx. |
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